La comunicación de información en el ámbito psicológico, ya sea al finalizar una sesión, un proceso de evaluación o la terapia en su totalidad, es un acto de profunda relevancia clínica y ética. Estos momentos, lejos de ser meros trámites, constituyen intervenciones terapéuticas en sí mismas, fundamentales para el progreso del paciente y el fortalecimiento de la alianza terapéutica.
La Sesión de Devolución: Un Puente Terapéutico y Ético
La entrevista de devolución diagnóstica es uno de los actos clínicos más delicados y con mayor impacto terapéutico. No es solo comunicar resultados; es el primer puente para restaurar la confianza, regular el estrés y co-construir un plan de tratamiento. Es el encuentro en el que el profesional comparte con el paciente y su entorno significativo la comprensión clínica alcanzada tras la evaluación. Hecha correctamente, la devolución es en sí misma intervención. Permite aliviar incertidumbre, reducir estigma, favorecer mentalización y abrir un espacio para el cuidado del cuerpo, el sistema nervioso y los vínculos.
La devolución transforma datos en significado. Si el paciente comprende lo que le sucede en términos comprensibles y no patologizantes, aumenta su sentido de agencia y su disposición a involucrarse en el proceso. Además, la entrevista de devolución es un puente mente-cuerpo: vincula síntomas somáticos (dolor, fatiga, migrañas) con patrones de estrés, apego y trauma, sin reducirlos a «lo psicológico» ni a «lo orgánico».
La entrevista de devolución consiste en la comunicación verbal, discriminada y dosificada, que se hace al paciente y a sus padres de los resultados obtenidos en el psicodiagnóstico. Se enmarca dentro del proceso de evaluación, pero forma parte también del proceso terapéutico. Es una actividad que exige al terapeuta una reflexión sobre el proceso diagnóstico, sobre la indicación que se realice tras el mismo y sobre el modo en que debe llevarse a cabo esta indicación. Es preciso siempre realizar una devolución, aún en los casos en que pensemos que nuestra información no va a ser completamente entendida. Incluso los niños muy pequeños merecen unas palabras que aumenten su comprensión de la situación o que posibiliten una experiencia de ser “sostenidos”, de la misma forma que los padres hablan con sus bebés mucho tiempo antes de que estos puedan responder. La devolución es, además, una obligación ética. El paciente tiene derecho a saber por qué se realiza el proceso de evaluación, los instrumentos que se han utilizado y las conclusiones obtenidas.
Propósitos Fundamentales de la Devolución
La sesión de devolución, cuando se realiza con cuidado y empatía, es un punto de inflexión en la terapia. Tras realizar la evaluación y haber recabado toda la información necesaria del paciente, surge una pregunta, tanto para el terapeuta como para el paciente: «¿Y ahora qué?». Es el momento en que transformamos una colección de síntomas y relatos en una narrativa coherente y esperanzadora. Es donde la evaluación se convierte en un plan de vuelo y la incertidumbre del paciente empieza a transformarse en compromiso con el cambio. El propósito de la devolución es más profundo y tiene tres funciones esenciales para el proceso terapéutico posterior:
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- Validación Profunda: Es la primera gran oportunidad para demostrarle al paciente que ha sido escuchado y comprendido a un nivel que quizás nadie lo había hecho antes. Al presentar su historia de una forma ordenada y empática, el paciente se siente visto y validado, lo que fortalece enormemente la confianza.
- Creación de un Mapa (Conceptualización): La persona que acude a terapia a menudo se siente perdida en un laberinto de síntomas, pensamientos y emociones contradictorias. La labor del terapeuta en la devolución es ofrecerle un mapa. Una hipótesis comprensible sobre cómo sus dificultades pudieron originarse, y, sobre todo, qué las está manteniendo en el presente. Esta narrativa externa ayuda a reducir la culpa y la confusión.
- Cimentación de la Alianza Colaborativa: La devolución no es un monólogo, es un diálogo. Al presentar las hipótesis e invitar al paciente a que las cuestione, las matice o las confirme, se está co-creando el punto de partida de la terapia. Se deja de ser un «experto» que lo sabe todo para convertirse en un «guía» que caminará a su lado. Este acto de humildad y colaboración es el pilar de una alianza terapéutica sólida.
