Descubre la Fascinante Historia de la Real Hacienda de Colima: ¡Secretos y Curiosidades Revelados!post-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Hay testimonios de que la zona que en la actualidad ocupa el estado de Colima estuvo muy poblada antes de la llegada de los españoles. Se dice que era la primavera del año de 1522, cuando un pequeño grupo de españoles, al mando de Francisco Montaño, llegaron aquí por el principal asentamiento purépecha; se quedaron en un pueblo nativo y mandaron a los jefes purépechas a decir a los señores de Colima que venían en son de paz, pero cuando llegaron acá fueron sitiados, sacrificados y posteriormente devorados.

Más tarde, a principios de 1523, el capitán Juan Rodríguez de Villafuerte, con un grupo de españoles que iban a Zacatula, que se ubica en el actual estado de Guerrero, tuvieron noticias de una provincia llamada Colima que estaba apartada de su camino 250 kilómetros al poniente. Con la gente que llevaba y con otros que juntó en Michoacán, sin autorización de Hernán Cortés, entró a Colima, chocando con los naturales en el valle de Alima; no obstante que se dice eran cincuenta de a caballo y más de cien soldados a pie, además de un gran número de purépechas, fueron derrotados.

Al saber la derrota sufrida por Rodríguez de Villafuerte, Cortés mandó al capitán Gonzalo de Sandoval, autorizándole para que con la gente que llevaba y con la que reuniera en Zacatula se viniera a Colima y convenciera a los nativos de acá para que se sometieran, porque de lo contrario serían arrasados. Sandoval juntó ciento cincuenta soldados de caballería y ciento cincuenta de a pie, además de numerosos aliados purépechas, y con ellos se dirigió a Colima. En el mismo lugar donde unos meses antes los naturales de Tecomán habían derrotado a las tropas de Villafuerte, Sandoval los venció logrando someterlos.

Se cuenta que más de cinco mil nativos quedaron entre arena y sal, en las inmediaciones de los que hoy es Tecomán. Con esta acción se dio comienzo a la colonización del territorio colimense, y por tanto de las provincias de Alima, Colima y Cihuatlán. Más tarde Cortés nombró a Juan Pinzón, Juan de Aguilar, Hernando de la Peña y Antón López, como regidores y a Juan Fernández, el Viejo, como escribiente, y repartió los pueblos entre los vecinos. Sandoval exploró la provincia conquistada y descubrió el puerto de Santiago y le informó de la leyenda de que en Cihuatlán había una isla poblada por mujeres.

En 1524, el capitán Francisco Cortés vino de México a Colima, enviado por Cortés, como comandante y Alcalde Mayor, con instrucciones de explorar el norte en busca de aquel lugar de las Amazonas y las perlas. Entró con su ejército por Tamazula y continuó por la hoy Tuxpan hasta Colima. Después de una penosa expedición llegó hasta el actual estado de Nayarit, sin encontrar nada de la isla.

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En virtud de que la original Villa se encontraba en una región muy insalubre -cercana al aún existente Mesón de Caxitlán-, hoy territorio de la jurisdicción de Tecomán, lugar infestado de saurios, plagas de mosquitos, animales ponzoñosos y sanguijuelas, se cambió a su asentamiento actual teniendo como fondo los majestuosos volcanes, lugar que antes ocupó el poblado indígena de Tuspa, en el cual, además de metales preciosos, encontraron un entorno más sano, rica vegetación y abundante agua que constituían los dos arroyos - Manrique y Pereyra y dos ríos, el Chiquito y el Colima-.

