Los jóvenes en México, al igual que en muchos países latinoamericanos y del mundo subdesarrollado, afrontan el brusco cambio de la etapa escolar hacia la vida activa. Ésta les puede llegar sin que hubiesen terminado la primaria en muchos casos, incluso sin que llegaran a sentarse en un salón de clase. El truncamiento de la escolaridad es visible en el grupo de jóvenes en su primer empleo; además, parece que el propio mercado de trabajo efectivamente les "cobra" su ingreso a cambio de experiencia de trabajo, pues la remuneración de los jóvenes al ingresar a la vida activa es mucho más precaria que en las franjas más bajas de los trabajadores en todo el mercado laboral.
Las diferencias por sexo son marcadas, pues aunque los varones obtienen su experiencia laboral mucho más temprano que las mujeres, ellas no necesariamente no lo hacen porque se queden estudiando, por el contrario, al rezago escolar que deben asumir por estar "ayudando" en el hogar, también se le suma el "rezago activo reconocido" que es marcado por incorporarse al mercado de trabajo después que el hombre.
El Contexto del Primer Empleo Juvenil
El comportamiento de los mercados de trabajo en México y los países latinoamericanos muestra un aumento importante y permanente del sector terciario, caracterizado principalmente por el predominio de las llamadas actividades informales, acompañado de un proceso de desregulación laboral en el sector productivo formal, como base de las políticas de sostenimiento de la competitividad a partir de la reducción de los costos laborales unitarios. El desequilibrio entre las tendencias de creación de empleo en el sector moderno y el crecimiento de la población en edad de trabajar que busca el sustento para sobrevivir, la contracción del tamaño del Estado, limitado en la esfera de empleador, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios reales y del empobrecimiento de la población, muestran un contexto que se aleja de los postulados teóricos del desarrollo.
Estos planteamientos se basaron en una apertura de los mercados hacia el exterior y minaron la frágil estructura productiva, cobrando una cuenta social que ahora se paga con pobreza y grandes rezagos en los estándares de necesidades básicas. Como resultado, se incrementa la precocidad y prolongación del ciclo de vida laboral, aumenta la participación de niños y adolescentes que se incorporan al mercado de trabajo en edades que, se esperaría, deberían estar todavía en la escuela. El mercado de trabajo se ha flexibilizado a tal punto que viene incorporando cada vez más a población joven y los ubica en empleos precarios que son poco alentadores para las necesidades que tienen las familias.
Según cifras de la OIT para el país, de los cerca de 11 millones de niños de entre los 10 y 14 años de edad, más de 1.2 millones se encontraban económicamente activos, lo que representaba una proporción de 11.3 por ciento respecto al grupo de edad, lo cual constituye un peso relativo de 3.5 por ciento como proporción del total de la población económicamente activa (PEA). En este sentido se hace necesaria una evaluación de la primera incorporación que hacen los jóvenes al mercado de trabajo, reconociendo que este grupo poblacional obtiene su primera experiencia laboral en un marco de flexibilización tal que permite la vinculación de trabajadores menores de edad a la actividad productiva, como estrategia de sostenimiento de la competitividad y de reducción de costos laborales unitarios.
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Marco Regulatorio y Definición del Trabajo Juvenil
La identificación de los jóvenes viene tradicionalmente asociada a la edad; la reglamentación laboral así lo incorpora. Los lineamientos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) determinan que las edades de los menores de edad son definidas por las disposiciones legales establecidas en relación con la edad mínima de admisión a un empleo, edad que varía según se trate de países desarrollados o en desarrollo. La OIT considera como niños y niñas a los menores de 15 años de edad, que es el límite inferior establecido para la admisión a un empleo. Y considera como adolescentes a los menores de ambos sexos que ya han cumplido 15 años pero son menores de 18, que es el límite inferior establecido por esas disposiciones para el empleo sin restricciones determinadas por la edad de los jóvenes.