Preparación y Estructura de la Sesión de Devolución
La preparación de la entrevista de devolución comienza desde la primera entrevista con los padres. Es esencial realizar un análisis de su demanda: nos interesa saber sobre el origen, su organización y elaboración en el psiquismo de los padres y del niño, tratando de analizar tanto el motivo de consulta manifiesto como el latente. El trabajo empieza antes de que el paciente entre por la puerta. Dedica tiempo de calidad a revisar toda la evaluación. El objetivo es sintetizar la información y construir una conceptualización del caso clara y sencilla. Formula una hipótesis central que conecte los diferentes problemas del paciente. Pregúntate: ¿Cuál es el hilo conductor aquí? ¿Qué mecanismo principal está manteniendo el malestar? Y, lo más importante, practica cómo explicarías esta hipótesis con palabras sencillas, usando metáforas o ejemplos cotidianos, con un lenguaje que tu paciente pueda entender y hacer suyo.
Podemos confeccionar un plan guía para la entrevista de devolución, lo suficientemente elástico como para modificarlo sobre la marcha, en función de la reacción de los destinatarios. Una estructura clara permite flexibilidad sin perder el foco. Para llevar a cabo una sesión de devolución eficaz, se recomienda seguir una estructura en fases:
| Fase | Descripción y Recomendaciones |
|---|---|
| 1. Apertura y Encuadre | Acuerde el objetivo de la sesión y el tiempo (aprox. 5 minutos). Comienza la sesión explicando claramente su propósito. Plantee la pregunta de anclaje: «¿Qué necesita llevarse hoy para que esta sesión sea útil?». Con esta apertura, ya se están sentando las bases de una relación horizontal. |
| 2. Microresumen de Datos | Exponga, en dos o tres frases, qué evaluaron y por qué. |
| 3. Narrativa Central: Contando la Historia del Problema | En lugar de empezar por los problemas, una buena estrategia es comenzar siempre por los recursos y fortalezas que se han observado en el paciente. Después, presente la hipótesis de forma narrativa. Conecte su motivo de consulta actual con su historia de vida y los mecanismos que ha aprendido para sobrevivir. Realice chequeo de resonancia: pregunte «¿Cómo resuena esto en usted? ¿Qué añadiría o matizaría?». Es fundamental hacer pausas y comprobar constantemente si el paciente se siente identificado: «¿Esto que te digo te suena de algo? ¿Tiene sentido para ti?». |
| 4. Psicoeducación Breve y Encarnada | Explique mecanismos sin sobrecargar. |
| 5. Plan Terapéutico Colaborativo | Una vez que el paciente ha comprendido y validado la narrativa, es el momento de traducirla en un plan de acción. Detalle frecuencia, foco, herramientas y criterios de progreso. Los objetivos terapéuticos deben ser concretos, realistas y, sobre todo, colaborativos. Preséntelos como una propuesta. Darle al paciente la oportunidad de co-crear los objetivos aumenta drásticamente su motivación y compromiso con el proceso. |
| 6. Consentimiento Informado Vivo | Confirme comprensión, acuerdos y límites. |
| 7. Cierre Orientado a la Acción | Concrete una tarea sencilla de autorregulación o registro de disparadores hasta la próxima sesión. El final de la sesión debe consolidar la alianza y la esperanza. Resuma brevemente los objetivos acordados y refuerza la idea de que ahora tenéis un camino claro que recorrer juntos. Normaliza la dificultad del proceso, pero subraya su capacidad para afrontarlo. Responda a cualquier última pregunta y confirme la siguiente cita. El paciente debe salir de la sesión no solo con una idea más clara de lo que le pasa, sino con la sensación de que, por primera vez, tiene una forma de solucionarlo. |
Principios Clave y Ética en la Devolución
La seguridad es el prerrequisito. Regular el ritmo, la voz y la secuencia de la información modula el sistema nervioso del paciente, facilitando la integración. Devolvemos hipótesis, no verdades. Usamos un lenguaje que invite a pensar juntos: «me pregunto si…», «parece que…». Describa procesos, no etiquetas. Sustituya «usted es…» por «está reaccionando así porque…». Evite tecnicismos innecesarios y defina cada término clínico que utilice. La información que se debe comunicar es aquella en la que tenemos más seguridad, haciendo una gradación desde las conclusiones más firmes a las hipótesis más especulativas e, incluso, omitiendo estas últimas.
