El Tratado de Trianón fue uno de los acuerdos de paz firmado entre Hungría y las potencias aliadas tras la Primera Guerra Mundial. Se suscribió el 4 de junio de 1920, en el Gran Palacio de Trianón de Versalles en Francia. El acuerdo, aunque los húngaros tienden a preferir descripciones como "dictadura", "trauma" o "tragedia", cimentó el colapso del Imperio Austrohúngaro. Este jueves se cumple el centenario de lo que mucha gente en Hungría considera una tragedia nacional.
El desmembramiento de la Monarquía Dual de los Habsburgo se produjo en octubre de 1918. Diversas partes del Imperio proclamaron su independencia, con la aprobación de los Aliados. La derrota sufrida durante la Primera Guerra Mundial por parte del Imperio Austrohúngaro y el resto de los viejos poderes imperiales impulsó la firma de los tratados de paz en Europa. Tal como ocurrió con Austria con la firma del Tratado de Saint Germain, Hungría debió firmar obligada el Tratado de Trianón en términos muy desfavorables.
En Budapest se estableció una república popular y en marzo de 1919 una república soviética encabezada por Béla Kun, que fue disuelta por una intervención militar rumana. Tampoco ayudó la inestabilidad de los gobiernos húngaros moderados que asumieron el poder durante la ocupación rumana de Budapest en 1919. No fue sino hasta el 16 de enero de 1920 cuando los aliados reconocieron al nuevo gobierno. A este régimen le correspondió firmar el Tratado de Trianón.
Aunque el Tratado de Trianon fue firmado por los húngaros, en este no se tomó en cuenta la opinión de sus representantes; de hecho, no se les permitió participar en las negociaciones. Los Catorce puntos de Woodrow Wilson, en los que se esbozaba un marco general para las negociaciones de los tratados de paz, tampoco se tomaron en cuenta. Francia había prometido a los checos y a los rumanos entregar territorios de Hungría a cambio de luchar contra los comunistas revolucionarios del país.
Las Dramáticas Consecuencias Territoriales y Demográficas
Para Hungría, Trianon fue mucho más que un tratado: representó una catástrofe nacional. Tras la firma del Tratado de Trianon, Hungría sufrió gigantescas pérdidas territoriales y de población que afectaron su otrora fortaleza económica. En algunas partes de la campiña húngara, los mapas de carreteras muestran el país no como es ahora, sino como la nación mucho más grande que una vez fue.
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Los datos numéricos del impacto territorial y demográfico del Tratado de Trianón son elocuentes:
- Territorio:
- Extensión antes de Trianón: 325.000 km²
- Pérdida territorial: 72%
- Extensión después de Trianón: menos de 95.000 km²
- Población:
- Población antes de Trianón (aproximada): 20.900.000 habitantes
- Pérdida de población: 64%
- Ciudadanos húngaros que pasaron a vivir en otros países: 10 millones, incluyendo 3 millones de personas de lengua y cultura húngaras.
De golpe y porrazo, millones de húngaros se encontraron viviendo en países extranjeros. Franjas enteras de territorio fueron a Checoslovaquia, Austria, Yugoslavia y Rumanía, que recibió toda Transilvania. Sin embargo, el Tratado de Trianon confirmó esencialmente la realidad sobre el terreno, y las pérdidas que Hungría había sufrido durante los años de guerra.
Pérdidas Territoriales Específicas
Hungría perdió Transilvania en favor de Rumanía. Eslovaquia y Rutenia se incorporaron a Checoslovaquia. Croacia, Eslavonia y Voivodina fueron cedidas al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, y varias regiones occidentales se unieron a Austria. Austria recibió la parte oeste de Hungría, es decir, la mayor parte de Burgenland. Por su parte, Rumania recibió la mayor parte de la región de Banat y toda Transilvania. Italia se quedó con Fiume, el único puerto de Hungría, que osciló entre Italia y Yugoslavia. Se crearon otros nuevos países con los territorios arrebatados a Hungría, sin tomar en cuenta elementos de orden histórico, étnico, social, lingüístico, cultural y económico.
Los Aliados, sobre todo el presidente de EEUU Woodrow Wilson, trataron de pacificar Europa mediante la aplicación del derecho de autodeterminación, enunciado en los Catorce Puntos, pero sólo consiguieron agravar los problemas al fragmentar grandes unidades políticas avaladas por siglos de funcionamiento para crear otras menores y con más minorías nacionales en sus fronteras. Checoslovaquia tuvo minorías germanas y húngaras en su interior. Polonia las tuvo alemanas, ucranianas y bielorrusas. Rumanía, húngaras y ucranianas. En algunos distritos y ciudades, los húngaros eran mayoría, pero sometidos a gobiernos que los consideraban enemigos. Los funcionarios húngaros reclamaron lo que consideraban una abierta violación a los derechos del pueblo de Hungría.