Asimismo, el trabajo infantil se define como "aquel trabajo o actividad económica que es realizado por niños o por niñas, es decir, por menores de 15 años de edad, cualquiera que sea su condición laboral (trabajador asalariado, trabajador independiente, trabajador familiar no remunerado, etc.)". Otra definición aún más clara establece como trabajo infantil toda aquella actividad realizada por un niño que no sea ni educativa-formativa, ni lúdica.
| Categoría | Edad | Descripción |
|---|---|---|
| Niños y Niñas | Menores de 15 años | Límite inferior establecido para la admisión a un empleo. |
| Adolescentes | 15 a 17 años | Menores que ya cumplieron 15 pero son menores de 18. |
| Trabajo Infantil | Menores de 15 años | Cualquier trabajo o actividad económica que no sea educativa-formativa ni lúdica. |
En el pasado, la reglamentación dejaba a los adolescentes mexicanos prácticamente desprotegidos, toda vez que la edad mínima de incorporación al trabajo debía venir acompañada por los años de educación obligatoria. Esto significaba que mientras en la mayoría de los países latinoamericanos se trataba de retener en la escuela a la población hasta que lograra un promedio de nueve años de escolaridad, en México el requisito era solamente de seis años de escolaridad y comprendía un límite de edad que iba desde seis hasta 14 años, rango que era similar al de otros países de la región. Algo parecido ocurría con la edad límite para trabajos peligrosos, que en México se colocaba en un rango entre 16 y 18 años, mientras la reglamentación de casi todos los países latinoamericanos indicaba claramente que era a partir de la mayoría de edad.
En ambos casos lo que se ha generado es una mayor velocidad a la precocidad laboral, incrementando la fuerza de trabajo disponible y redundado en el deterioro de los salarios de los trabajadores de baja escolaridad, al ser la mano de obra un factor productivo abundante en el mercado. La actualización y firma de algunos de los convenios internacionales por parte de México ha tratado de paliar este serio problema. El "Convenio sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación" considera de suma importancia para el éxito del mismo una "...acción inmediata y general que tenga en cuenta la importancia de la educación básica gratuita". Además, debe estar acompañado de un objetivo mayor, como la "eliminación del trabajo infantil", a la par de los derechos del niño y de los principios y derechos fundamentales en el trabajo.
Para lo que se reconoce que éste se debe en gran parte a la pobreza, y que la solución a largo plazo radica en un crecimiento económico sostenido conducente al progreso social, en particular a la mitigación de la pobreza y a la educación universal. Esta situación se ha logrado revertir -al menos en lo jurídico- a partir de la misma Convención sobre los Derechos del Niño, cuyo Artículo 28, en su primer punto, indica que es necesario "...implantar la enseñanza primaria obligatoria y gratuita para todos", así como: "...fomentar el desarrollo, en sus distintas formas, de la enseñanza secundaria, incluida la enseñanza general y profesional, hacer que todos los niños dispongan de ella y tengan acceso a ella y adoptar medidas apropiadas tales como la implantación de la enseñanza gratuita y la concesión de asistencia financiera en caso de necesidad."
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Como respuesta a esta petición, el Estado mexicano incorporaría en 1993 a la Ley General de Educación, en su Capítulo Primero y Artículo Cuarto, que "Todos los habitantes del país deben cursar la educación primaria y la secundaria. Es obligación de los mexicanos hacer que sus hijos o pupilos menores de edad cursen la educación primaria y la secundaria". También para reforzar este marco legislativo se crearía el Instituto Mexicano de la Juventud, que además, en el texto del Capítulo Primero y Artículo Segundo identifica que son jóvenes aquella población "cuya edad quede comprendida entre los 12 y 29 años que, por su importancia estratégica para el desarrollo del país, será objeto de los programas, servicios y acciones que el Instituto lleve a cabo". Con ello, las poblaciones infantil y joven se encontrarían vulnerables. Esto se logra controlar a partir de la adopción del Convenio de Edad Mínima de la Organización Internacional del Trabajo. Pero a la fecha se ha constatado que México no lo ha firmado.
Obstáculos y Precariedad en la Incorporación Laboral Juvenil
A pesar de los lentos avances realizados en materia educativa, el mercado de trabajo no es capaz de generar fluidamente empleos de calidad suficiente a la población entrante al mercado. La dinámica del empleo se basa en el crecimiento de sectores de baja productividad, principalmente el autoempleo y la microempresa. El ritmo de crecimiento del empleo no ha sido el deseado cuando se trata de los jóvenes. Se sabe que el empleo depende fundamentalmente del ciclo económico y el comportamiento de la demanda agregada, por lo que en un marco de recesión no es dable aumentar empleos para los jóvenes.
