Todo lo que Debes Saber sobre el Cambio de Género: Perspectivas, Realidades y Guía Completapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La transexualidad, el transgénero y otras migraciones de género como prácticas y categorías médicas han estado atravesadas por cuestiones de bioética desde sus mismos inicios.

Mi objetivo general es proveer de herramientas de análisis para mejorar la comprensión de los diferentes marcos discursivos que se entrecruzan en la constitución del género normativo como aquello que se da por sabido y lo que se considera como desordenado o patológico.

Desde esta perspectiva, me aproximo a las prácticas e identidades trans[2] como ejemplos de las idealizadas normas de género que rigen la vida de todos los hombres y mujeres.

Las personas migrantes de género ocupan un espacio fronterizo situado en los márgenes de lo que los discursos hegemónicos definen como la normalidad, y es precisamente en este espacio liminal donde podemos observar la construcción de las propias normas.

Perspectiva Histórica y Bioética de la Transexualidad

El impulso que movió a un sector de la clase médica a acuñar la distinción sexo/género como parte de los protocolos de tratamiento y etiología de la denominada disforia de género fue considerada por este mismo sector como una acción inspirada por una ética humanista, pues su fin era aliviar el sufrimiento de los pacientes que declaraban sentir un doloroso desacuerdo entre su identidad - masculina o femenina - y su morfología física.

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Desde sus inicios como categoría psicológica, la distinción sexo/género ha tenido un largo recorrido al ser adoptada por la segunda ola del movimiento feminista como categoría sociológica con el fin de articular la lucha en contra de la noción de la biología como destino y causa “natural” de la división del trabajo y roles sociales.[1]

Es precisamente desde los desarrollos posteriores a las corrientes feministas de segunda ola y el activismo de género, junto con otras corrientes provenientes de la historia y la sociología del conocimiento científico, que se ha criticado tanto a la dicotomía naturaleza/cultura que subyace la definición del transexualidad como patología y práctica médica, como a la producción de “la verdad” del género que actúa como reguladora y generadora de parámetros de normalización social.

Categorías médicas patologizantes, como “transexualismo” o “transvestismo”, operan como productoras y reguladoras de la ‘verdad’ del género.

Categorías como “transexualismo”, “transvestismo”, “transgénero” operan como categorías productivas, en el sentido Foucauldiano del término, alrededor de la cuales se gestionan los significados de género y sexualidad.

Esta función reguladora, quizá no prevista en el construccionismo extremo y de intenciones liberales de algunos de los responsables de la definición del transexualismo como categoría médica, actúa no sólo mediante la enunciación de las patologías “de género”, sino también a través de los marcos legal y terapéutico que se han desarrollado en torno a ellas.

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A continuación, en base a un estudio sociológico, examinaré aspectos del marco social y legal del transgenerismo que ponen de relieve la circularidad de los procesos de identificación y diagnóstico, así como la interacción del discurso médico con las nociones folk de masculinidad y feminidad.

A diferencia del marco binario que contempla al colectivo transgénero como un espacio “tercero” marginal, el estudio empírico comparativo se aproxima a él como fuente de datos acerca del género normativo que gobierna a todos los miembros de la sociedad y lo sitúa en sus contextos ideológico y socio-políticos, con el fin de comprender mejor el panorama cultural en el que se desarrollan las actuaciones legales y médicas, así como las demandas por la despatologización.

Reflexionaré sobre las paradojas que rodean a los movimientos por la despatologización. Avanzaré algunas reflexiones acerca del binarismo sexo/género hegemónico que caracteriza el actual marco de regulación y el posible desarrollo de un nuevo marco social más inclusivo y respetuoso con la diversidad de género.

El Marco Social y la Construcción de la Identidad de Género

A continuación presentaré algunos aspectos relativos al marco social de la transexualidad explorados en un estudio empírico de colectivos trans[3] en el Reino Unido y España como informantes de los procesos de adaptación a las normas de género de todos los miembros de la sociedad.

El análisis de sus testimonios no sólo aportó datos acerca del conocimiento popular hegemónico sobre el género y la incidencia de categorías médicas en su definición, sino que también puso de relieve la compleja red de inteligibilidad que opera en la definición socio-cultural de la “posición sexual”, sus variaciones culturales y su alto grado de autoreferencialidad.

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El estudio cualitativo consistió en doce entrevistas en profundidad realizadas a personas transexuales de Escocia y Cataluña, así como entrevistas con María Lluisa Fernàndez, abogada española especializada en la defensa de casos de transexualidad; algunas entrevistas complementarias se llevaron a cabo entre 1997 y 2006 con Natàlia Parés y Norma Mejía del Col·lectiu de Transsexuals de Catalunya.[4]

Haré referencia también a la comparación conjunta de resultados entre mi estudio y el estudio de Coll-Planas et al (2009) llevado a cabo en Cataluña entre 2007-2008, con población joven gay, lesbiana y trans, con el fin de mostrar la evolución de la última década en España (Soley-Beltran y Coll-Planas 2011).

Es un conocido fenómeno la existencia de un ‘Archivo Transexual Obligatorio’[5] que recoge información acerca de la disforia de género mediante la cual las personas transexuales se familiarizan con la etiología prevalente con el fin de “presentarse a si mismos en los modos que creen mejorarán sus posibilidades de éxito.

