Los hábitos son elementos que componen nuestro carácter. El tema que abordaremos a continuación forma parte del libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” de Stephen Covey, empresario, escritor y motivador estadounidense.
Cuando en 1989 Stephen Covey publicó su influyente libro sobre productividad personal y liderazgo, no tenía ni idea del impacto que provocaría, no solo en la comunidad empresarial, sino más allá de la industria e incluso de la frontera. "Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva" se convirtió en su libro más popular. Vendió más de 25 millones de ejemplares en más de 40 idiomas y se convirtió en la base de su carrera de orador y consultor. El autor, fallecido en 2012, ha sido una autoridad internacionalmente respetada en materia de liderazgo, profesor, consultor de organizaciones y escritor.
El objetivo de los 7 hábitos es enseñarnos las costumbres que debemos adoptar para llegar a ser nuestro yo ideal, vivir una vida más satisfactoria y lograr nuestros objetivos. Covey presupone que la gente muy productiva y eficiente que es capaz de gestionar el tiempo y de dar prioridad a cada tarea recurre a siete hábitos básicos para coordinarlo todo. Como ya he mencionado, se trata de introducir estos hábitos para cambiar no solo a nivel superficial, sino a un nivel más profundo. Un paradigma es la forma en la que percibimos e interpretamos el mundo. Son nuestras propias lentes a través de las cuales vemos el mundo. Einstein decía que no podemos hacer las cosas del mismo modo si lo que buscamos es un resultado diferente. Sus hábitos van a la raíz del problema, concretamente: no podemos mejorar la eficiencia hasta que sepamos porqué buscamos la optimización, cuáles son nuestros objetivos y qué sentido tiene tanto trabajo duro.
Contexto y Filosofía de los 7 Hábitos
Los 7 hábitos no son un conjunto de partes independientes o fórmulas fragmentadas. En armonía con las leyes naturales del crecimiento, proporcionan un enfoque gradual, secuencial y altamente integrado del desarrollo de la efectividad personal e interpersonal. Nos mueven paulatinamente sobre un continuo de madurez, desde la dependencia hacia la independencia y hasta la interdependencia.
Todos empezamos nuestra vida como seres totalmente dependientes de otros. Después, gradualmente, nos volvemos cada vez más independientes -física, mental, emocional y económicamente- hasta que por fin podemos hacernos cargo de nuestra persona. Cuando seguimos creciendo y madurando, tomamos cada vez más conciencia de que toda la naturaleza es interdependiente, de que existe un sistema ecológico que la gobierna a ella y también a la sociedad. Además, descubrimos que los más altos logros de nuestra naturaleza tienen que ver con las relaciones con los otros, que la vida humana también es interdependiente.
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Las personas dependientes necesitan de los otros para conseguir lo que quieren. Las personas independientes consiguen lo que quieren gracias a su propio esfuerzo. Las personas interdependientes combinan sus esfuerzos con los esfuerzos de otros para lograr un éxito mayor.
Los hábitos 1, 2 y 3 tienen que ver con el autodominio. Llevan a una persona de la dependencia a la independencia. Son las “victorias privadas”, la esencia del desarrollo del carácter. Las “victorias privadas” preceden a las “victorias públicas”. No se puede invertir ese proceso, así como no se puede recoger una cosecha antes de la siembra. Es de dentro hacia fuera. Cuando uno se vuelve verdaderamente independiente, posee ya una base para la interdependencia efectiva. Posee un carácter de base a partir del cual se puede obrar con más efectividad sobre las “victorias públicas”, más orientadas hacia la personalidad, el trabajo de equipo, la cooperación y la comunicación, de los hábitos 4, 5 y 6. El hábito 7 es el hábito de la renovación: una renovación regular y equilibrada de las cuatro dimensiones básicas de la vida. Abarca y encarna todos los otros hábitos.
