La diabetes mellitus tipo 2 (DMT2) afecta aproximadamente al 25 % de las personas mayores de 65 años y se prevé que este porcentaje aumente drásticamente en los próximos años en relación con la mayor longevidad de la población y los cambios en el estilo de vida. Más allá de las complicaciones micro y macrovasculares asociadas a la diabetes, la sarcopenia se ha descrito como una nueva complicación que se caracteriza por pérdida de masa muscular esquelética y de función muscular. Clínicamente definida, se entiende por sarcopenia a la pérdida progresiva y generalizada de masa y fuerza muscular esquelética que conduce a una reducción de la performance física.
Relación bidireccional y mecanismos patogénicos
La sarcopenia y la diabetes mellitus tipo 2 mantienen una relación estrecha y bidireccional que afecta de manera significativa la salud metabólica y funcional de las personas, especialmente durante el envejecimiento. La pérdida de masa muscular no solo afecta la movilidad y la fuerza física, sino que también desempeña un papel clave en el metabolismo de la glucosa, creando un vínculo importante entre la salud muscular y el manejo de la DM2. El descenso de la masa muscular esquelética provoca mayor resistencia insulínica, una reducción de la fuerza, limitaciones físicas y limitaciones de la movilidad.
Probablemente, el vínculo más importante entre diabetes y sarcopenia sea la resistencia insulínica, entendida como la pérdida de respuesta global a la insulina por parte de los tejidos diana (entre ellos el muscular esquelético). La insulina detenta un importante papel como estimuladora del anabolismo proteico muscular a través del sistema de señalización mTORC1. En las personas con diabetes, esta función de la insulina puede verse disminuida por la propia enfermedad. Además, la hiperglucemia se ha identificado como factor de riesgo para sarcopenia, porque puede llevar a resistencia a la insulina en la DM2 y cómo esta afecta el equilibrio de la degradación y reducción de la síntesis global de proteínas del organismo.
Por otro lado, la inflamación crónica de bajo grado también representa un componente clave en esta relación. El aumento sostenido de citocinas proinflamatorias contribuye al deterioro del tejido muscular mediante la activación de vías catabólicas y la inhibición de los procesos de síntesis proteica. Paralelamente, el estrés oxidativo y la acumulación de productos finales de glicación avanzada ocasionan daño celular, alteraciones mitocondriales y reducción de la contractilidad muscular.
Prevalencia de sarcopenia y dinapenia en pacientes con diabetes
La prevalencia de sarcopenia en pacientes con diabetes es significativamente superior en comparación con la población general. Se ha estimado que la presencia de diabetes incrementa un 50% del riesgo de sarcopenia cuando se ajusta por edad, sexo y otras variables. A continuación se detallan los resultados de prevalencia obtenidos al comparar una muestra de sujetos con DMT2 y otra de no diabéticos (n=211 cada una):
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- Prevalencia de sarcopenia general: 8,5 % en diabéticos frente al 5,2 % en no diabéticos (diferencia no significativa).
- Prevalencia de dinapenia general: 39,3 % en diabéticos y 18,0 % en no diabéticos (p<0,001).
- Prevalencia de sarcopenia en mayores de 70 años: 14,4 % en diabéticos frente al 8,0 % en no diabéticos.
- Prevalencia de dinapenia en mayores de 70 años: 60,7 % en diabéticos frente al 31,0 % en no diabéticos (p<0,001).
Los pacientes con DMT2 tuvieron una mayor proporción de sarcopenia y dinapenia, siendo significativa sólo la segunda cuando se comparó con las prevalencias obtenidas en participantes no diabéticos. En la DMT2 ocurre una reducción de la fuerza muscular que es más precoz y acelerada que la que tiene lugar en la masa muscular. Por otro lado, el deterioro de la fuerza muscular supone en diabéticos un riesgo mucho mayor para presentar discapacidad y movilidad limitada que la pérdida de masa muscular.
Cribado, abordaje y tratamiento
Detectar la sarcopenia en DM y ajustar el tratamiento según el perfil del paciente es fundamental, dado que se asocia a una progresión más rápida de complicaciones cardiovasculares, mayor riesgo de mortalidad, caídas y reducción de la calidad de vida. Para la valoración de la sarcopenia, el consenso europeo (EWGSOP2) recomienda el uso del cuestionario SARC-F como herramienta de cribado inicial, basando el diagnóstico en la demostración de pérdida de masa muscular, fuerza muscular y rendimiento muscular.
Por el momento, el tratamiento se restringe a medidas relacionadas con aspectos nutricionales y actividad física:
- Ejercicio físico: La combinación de ejercicio aeróbico y de resistencia mejora el metabolismo de la glucosa, disminuyendo la glucemia en ayunas y mejorando la sensibilidad a la insulina; además de mejorar la masa muscular, la fuerza y el rendimiento físico. En ancianos frágiles con diabetes, los programas de ejercicio multicomponente en los que se trabaje resistencia, fuerza, equilibrio y reeducación de la marcha son prioritarios.
- Nutrición: Es importante asegurar una adecuada ingesta de proteína y energía junto con la actividad física. Un desafío a lograr en los mayores de 75 años con diabetes es evitar la malnutrición, asegurando una adecuada administración diaria de proteínas, por lo que las dietas restrictivas no son recomendables, especialmente en casos de obesidad sarcopénica para evitar el deterioro funcional.
Finalmente, es clave ajustar el plan terapéutico farmacológico y revisar el papel de los fármacos antidiabéticos, ya que en general son pobres los datos acerca del impacto potencial de los fármacos antidiabéticos sobre la masa muscular y el desarrollo de sarcopenia.
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