Conecte síntomas con estrés crónico, trauma y condiciones sociales (horarios extensos, duelos migratorios, precariedad, violencia). Revise anamnesis, entrevistas clínicas, pruebas psicométricas y datos médicos relevantes. Ordene la información por relevancia clínica y urgencia, no por cronología. Elabore una formulación que conecte experiencias tempranas, patrones relacionales y modos de afrontamiento. Identifique memorias traumáticas, respuestas de defensa (lucha, huida, congelación, complacencia) y su expresión somática actual.
La ética de la devolución se basa en consentimiento informado continuo, lenguaje no estigmatizante y respeto por el ritmo del paciente. Antes del encuentro se sintetiza la información en una formulación integradora: antecedentes de apego, trauma, estresores actuales, síntomas, recursos personales y sociales. Se anticipan reacciones posibles y se planifica una secuencia narrativa que vaya de lo validante a lo explicativo, y de lo explicativo a lo colaborativo. Se empieza validando el esfuerzo del paciente y aclarando objetivos y tiempos. Se invita a interrumpir cuando algo no se entienda o resulte intenso. Cuando hay cuidadores, se pacta el orden de participación y se acuerdan normas de respeto. Se comunican hallazgos en un lenguaje claro, evitando jerga y juicios. Se explica el porqué de los síntomas desde la adaptación del organismo a contextos de estrés y apego.
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El terapeuta modela regulación: voz modulada, pausas, respiración. Se reflejan estados internos y se promueve mentalización con preguntas como “¿qué le ocurre a tu cuerpo cuando escuchas esto?”. Cuando emergen memorias traumáticas o disociación, se prioriza volver al presente con anclajes sensoriales y se pospone contenido no esencial. El plan incluye objetivos escalonados, intervenciones psicoterapéuticas, cuidados somáticos básicos (sueño, respiración, movimiento) y articulación con recursos sociales. Se invita al paciente a reformular con sus palabras la comprensión lograda. Se resume en tres mensajes clave y se acuerda el siguiente paso.
La devolución, además de tranquilizar, debe a su vez generar la angustia necesaria para llevar al sujeto a buscar un cambio a través del tratamiento. El monto de ansiedad y cómo dosificarla está en función de la respuesta del paciente, tanto en el plano verbal como en el preverbal, lo que Ocampo y Arzeno (1987) llaman “indicadores de intolerancia” (“no entiendo”, “yo no soy así”) e indicadores de tolerancia (aparición de nuevas asociaciones…). Estos indicadores avalan las hipótesis diagnósticas y sobre todo nos dan elementos para el pronóstico.
Errores Comunes a Evitar en la Sesión de Devolución
Para terminar, ten presentes cuatro trampas habituales para asegurar que tu sesión sea lo más efectiva posible:
- Usar Jerga Psicológica: Es el error más común. Te aleja del paciente y te coloca en una posición de poder que dificulta la alianza. Habla en un lenguaje humano.
- Ser Excesivamente Dogmático: Recuerda que tu conceptualización es una hipótesis, no la verdad absoluta. Preséntala con humildad y apertura a la modificación.
- Dar Demasiada Información (Sobrecarga): La capacidad de atención del paciente es limitada. Céntrate en una o dos ideas centrales y en 2-3 objetivos clave. Menos, es más.
- No Dejar Espacio para la Emoción: Escuchar una narrativa sobre el propio dolor puede ser muy movilizador. Observa las reacciones no verbales de tu paciente, haz pausas y valida cualquier emoción que surja: «Veo que esto te emociona. Es normal, estamos tocando temas importantes.».
Otros errores típicos incluyen apresurar el proceso, no leer signos de desregulación y omitir el contexto social. Un error habitual es no preparar la devolución.
