La historia de la cultura occidental tiene sus raíces en el Cercano Oriente, específicamente en Mesopotamia y el valle del Nilo. Es en la región entre los ríos Tigris y Éufrates donde se originó la civilización sumeria, conocida como Sumer. Gracias a la durabilidad de las tablillas de arcilla, una gran cantidad de información escrita sobre la sociedad en tiempos antiguos ha llegado hasta nosotros desde Mesopotamia, según Postgate (1999).
Los Sumerios: Pioneros de la Civilización y la Escritura
Las primeras aldeas dedicadas a la agricultura, ganadería, alfarería y tejidos se establecieron en Mesopotamia desde 5500 a.C. Entre los años 4000 y 3740 a.C., Mesopotamia estaba dividida en pequeñas ciudades-Estado o ciudades-Templo, donde el suelo pertenecía teóricamente al dios de la ciudad y era administrado por los sacerdotes del Templo. Este era el centro de la vida religiosa, económica y comercial, donde se almacenaban los granos, pernotaban las caravanas comerciales y se pagaban los tributos.
Los sumerios inventaron el primer sistema de escritura cuneiforme, cuyo propósito inicial, de acuerdo con Villa Monsalve (2006), era registrar el flujo de bienes y productos traídos por el florecimiento del comercio. En el mismo sentido, Andrade Torres (2005) expone que los sumerios, motivados principalmente por motivos comerciales, inventaron la escritura cuneiforme en tablillas de arcilla para registrar letras de cambio, contratos, registros de propiedad de la tierra, derechos de riego, impuestos y contabilidad.
Así, Mesopotamia se considera el primer ejemplo de una verdadera civilización, según Mann (1991). Los imperios sumerio, acadio, asirio y babilónico se asentaron en el Tigris y el Éufrates desde el 3200 hasta el 1500 a.C.
El Templo y el Palacio: Centros de Poder y Administración
Para la civilización sumeria, el Templo era el centro alrededor del cual se desarrollaba la economía, la política y la religión. Los sacerdotes del Templo organizaban el culto, gobernaban la ciudad, administraban los ingresos, ordenaban el ejército y vigilaban el mantenimiento de los canales de riego. Con la expansión de las ciudades-Estado sumerias y la caída de estas en manos de los acadios, las personas del Templo se dedicaron exclusivamente al culto, mientras que las personas del Palacio, transformados en reyes, desempeñaron las funciones de gobierno.
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Los acadios unificaron el primer imperio de Mesopotamia, donde el Palacio y el rey poseían mayor poder que los sacerdotes del Templo. La organización económica dependía de los impuestos a las transacciones, actividades económicas, ritos y actividades religiosas.
Urukagina y la Primera Reforma Tributaria
Urukagina fue el duodécimo y último rey de la primera dinastía sumeria en la ciudad-Estado de Lagash, gobernando aproximadamente entre 2378 - 2371 y 2351 - 2342 a.C. Llegó al poder mediante un golpe de Estado y, para legitimarse, realizó reformas sociales que han trascendido hasta nuestros días.
Cuando Urukagina llegó al poder, la población de Lagash sufría un total sometimiento económico por parte de los funcionarios del Palacio y del Templo, al punto de estar esclavizada. Los impuestos y contribuciones, sumados a los intereses de las deudas y el abuso de los poderosos, habían asfixiado económicamente a la población. En este contexto, Urukagina llevó a cabo una reforma social para devolver la libertad a la población, siendo recordada como una de las primeras reformas sociales y la primera reforma tributaria de la que se tienen datos.
De acuerdo con Marco Simón y Santos Yanguas (1980), las reformas sociales de Urukagina, recogidas en sus inscripciones, constituyen un importante testimonio de la madurez política y el avanzado estadio de civilización alcanzado por los sumerios. Sus reformas parecen haber sido motivadas, en parte, por un deseo de fortalecer su propia posición, asegurándose el apoyo de aquellos súbditos que debían rendir servicio militar. Su vivo sentimiento de la justicia le llevó a suprimir los privilegios que la casta sacerdotal se había arrogado indebidamente a expensas del pueblo; los inspectores fiscales, de triste reputación, fueron revocados.
Lerner (1986) explica que, en Lagash, alrededor de 2350 a.C., el gobernante Lugalanda tomó el poder sobre los templos más importantes, colocándolos bajo la administración de un funcionario nombrado por él, y nombrándose a sí mismo y a su familia como administradores del templo. Es en este contexto que Urukagina llega al poder, promulgando reformas de impuestos, frenando el poder de los funcionarios corruptos y gobernando los templos en nombre de los dioses.
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Eisler (1997) menciona que las reformas de Urukagina establecieron que los árboles frutales y alimentos cultivados en tierras del templo debían ser para los necesitados, y no únicamente para los sacerdotes, como era la costumbre.
Castañeda Reyes (2003) plantea la interrogante de si el movimiento de Urukagina fue una revolución social o una revolución desde arriba. Urukagina logró eliminar la opresión que los sacerdotes ejercían sobre el pueblo y restableció la libertad y las antiguas instituciones.
Bauer (2007) describe a Urukagina como el "Jimmy Carter del antiguo Oriente Medio", el primer rey sumerio con conciencia social. Sus inscripciones describen el estado de la ciudad debido a sacerdotes y ricos corruptos, donde los débiles y los pobres vivían en el hambre y en el miedo. Urukagina se deshizo de la mayoría de los recaudadores de impuestos, eliminó y bajó los impuestos, cortó la burocracia de Lagash y prohibió que el poderoso abusara del débil.
Martos Rubio (2007) ilustra acerca de los elevados valores de la moral sumeria, que ya hablaban de proteger a las viudas y a los huérfanos, de dar refugio al débil y de administrar justicia al pobre. Hacia 2360 a.C., Urukagina sufrió una derrota militar que terminó con su poder y con el del Estado que gobernó con verdadera sabiduría, después de liberarlo del poder del partido clerical que lo había oprimido durante mucho tiempo.
Los documentos de Nippur aseguran que Urukagina liberó a las gentes de Lagash de la sequía, del robo y del asesinato, introdujo la libertad y estableció que el poderoso no debía de abusar del pobre, de las viudas ni de los huérfanos. Urukagina suprimió derechos, cortó de raíz el exceso de ganancias y puso fin a la arbitrariedad y a la injusticia.
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