La presidencia de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) entrañó para México una transformación radical en varios terrenos, impulsada por una sólida formación y experiencia en el ámbito económico y financiero. Carlos Salinas de Gortari nació el 3 de abril de 1948 en la Ciudad de México, hijo de Raúl Salinas Lozano, exsecretario de Industria y Comercio en el sexenio de Adolfo López Mateos, y de la profesora Margarita de Gortari Carvajal.
Siguiendo los pasos de su padre, quien fuera un destacado economista y servidor gubernamental, Carlos Salinas recibió las formaciones primaria, secundaria y preuniversitaria en los colegios capitalinos Abraham Lincoln, Héroes de Chapultepec y San Ildefonso, respectivamente. Posteriormente estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por la que se licenció en Economía en 1970 con una memoria titulada “Agricultura, industrialización y empleo: el caso mexicano”. En la Universidad estadounidense de Harvard, obtuvo sendas maestrías en Administración Pública (1973) y Economía Política (1976), así como el doctorado en Economía Política y Gobierno (1978). Mientras enriquecía su currículum lectivo trabajó de profesor auxiliar de Estadística en la UNAM y a partir de 1976 enseñó las asignaturas de Finanzas Públicas y Política Fiscal en el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA) y en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).
Carrera Temprana en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público
La trayectoria de Carlos Salinas de Gortari en la administración pública comenzó en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), donde desempeñó varios roles técnicos antes de ascender a posiciones de mayor influencia. Con una brillante carrera como tecnócrata del PRI, Salinas compaginó la actividad académica con diversos puestos de responsabilidad técnica en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público del Gobierno Federal, protagonizando una de las carreras político-institucionales más sobresalientes en el México de finales del siglo XX.
Sin haber cumplido la treintena de edad, Salinas fue sucesivamente:
- Jefe del Departamento de Estudios Económicos de la Dirección General de Asuntos Hacendarios y Asuntos Internacionales (1974).
- Analista en Crédito Público y jefe del Departamento de Estudios Económicos de la Dirección General de Planeación Hacendaria (1976).
- Subdirector y director general de esta última división (1978).
Todos estos cargos fueron desempeñados siempre en el organigrama de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, teniendo como último superior directo al secretario David Ibarra Muñoz. En 1979, en el cuarto año de la presidencia de José López Portillo, Salinas fue nombrado secretario técnico del Gabinete Económico y director general de Política Económica y Social en la Secretaría de Programación y Presupuesto, ministerio que titularizaba un antiguo profesor suyo en la UNAM, Miguel de la Madrid Hurtado. El primero de diciembre de 1982, tras haber presidido el Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IEPES) del Partido Revolucionario Institucional durante la campaña presidencial 1981-1982, fue nombrado secretario de Programación y Presupuesto por el presidente Miguel de la Madrid. El presidente de la Madrid delegó en su hombre de confianza la paternidad de una nueva política económica que principió las reformas más características de la década siguiente: la austeridad en el gasto público, con recortes en los programas y los subsidios sociales, la liberalización del comercio exterior y la diversificación de las exportaciones, la apertura a las inversiones foráneas, la reconversión industrial y la privatización de empresas del Estado.
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Contexto Económico al Inicio de su Presidencia
Salinas asumió el poder el 1 de diciembre de 1988, no sólo dentro de una gran crisis política, sino también económica. México enfrentaba un panorama desafiante:
- Una inflación de más del 150%.
- Baja constante del producto interno bruto per cápita.
- Deuda externa de más de 100,000 millones de dólares que consumía el 60% del presupuesto gubernamental.
Las Grandes Reformas Económicas del Sexenio Salinista
Desde su posición como presidente, Carlos Salinas de Gortari implementó un conjunto de reformas económicas profundas, muchas de las cuales reflejaban su formación y experiencia en finanzas públicas y política fiscal, en un esfuerzo por transformar radicalmente México.