Imposiciones y Condiciones del Tratado
El tratado responsabiliza al Reino de Hungría por daños y pérdidas provocados a los Aliados y asociados. Esto se tradujo en la exigencia del pago por reparaciones de guerra. Así ocurrió con todos los demás imperios que fueron disueltos a través de los tratados de paz. Las fuerzas armadas de Hungría no podían utilizar aviones. Además, debían ser restringidas a solo 35.000 hombres, quienes podían portar solo armamento ligero.
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El Legado de Trianon y la Memoria Histórica
Trianon está en todas partes, es parte de nuestra cultura, nuestra música, nuestra historia y nuestra política. Han pasado ochenta años desde entonces, pero los magiares todavía no han superado este trauma. Puede parecer absurdo, pero los húngaros aún recriminan a los franceses a causa del tratado. En el período de entreguerras, el resentimiento contra el tratado culminó con la incorporación de Hungría a la Segunda Guerra Mundial del lado de la Alemania nazi, pero la derrota trajo consigo la pérdida del territorio recuperado y el restablecimiento de las fronteras de Trianon.
Los tratados "de paz" firmados después de la Primera Guerra Mundial pretendían mantener a las naciones derrotadas en una situación de debilidad. Para Thomas Lorman del University College London (UCL), especialista en la historia de Europa Central, el legado de Trianon ha sido "relegado en una serie de mitos". Es una peculiaridad de Europa oriental: el tratado de Trianon no ha sido oficialmente abordado desde entonces. En Hungría es, todavía hoy, un tabú político. De hecho, incluso el aclamado poeta József Attila, un conocido comunista durante el período de entreguerras, no fue perdonado. La consideración del tratado de Trianon no es mejor en otros países, en los que en ocasiones los políticos alimentan las campañas electorales invocando el odio general hacia los húngaros y la amenaza de la "gran Hungría".
Aunque hay voces revisionistas entre los húngaros nacionalistas marginados, esas "fuerzas" están lejos de representar un peligro. Sin embargo, en algunos de los países vecinos, como en Eslovaquia, partidos abiertamente antihúngaros son muy fuertes. Uno podría creer, razonablemente, que una vez estos países se incorporen a la UE, estas tensiones desaparecerán. Pero Europa ha demostrado que es incapaz de resolver los conflictos étnicos de sus Estados miembro. Las tensiones en Irlanda del Norte, Córcega, el País Vasco y Bélgica ilustran esta incapacidad.
El acuerdo humilló a los húngaros, dividió el territorio y separó a familias enteras. Pero la gente hizo algo que los moradores de Europa central y oriental hacen bien: aprender a vivir con la nueva situación y enterrar los recuerdos tristes. Sin embargo, las generaciones jóvenes y de mediana edad no pueden hacer frente a esta actitud de negación. Se sienten como elefantes en una cacharrería. ¿Cómo pueden entender Trianon si los medios y el público lo tratan como un tabú? El conflicto sobre el tratado de Trianon sólo se resolverá si deja de ser un tabú y ocupa un lugar privilegiado en los programas de estudios en las escuelas. Trianon debe enseñarse y debe hablarse sobre él concediéndosele la importancia que tiene. Deberíamos dejar de culpar siempre a los demás y de quejarnos acerca de nuestro orgullo nacional herido. No importa lo doloroso que sea.
Entre las ascuas de la vida húngara se cocían dos asuntos: el problema de la tierra, es decir, la reforma pendiente del sistema de latifundios, y el destino de los territorios y los pueblos amputados del cuerpo milenario de Hungría por medio del Tratado de Trianón. El irredentismo húngaro, que no se limitaba al Gobierno de Horthy, sino que se extendía a casi toda la sociedad, convirtió al país en temprano aliado del III Reich, gracias a lo cual entre 1938 y 1941 el país casi dobló su extensión. El tributo de sangre en la guerra fue descomunal para un país tan pequeño. Después, desde la invasión soviética y la batalla de Budapest, que concluyó en el invierno de 1945, Hungría fue uno de los satélites de la URSS. Un intento de liberarse de Moscú en 1956 acarreó una nueva invasión del Ejército Rojo. La dictadura comunista duró una treintena de años, hasta 1989, en que cayó mediante un acuerdo con la oposición y la apertura del ‘Telón de Acero’ con Austria. Los resortes de la historia inflaman la política del presente.