Los 7 Hábitos en Detalle
1. Ser Proactivo
La proactividad significa tomar la iniciativa y tener la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan. Cuando somos proactivos tenemos la libertad de elegir como actuar, en lugar de reaccionar a lo que va sucediendo a nuestro alrededor. Para ello, necesitamos dos cosas: vernos como responsables de nuestras acciones y actuar para conseguir nuestros objetivos futuros.
La palabra proactividad no quiere decir solo tomar la iniciativa. Significa que, como seres humanos, somos responsables de nuestra propia vida. Nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras circunstancias vitales. Podemos subordinar los sentimientos a nuestros valores y principios. Tenemos la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.
El hábito de la proactividad nos da la libertad para poder escoger nuestra respuesta a los estímulos del medioambiente. Nos faculta para responder de acuerdo con nuestros principios y valores. En esencia, es lo que nos hace humanos y nos permite afirmar que somos los arquitectos de nuestro propio destino.
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El primer paso es fundamental. Covey asegura que existen dos posturas ante la vida, la gente reactiva y la gente proactiva. Las personas consideradas reactivas actúan en relación con una cuestión externa, están constantemente esperando y respondiendo a estímulos externos. Por el contrario, las personas que son proactivas tienen una gran capacidad de anticipación.
Las personas reactivas se ven a menudo afectadas por su ambiente físico. Si el tiempo es bueno, se sienten bien. Si no lo es, afecta a sus actitudes y su comportamiento. Las personas proactivas llevan consigo su propio clima. Las personas reactivas se ven también afectadas por el ambiente social, por el llamado “clima social”. Cuando se las trata bien, se sienten bien; cuando no las tratan bien, se vuelven defensivas o autoprotectoras. Las personas reactivas construyen sus vidas emocionales en torno a la conducta de los otros, permitiendo que los defectos de las otras personas las controlen.
Eleanor Roosevelt observó: “Nadie puede herirte sin tu consentimiento”. Y Gandhi dijo: “Ellos no pueden quitarnos nuestro respeto por nosotros mismos si nosotros no se lo damos”. Para empezar, lo que nos daña, mucho más que lo que nos sucede, es nuestro permiso, nuestro consentimiento a lo que nos sucede. Si perseguimos a la víbora venenosa que nos ha mordido, lo único que conseguiremos será provocar que el veneno se extienda por todo nuestro cuerpo. Es mucho mejor tomar medidas inmediatas para extraer el veneno.
Stephen Covey habla de dos círculos, “el círculo de preocupación” que es donde están las cosas incontrolables a las que nos referimos como “Si no tuviera que hacer x” o “Si fuera más disciplinado”. Un modo excelente de tomar más conciencia de nuestro propio grado de proactividad consiste en examinar en qué invertimos nuestro tiempo y nuestra energía. Cada uno de nosotros tiene una amplia gama de preocupaciones: la salud, los hijos, los problemas del trabajo, la deuda pública, las guerras… Podemos separarlas de las cosas con las que no tenemos ningún compromiso mental o emocional, creando un “círculo de preocupación”.
Cuando revisamos las cosas que están dentro de nuestro círculo de preocupación resulta evidente que sobre algunas de ellas no tenemos ningún control real y, con respecto a otras, podemos hacer algo. Podemos identificar las preocupaciones de este último grupo circunscribiéndolas dentro de un “círculo de influencia” más pequeño. Las personas proactivas centran sus esfuerzos en el círculo de influencia. Se dedican a las cosas con respecto a las cuales pueden hacer algo. Su energía es positiva: se amplía y aumenta, lo cual conduce a la ampliación del círculo de influencia. El círculo de preocupación está lleno de “tener”: “Estaré contento cuando tenga casa propia”; “Si tuviera un jefe que no fuera tan dictador...”. El círculo de influencia está lleno de “ser”: puedo ser más paciente, puedo ser sensato, puedo ser cariñoso. El foco está en el carácter. El enfoque proactivo consiste en cambiar de dentro hacia fuera. El enfoque proactivo propone ser distinto, y de esta manera provocar un cambio positivo en lo que está fuera: puedo ser más ingenioso, más diligente, más creativo, más cooperativo.
