Desde finales de los años 50´s a la fecha, el avance en la generación de algoritmos sobre temas ambientales no ha cesado. La cuestión desde esta perspectiva es si la relación del ser humano con la naturaleza ha trascendido, ha cambiado, se ha transformado o sigue igual. Hoy en día nos encontramos subsistiendo en un periodo en el que se suscitan cambios a nuestro alrededor de manera vertiginosa. Particularmente en las tres últimas décadas, producto del progreso en la ciencia y tecnología, sobre todo en las áreas de robótica, informática, comunicaciones y, esencialmente, en el ámbito de la biomedicina.
Estos avances nos han permitido explorar el espacio exterior y examinar dimensiones menores a las del átomo. Lo anterior ha derivado un alto costo económico y ambiental expresado mediante los impactos negativos en nuestro entorno que afectan y comprometen nuestras condiciones de vida. Por esta razón, la educación se yergue como la vía con la que cuenta la sociedad para responder a las lamentables crisis ambientales, sociales y de desarrollo económico insostenible. Es indispensable una labor de educación en cuestiones ambientales, dirigida tanto a las generaciones jóvenes como a los adultos y que preste la debida atención al sector de población menos privilegiado, para ensanchar las bases de una opinión pública bien informada, y de una conducta de los individuos, de las empresas y de las colectividades inspirada en el sentido de su responsabilidad en cuanto a la protección y mejoramiento del medio ambiente en toda su dimensión humana.
Si considerásemos encontrar el génesis del conocimiento y la preocupación del ser humano por el ambiente, habría que remontarnos a las civilizaciones más antiguas. Un nuevo enfoque sobre el estado del ambiente se remonta a los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Más tarde, la década de los setenta comenzó esta preocupación de forma masiva, con la reunión de Estocolmo (Suecia) en 1972, denominada Medio Ambiente Humano. La declaración de Tbilisi se erige como un documento guía que resultó de la conferencia intergubernamental sobre educación ambiental que se desarrolló en la ciudad de Tbilisi, en la exUnión Soviética en octubre de 1977. Este acontecimiento tuvo la finalidad de proyectar acuerdos, a través de la Estrategia Internacional de Educación Ambiental para el decenio de los años noventa en materia de desarrollo de la educación y formación ambiental, producto del ejercicio realizado por los compromisos contraídos en Tbilisi en 1977. De esta manera se decidió enunciar los noventa como “la década mundial para la educación ambiental".
Origen y Propósito de la Declaración de Talloires (1990)
La Declaración de Talloires, formulada en octubre de 1990, en Francia, se erige en la respuesta organizada que las instituciones de educación superior (IES) tuvieron para clarificar su participación y responsabilidad en la promoción de la sustentabilidad. En 1990, en Francia, se creó a favor del desarrollo sostenible dentro de la Educación Superior la Declaración de Talloires. Con ésta, se buscaba que las Instituciones de Educación Superior se tornaran líderes en la transformación por el desarrollo a favor del medio ambiente.
Ante el grave deterioro ambiental causado por el descontrolado desarrollo humano, se hizo evidente la necesidad de una transformación social que pudiese equilibrar la interacción del ser humano con su entorno, y en la necesidad del cambio, las Instituciones de Educación Superior no sólo debían formar parte, la responsabilidad era liderar en el enfrentamiento de este gran reto. Esta postura tiene su génesis en el reconocimiento y compromiso que poseen las IES en materia de carácter político, al incidir de manera relevante en la preparación de los nuevos profesionales, así como en la generación y resguardo del conocimiento para el desarrollo social. Las Instituciones de Educación Superior (IES) encontraron en la década de los ochenta, una gran cantidad de propuestas teóricas para definir su rol en la construcción de la sustentabilidad, de ahí, surgieron documentos referentes como La Carta de Bogotá sobre Universidad y Medio Ambiente en América Latina (1985) o La Declaración de Talloires (1990).
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La Declaración de Talloires es un compromiso internacional emblemático para construir comunidades sostenibles a través del liderazgo de los campus universitarios, con la Association of University Leaders for a Sustainable Future (ULSF, Estados Unidos) como secretaría. Iniciada por la Universidad de Tufts, fue la primera declaración formal en la que rectores y presidentes universitarios se comprometieron colectivamente a liderar a sus instituciones en la atención de los desafíos ambientales mediante la docencia, la investigación, la extensión y las operaciones del campus, guiados por un plan de acción de diez puntos. La conferencia culmina con la Declaración de Talloires, un plan de acción de diez puntos para la incorporación de la sostenibilidad del medio ambiente y la alfabetización en la enseñanza, investigación y actividades de divulgación en universidades. Fue firmada por las 22 universidades participantes en el evento, aunque, posteriormente, ha sido firmada por más de 430 líderes universitarios de más de 50 países.
