¿Qué eran los Consumos?
El término de “consumos” alude al conjunto de impuestos indirectos que gravaban el consumo de la población. Se trataba de un tributo indirecto que, desde su origen, gravaba la compraventa de artículos de primera necesidad, consistente en un recargo de un porcentaje sobre el precio de la venta. El pago lo debía realizar el comprador, si bien era el vendedor el que debía repercutirlo en las mercancías que vende.
Origen y Evolución Histórica
Su origen está en la alcabala y fue evolucionando de diferentes formas y denominaciones. La denominación aludía a varias figuras impositivas, generando cierta confusión hasta la reforma hacendística de Mon-Santillán de 1845, cuando por vez primera se ordenó y estructuró el sistema fiscal español en el Estado liberal. En ese momento se creó la Contribución General de Consumos.
Con la reforma de Alejandro Mon de 1845, que ocupó el Ministerio de Hacienda en 1844, se consolidó este impuesto bajo la denominación de contribución de consumos. Este nuevo gravamen sustituía a algunas rentas provinciales como la alcabala y conservaba los derechos de puertas o aduaneros (adeudos).
A lo largo de su existencia, los consumos fueron abolidos y restaurados en varias ocasiones. Aunque fue abolido en 1813, fue puesto en vigor de nuevo en 1816, suprimido en el Trienio Liberal y vuelto a poner en vigor en 1824. Dicho impuesto fue fluctuando a lo largo del siglo XIX y en el primer tercio del siglo XX, eliminándose en períodos progresistas y volviendo a ponerse en vigor en los moderados.
Características y el Impacto Social del Impuesto
La Contribución General de Consumos era un impuesto general, ordinario e indirecto que gravaba una veintena de productos básicos, de “comer, beber y arder”. A cada población se le asignaba una cantidad anual que debía remitir a la hacienda pública. La cantidad se calculaba atendiendo al número de habitantes de cada localidad, entre otros criterios. Además, los Ayuntamientos estaban autorizados a imponer recargos sobre los productos gravados de hasta un 100%.
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Los consumos generaron muchos problemas por las dificultades para su recaudación, coexistiendo varios procedimientos para hacerlo. Pero la polémica principal tenía que ver con el hecho de que gravaba productos de primera necesidad, afectando directamente a las clases populares. Este hecho provocó que los consumos encarecieran el precio final de los productos.
Además de la carga económica, su recaudación generaba una clara desigualdad, ya que los grandes propietarios y comerciantes pudieron zafarse de los consumos gracias al fraude, lo que exacerbaba el descontento popular.
Protesta Social y Aboliciones Temporales
La oposición a este impuesto fue una constante en la historia española. Muchas de las revueltas, protestas y motines decimonónicos tuvieron que ver con el deseo de la población de rebajar o suprimir los consumos. Esta demanda a menudo acompañaba a otras de diverso signo, como las relacionadas con el sistema de reclutamiento y la elevación de los precios por la falta de pan, dadas las periódicas crisis de subsistencia que aún en el siglo XIX se daban en España.
La protesta social siempre fue constante contra los consumos. Tanto en 1854 como en 1868, coincidiendo con el triunfo progresista de la Vicalvarada y de la Revolución Gloriosa, respectivamente, los consumos fueron abolidos para atender la demanda popular. Sin embargo, siempre fueron restaurados por la imposibilidad de reunir recursos por otros medios para sostener las haciendas nacional y locales, ya que nunca se emprendió una profunda reforma fiscal que estableciera impuestos directos que gravasen las rentas personales de forma proporcional o progresiva.
Hacia la Supresión Definitiva
A principios del siglo XX, continuaron los intentos de supresión. En 1904 se abolieron los consumos que gravaban el trigo y sus derivados. Fue abolido nuevamente en 1911, pero vuelto a poner en vigor poco después. Finalmente, durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), Flores de Lemus elaboró un modelo de sistema impositivo en la Hacienda local en el que proyectó la supresión del impuesto de consumos, dentro del marco de modificación de los principios fundamentales para la distribución de la carga impositiva de las haciendas locales.
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