El empleo juvenil acompasa el ciclo económico, pero cuando éste se contrae, son los jóvenes quienes se ven más afectados que el resto de los grupos. Las tasas de desempleo juvenil, ante un periodo recesivo, aumentan mucho más que el desempleo de los adultos (aun cuando ambos estén ligados a la evolución de la actividad global), y se frena la generación de los empleos a quienes tratan de incorporarse por primera vez al mercado de trabajo. Así, el joven que incluso llega a terminar una carrera universitaria y tiene que encarar una primera búsqueda laboral sin haber adquirido experiencia previa suele convertir ese trance en toda una hazaña para poder colocarse en un empleo formal dentro de la profesión elegida o campo de estudio.
La falta de experiencia es uno de los famosos argumentos que los propios empleadores utilizan para flexibilizar aún más una franja de la fuerza de trabajo calificada, a tal grado que luego justifican la falta de correspondencia entre calificación académica y mercado laboral como un problema estructural del mercado de trabajo. Por ello los jóvenes profesionistas tienen que aceptar empleos precarios, con lo que empiezan a pagar por cuotas la experiencia laboral que el mercado les ofrece con desdén, quedando como vía de escape el autoempleo y las actividades informales.
Desde los modelos tradicionales de capital humano, el énfasis se hace en la decisión entre continuar con la formación en el sistema educativo o, en forma alternativa, incorporarse al mercado laboral. Alguna de las dos opciones hace que el joven logre acumular conocimientos, bien sea por la educación, bien por la experiencia laboral. Los bajos ingresos de los principales preceptores del hogar y la insuficiencia de cubrir con ellos sus propias necesidades hacen que, frente a la limitación y ausencia de programas de mantenimiento del ingreso de las familias, ellas tengan que enviar más mano de obra disponible al mercado de trabajo para tratar de captar más ingresos. En este aspecto, los desarrollos del modelo de Becker sobre la asignación del tiempo de los individuos, donde toman la decisión económica de trabajar frente a otras actividades incluyendo el ocio, avanzaron en mostrar los diferentes arreglos que se dan a partir de las remuneraciones ofrecidas desde el mercado de trabajo.
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Los desarrollos en la teoría del capital humano permitieron mostrar que los hijos tienen una ventaja comparativa en la adquisición de educación. La educación es una inversión en capital humano y, caeteris paribus (manteniéndose todo lo demás constante), la tasa de rendimiento de esa inversión identificada en el lenguaje técnico como "tasa de retorno de la educación", varía directamente con la duración del tiempo que una persona está en el mercado de trabajo una vez terminados los estudios. Existen planteamientos críticos a esta postura, pues no hay sociedad que detenga su dinámica, por lo que el caeteris paribus no existe pues quienes tienen más posibilidad de realizar estudios universitarios o las familias con capacidad de enviarlos a la universidad, así lo hace.
Iniciativas y Programas de Apoyo para el Primer Empleo Juvenil
Frente a este complejo panorama, existen programas diseñados para facilitar la inserción laboral de los jóvenes, especialmente en su primer empleo. Un programa de apoyo focaliza las zonas con mayor necesidad, para garantizar que quienes más lo requieren tengan prioridad. La capacitación deberá ser de mínimo 5 y máximo 8 horas diarias y continuas, 5 días a la semana. El centro de trabajo tiene la libertad de ejercer sus propios protocolos de ingreso para aceptar tu postulación, sin embargo, tú debes contactarles para verificar si tu perfil es el adecuado para su plan de actividades. El centro de trabajo contará con al menos 4 días, contados a partir de tu postulación, para aceptarte o declinarte. Antes de iniciar tu capacitación, deberás revisar con tu tutor(a) los términos y horarios correspondientes.
En el ámbito privado, empresas como Nestlé México han creado desde el 2015 la Iniciativa por los Jóvenes (IXJ), un programa que tiene el objetivo de contribuir a la preparación y capacitación de jóvenes entre 15 y 29 años. En Nestlé tienen el compromiso con el desarrollo profesional de jóvenes, y por eso ofrecen diferentes programas de formación en colaboración con prestigiosas instituciones. Estos programas están diseñados para ayudar a jóvenes a adquirir los conocimientos necesarios para encontrar el trabajo que siempre han deseado. Además, brindan la oportunidad de tener experiencia laboral en distintas áreas, lo que permite conocer de cerca la empresa y sus valores.
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