Desarrollo Económico y Oligarquía en Colima

Los grupos oligárquicos primigenios se ligaron entre sí, a través de los intereses comunes en las actividades intra-extra regionales: las comunicaciones que unían al estado y lo vinculaban con el mercado nacional -vía Guadalajara; la industria manufacturera (principalmente de productos para el comercio local, como textiles, jabones y tabaco); la producción y distribución agrícolas (Colima era una región principalmente agrícola); el comercio exterior por el puerto de Manzanillo, que vinculaba el estado con mercados europeos, latinoamericanos y asiáticos; la actividad inmobiliaria en la ciudad de Colima (muy extendida en la época por la expansión económica y demográfica), y el rentismo agiotista, fuente de acumulación principal que permitía la diversificación de actividades e intereses.

Los enlaces familiares, personales y de negocios favorecieron la cohesión de los distintos intereses económicos, lo cual permitió la vinculación con la vida política colimense. De esta manera, la oligarquía influyó en los gobernantes (que incluso fueron miembros destacados de los mismos grupos, principalmente nativos), ejerció una política impositiva (que impulsaba la expansión y diversificación de las actividades económicas) e influyó en las distintas medidas gubernamentales (con respecto a la actividad comercial, agraria, inmobiliaria, rentista e industrial), en beneficio de los grupos que ya poseían el control económico-regional.

Beneficiada por la dinámica porfiriana y, sobre todo, por un sistema de interrelación familiar y personal, la oligarquía colimense logró el control y dominio de los sectores medios y bajos de la población (que estaban ligados a sus intereses) mediante la administración, el trabajo agrario y comercial, así como la producción sociocultural. La consolidación de Colima como estado de la Federación y como un espacio socioeconómico importante en el occidente mexicano, dependió en mucho del “provincianismo” (que era más bien una manifestación de identificación de intereses y de defensa frente a los ajenos, sobre todo de aquellos provenientes de Guadalajara y Michoacán), y del sistema interoligárquico, favorecidos por las relaciones con el centro y el presidente Díaz.

Preguntas clave sobre la Oligarquía Colimense

  • ¿Cuál fue la actuación de la facción oligárquica colimense en el proceso de transición entre el Porfiriato y la Revolución?
  • ¿Qué papel desempeño para que la revolución no entrara a Colima?
  • ¿Cómo funcionaba para lograr la cohesión en el conjunto de la población?
  • ¿Cuáles eran sus intereses en el contexto revolucionario nacional?
  • ¿Qué grupos de la oligarquía se percibían en función de las actividades, intereses y alianzas?
  • ¿De qué manera continuó el dominio hasta 1917, y cómo controlaron estos conglomerados el poder económico, político y social después de que la revolución entró al estado de Colima?
  • ¿Qué papel desempeñaron en el proceso posrevolucionario de las décadas de los veinte y treinta?
  • ¿Cómo se fue renovando el sistema oligárquico regional, hasta su aburguesamiento?
  • ¿De qué forma siguió influyendo en la dinámica del poder político regional?
  • ¿Cómo perduró el sistema oligárquico de las relaciones familiares, personales y de negocios en el contexto de la “modernidad” posrevolucionaria?
  • ¿Cómo afectó la aplicación del proyecto revolucionario a la oligarquía colimense?

El poder y la gloria. La identificación interfamiliar e interpersonal de intereses económicos y políticos fue el origen de los distintos grupos y, claro, a partir de los cuales se desarrolló una identidad “provinciana” de defensa frente a facciones o políticas forasteras, concretamente ligadas a la oposición contra los intereses expansionistas de Jalisco y Michoacán.

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Grupos Oligárquicos en Colima

Se identifican principalmente cuatro grupos:

  1. Familias de origen extranjero: Formado por familias de origen alemán, inglés, francés y estadounidense, cuyos miembros eran representantes de casas comerciales de sus respectivos países o cónsules de los gobiernos respectivos. Casi todos ellos se convirtieron en hacendados y comerciantes prominentes durante la década de los sesenta, poseedores de grandes extensiones de tierra y de los principales negocios comerciales de la entidad. Hacia 1880, familias como los Vogel, Oldenbourg, Brun, Inda, Levy, L’Harivel, Shondube, Gartman, Schmidt, Morril, Flor, Schat, Kulman, por mencionar a las más poderosas y ricas, se constituyeron en un grupo muy unido social y culturalmente, lo cual les permitió incidir en la política gubernamental que les beneficiaba.
  2. Viejas familias colimenses: El grupo ligado a viejas familias colimenses, con abolengo y riqueza desde la Colonia, cuyo grado de regionalismo había convertido a sus miembros en los forjadores del estado a fines de los años cincuenta del pasado siglo. Este grupo poseía importantes haciendas agrícolas, salineras y azucareras, era propietario de las fábricas establecidas en la ciudad de Colima y de importantes comercios; se dedicaba a la especulación agiotista, rentista e inmobiliaria y, lo más importante, gracias a sus nexos con el gobierno central, gobernaba al estado colimense. Eran familias aristocráticas ligadas con los ricos extranjeros y el clero católico, que influían social y culturalmente sobre los sectores medios y bajos de la población urbana y rural. Apellidos como Meillón, Álvarez, Ochoa, Brizuela, Gamiochipi, De la Madrid, Solórzano, Munguía, Barreto, Vergará, De la Vega, Castañeda, Rangel, Dueñas, Cervantes, Gómez -mencionando sólo los más relevantes-, ocupaban, sucesivamente, puestos en el gobierno, como diputados locales y algunos otros de importancia política; al mismo tiempo, poseían negocios, haciendas, ranchos y fábricas.
  3. Forasteros enriquecidos: El constituido por forasteros llegados a Colima a mitad del siglo XIX, cuya posición política les permitió amasar fortunas considerables y ligarse con los extranjeros y los aristócratas nativos. A pesar de que el grupo era reducido, gozaba de grandes extensiones de tierra y poseía valiosas haciendas (sobre todo azucareras y salineras). La familia más representativa fue la de los Santa Cruz, cuya cabeza, don Francisco, fue un fiel representante del porfirismo en Colima, pues gobernó sucesivamente desde la década de los setenta hasta 1902 cuando falleció. Había otros miembros de este sector como los Huarte, Ponce de León, Fernández, Ríos, del Hoyo, Martínez, Morales, Bazán, Ruiz, Galindo, Pico, que eran dueños de comercios y ranchos de importancia, pero ninguno había superado a la familia Santa Cruz.
  4. Sectores medios en la oligarquía: Algunas familias pertenecientes a los sectores medios de la sociedad, que fungían como administradores, notarios, intelectuales, jefes de oficinas gubernamentales, diputados y miembros de la élite política, actividad que los colocaba dentro de la oligarquía. Este grupo poseía también ranchos y tierras de cultivo, controlaba algunas actividades inmobiliarias, y el agiotismo era su fuente de riqueza principal. Los Padilla, Ahumada, Andrade, Barbosa, Briceño, Chávez, López, Ramírez, Torres y Velasco se ligaban estrechamente a los sectores: mencionados y, lo más importante, pasaban a formar parte de los poderosos a través de enlaces matrimoniales, personales y de negocios. Este sector era la élite político-social, que también engrosaba los sectores de la intelectualidad regional, y representaba los intereses oligárquicos más fuertes.

Colima durante el Porfiriato y la Revolución

El sistema oligárquico colimense se ligó estrechamente a los procesos económicos, políticos y sociales del Porfiriato, con características regionales muy concretas que, sobre todo, no hicieron mella en la población local ni ocasionaron descontento u oposición en el momento en que la revolución maderista estalló. A fines del siglo XIX Colima vivía en una organización patriarcal, por no decir semifeudal agrícola. Las tierras laborables y en producción, el comercio de mercaderías, el dinero constante, el agio, la ley, la justicia y la política, eran el patrimonio de unos cuantos apellidos formados en un criollismo y mestizaje racial. En la primera década de este siglo Colima era un “paraíso” representativo del sistema de “orden y progreso”, gracias a una oligarquía regional que detentaba el poder y lo ejercía en todas las esferas sin oposiciones o conflicto alguno.