El Cierre Terapéutico: Una Etapa de Integración
Marta comienza explicando que el cierre terapéutico no es un momento, sino una etapa de cierre, con una importancia especialmente relevante. No se trata de una o dos sesiones, sino de todo un proceso de revisión de objetivos y de preparación del cierre como tal. Podemos decir que esa etapa de cierre empieza a darse cuando la demanda inicial de la persona se ha cumplido. Para ello es importante ir revisando los avances que vamos viendo en terapia con cierta frecuencia, y también ir trabajando en equipo, en este sentido, con la persona a la que acompañamos. Es decir, es importante abrir un espacio en el que preguntar cómo se siente la persona en relación con el proceso de terapia.
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De este modo, podemos darnos cuenta del momento en el que nos encontramos dentro del proceso, y no perder la idea de trabajar siempre bajo demanda, aunque esta pueda ir variando y actualizándose. En muchas ocasiones lo que vamos a encontrarnos es que paciente y psicóloga coincidamos en el momento en el que veamos oportuno comenzar con la etapa de cierre. En el momento en que veamos, como psicólogas, que la persona está preparada para comenzar el proceso de cierre, hemos de comunicarlo. Podemos ir hablando de cómo vemos a la persona en relación con cómo comenzó el proceso. Igualmente, está bien que planteemos cómo se siente la persona frente a la posibilidad de ir espaciando las sesiones.
Espaciar las sesiones, a su vez, permitirá que se genere un espacio en el que la persona explora sus recursos. Los miedos o inseguridades frente a un cierre terapéutico pueden darse por ambas partes. Respecto de nuestras dificultades como profesionales, hemos de cuidar mucho no alargar el proceso de terapia más de lo que para la persona pueda ser beneficioso. Además, hemos de tener en cuenta que en la vida de las personas siempre van a surgir situaciones que puedan ser trabajadas en terapia. Sin embargo, esto no significa que como psicólogas tengamos que acompañar a la persona en cada dificultad que encuentren en su vida. Esto es lo que también es fundamental que traslademos a la persona a la que acompañamos.
Como dice Marta, hemos de ser el espejo en el que vea los recursos con los que cuenta. Y será en esta etapa de cierre terapéutico cuando se trabaje específicamente en revisar dichas herramientas, en prevenir las recaídas, y en integrar todo aquello que la persona ya ha desarrollado. Una de las habilidades que se destacan en este momento es la creatividad. Podemos crear un listado de las herramientas que la persona se lleva o que ha aprendido. Puede ser un listado como tal, o bien a través de algo más simbólico como una caja de madera. Se trata de invitar a la paciente a que se coloque en un punto de la sala en la que esté, que representa el momento en el que vino a terapia. Tras ello, vamos guiando los pasos que da hacia delante, que representarían los avances que ha ido dando y aprendizajes que ha desarrollado. Se puede realizar con una silla vacía o a través de una carta.
El Cierre de Cada Sesión Individual
Más Allá del "Se Acabó el Tiempo"
Sabemos que el cierre de la terapia es necesario trabajarlo, que comienza antes de la última sesión y que lo vamos preparando, sin embargo, ¿qué sabes sobre el cierre de cada sesión? ¿cómo se hace? ¿qué es importante decir en estos momentos? Muchas veces vemos terapeutas que terminan la sesión con una frase tipo “bueno, llegó el final de la hora, nos vemos la próxima semana” o “se nos terminó el tiempo”, sin embargo, esto no es un cierre de sesión, pareciera que simplemente se acabó la hora entonces dejamos de hablar.
Un buen cierre de sesión incluye información importante sobre lo que se ha conversado, sobre lo que se está trabajando, ideas nuevas, alguna devolución y tareas o directivas. También es muy importante para la alianza, ya que facilita y fortalece el vínculo terapéutico, además de ayudar con la co-construcción de objetivos.