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2. Empezar con un Fin en Mente
Comenzar con un fin en mente hace posible que nuestra vida tenga razón de ser, pues la creación de una visión de lo que queremos lograr permite que nuestras acciones estén dirigidas a lo que verdaderamente es significativo en nuestras vidas. Al marcarnos una meta o un objetivo caminaremos por la vida con un propósito.
Cuando uno visualiza el objetivo final, acaba por tener una visión estratégica para sí mismo o para la organización. Cada proyecto, mejor dicho, cada tarea individual en la que se trabaje ahora debe estar orientada y hacer avanzar hacia ese objetivo. “¿Esto es importante?
El hábito de empezar con un fin en mente se basa en el principio de que todas las cosas se crean dos veces. Siempre hay primero una creación mental y luego una física. Pensemos, por ejemplo, en la construcción de un hogar. Uno lo “crea” con todos sus detalles incluso antes de poner la primera piedra. Después se traza el plano y se elabora el proyecto de construcción. Todo esto antes de trabajar sobre el terreno. En caso contrario, ya en la segunda creación, la física, habrá que realizar cambios costosos que pueden duplicar el presupuesto original.
Un paso importante a la hora de fijar los objetivos es tener claros los valores que defiendes, porque aquello que sea el centro de tu vida será la fuente de tu seguridad y tu poder. Necesitas comenzar con una visión, es decir, una imagen mental que represente lo que quieres conseguir con tu vida. Entre más clara y significativa sea esa visión más fácil te será caminar hacia ella.
Si la escalera no está apoyada en la pared correcta, cada paso que demos no hará más que acercarnos antes al lugar erróneo. Podemos estar muy atareados, podemos ser muy eficientes, pero solo seremos también verdaderamente efectivos cuando empecemos con un fin en mente. Los aviones suelen desviarse de su ruta durante gran parte del trayecto, pero siempre vuelven al plan de vuelo. Y siempre llegan a su destino. Lo mismo ocurre con nosotros, como individuos, como familias u organizaciones. La clave radica en tener un fin en mente y un compromiso común de retroalimentarnos constantemente y de corregir continuamente el rumbo.
3. Establecer Primero lo Primero
Poner primero lo primero nos permite liberarnos de la tiranía de lo urgente para dedicar tiempo a las actividades que en verdad dan sentido a nuestras vidas. Es la disciplina de llevar a cabo lo importante, lo cual nos permite convertir en realidad la visión que forjamos en el hábito 2. Una vez tenemos una finalidad u objetivo en mente, es importante saber priorizar.
Gestión y liderazgo son los puntos clave que destaca Stephen Covey en este hábito. Para él, la gestión efectiva es establecer prioridades antes de iniciar el trabajo. En cambio, solemos tener otro hábito: en medio de la aceleración del ritmo de vida actual, realizamos primero las acciones urgentes, las que necesitan nuestra atención ahora y que son llamativas. ¿Por qué puede ser un mal hábito? Porque estas urgencias no tienen por qué estar relacionadas con nuestros objetivos. Y estamos haciendo cosas urgentes que son importantes para otras personas. Y si fuesen nuestros objetivos… no deberían de ser urgentes, deberíamos haberlas hecho con antelación.
La planificación es esencial para conseguir dar los pasos que nos proponemos para alcanzar los objetivos que nos hemos fijado. Una persona eficiente pone el foco en las cosas importantes, las que le llevan a conseguir los objetivos. Las urgencias surgen de forma imprevista, ese es su carácter, pero alguien que transita de urgencia en urgencia, peca de poca o ninguna planificación.
El factor que materializa la esencia del tercer hábito es poner primero lo primero. “La persona de éxito tiene el hábito de hacer las cosas que a quienes fracasan no les gusta hacer -observó-. No necesariamente le gusta hacerlas. Pero su disgusto está subordinado a la fuerza de sus propósitos”.