Los procesos de negociación, cohesión y consenso sociopolíticos estaban bien cimentados y se sustentaban en un sistema basado en un conjunto de relaciones familiares, personales y de negocios en favor de los sectores oligárquicos, de tal forma que el conjunto de relaciones sociales se mantenía equilibrado y estable. Muchos autores coinciden en afirmar que Colima se caracterizaba por un “provincianismo” muy particular, basado en un manejo “casero” y “familiar”, que expresaba el grado de control y poder de las familias oligárquicas no sólo en el nivel interno sino, incluso, en las relaciones con el centro nacional. Por esta causa la revolución de 1910 no significó nada para los colimenses, así como tampoco afectó al sistema oligárquico en ningún sentido.

Los escollos que en 1909 y en 1911 se presentaron al sistema oligárquico de Colima, no modificaron el orden existente, lo cual demostró el arraigo y eficiencia del sistema. El primero se expresó como un conflicto agrario en la localidad de San Miguel de la Unión (actual municipio de Tepames), que involucró al gobernador Enrique O. de la Madrid en un enfrentamiento entre familias de rancheros por el control de unas tierras. Miembros de los Suárez fueron acribillados por individuos de la familia Anguiano, junto con el policía Darío Pizano, por órdenes del gobernador.

El segundo escollo fue el proceso electoral que experimentó Colima en 1911, cuando por la renuncia del gobernador De la Madrid se convocó a elecciones estatales para la renovación de los poderes, ya en pleno contexto del maderismo. Los grupos oligárquicos apoyaron a Gregorio Torres Quintero -destacado educador e intelectual colimense- para la gubernatura, frente a José Trinidad Alamillo- periodista que sirvió también a la oligarquía en el último gobierno de Francisco Santacruz, apoyado por los maderistas García Topete y Eugenio Aviña que sustituyeron en el poder gubernamental a De la Madrid.

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Con métodos dudosos, las elecciones fueron ganadas por Alamillo, lo que ocasionó un enfrentamiento entre los sectores medios y la oligarquía, pues esto significaba la disminución de la influencia política de los grupos de poder. El obstáculo pronto fue superado: destacados miembros de la oligarquía negociaron con Alamillo para mantener sus privilegios económicos y su posición política. Desde 1909 se dieron brotes maderistas en Colima, pero. siempre fueron débiles y poco organizados.

Eugenio Aviña fue quizás el organizador más importante de algunos grupos descontentos con el sistema oligárquico colimense, que básicamente pertenecían a sectores medios de la ciudad de Colima y del puerto de Manzanillo. Cuando sobrevino la revolución, después de la visita de Francisco 1. Madero a la región (a fines de 1909), hubo escaso apoyo social y los grupos organizados no sólo no se movilizaron sino que se ligaron a los intereses oligárquicos a través de la negociación, por lo cual la revolución no representó ningún peligro para el sistema de poder regional.

Con la llegada del huertismo a la región, la oligarquía siguió manteniendo su poder en todos los niveles, pues los gobernadores enviados por Victoriano Huerta pronto establecieron alianzas con ella, incluyendo a sus miembros en el manejo gubernamental y manteniendo intactos sus intereses. Pese a la inestabilidad sociopolítica nacional, el estado de Colima continuó unido, estable y pacífico, como uno de los principales bastiones del sistema porfiriano. El sistema oligárquico colimense no se vio roto, ni afectado, con la revolución. Las 45 haciendas existentes en el estado siguieron trabajando normalmente, al igual que los comercios y algunas fábricas. Las actividades sociales de la oligarquía continuaron con tranquilidad, pues la lucha armada estaba muy lejos y no tocaba al estado.