Reestructuración de la Deuda Pública
Para abordar el problema de la deuda, Salinas aceptó el Plan Brady, ofrecido por Estados Unidos, que recortaría el servicio de la deuda a la mitad. Al inicio del sexenio de Salinas el monto de la deuda era del 45% del PIB, pero después de varios años de negociaciones con el FMI, políticos norteamericanos, mandatarios de países como Francia, Alemania, Canadá, Japón, Gran Bretaña, y con bancos comerciales, se logró en 1992 un acuerdo que redujo la deuda más de 7,000 millones de dólares. De este modo, la deuda total (externa e interna) pasó de 63% del PIB en 1988 a 22% en 1994 y los pagos de intereses del 17% del PIB al 9.8% en 1994.
A continuación, se presenta un resumen de la reducción de la deuda durante su mandato:
| Indicador Económico | 1988 | 1994 |
|---|---|---|
| Deuda Total (externa e interna) como % del PIB | 63% | 22% |
| Pagos de Intereses como % del PIB | 17% | 9.8% |
| Deuda Pública Interna como % del PIB | 19% | 6% |
Pactos para la Estabilidad Económica
Por otra parte, Salinas suscribió con los principales actores económicos, la mayor parte del Consejo Coordinador Empresarial, los pactos para la Estabilidad y el Crecimiento Económico y para la Estabilidad, la Competitividad y el Empleo (PECE), con el propósito de detener la inflación, estabilizar la economía y retomar el crecimiento.
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Privatización de Empresas Paraestatales
Paliadas las crisis política y económica, Salinas continuó, en estrecha relación con las grandes empresas, la transformación radical de México para crear una economía de libre mercado, sin subsidios, mediante la privatización del sector paraestatal y la apertura de la economía al exterior para aprovechar las oportunidades de la nueva economía globalizada tras la caída de la Unión Soviética y la firma del tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Canadá. Con este propósito, aceleró la privatización de las empresas públicas iniciada por Miguel de la Madrid. Hacia 1984 el sector paraestatal comprendía poco más de 1,150 empresas de todo tipo. Con el propósito de pagar la deuda interna y financiar los programas sociales, Salinas entregó al capital privado:
- La telefonía (Telmex).
- Las comunicaciones viales y las aerolíneas.
- El sector químico y el siderúrgico (Altos Hornos de México).
- Los seguros (Aseguradora Hidalgo) y las cadenas hoteleras (Nacional Hotelera).
- Los medios de radiodifusión (IMEVISIÓN).
La banca fue reprivatizada a favor de una nueva casta de banqueros cercanos al grupo en el poder, igual que los beneficiarios de la venta de empresas públicas. Solo permanecerían como organismos estatales importantes la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que iniciaría su privatización con la entrega de permisos a empresas extranjeras para instalar plantas de generación de energía eléctrica en nuestro territorio, y PEMEX, que se estructuraría como holding corporativo y se abriría a la inversión privada extranjera. Con los ingresos de las privatizaciones se obtuvo el equivalente a 23,000 millones de dólares, los cuales fueron utilizados para amortizar la deuda pública interna, logrando que esta disminuyera del 19% en 1988 al 6% en 1994, con la consiguiente reducción de pagos de intereses. Para Salinas de Gortari, no se privatizarían empresas públicas por razones ideológicas, sino conforme al "liberalismo social" en que basaría su gobierno, pues el Estado no debe acumular propiedades mientras el pueblo acumula necesidades. "Gobierno propietario no es sinónimo de Estado justo ni fuerte. Los bienes públicos deben usarse para remediar los males sociales".
