Alberto Morán: La Voz Legendaria del Tango que Marcó una Era Inolvidablepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Cantor emblemático del tango desde la década del 40, Alberto Morán murió ayer, a las 15.30, en la sala de terapia intensiva del hospital Tornú, a causa de problemas pulmonares. Anoche era velado en el Concejo Deliberante. La muerte no acallará su voz, que seguirá viva a través de "Pasional", de "San José de Flores", o de cualquier otro tango que, en su garganta, continuará haciendo vibrar los cien barrios de Buenos Aires.

Orígenes y Primeros Pasos

Alberto Morán, nacido Remo Andrea Domenico Recagno el 15 de marzo de 1922 en Strevi, Italia, fue un cantante de tango argentino. Desembarcó en Buenos Aires cuando todavía era un chico, llegando a la Argentina con casi cuatro años, el 3 de febrero de 1926, instalándose en la capital. Consustanciado con Pompeya, el barrio en el que recaló, Morán comenzó cantando en una formación de barrio. Continuó enseguida en una orquesta de segunda línea pero muy aceptada, la del bandoneonista Cristóbal Herreros, con quien actuó en el café El Nacional.

Consagración con Osvaldo Pugliese

El joven cantor llamó la atención del maestro Osvaldo Pugliese, quien envió a varios de sus músicos para que lo escucharan y dieran su opinión. Su gran oportunidad llegó cuando Osvaldo Pugliese lo invitó a Radio El Mundo, lo que condujo a un contrato. Finalmente, Pugliese lo llevó a Radio El Mundo para realizar una prueba, tras lo cual lo contrató, no sin antes sugerirle que utilizara más su media voz. Allá por el 45 se unió a la orquesta del inolvidable Osvaldo Pugliese, haciendo dupla con Roberto Chanel, otro cantor personal.

Los nueve años en la orquesta de Osvaldo Pugliese resultaron consagratorios y cimentaron el éxito que luego continuaría como cantante solista. En ese lapso, hipnotizó al público, en particular a las mujeres, no sólo por su voz sino también por su estampa seductora. Desde el punto de vista técnico, la etapa con Pugliese es la más rescatable tanto por la frescura de su voz juvenil como también por un fraseo delicado que luego abandonaría en su etapa de solista.

Con Osvaldo Pugliese grabó 54 temas desde enero de 1945 hasta marzo de 1954, incluyendo notables interpretaciones de "La mentirosa" y "Quiero verte una vez más". "Las interpretaciones de “La mentirosa”, de “Quiero verte una vez más” y de “Desvelo (De flor en flor)” son ejemplos de lo dicho." Sin embargo, el éxito logrado no tuvo su correlato en lo económico y esto hizo que la relación con Pugliese no fuera la mejor.

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Carrera Solista y Legado

Luego de separarse de Pugliese, con el que compartió nueve años intensos de trabajo, Morán se lanzó como solista. En agosto de 1954, Morán formó su propia orquesta con el pianista Armando Cupo. El éxito siguió siendo su compañero de ruta. En la historia de los cantores no hubo un caso similar al suyo. Fue una bisagra entre el cantor de orquesta de los cuarenta y el solista de los cincuenta.

Alto, flaco, pintón, provocó la admiración de las mujeres desde que pisó por primera vez un escenario porteño. Su poderosa atracción no tenía solamente como centro su seductora figura, sino que también provenía de una voz inconfundible, de impar estilo. En un tiempo en el que el panorama tanguero contaba con voces privilegiadas, que no se parecían entre sí (Alberto Marino, Jorge Casal, Roberto Rufino, Alberto Podestá...), no era poco mérito destacarse con luces propias. Morán se ubicó con armas nobles en el singular espacio de los triunfadores a punta de sensibilidad y temperamento.

Fue un ídolo popular y esto pudo comprobarse hasta el final de su vida, ya que su público nunca lo abandonó pese a la decadencia que el tiempo ocasionó en su voz. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que su primera época bastó para permanecer vigente el resto de su vida. No importó que la potencia y frescura de su voz lo abandonaran tempranamente, ya que su estilo, entrega y particular dramatismo fueron suficientes para mantenerse como un ídolo. Morán, como muchos otros cantores, nunca estudió música ni canto, lo que sumado a su estilo vehemente y su vida bohemia hizo que arriesgara su garganta a tal punto que su voz declinaría tempranamente.

Repertorio Destacado y Grabaciones

Su repertorio fue amplio y variado. Si en el contexto de su amplio repertorio fuera necesario rescatar tres títulos significativos, "Pasional", "San José de Flores" y "El abrojito" no dejarán de ser jamás las canciones de Morán. Aquellas que se identificaron de manera insoslayable con su peculiar forma de frasear, de decir las letras. Su repertorio incluía canciones populares como "San José de Flores" y "Pasional", siendo sus temas más solicitados: “San José de Flores”, “El abrojito” y “Pasional”.

Grabaciones con Colaboradores Principales:

Colaborador Cantidad de Grabaciones Período
Osvaldo Pugliese 54 Enero de 1945 - Marzo de 1954
Armando Cupo 46 Agosto de 1954 - Mayo de 1959
Armando Cupo (segunda etapa) 24 1968 - 1970

Los Últimos Años

Cuando se retiró y formó su orquesta que dirigía el pianista Armando Cupo, comenzó su declinación, pero el éxito siguió siendo desmedido, y ya pasados los 70 años, cuando no era ni una mala imitación de lo que había sido seguía despertando aplausos y vítores. En octubre del 96, despuntando el vicio, participó en un show tanguero (en el Club del Vino), junto a su hija Roxana y al actor Franklin Caicedo.

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Al día siguiente del debut sufrió una descompostura en su domicilio y fue internado en el hospital Tornú, iniciando un proceso que ya no tendría boleto de regreso. Aunque zafó en esa oportunidad, en junio de este año tuvo que ser trasladado de urgencia al mismo lugar, donde murió, a los 77 años, tras una larga y grave descompensación respiratoria. Cordial, modesto, un italiano que abrazó la porteñidad por pura convicción, Morán acaba de subirse al podio de los que son eternos como el Sol, de los que dejan huella.

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