El Compromiso de Talloires: Plan de Acción de Diez Puntos
Nosotros, los rectores, vicerrectores, y vicecancilleres de las universidades de todo el mundo, estamos conscientes del rápido e impredecible crecimiento de la contaminación, de la degradación del medio ambiente y del agotamiento de los recursos naturales. De hecho, la contaminación del agua y del aire local, regional y global, la destrucción y la disminución de bosques, suelos y agua, la reducción de la capa de ozono y la emisión de gases contaminantes ponen en peligro de la supervivencia de los seres humanos y especies vivientes, la integridad de la tierra y su biodiversidad, la seguridad de las naciones y se convierte en la herencia que permanecerá para las futuras generaciones. Estos cambios en el medio ambiente son causados por una producción desequilibrada e insostenible y por patrones de consumo que agravan los niveles de pobreza en muchas regiones del mundo. Ante esta situación, hemos acordado ejercer las siguientes acciones:
- Aprovechar cada oportunidad para despertar la conciencia del gobierno, las industrias, las fundaciones y las universidades expresando públicamente la necesidad de encaminarnos hacia un futuro ambientalmente sostentible.
- Incentivar a la universidad para que se comprometa con la educación, investigación, formación de políticas e intercambios de información de temas relacionados con población, medio ambiente y desarrollo y así alcanzar un futuro sostentible.
- Establecer programas que formen expertos en gestión ambiental, desarrollo sostentible, demografía y temas afines para asegurar así que los egresados universitarios tengan una capacitación ambiental y sean ciudadanos responsables.
- Crear programas que desarrollen la capacidad de la universidad en enseñar el tema del medio ambiente a estudiantes de pregrado, postgrado e institutos profesionales.
- Ser un ejemplo de responsabilidad ambiental estableciendo programas de conservación de los recursos, reciclaje y reducción de desechos dentro de la universidad.
- Involucrar al gobierno (en todos los niveles), a las fundaciones y a las industrias, en el apoyo a la investigación universitaria, educación, formación de políticas e intercambios de información sobre desarrollo sostentible. Extender también este trabajo a las organizaciones no gubernamentales (ONG) y encontrar así soluciones más integrales a los problemas del medio ambiente.
- Reunir a los profesionales del medio ambiente para desarrollar programas de investigación, formación de políticas e intercambios de información para alcanzar de esta forma un futuro ambientalmente sostentible.
- Asociarse con colegios de educación básica y media para capacitar a sus profesores en la enseñanza de problemas relacionados con población, medio ambiente y desarrollo sostentible.
- Trabajar con la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo, CNUMAD, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA, y otras organizaciones nacionales e internacionales para promover un esfuerzo universitario a nivel mundial que conlleve a un futuro sostentible.
- Establecer un Comité Directivo y un Secretariado para continuar esta iniciativa y para informarse y apoyarse los unos a los otros en el cumplimiento de esta Declaración.
Impacto y Legado de la Declaración de Talloires
Actualmente respaldada por cientos de instituciones en todo el mundo, la Declaración ofrece una hoja de ruta para integrar la sostenibilidad en las funciones centrales de la educación superior, con una visión que va mucho más allá de los límites del campus y aporta beneficios tangibles a las comunidades circundantes. También se promueve a través de la campaña Green Campuses for Green Cities y la Iniciativa Campus Verde de la Association for Promoting Sustainability in Campuses and Communities (APSCC).
Principales Resultados de la Declaración
- Integración de la sostenibilidad en todas las disciplinas: Las universidades forman a graduados capaces de abordar los desafíos ambientales en sus profesiones y en sus comunidades locales. Esto genera un efecto multiplicador: los estudiantes llevan sus conocimientos y valores a la sociedad, impulsando la innovación e influyendo en prácticas sostenibles en municipios, industrias y otros sectores.
- Promoción de la alfabetización ambiental para todos: Más allá del estudiantado, la Declaración fomenta la alfabetización ambiental entre todos los miembros del campus y las comunidades vecinas. Conferencias públicas, programas de formación climática y talleres comunitarios hacen que el conocimiento sobre sostenibilidad sea más accesible. Estos esfuerzos fortalecen las competencias verdes y la conciencia climática de la ciudadanía, permitiéndole contribuir a la protección ambiental, la conservación de recursos y la adaptación al cambio climático.
- Creación de “laboratorios vivos” de sostenibilidad: A través de la práctica de la “ecología institucional”, las universidades demuestran la sostenibilidad mediante acciones concretas. Programas de reducción de residuos, sistemas de transporte sostenible, medidas de conservación del agua y producción local de alimentos sirven de modelo para toda la comunidad. Los gobiernos e instituciones locales suelen replicar estas estrategias, amplificando su impacto más allá de los campus y contribuyendo a ciudades y pueblos más sostenibles.
