La Biblia ofrece una distinción profunda entre el servicio genuino y la mentalidad de un asalariado. El pasaje fundamental que aborda esta temática se encuentra en Juan 10:11-14: «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas».
La diferencia entre el pastor y el asalariado
La disposición valiente y consagrada del pastor no era por amor al dinero de un salario, sino por amor a las ovejas. Mientras que el asalariado abandona su responsabilidad ante la dificultad, el buen pastor protege a las ovejas con su vida. Una de las características más tristes de la sociedad moderna es la forma en la que el trabajo se vincula exclusivamente al sueldo, lo cual significa que mucho trabajo valioso, como la crianza, las tareas domésticas o el cuidado de personas, no recibe el reconocimiento adecuado.
La ética cristiana del trabajo
En contraste con la idea de que el trabajo es una maldición, la Biblia enfatiza su carácter benéfico y productivo. Dios fue el primero en trabajar sobre la tierra; por lo tanto, el trabajo legítimo refleja la actividad de Dios. Debido a que Dios es naturalmente bueno, el trabajo también es naturalmente bueno. El trabajo fue un regalo original otorgado a Adán, quien fue puesto en el huerto del Edén para cultivarlo y mantenerlo.
Principios fundamentales sobre el esfuerzo y la provisión
La Biblia establece pautas claras sobre nuestra actitud hacia la labor diaria y nuestras responsabilidades:
- El propósito del trabajo: No es solo para beneficiar al trabajador, sino también a otros.
- Condena a la pereza: El Señor no se siente complacido con la gente ociosa; la Biblia es dura en su condena de la pereza.
- Equilibrio necesario: Debemos procurar que haya un equilibrio entre el trabajo, las actividades recreativas y el descanso.
- Valor basado en Dios: Nuestro valor debería estar fundamentado en el hecho de que estamos hechos a imagen de Dios, no en lo que ganamos.
El peligro de la identidad vinculada al trabajo
Una trampa común para los cristianos es recibir su sentido de significancia del trabajo, permitiendo que su identidad se vincule demasiado a su labor profesional. Dios quiere que nuestra identidad esté arraigada en Cristo. Además, otra trampa consiste en depender del trabajo para sentir seguridad en este mundo, cuando en realidad Dios desea que dependamos de Él para todo lo que necesitamos. Como Jesús advirtió, nuestra seguridad debe recaer en que seamos «ricos para con Dios».
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En cualquier trabajo honrado podemos servir a Dios. El rey Benjamín, un profeta nefita, dijo: «cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios». Al final, la actitud cristiana debe reflejar la de Jesucristo: «Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra».
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