Polinesia Francesa, una antigua colonia francesa, es una colectividad de ultramar de Francia desde 2004. Cuenta con 278.000 habitantes, de los cuales un 80 % son polinesios,
[1] y tiene una relativa autonomía política dentro de la República Francesa a través de sus propias instituciones locales: el Gobierno y la Asamblea de Polinesia Francesa.
Desafíos Sociales y Políticos Contemporáneos en la Polinesia Francesa
Polinesia Francesa se caracteriza por una creciente desigualdad social, como destaca el Instituto de Estadística de Polinesia Francesa (ISPF). Sus encuestas -en particular la encuesta sobre el presupuesto familiar de 2015- muestran que la desigualdad de ingresos es mayor en Polinesia Francesa que en Francia metropolitana. Esta situación se explica en gran parte “por el escaso esfuerzo redistributivo del sistema fiscal polinesio”,[3] es decir, por la ausencia del impuesto sobre la renta.
La polarización de la vida política ha caracterizado durante mucho tiempo a Polinesia Francesa, con el partido independentista Tavini Huiraatira, liderado por Oscar Temaru, por un lado, y por el otro el partido autonomista Tahoera'a Huiraatira, de Gaston Flosse, el cual aboga por mantener Polinesia Francesa dentro de la República. En 2016, una crisis de sucesión en Tahoera'a, tras la inelegibilidad de Gaston Flosse, llevó a la creación de un tercer partido político, el Tapura Huiraatira. Este partido autonomista fue creado ese mismo año por Edouard Fritch, presidente de Polinesia Francesa desde septiembre de 2014 y reelegido en las elecciones regionales de abril-mayo de 2018. La elección en septiembre de 2020 de dos senadores miembros de Tapura Huiraatira -Lana Tetuanui y Teva Rohfritch- confirma la marginación del partido de Gaston Flosse en los últimos años.
Polinesia Francesa está en la lista de Territorios No Autónomos (NSGT) de la ONU desde mayo de 2013. Mientras que quienes se oponen a la reinscripción en dicha lista la ven como una forma implícita de exigir la independencia, sus partidarios señalan que la reinscripción debería conducir a la organización de un referéndum de autodeterminación que ofrezca la posibilidad de elegir entre la departamentalización, la independencia o la asociación (Estado asociado). Sin embargo, el 23 de octubre de 2020, Nicolas Rivière, representante permanente de Francia ante la ONU, intervino por primera vez en esta comisión para pedir que se revisara este registro. Estos comentarios no han permeado en Polinesia Francesa, sobre todo teniendo en cuenta que la epidemia de coronavirus había impedido a los representantes polinesios participar en estos debates.
La Gestión de la Pandemia de COVID-19 y sus Consecuencias
Como en el resto del mundo, el 2020 estuvo marcado por la pandemia de COVID-19, que afectó profundamente la vida económica, política, cultural y social de Polinesia Francesa. El primer caso de coronavirus en Polinesia Francesa fue el de la diputada Maina Sage, el 10 de marzo de 2020, tras su regreso de una sesión parlamentaria en París. La pandemia afectó a 17.000 personas (el 6 % de la población total) y se cobró 114 vidas en 2020.[9] La gestión conjunta de esta crisis sanitaria por parte del Alto Comisionado, representante del Estado francés responsable de la seguridad y la restricción de las libertades individuales, y el gobierno de Polinesia Francesa, responsable de las cuestiones sanitarias, demostró hasta qué punto el conjunto de medidas se inspiró, al menos inicialmente, en el de Francia metropolitana, aunque las situaciones epidemiológicas no fueran comparables. A diferencia de Francia metropolitana, Polinesia Francesa no optó por un segundo confinamiento a finales de octubre, sino que eligió medidas menos restrictivas basadas en el establecimiento de un “toque de queda”. El gobierno de Polinesia Francesa no se planteó un nuevo confinamiento a pesar de que la situación sanitaria era más preocupante que en marzo.
