Descubre Cómo la Declaración de Compromiso de 2001 Revolucionó la Lucha Contra el VIH/SIDApost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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El vigésimo sexto período extraordinario de sesiones de la Asamblea General en 2001 fue un hito importante en la respuesta al SIDA. La Asamblea General celebró un período extraordinario de sesiones del 25 al 27 de junio de 2001 con el fin de asegurar un compromiso mundial para combatir la epidemia del VIH/SIDA. Se reconoció que la epidemia del SIDA había causado incontables sufrimientos y muertes en todo el mundo. La Sesión Especial de la ONU también sirvió para recordarle al mundo que había esperanza: que con la voluntad y los recursos suficientes, las comunidades y los países podrían cambiar el curso mortal de la epidemia.

La Declaración Política esbozada en 2001 constituyó una elocuente declaración que comprometía a las naciones del mundo a tomar acciones concretas para detener y revertir la expansión y el impacto de la epidemia del VIH/SIDA. Fue el primer compromiso que la ONU realizó en materia de VIH/SIDA, allanó el camino para el establecimiento del Fondo Global para la lucha contra el VIH/SIDA, la Tuberculosis y la Malaria y dio paso a una nueva era en la que el acceso a tratamiento y cuidado se convirtió en una posibilidad real (aunque lejos de estar implementada de forma universal) incluso en los entornos con menor disponibilidad de recursos.

La Preocupante Situación al Inicio del Milenio

En el año 2000, la situación mundial respecto al VIH/SIDA era alarmante. Observando con honda preocupación que, para fines del año 2000, había en el mundo 36,1 millones de personas que vivían con VIH/SIDA, el 90% de ellas en países en desarrollo y el 75% en el África subsahariana. Preocupados también por el hecho de que el VIH/SIDA, de seguir propagándose, constituirá un grave obstáculo para la consecución de los objetivos mundiales de desarrollo que aprobamos en la Cumbre del Milenio. Además, se observó con preocupación que ciertos factores negativos de índole económica, social, cultural, política, financiera y jurídica dificultaban la toma de conciencia, la educación, la prevención, la atención, el tratamiento y el apoyo.

Compromisos y Metas de la Declaración de 2001

La Declaración de Compromiso estableció metas claras para una respuesta global coordinada y efectiva:

  • Para 2003, asegurar que, en estrecha colaboración con la comunidad internacional, incluidos los gobiernos y las organizaciones intergubernamentales competentes, así como con la sociedad civil y el sector empresarial, se establezcan estrategias nacionales, apoyadas por estrategias regionales e internacionales, a fin de fortalecer los sistemas de atención de la salud y hacer frente a los factores que afectan al suministro de medicamentos contra el VIH, incluidos los medicamentos antirretrovirales, como, entre otros, la asequibilidad y el precio, incluida la fijación de precios diferenciados, y la capacidad de los sistemas técnico y de atención de la salud.
  • Para 2005, establecer estrategias integrales de atención y avanzar considerablemente en su aplicación con miras a: fortalecer los servicios de atención que prestan la familia y la comunidad, incluidos los que proporciona el sector no estructurado, y los sistemas de atención de la salud para dar tratamiento a las personas que viven con VIH/SIDA, incluidos los niños infectados, y supervisar ese tratamiento, así como prestar apoyo a las personas, los hogares, las familias y las comunidades afectados por el VIH/SIDA; aumentar la capacidad y mejorar las condiciones de trabajo del personal de atención de la salud y hacer más eficaces los sistemas de suministro, los planes de financiación y los mecanismos de remisión necesarios para dar acceso a medicamentos de precio asequible, incluidos los medicamentos antirretrovirales, y a tecnologías para el diagnóstico y tecnologías conexas, así como a atención médica, paliativa y psicosocial de alta calidad.

La Declaración también enfatizó la importancia de la colaboración internacional:

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  • Estrechar la cooperación internacional y regional, en particular la cooperación Norte-Sur, Sur-Sur y la cooperación triangular, en relación con la transferencia de tecnologías útiles, adecuadas al entorno de la prevención y la atención del VIH/SIDA, el intercambio de experiencias y mejores prácticas, investigadores y resultados de la investigación, y fortalecer la función del ONUSIDA en ese proceso.

