En 1997, el extinto CNI-Canal 40 transmitió una entrevista en la que miembros disidentes de la Legión de Cristo denunciaron públicamente los abusos que sufrieron cuando eran menores de edad a manos de Marcial Maciel, fundador de la orden. Los hombres, ya en edad avanzada, se expusieron al escrutinio de una sociedad profundamente católica tras agotar, sin éxito, las vías para obtener justicia dentro de la Iglesia. 28 años después de que se transmitiera el controversial programa, el documental Marcial Maciel: El Lobo De Dios, de HBO Max, revive el caso y arroja nueva luz sobre cómo la Iglesia y el Estado abandonaron a quienes debían proteger para encubrir a un hombre que por décadas amasó poder mediante sobornos, engaños y el uso calculado de sus influencias.
Primeras señales de alerta y consolidación de un imperio
Desde muy joven, Marcial Maciel decidió dedicar su vida al sacerdocio, por lo que viajó de Michoacán a Ciudad de México para estudiar en el seminario de su tío, el obispo Rafael Guízar y Valencia. A pesar de su corta edad, el joven Maciel estaba convencido de que había sido llamado para tener su propia congregación, por lo que empezó a reclutar a otros seminaristas para que lo siguieran, lo que encendió las alertas de sus superiores. Aunque aún no había sido ordenado, Maciel empezó a visitar pueblos pequeños para invitar a niños a que formaran parte de su ministerio. También encontró buena voluntad dentro de la élite mexicana gracias a su carisma, lo que le permitió recaudar suficientes donaciones para empezar su seminario formalmente. Alrededor de este tiempo surgieron los primeros reportes de una “conducta amoral y escandalosa”, pero estas advertencias fueron desestimadas.
La mecánica del abuso y las cifras del horror
Al estar a cargo de los apostólicos y novicios de su congregación, Marcial Maciel se convirtió en una figura paterna para ellos, especialmente porque estaban lejos de casa. Según los testimonios de las víctimas, el sacerdote tenía a sus “elegidos”, a quienes instruía personalmente y, tras ganarse su confianza, los llamaba a su recámara o a la enfermería para abusar de ellos. En un informe de la orden publicado en 2019 se admiten 175 casos de abuso, 60 de ellos cometidos por el fundador, aunque el último documento interno de la Legión de Cristo “revisa” las cifras oficiales y precisa que hubo 170 menores abusados por 27 miembros de la orden. Esta investigación interna ha sido ampliamente cuestionada por la falta de supervisión independiente.
Resumen de la magnitud del abuso en la congregación
- Víctimas totales reconocidas: 175 menores de edad.
- Casos atribuidos directamente a Marcial Maciel: 60 víctimas.
- Sacerdotes implicados: 33 miembros de la orden.
- Rango de edad de las víctimas: Adolescentes entre 11 y 16 años.
La doble vida y el respaldo institucional
Marcial Maciel llevó una vida de engaño que iba más allá de los casos de abuso de menores. El sacerdote tenía una adicción a un fármaco derivado de la morfina y mantuvo relaciones sentimentales con varias mujeres, con quienes tuvo hijos a los que nunca reveló su verdadera identidad. Mientras tanto, en México, contaba con el apoyo de importantes benefactores que financiaban la obra del sacerdote, permitiéndole enviar grandes montos a las finanzas del Vaticano. Esto le permitió ganarse el favor de diversos papas. Durante la época del papado de Juan Pablo II, Maciel vivió con total impunidad gracias a su estrecha cercanía con el pontífice, quien en varias ocasiones se refirió a él como “el apóstol de la juventud”.
Represión y censura: el camino hacia la justicia
Cuando los exlegionarios hicieron pública su denuncia en 1997, hubo represión por parte de la Iglesia, el Gobierno mexicano y empresarios que simpatizaban con Maciel. La orden desestimó su testimonio y los llamó “resentidos”, mientras que el presidente Ernesto Zedillo, a través de su equipo de trabajo, instruyó a los directivos de CNI-Canal 40 para que no transmitieran la investigación. La censura continuó, hasta que en 2002, el famoso reportaje del equipo Spotlight del Boston Globe sacudió a la Iglesia católica y dio voz a las víctimas. Aunque la Legión de Cristo finalmente reconoció los abusos de Maciel en 2010, ni él ni muchos de sus cómplices enfrentaron la justicia civil. Al cierre de 2024, la orden mantiene una presencia estable en 23 países, operando decenas de centros educativos y sedes de gobierno, cargando con el peso de un legado de crímenes impunes.
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