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Ante la falta de apoyo económico del Estado francés, el Gobierno de Polinesia Francesa se vio obligado a pedir un primer préstamo de 240 millones de EUR a la Agencia Francesa de Desarrollo.[14] En el plano cultural, se cancelaron grandes eventos como el Heiva (festival anual de canto y danza). En el plano social, las encuestas del Instituto de Estadística de Polinesia Francesa demuestran que las medidas del confinamiento se vivieron de forma diferente según las condiciones de vivienda y el acceso a Internet de las familias.
Acusaciones y Procesos Judiciales Contra Oscar Temaru
El año 2020 también estuvo marcado por una serie de acciones contra Oscar Temaru, líder independentista y alcalde de Fa'a'a, una localidad limítrofe con Papeete de 30.000 habitantes. Oscar Temaru fue condenado en septiembre de 2019 a una pena de seis meses de prisión suspendida y a una multa de 42.000 EUR por las subvenciones que el municipio de Faa'a pagó a la emisora de radio Te Reo o Tefana, bajo la sospecha de servir a los intereses políticos del equipo municipal, sin que el contenido de las emisiones de radio haya sido examinado en ningún momento del proceso. Sin esperar un segundo dictamen, el fiscal General, Hervé Leroy, bajo la autoridad del ministro de Justicia, ordenó una investigación preliminar sobre la regularidad de la protección jurisdiccional que el Ayuntamiento de Fa'a'a concedió a Oscar Temaru en su calidad de alcalde. Esta protección permite al municipio cubrir sus honorarios legales. En el marco del mismo procedimiento, también se embargaron 92.000 EUR de la cuenta personal del alcalde de Fa'a'a el 4 de junio. Tras haber recurrido su condena y con el procedimiento judicial en marcha, Oscar Temaru ha presentado también una denuncia contra el fiscal por “violación de la presunción de inocencia”. Considera que estas nuevas medidas son un ataque implacable del Estado francés contra el representante del partido independentista. Este caso también ha suscitado reacciones en el mundo académico y cultural, tanto en Polinesia Francesa como en Francia metropolitana.[16] El caso Temaru-Leroy se ha trasladado a Nouméa, en Nueva Caledonia, porque los jueces no pueden juzgar un caso contra el jefe del Ministerio Público de su propia jurisdicción.
Perspectiva Histórica: Los Antiguos Polinesios y sus Desafíos
Los antiguos polinesios fueron los primeros en cruzar el Pacífico desde las costas del sureste de Asia aproximadamente en 1500 a.C. y poco a poco se extendieron por las islas de este océano. Esos viajes de colonización fueron un logro espectacular de un pueblo de la Antigüedad que navegaba en canoas. Hoy en día, los polinesios están extendidos por un área que forma un inmenso triángulo, con las islas Hawai, Nueva Zelanda y la Isla de Pascua como vértices. A pesar de estar difundidos por una zona tan extensa, genéticamente los polinesios forman un único grupo. Hablan dialectos de la misma lengua y comparten muchos rasgos culturales. El origen exacto de los polinesios es incierto.
La expansión de la colonización humana por el remoto Pacífico comenzó en torno a 1600 a.C., con la aparición de una cultura característica llamada lapita. El modo de vida lapita parece haberse centrado mucho en el mar. La mayoría de los yacimientos lapita son poblados costeros y en algunos casos la gente parece haber construido sus casas sobre pilotes en el agua. El mar proporcionaba una buena cantidad de comida -peces y moluscos- y las conchas eran utilizadas para hacer anzuelos y azuelas, además de adornos como brazaletes, cuentas y otros objetos decorativos y valiosos. Los colonos lapita también llevaron consigo a las islas donde se asentaron animales domésticos y plantas.