En cuanto a la financiación, se estableció un objetivo ambicioso:

  • Para 2005, mediante una serie de pasos graduales, alcanzar la meta general de destinar de 7,000 a 10,000 millones de dólares de los EE.UU.

El Papel de ONUSIDA en la Respuesta Global

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) lidera el esfuerzo mundial por poner fin a la epidemia de sida como amenaza para la salud pública para 2030 como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. ONUSIDA resuelve problemas. Propicia que las personas que viven con el VIH, o afectadas por este, participen activamente de la toma de decisiones, y les da un papel fundamental en el diseño, puesta en marcha y seguimiento de la respuesta al sida. ONUSIDA ha definido las políticas públicas sobre VIH a nivel mundial, regional y nacional. Valiéndose de las pruebas, la experiencia y la concienciación, ha movilizado la inversión necesaria en aras de conseguir políticas nacionales sólidas, ha puesto en marcha sistemas sanitarios y comunitarios, ha establecido los marcos legales y ha fomentado que la opinión pública apoyara la creación de sociedades saludables y resistentes.

ONUSIDA también trabaja activamente en la lucha contra el estigma y la discriminación. Al igual que con la epidemia del VIH, el estigma y la discriminación pueden socavar significativamente las respuestas al COVID-19. En 2020, el Programa de las Naciones Unidas sobre el VIH-SIDA (ONUSIDA) publicó nuevas directrices para abordar el estigma y la discriminación en la respuesta a la COVID-19. La guía se basa en la evidencia más reciente de lo que funciona para reducir esos lastres en relación con el VIH, y que puede aplicarse a la pandemia en curso. Desde el inicio del brote del nuevo coronavirus, se han reportado numerosas formas de estigma y discriminación, incluida la xenofobia contra personas que se cree que son responsables de llevar el COVID-19 a los países, ataques a trabajadores de la salud y abuso verbal y físico hacia las personas que se han recuperado de la enfermedad. También se han informado ataques contra poblaciones que enfrentan estigma y discriminación preexistentes, como quienes viven con el VIH, las minorías sexuales y de género, los trabajadores sexuales y los migrantes. “A raíz del miedo y la incertidumbre que surgen durante una pandemia, el estigma y la discriminación aparecen rápidamente. La nueva guía emitida por la agencia ofrece soluciones en seis áreas específicas: comunidad, lugar de trabajo, educación, atención médica, justicia y situaciones de emergencia o humanitarias.

La Evolución del Compromiso: Declaraciones Posteriores y Desafíos

Diez años después de la Sesión Especial de 2001, y cinco años después de una Declaración política sobre el VIH/SIDA de 2006 en la que los Estados Miembros de la ONU se comprometieron a avanzar hacia el acceso universal a la prevención, el tratamiento, la atención y el apoyo del SIDA, se celebró una Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General en 2011 en para hacer un balance de los avances y dar forma a la futura respuesta al VIH/SIDA de las Naciones Unidas.

La sociedad civil acudió al encuentro de alto nivel de Naciones Unidas sobre VIH/SIDA de 2006 con la expectativa de que podría trabajar sobre la anterior declaración y animar a las delegaciones para que desarrollaran los detalles de un borrador incluso más progresivo y comprometer a los países para que tomen las acciones necesarias para proporcionar acceso universal a prevención, tratamiento y cuidado del VIH/SIDA. En lugar de ello, los activistas en el tratamiento y la prevención se encontraron a sí mismos luchando por evitar que las delegaciones de los países más conservadores eliminaran de la nueva declaración muchos de los compromisos realizados en 2001, lo que potencialmente menoscababa el apoyo internacional a actividades e instituciones como el Fondo Global que han demostrado ser vitales en la lucha contra el SIDA en el mundo en desarrollo. Algunos países pretendían eliminar toda referencia a derechos humanos, grupos vulnerables, fármacos genéricos o acceso a condones, material de inyección estéril y esfuerzos en materia de reducción de daños relacionados con el uso de drogas. Además, varios países querían privar al documento de cualquier referencia que apoyara el empoderamiento de las mujeres, a pesar de que actualmente está reconocido que las desventajas sociales, políticas y económicas que sufren las mujeres constituyen uno de los principales motores de la pandemia.