Reforma Agraria y Minera
Asimismo, Salinas finalizó el reparto de tierras y privatizó el ejido mediante la reforma al artículo 27 de la Constitución para superar el minifundismo y facilitar la mecanización y capitalización del campo; más de tres millones de ejidatarios fueron convertidos en propietarios formales y las empresas privadas fueron autorizadas a adquirir, revender o arrendar las tierras ejidales. Durante ese mismo año de 1992, se reformó la Ley Minera para privatizar las empresas estatales, como la de Cananea y autorizar concesiones a particulares para la explotación de oro, plata y cobre, hasta por 50 años; así como para eliminar los límites de la superficie concesionada y derogar el impuesto a la extracción de minerales, de modo que la riqueza minera nacional quedó prácticamente en manos de Peñoles, Grupo México y Carso. De igual modo, como una forma oculta de privatización, se modificó la ley para permitir a empresas extranjeras generar energía eléctrica destinada a empresas privadas, lo cual provocó que en los hechos las plantas del sector público perdieran importancia en la generación de electricidad.
Apertura Comercial y Acuerdos Internacionales
En lo que respecta a la apertura comercial, Salinas intentó, con la participación de los grandes empresarios, conquistar el vasto mercado de 290 millones de habitantes de Estados Unidos y Canadá para las exportaciones mexicanas, y atraer a México la inversión de esos países en maquiladoras o plantas de ensamblaje industrial para crear empleos con salarios bajos o “competitivos”. Negoció con el presidente George Bush (y después con Bill Clinton) y el primer ministro Brian Mulroney, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, o NAFTA en inglés), por el cual los tres países eliminarían paulatinamente los aranceles al comercio trilateral a partir del primer día de 1994. Al firmar el tratado en 1993, Salinas logró su mayor victoria política, pero terminó con el nacionalismo económico surgido de la Revolución; de este modo, según Lorenzo Meyer (Una Historia Contemporánea de México): “En realidad, para México el TLCAN fue, mucho más que un tratado de comercio, el inicio de un cambio de fondo en su relación histórica con el gran vecino del norte.” También durante el gobierno de Salinas, México ingresó en la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
El Programa Nacional de Solidaridad (PRONASOL)
El Programa Nacional de Solidaridad (PRONASOL) tuvo por objeto ayudar a los pobres a sobrevivir a corto plazo para mantener la estabilidad política y a la vez fue un instrumento electoral de cooptación masiva de 17 millones de mexicanos en pobreza extrema para generar apoyo al gobierno salinista. Enfocado en los individuos como ciudadanos y consumidores, el programa fue financiado con el ahorro en el pago de intereses resultante de saldar deuda pública con el ingreso de la venta de empresas estatales. La dotación de agua potable, drenaje, alumbrado, pavimentación, vivienda, escuelas, clínicas, alimentación y becas permitió al PRI recuperar el voto en las elecciones de 1991.
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Logros Económicos y Desafíos
Así, durante los primeros cinco años de gobierno, Salinas fue construyendo la legitimidad que no obtuvo en las urnas mediante los logros de su gobierno: una inversión privada mayor que la registrada desde 1970; una inversión extranjera quintuplicada, aunque encauzada al mercado accionario y de dinero; un crecimiento promedio anual del PIB de 3.2%; una inflación que descendería al 7.1% y el TLCAN, que despertaría grandes expectativas de prosperidad futura. Salinas declararía que México estaba entrando al “primer mundo”. En enero de 1993, el nuevo peso tendría tres ceros menos y se cotizaría a 3.3 por dólar. En este contexto, la popularidad de Salinas llegó a su máximo nivel, pese a la disminución sistemática del poder adquisitivo de las clases medias y bajas. Sin embargo, la mayoría de los capitales privados se invertirían en fórmulas de riesgo financiero con alta rentabilidad, así como en instrumentos de deuda pública como los Tesobonos (que garantizan los pagos en dólares en vez de pesos), de modo que para 1992, más de la mitad de los 60,000 millones de dólares en capital extranjero estaría invertida en la bolsa de valores. En contraste, mientras al inicio del sexenio salinista solo la familia Garza Sada figuraba en la lista de millonarios de la revista Forbes, al final de su gobierno se incorporarían a esa lista 24 familias más: Slim, Azcárraga, Zambrano, Peralta, Arango, Romo, Bailleres, Aramburuzabala, González Novoa, Sada González, Losada Gómez, Salinas Pliego, Servitje, entre las más ricas.
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