La expansión de los lapita parece haber sido rápida, lo que sugiere que poseían sofisticadas técnicas navales y de navegación. Parece probable que la aparición de la gran canoa de doble casco fuera un elemento clave de su éxito. Las migraciones lapita pueden haber sido deliberadas, pues llevaron con ellos suficiente equipo, plantas y animales, además de suficiente gente como para crear asentamientos que arraigaran. Ciertamente, sus viajes no fueron sólo de ida, pues existen pruebas de la existencia de redes comerciales a larga distancia para conseguir obsidiana y otros objetos que mantenían unidas constantemente a las comunidades lapita. Los rasgos principales de la cultura polinesia parecen haberse desarrollado en las islas de Samoa y Tonga.
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Las sociedades polinesias estaban organizadas en tribus y clanes. Normalmente, existía otra división más, la que había entre quienes eran jefes y quienes no lo eran; también existía una forma de esclavitud. Las jerarquías sociales más elaboradas se desarrollaron en Hawaii, Tonga y Tahití. Los polinesios compartían un grupo muy similar de creencias religiosas. La agricultura polinesia se basaba en una serie de cultivos, que incluían ñames, batatas, taro, árbol del pan, plátanos y caña de azúcar. Los polinesios practicaban una agricultura itinerante, lo que significa que desbrozaban un pedazo de tierra, quemaban la vegetación y luego plantaban los cultivos. Después se dejaba que esta zona cultivada quedara en barbecho para que la vegetación natural regresara lentamente. En algunas islas se utilizaban sistemas de irrigación muy complejos para llevar agua a los campos. El taro, en concreto, era cultivado en terrenos inundados. Cerdos, perros y gallinas eran los principales animales domésticos, aunque no todos fueron llevados a todas las islas. La mayor parte de las plantas domesticadas que utilizaron los colonos eran originarias del sureste asiático. La batata, sin embargo, procedía de América, lo que indica que en un momento dado los polinesios alcanzaron Sudamérica, de donde la trajeron.
El Caso de Rapa Nui (Isla de Pascua)
La colonización de las remotas islas del Pacífico es tanto más impresionante cuanto que fue lograda sin cartas marinas ni instrumentos de navegación. Las canoas polinesias de doble casco eran grandes y rápidas, capaces de viajar miles de kilómetros. Las canoas eran manejadas por hábiles marinos, que utilizaban un detallado conocimiento de las estrellas, los patrones de las nubes, los vientos y las olas, además de los hábitos de los pájaros marinos para saber cuál había sido su recorrido y encontrar tierra. Uno de los logros más sorprendentes de los navegantes polinesios fue alcanzar y colonizar Rapa Nui, o Isla de Pascua. Este pequeño fragmento de tierra, de sólo 168 km2 de superficie, es una de las más remotas islas polinesias. La dificultad del viaje probablemente significa que sólo un grupo de colonos pudo alcanzarla, en los primeros siglos de la era cristiana. Luego esta gente se desarrolló aislada, construyendo grandes plataformas (ahu) por toda la línea de costa y esculpiendo cientos de enormes estatuas de piedra (moai) de sus antepasados, muchas de las cuales eran situadas en esas plataformas de espaldas al mar.
Los isleños pueden haber sido los responsables de su propia caída al destruir el bosque de inmensas palmeras que cubría la isla, por más que esos árboles fueran el cimiento de su sociedad. La resultante falta de madera detuvo la producción de estatuas, pues ya no había más rodillos, ni palancas ni cuerdas. Los isleños tampoco pudieron seguir construyendo canoas, por lo que dejaron de pescarse peces de aguas profundas. Se terminó el combustible para las cremaciones y las inhumaciones pasaron a ser el nuevo sistema de tratar a los difuntos. La comida se volvió escasa y, tras siglos de paz, estalló la violencia. Los clanes realizaban incursiones unos contra otros, derribando las estatuas de los rivales. El culto a los antepasados fue sustituido por un nuevo sistema social basado en una elite guerrera. Cada año, un nuevo líder, u «Hombre pájaro», era elegido mediante una carrera de resistencia.
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