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El "Día de la Cohesión Nacional" y la Política Actual
Tras llegar al poder en 2010, Viktor Orban declaró el 4 de junio como "Día de la Cohesión Nacional". Desde el 2010, Trianon forma parte de la idea de nación de Orbán, quien con una ley en el 2011 permitió la doble ciudadanía para los húngaros de la diáspora, incluido el derecho de voto. Más polémicas han seguido en el período previo al centenario. El mes pasado el parlamento rumano aprobó un proyecto de ley que declara el aniversario de Trianon como día de conmemoración, lo que es visto por los grupos húngaros como una celebración provocadora. Los mapas antiguos son noticia, pero nadie habla en serio de reclamar territorios perdidos, dice Thomas Lorman de la UCL.
En una sesión solemne en el Parlamento el pasado jueves, día del centenario, el presidente de la cámara, Lászlo Kövér, del partido Fidesz, glosó cómo las minorías húngaras de Centroeuropa "libran desde hace un siglo una amarga lucha por sobrevivir, por preservar su lengua materna, su cultura, por sentirse en casa en su lugar de nacimiento". "Todos en Hungría piensan que el tratado de Trianon fue injusto. También en mi partido pensamos eso, pero creemos que hay un tiempo para el luto y el dolor, y luego hay que continuar con la vida", argumenta por teléfono desde Budapest la diputada Ágnes Vadai, vicepresidenta de Coalición Democrática (DK), partido socioliberal en la oposición con 9 diputados en un hemiciclo de 199 escaños. Según Vadai, "ahora no es tiempo de llorar por lo perdido, sino de construir algo grande con lo que tenemos ahora". Por supuesto, nadie en el Gobierno de Orbán plantea la viabilidad de una vuelta a las fronteras de 1920, pero en torno a aquel desgarro se construye un universo simbólico de pertenencia.
Fidesz se presenta como el protector de las minorías húngaras en el extranjero. Egry recuerda que de 1920 a 1938-1944, la elaborada propaganda sobre la Gran Hungría no se correspondía con las vivencias de la población, que no eran especialmente traumáticas. "Aún es un trauma en Hungría, pero ha sido fomentado por política y propaganda". Con todo, según una encuesta del comité científico del centenario, el 85% de encuestados ve el tratado de Trianon como "la mayor tragedia" del país. El jueves, las campanas de las iglesias repicaron a las cuatro y media de la tarde, hora exacta de la firma.
Se estima que en torno a un millón de húngaros en el exterior reúnen los requisitos para inscribirse para votar, pero sólo un tercio se ha inscrito, y los que votan son aún menos, entre 125.000 y 200.000. "Pero pueden inclinar la balanza; en las elecciones del 2014, el voto exterior dio a Fidesz el escaño decisivo para obtener la supermayoría de dos tercios", dice el historiador Egry. "Nosotros pensamos que Hungría tiene la obligación de preservar la cultura húngara y a las comunidades húngaras en el extranjero, pero que la doble ciudadanía no debe implicar derecho de voto -tercia la diputada Àgnes Vadai-. Solo los ciudadanos que asumen las consecuencias de sus votos pueden tener ese derecho; y eso piensa el 60% de los húngaros, según las encuestas. La potente maquinaria del partido de Gobierno lo tiene fácil para tildar de poco patriótica a la oposición liberal y de izquierdas por su reluctancia a aceptar la doble ciudadanía. "Hay un dicho: ‘Es húngaro quien siente dolor por Trianon’, así que si no sientes ese dolor, tu pertenencia a la nación es puesta en cuestión -explica Egry-. 'El tratado de Trianon fue injusto; pero hay un tiempo para el luto, y luego la vida sigue'." Así, el alcalde de Budapest, el ecologista Gergely Karácsony, llamó a los habitantes de la capital a guardar un minuto de silencio a las cuatro y media de la tarde del jueves, en recuerdo de "una decisión tremendamente injusta", y ordenó la interrupción a esa hora del transporte público. Pero enfatizó que "el dolor no debe convertirse en odio".
El Sentimiento Húngaro y las Minorías
"Un gran número de húngaros están preocupados por lo que está ocurriendo con las minorías húngaras fuera de Hungría porque su número está disminuyendo rápidamente, y eso plantea todo tipo de preocupaciones", dijo a Euronews. En Levice, en el oeste de Eslovaquia, la asociación local Reviczky trabaja para preservar la cultura de su comunidad húngara en retroceso. Hace cien años la ciudad, parte del Imperio Austrohúngaro, era 90% húngara. Parte del programa de la asociación es una clase de húngaro para los eslovacos étnicos. "Hubo episodios en la historia de Levice en los que hubo más eslovacos, más alemanes, más checos, más húngaros. No sabemos lo que nos depara el futuro, pero el idioma húngaro no desaparecerá en Levice."