- Garantizar la participación inclusiva: La Declaración pide la participación de todas las partes interesadas -docentes, personal administrativo, estudiantes, gobiernos, profesionales, científicos, ONG y miembros de la comunidad- en los esfuerzos de sostenibilidad. Una participación amplia garantiza que se escuchen diversas voces y que los proyectos respondan a necesidades reales y específicas de cada comunidad. La colaboración interdisciplinaria fortalece el desarrollo comunitario y la resiliencia.
La Declaración de Talloires reconoce que el papel de la educación superior en la sostenibilidad va mucho más allá de las instituciones. A través de la educación, la extensión y el liderazgo operativo, las universidades actúan como poderosos agentes de cambio social.
Contexto de 1990: Otros Aportes a la Conciencia Ambiental y Educativa
El año 1990 no solo fue significativo por la Declaración de Talloires, sino también por otras contribuciones relevantes al pensamiento y la educación en torno al medio ambiente y el desarrollo.
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Introducción al Pensamiento Complejo (Morin, 1990)
Edgar Morin (1921) es un filósofo y sociólogo francés que publica Introducción al pensamiento complejo en 1990. Basándose en las teorías cibernética, de los sistemas y de la información, Morin concluye que estamos en un nivel todavía prehistórico con respecto al espíritu humano y que sólo la complejidad puede hacer avanzar y civilizar el conocimiento. La realidad que perciben las personas, su mundo interior, sus relaciones cercanas, los escenarios y situaciones lejanas, es compleja. Para Morin, lo esencial de la consciencia ecológica reside en la reintegración de nuestro medio ambiente en nuestra consciencia antroposocial y en la complejización de la idea de naturaleza a través de las ideas de ecosistema y de biosfera.
Changing Learner Behavior Through Environmental Education (Hungerford y Volk, 1990)
En el número 21(3) de la revista Journal of Environmental Education, aparece el artículo Changing learner behavior through environmental education (“Cambiar el comportamiento del alumno a través de la educación ambiental”), escrito por Hungerford y Volk. Para los autores, el fin último de la educación es la formación del comportamiento humano. En concreto, en esta publicación se estudia la eficacia de la educación ambiental para promover un comportamiento ciudadano responsable, una acción medioambiental positiva que tiene como fin el equilibrio dinámico entre calidad de vida y calidad ambiental. El sentido de pertenencia y el apoderamiento son dos elementos claves para desarrollar ciudadanos ambientalmente responsables.
En esta obra, Hungerford y Volk (1990) sugieren:
- Proporcionar oportunidades diseñadas cuidadosamente y en profundidad para que el alumnado desarrolle un nivel de sensibilidad ambiental que promueva un compromiso para actuar de manera ambientalmente responsable;
- Enseñar los conceptos ecológicos ambientalmente significativos y las interrelaciones ambientales que existen dentro y entre estos conceptos;
- Proveer un plan de estudios que se traduzca en un conocimiento en profundidad de los temas;
- Ofrecer un currículum que enseñe al alumnado las habilidades de análisis de problemas y la investigación y que dé el tiempo necesario para la aplicación de estas habilidades;
- Ofrecer un currículum que enseñe al alumnado las competencias ciudadanas necesarias para remediar la cuestión, así como el tiempo necesario para la aplicación de estas habilidades, y
- Proporcionar un entorno de enseñanza que aumente el locus de control interno o motivación interna de los aprendices y los sentimientos de autoeficacia.
Conferencia Mundial sobre la Educación para Todos (Jomtien, Tailandia, 1990)
Del 5 al 9 de marzo de 1990 se celebró la Conferencia Mundial sobre la Educación para Todos. La Conferencia reunió en Jomtien, Tailandia, a 1.500 participantes, delegados de 155 Estados. La Declaración Mundial sobre Educación para Todos y el Marco de Acción para Satisfacer las Necesidades Básicas de Aprendizaje son el resultado de un vasto y sistemático proceso de consulta. Esta declaración es el resultado de la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos realizada en Jomtien, Tailandia, en marzo de 1990, la cual reunió a 1,500 participantes de 155 naciones. Su propósito fue delinear los marcos referenciales, tanto para las organizaciones gubernamentales como no gubernamentales, para la creación y ejecución de políticas consignadas a mejorar los servicios de educación básica, en la “convicción de que la educación constituye un poderoso instrumento para el desarrollo”. La declaración hace hincapié que “la educación puede contribuir a lograr un mundo más seguro, más sano, más próspero y ambientalmente más puro y que al mismo tiempo favorece el progreso social, económico y cultural, la tolerancia y la cooperación internacional”.
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