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Al fin, la presión realizada por los activistas fructificó en la restauración de mucho de lo que había sido eliminado de la declaración original, aunque el lenguaje de la nueva declaración a menudo es más ambiguo y suavizado. Por ejemplo, en la declaración de 2001 el término "derechos humanos" es empleado once veces, mientras que en el nuevo documento los derechos humanos sólo son mencionados una vez, y únicamente en relación a las mujeres, no en relación a otros grupos vulnerables y personas que viven con VIH/SIDA. La declaración original también dedicaba casi dos páginas a un debate sobre la asignación de recursos que en el nuevo documento se redujo a un párrafo o dos. Los Estados miembros de la ONU en su mayoría se resistieron al llamamiento realizado por la sociedad civil de aumentar la declaración de compromiso. Por ejemplo, los activistas deseaban que se detallaran en la declaración las poblaciones específicas vulnerables en mayor situación de riesgo de sufrir o que ya sufren VIH/SIDA, pero aparte de una nueva referencia a los usuarios de drogas inyectables (UDI), el documento progresa poco en esta área. "El fracaso a la hora de abordar completamente la necesidad de estos grupos y especialmente de oponerse al estigma y discriminación mediante la despenalización del consumo de droga y las conductas sexuales, los hará más invisibles y finalmente conducirá a tasas aún mayores de VIH/SIDA", afirmó Raminta Stuikyte de la red de reducción de daños del centro y este europeos.

En una conferencia de prensa celebrada varias horas antes de la adopción final de la declaración, el presidente Eliasson realizó un comentario sobre la frustración de los activistas: "Los grupos vulnerables están aquí dentro. Son diferentes en los diferentes países. Todos sabemos quiénes son. Esto ha sido una negociación. Esto es lo que hemos concluido." Sin embargo, según el señor Eliasson, "no en poca medida debido a la sociedad civil internacional y al examen de nuestras propias ideas y gobiernos, creo que hemos alcanzado un texto sustancial y progresista… siempre existen cosas que se querrían añadir o realizar de forma más ambiciosa, pero si se examina este texto se ve que hemos realizado una reafirmación de todo lo que se dijo en 2001 [en el párrafo 18] y de la necesidad de asegurar que todo lo que está contenido en él sea alcanzado, y eso es lo fundamental". Concluyó el encuentro diciendo: "Sé que ninguno de vosotros ha conseguido lo que quería con esta declaración... Ésa es la naturaleza de las negociaciones. Pero sé que gracias en parte a la influencia realizada por la sociedad civil, el borrador finalmente se ha visto más fortalecido que debilitado."

Avances y Discrepancias en la Declaración de 2006

Una de las áreas en las que los activistas están de acuerdo en que la declaración se vio mucho más fortalecida fue en el firme reconocimiento de la feminización del VIH/SIDA (el hecho de que mujeres y chicas están llevando la carga principal de la pandemia). "Se realizaron compromisos para asegurar que las mujeres pueden ejercer su derecho a tener control sobre su sexualidad y sobre el objetivo de alcanzar acceso universal a la salud reproductiva para el año 2015", según la nota de prensa realizada por la sociedad civil. De cualquier modo, señalaron que algunos gobiernos entre los que se encuentran los de Siria, Egipto, Yemen, Irak, Pakistán y Gabón lucharon contra los esfuerzos de empoderar a las chicas y proporcionarles una educación sexual integral.

Los activistas también querían que la declaración estableciera objetivos claros para el acceso universal a la prevención, cuidado y tratamiento y para la financiación necesaria para realizarlos. Aunque el documento realiza una referencia sobre el tema, sólo compromete a los Estados a "perseguir… esfuerzos… hacia el objetivo de la acceso universal". Según Paul Davis de HealthGAP, "incluso el poner a un paciente más en tratamiento constituye un paso hacia el objetivo del acceso universal. No es un compromiso concreto". En la conferencia de prensa realizada sobre la declaración final, el doctor Peter Piot, director ejecutivo de ONUSIDA, coincidió con el presidente Eliasson en considerar que el borrador final constituía un documento firme, pero admitió que la falta de objetivos concretos era algo decepcionante. Afirmó que actualmente el objetivo principal debería ser animar a los países individuales a establecer sus propios objetivos ambiciosos, sin embargo esto podría ser más difícil en algunos países que en otros, especialmente en ausencia de la presión moral de, y la rendición de cuentas a, otras naciones miembro que la declaración podría haber establecido.