Covey clasifica las actividades en cuadrantes:
| Cuadrante | Descripción | Ejemplos |
|---|---|---|
| Actividades Importantes y Urgentes | Proyectos que rozan la fecha límite, crisis, actividades no planificadas. Acciones que debemos atender cuanto antes personalmente. Conducen al estrés y al agotamiento. | Crisis, problemas apremiantes, proyectos con fecha límite. |
| Actividades Importantes y No Urgentes | Planificación, networking, ejercicio, estudio, crecimiento. Son acciones importantes que a largo plazo nos acercan a nuestras metas. | Preparación, prevención, construcción de relaciones, reconocimiento de nuevas oportunidades. |
| Actividades No Urgentes y No Importantes | Este cuadrante puede destruir tu vida. | Algunas interrupciones, correo trivial, algunas llamadas. (Basado en el contexto de otros cuadrantes, aunque no explícitamente detallado en el texto para este cuadrante específico). |
En resumen, las acciones colocadas en el cuadrante 2 son el centro de la organización personal eficiente. Las acciones importantes son las que nos aportan, las relacionadas con nuestros objetivos a largo plazo, lo que queremos conseguir en las distintas áreas de nuestra vida.
4. Pensar en Ganar-Ganar
Pensar en Ganar-Ganar nos permite desarrollar una mentalidad de abundancia material y espiritual, pues nos cuestiona la premisa de que la vida es un “juego de suma cero” donde para que yo gane alguien tiene que perder. De cierta manera, estamos acostumbrados a paradigmas destructivos en donde alguien tiene que perder para que otro pueda ganar, esta es la vía fácil. Muchas relaciones están cargadas de manera muy despareja hacia un lado.
Cuando una persona se focaliza siempre en ganar y no tiene en cuenta a los demás, es habitual que al final el otro salga perdiendo o que no se llegue a ningún acuerdo. Un claro ejemplo de ello lo encontramos en las inversiones inmobiliarias. Si apretamos mucho la tuerca, queriendo ganar sin tener en cuenta las necesidades del vendedor, al final el vendedor se negará a vendernos y no podremos sacar ningún partido económico. Ambas partes saldrán perdiendo. Pensar en esta última, ganar-ganar (win-win) es el estadio ideal para desarrollar la mentalidad de la abundancia.
Está claro, compites y deseas ganar. Pero para tener éxito, no hace falta que otra persona o empresa tenga que perder. Para las interacciones más importantes, piensa siempre en intentar que todos salgáis ganando, esto significa encontrar formas de crear relaciones interdependientes que resulten beneficiosas para todas las partes. Por ejemplo, podría tratarse de colaborar con la competencia para dar a conocer el sector. Tener una mentalidad win-win solo puede ocurrir cuando se tiene la visión de que hay mucho "éxito" ahí fuera esperando a todo el mundo.
5. Buscar Primero Entender, y Después Ser Entendido
Buscar entender primero y ser entendido después es la esencia del respeto a los demás. La necesidad que tenemos de ser entendidos es uno de los sentimientos más intensos de todos los seres humanos. Este hábito es la clave de las relaciones humanas efectivas y posibilita llegar a acuerdos de tipo Ganar-Ganar.
En este hábito, debemos entrenar la empatía, el saber ponernos en el lugar del otro, así como tener una mentalidad de beneficios a largo plazo. Escucha con empatía e interés genuino lo que las personas te quieren comunicar. Covey explica que, cuando entiendes primero a los demás, creas un sentimiento de confianza entre la otra persona y tú. Sientas las bases para una relación fructífera y duradera. No te empeñes en que la otra persona te entienda para que te ayude, para que te compre, para que trabaje en lo que tú quieres… Sé la persona que comprende primero.
Aprender a escuchar es una de las habilidades más importantes que puedes desarrollar. Será imposible crear una relación si no tienes esa capacidad. La comunicación nos permite llegar a una solución a través de la capacidad de escuchar y compartir información. Uno de los peores hábitos que tenemos es querer ofrecer soluciones a problemas que no terminamos de escuchar, y esto puede afectar tu comunicación y poner en riesgo tu relación.