Desde una mirada sistémica y centrada en soluciones, se utiliza una pausa antes de hacer este cierre. Esto es cuando sale el terapeuta de la sala de espejo y conversa con el equipo que está atrás del espejo, se le da feedback y se arma un mensaje que se le va a entregar al consultante al final de la sesión. Es muy baja la probabilidad de que estés trabajando en espejo, sin embargo, esto se puede adaptar y, dentro del encuadre terapéutico, se puede pactar el salir de la consulta por unos 10 minutos para pensar en lo que se habló en sesión y entregar un mensaje que realmente le sirva.
Esta pausa tiene beneficios:
- Intensifica la atención sobre lo que dirá el terapeuta.
- Favorece la relación al sentirse aceptado y comprendido.
- Aporta una nueva mirada sobre la visión del problema lo que le da un alivio al consultante.
- Da coherencia reflejando el lenguaje y modo de operar del consultante.
- Abre la escucha.
Entonces, ¿cómo se entrega la información de cierre? Podríamos pensar en una estructura de 3 pasos:
- Reflejo: recapitulación o resumen de la sesión o de ciertos contenidos de la sesión, para que el cliente se sienta comprendido y aceptado. Es una respuesta empática que se hace desde el marco de referencia del paciente, no da información nueva y son reflejos integrales (a nivel cognitivo, afectivo, de contexto, físico y todos los niveles que se pudieran observar en la sesión). Se deben tener argumentos que confirmen esta devolución, debe ir unido a hechos porque así el paciente siente de verdad que el terapeuta lo escuchó y lo entendió. Idealmente debe ser con las mismas palabras del consultante y en su mismo lenguaje (estilo comunicacional, lenguaje, postura, modalidades sensoriales y metáforas); el terapeuta se debe acoplar a la postura y lenguaje del cliente. Se pueden incluir redefiniciones acompañadas de refuerzos a partir de lo conversado en sesión.
- Idea nueva: es una redefinición central del proceso, un cambio de mirada para el consultante por lo que me permite ver en forma positiva hacia donde me voy a dirigir. Son sobre las soluciones intentadas, razones de su malestar, naturaleza del problema, desventaja del cambio y la anticipación de recaídas. Siempre van apoyadas por ejemplos y evidencia de la experiencia del consultante. Ayuda a construir hacia dónde se va a trabajar. Importante destacar que los hechos de la redefinición los entregó el consultante, lo que aporta el terapeuta es juntarlos y devolverlos desde otra mirada; siempre es co-construido. Para transmitir esta idea nueva primero hay que abrir la escucha de la persona por eso primero de valida la emoción y se destacan los recursos de la persona, entonces está mucho más abierta para recibir la idea nueva y el mensaje entra con mayor fuerza.
- Indicaciones (directivas y tareas): siempre considerando la etapa de cambio, el estilo comunicacional y la postura del consultante.
Consideraciones Adicionales
En el trabajo con niños y adolescentes, es aconsejable que se establezcan dos niveles de devolución: una primera devolución con el niño y una devolución conjunta con los padres. Pueden ser necesarias varias entrevistas de devolución con padres. También, con frecuencia se plantea la necesidad de ampliar la devolución a otros profesionales de diferentes instituciones: tutores, trabajadores sociales, educadores, pediatras, psiquiatras de adultos, etc. Sabemos que el niño es capaz de percibir el contacto emocional que establecemos con él, que puede reconocer la experiencia de ser comprendido y que siente alivio cuando percibe que el terapeuta capta la naturaleza de su sufrimiento. Si no se devuelve la información, se intensifican las fantasías de enfermedad, gravedad, incurabilidad, locura y también las fantasías de haber dañado al terapeuta al depositar en él los aspectos más agresivos o dañados.
Una formación avanzada en devolución diagnóstica desarrolla habilidades comunicacionales, regulación del terapeuta, pensamiento formulativo, coordinación con otros profesionales y sensibilidad cultural. La supervisión de microhabilidades (pausas, tempo, preguntas abiertas, reflejos somáticos y emocionales) permite una entrega de información segura. En una formación práctica en entrevista de devolución diagnóstica definimos objetivos claros: estructurar una devolución en 20-40 minutos, formular hipótesis biopsicosociales, usar lenguaje regulador, y co-crear un plan con metas operativas.
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