Al parecer, también era éste el sentir de la población en general, aunque sí existía preocupación por las acciones de gavillas de bandoleros, como la de Eugenio Aviña, que entre 1913 y 1914, con ataques esporádicos y desorganizados, defendía al maderismo contra la usurpación huertista en el sur de Jalisco y norte de Colima, y era perseguida con ahínco por los militares huertistas. La primera etapa de la revolución armada pasó casi desapercibida por la sociedad colimense, y los sectores oligárquicos siguieron manteniendo un sistema que no permitía oposiciones ni conflictos sociopolíticos y, mucho menos, que sus intereses económicos se vieran afectados por enfrentamientos, movilizaciones o medidas gubernamentales. Los poderosos estaban más allá de la gloria, mientras que en otras regiones del país las oligarquías se desquebrajaban y perdían sus bienes y privilegios.

La identidad oligárquica de los colimenses pareció ser la razón fundamental de la sobrevivencia del sistema creado por los poderosos durante el Porfiriato. Las fuerzas constitucionalistas al mando de Álvaro Obregón entraron a Colima en julio de 1914, para rescatar el puerto de Manzanillo de manos de los federales huertistas.

El gobernador Antonio Delgadillo manifestó la rendición para impedir un ataque, forzado por destacados personajes de la oligarquía (Ignacio Gamiochipi, Salvador Ochoa y Hurtado Suárez), quienes, de hecho, lo representaron ante Obregón para externar que la plaza se rendía. Las huestes constitucionalistas entraron con más de 2 mil hombres a la ciudad de Colima el 19 de ese mes, para partir hacia Manzanillo al día siguiente. El 21, Eduardo Ruiz, coronel de las tropas de Obregón, fue nombrado gobernador provisional y comandante militar del estado.

Casi inmediatamente, los sectores oligárquicos negociaron con los constitucionalistas, y tanto los hacendados como los comerciantes surtieron y aprovisionaron al ejército. Todos ellos dieron su apoyo al nuevo gobernador que, en septiembre, dejó el cargo a Ignacio Padilla presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado de Colima) en calidad de encargado. Padilla era también un destacado miembro de la oligarquía colimense, lo cual demostró que el constitucionalismo había negociado con los grupos de poder regional y, gracias a su apoyo aunque de manera indirecta, seguían manteniendo el control de lo que quedaba del gobierno estatal.

La entrada de los constitucionalistas a Colima desestructuró los aparatos gubernamentales y, por primera vez, se percibía una atmósfera de inestabilidad político-social. Muchos miembros de la oligarquía, sobre todo del sector nativo, huyeron hacia Guadalajara por miedo a ser objeto de vejaciones por su identificación con el huertismo. El sector de residentes extranjeros y algunas familias nativas, mientras tanto, se quedaron con la esperanza de la negociación que impidiera que fueran afectados en sus intereses.

Los hacendados, comerciantes y agiotistas, en bloque, se pusieron a disposición d... La colección editorial Itinerarios del Instituto Mora tiene como tradición publicar los estudios de historiadores internacionalmente reconocidos. En esta ocasión se han reunido en un volumen los ensayos más destacados del profesor Herbert S. Klein sobre la real Hacienda en España y la América española a lo largo de tres centurias. Este esfuerzo constituye un testimonio y un reconocimiento al profesor Klein no sólo por haber abierto brecha hace muchos años en el campo moderno de estudio de la historia fiscal de la América española sino por su generosidad en compartir sus conocimientos y sus bases de datos en diversos formatos, publicaciones, seminarios y cursos a lo largo de los últimos decenios. Debe agregarse que otra faceta de este volumen es que refleja la virtud de hacer trabajo colegial: podrá observarse que desde los años de 1970 fue fundamental el proyecto colectivo impulsado por Herbert Klein y su gran amigo y colega John TePaske, que incluyó eventualmente a una decena de historiadores y muchas personas más que contribuyeron a la elaboración de una gran investigación sobre la Real Hacienda en la América española desde mediados del siglo XVI hasta principios del XIX.

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