Existen también discrepancias sobre la firmeza de los compromisos financieros realizados en la declaración final. El doctor Piot calificó el lenguaje empleado sobre la financiación en la declaración original como más débil que el empleado en la declaración actual. Aun así, la declaración anterior especificaba que los gobiernos: "Asegurarían que los recursos proporcionados para la respuesta mundial del abordaje del VIH/SIDA fueran sustanciales, sostenidos y… para 2005, a través de una serie de pasos progresivos, alcanzasen un objetivo general de gasto anual en la epidemia de entre 7.000 y 10.000 millones de dólares en países de pequeños y medianos ingresos". Sin embargo, en la nueva declaración los estados miembros simplemente "reconocen" que se necesitará una estimación de entre 20.000 y 23.000 millones de dólares anuales para 2010 [realmente la cantidad de 23.000 millones de dólares se requiere para 2008] para apoyar el rápido escalado de la respuestas al SIDA y por tanto comprometerse a tomar medidas para asegurar que se contará con recursos nuevos y adicionales por parte de los países donantes y también provenientes de los presupuestos nacionales y otras fuentes de financiación nacionales". Técnicamente, la nueva declaración no compromete a los países a proporcionar todos los fondos, mientras que el antiguo lenguaje dejaba poco margen a la duda. "En esta etapa de la pandemia, esperábamos un compromiso de los gobiernos para cubrir el déficit de financiación mundial", afirmó Kieran Daly, del Consejo Internacional de Organizaciones con Servicios en SIDA. "En lugar de ello, han intentado escurrir el bulto". De hecho, si la declaración final es finalmente firme o débil podría ser por este punto.

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A continuación, una tabla comparativa de los compromisos financieros:

Compromiso Financiero Declaración de Compromiso de 2001 Declaración Política sobre el VIH/SIDA de 2006
Objetivo de Gasto Anual 7.000 a 10.000 millones de USD para 2005 (para países de ingresos bajos y medianos) 20.000 a 23.000 millones de USD anuales para 2010 (o 2008) (Estimación reconocida, no compromiso firme)
Naturaleza del Compromiso Los gobiernos "Asegurarían que los recursos... alcanzasen un objetivo general de gasto..." Los estados miembros simplemente "reconocen" que se necesitará una estimación y se "comprometen a tomar medidas para asegurar que se contará con recursos nuevos y adicionales..."

Lo que quizás fue más descorazonador es la intensa negociación entre pasillos de países como Estados Unidos para debilitar la declaración y evitar realizar compromisos financieros firmes. Esto parecería indicar un menor compromiso por parte del país que más fondos aporta. Como para probar este punto, al término del encuentro y en la adopción final del documento, Estados Unidos se quedó solo matizando su voto y afirmando que su apoyo a la declaración estaba basado en sus propias limitadas definiciones de parte del lenguaje redactado. Según el portavoz de la delegación de EE UU, “Estados Unidos considera que la referencia a la conferencia internacional sobre poblaciones y desarrollos y la frase ‘salud reproductiva’ no genera ningún ‘derecho’ y no puede ser interpretada para constituir apoyo, consentimiento o promoción del aborto. Además, EE UU considera que todas las referencias realizadas en este documento a ‘comportamiento sexual responsable’ se refieren a abstinencia y fidelidad” (evitando intencionadamente realizar referencia a los condones).

La declaración probablemente representa el mejor resultado que la sociedad civil podría haber alcanzado dadas las circunstancias. “No debemos permitir que lo mejor sea enemigo de lo bueno”, afirmó el presidente Eliasson. “… La alternativa podría ser escribir algo muy elevado a lo que nadie prestase atención.” Existen límites sobre lo que se puede alcanzar en un foro como el de la ONU en estos momentos, sin otra oportunidad de cambiar cosas de vuelta a casa.

El Día Mundial del SIDA: Un Recordatorio Permanente

Cada año, el 1 de diciembre, el mundo conmemora el Día Mundial del SIDA, el primer día dedicado a la salud en todo el mundo, que se fundó en 1988. En el Día Mundial del SIDA, las personas de todo el mundo se unen para mostrar su apoyo a las personas que viven con el VIH y recordar a aquellos que han fallecido.

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