Esto te permitirá poder ayudar a esa persona, que te vea como una persona capaz que le entiende y, si después necesitas que su ayuda, sabrás explicarte mejor, entendiendo qué le resulta importante a la otra persona y ella te ayudará de mejor grado. Tus relaciones personales y profesionales están basadas en la confianza y la responsabilidad. Al lograr este punto, te rodeas de gente que busca soluciones creativas, de manera conjunta. Este es un mensaje marcado a fuego en la formación de cualquier responsable de marketing (especialmente en el marketing online y por correo electrónico) sencillamente porque el público objetivo siempre se preguntará "¿Qué gano yo con ello?".
6. Sinergizar
Sinergizar es el resultado de cultivar la habilidad y la actitud de valorar la diversidad. La síntesis de ideas divergentes produce ideas mejores y superiores a las ideas individuales. El logro del trabajo en equipo y la innovación son el resultado de este hábito. Las personas necesitamos relacionarnos, crear sinergias.
Este hábito nos invita a buscar objetivos similares o que tienes en común con los demás. Invita al trabajo en equipo a la unión de opiniones y a las actividades complementarias. Cuando varias personas unen sus ideas, conocimientos y habilidades para lograr un fin logran mucho mejores resultados que cuando trabajan por separado y cada una puede aportar en el terreno en el que es experta, con la consiguiente eficiencia y sensación de valía. La idea que lo describe es: «El todo es mayor que la suma de las partes». No sólo se consigue el doble de resultados por ser dos, sino que con la combinación de ambas personas, se puede llegar mucho más lejos.
Este hábito hace referencia sencillamente al hecho de abordar el trabajo en equipo de forma tan abierta y positiva que incluso los desacuerdos y las diferencias puedan desembocar, de algún modo, en nuevas formas de enfrentarse a un problema. Si los integrantes de un equipo intentan encontrar el beneficio para todos y procuran primero entenderse entre sí, al final alcanzarán la sinergia, se orientarán hacia el mismo destino con los mismos objetivos y encontrarán soluciones creativas a pesar del caos de la gestión de un proyecto.
7. Afilar la Sierra
Afilar la sierra es usar la capacidad que tenemos para renovarnos física, mental y espiritualmente. Es lo que nos permite establecer un equilibrio entre todas las dimensiones de nuestro ser, a fin de ser efectivos en los diferentes papeles (roles) que desempeñamos en nuestras vidas. Al establecer esos seis poderosos hábitos es tiempo de ir renovando tu forma de ser y hacer en el mundo, tiempo de seguir creciendo, aprendiendo y mejorando cada día.
El último hábito se refiere a revitalizar el espíritu y podría parecer el más personal de los 7 hábitos de la gente altamente efectiva de Covey. Afilar la sierra significa básicamente dedicar el tiempo necesario a asegurarse de que mente, cuerpo, corazón y espíritu estén listos para afrontar el reto de la mejora constante. Afilar la sierra supone trabajar y cuidar cada una de esas dimensiones.
- Física: La parte física se “afila” a través de una alimentación equilibrada, buen descanso y deporte de forma regular.
- Emocional: La emocional se logra con meditación y actividades relajantes como leer un libro, estar en contacto con en la naturaleza oír música.
- Espiritual: La espiritual con la meditación y la conexión con lo que hay más allá de uno mismo.
- Mente: Estar constantemente formándonos para seguir aprendiendo, explorar nuevas ideas y enseñar a los demás.
De nada sirve tener mucho dinero si no cuidas los demás aspectos de tu vida. Tal vez puedas apreciar pequeños cambios a corto plazo, pero a medio y largo plazo verás cómo los cambios son claros y exponenciales. El hábito 7 es el que crea la espiral de desarrollo ascendente que nos conduce a nuevos niveles de comprensión y a vivir cada uno de los hábitos en un plano cada vez más elevado.