Los transexuales viven dentro de su propia subcultura… y comparten información acerca de qué estrategias son las que obtiene más éxito con los diagnosticadores médicos y psicológicos, los guardianes de las puertas a la ayuda médica” (Risman 1982: 320).[6]

El estudio confirma y expande sobre este punto, pues las personas transexuales entrevistadas, particularmente las británicas, citaban esmerada y rutinariamente las características descritas en las directrices de Fisk para reconocer al “verdadero transexual”.

La identificación y citación de los estándares médicos se dio por cada uno de estos tres puntos:

  1. Una sensación experimentada durante toda la vida de ser un miembro del ‘otro sexo’.
  2. Una actividad temprana y persistente de transvestirse, junto con un intenso énfasis sobre la falta total de sentimientos eróticos asociados con este acto.
  3. Desdén o repugnancia hacia el comportamiento homosexual.

Identidad: Mente y Cuerpo

Las personas transexuales experimentan una discontinuidad entre las partes corporales, las identidades y los placeres sexuales que creen deberían asociarse con ellos.

Los sentimientos de alienación producidos por esta disonancia entre partes corporales y significados de género a menudo se expresan con un tópico que pone en juego nociones dicotómicas mente y cuerpo: “la mente es mujer diciéndote que eso está mal. Así que debido a que tu mente te dice que está mal, tú asocias que aquello (sus genitales masculinos) no debería estar allí y que deberías tener algo diferente. Así que sí, te ves como si estuvieras en el cuerpo equivocado” (Gwen).

El tópico “una mente femenina/masculina atrapada en un cuerpo de hombre/mujer” encapsula la noción médica de la identidad de género como algo que reside en el ‘núcleo’ interior de la persona, es decir, el género como una esencia ‘verdadera’ e inmutable que viene dada por la naturaleza, que reside ‘dentro’ del cerebro o la mente: “(mi) mente siempre ha sido hombre” (Mike, conversación personal) que corresponde a la noción de ‘identidad nuclear de género’ de Stoller.

Al buscar la integridad subjetiva, las personas transexuales y transgénero exponen la dicotomía interior/exterior como un mecanismo discursivo: se describe el cuerpo como un “envoltorio” (Pamela) “externo” (María) “ajeno a mi psique interior” (Carol, énfasis añadido).

Al tratar de su deseo de cambiar de sexo los transexuales insisten en que es una cuestión de identidad no una búsqueda de placer ‘sexual’: “para mi, el aspecto sexual realmente no entra. De hecho es tu presentación pública, cómo te sientes contigo misma” (Carol).

La operación de reasignación de género se percibe como la única solución posible: “durante muchos años he intentado encontrar un equilibrio de alguna forma en mi vida pero, de nuevo, no ha funcionado [...] La única cosa que me queda por hacer es hacer que mi parte física esté de acuerdo con el yo interior” (Brenda).

La coherencia normativa cuerpo-género va ligada a la obediencia a una apariencia prescrita para cada género con el fin de evitar dudas en la atribución de los “genitales culturales”, es decir, las apariencias observables, como la ropa o la postura (Kessler y MacKenna 1978).

El escrutinio público de la actuación de género se evalúa en relación a los estándares de identidad de cada cultura poniendo así de relieve sus categorías normativas y los efectos de su reiteración.

Se perciben la existencia de dos cajas “la azul y la rosa” (Carol), por lo tanto: “no se puede vivir nunca es con la ambigüedad. Eso es algo que es intolerable. Sólo porque la sociedad no te lo permite ¿no?” (Gabriel).

En efecto los entrevistados sentían que sólo podían pertenecer a una categoría: “si es una cuestión de escoger bandos, ¡entonces voy a escoger el bando de la mujer! ¡Quiero estar en ese bando!” (Brenda).[7]

Estas declaraciones parecen corroborar las conclusiones de Ross et al. (1981) sobre la influencia de factores sociales, tales como la rigidez en relación a los roles sexuales, la igualdad sexual y el comportamiento homosexual, en el número de transexuales que se presentan como pacientes.

Transvestismo y Transexualidad

Los entrevistados británicos citaban con regularidad episodios de transvestismo desde la niñez: “yo me he transvestido durante veinte, casi veintitrés años antes de finalmente enfrentarme y decidir presentarme en el mundo” (Carol).

A pesar de la diferente relevancia del transvestismo para los transexuales masculinos, ellos también se refieren al sentimiento de pertenecer al otro sexo y enfatizan su elección de indumentaria desde la infancia: “me gustaban las ropas de chico” (Justin).

Al iniciar mi investigación empírica en el Reino Unido observé como algunas personas que previamente se habían transvestido en algunas ocasiones y que, por lo tanto, podían ser calificadas como transvestidos, posteriormente decidían adoptar el rol del otro sexo a tiempo total, se sometían a cirugía y se convertían en transexuales.

Estas personas hacían un gran esfuerzo para distinguirse de los transvestidos dejando claro en sus explicaciones que nunca obtuvieron placer sexual de transvestirse y justificando episodios tempranos de excitación: “acostumbraba a excitarme sexualmente al vestirme con ropa de mujer pero ahora no me excita nada (…) Transvestirse no es una excitación sexual, por lo que a mi respecta. Soy yo” (Jane).

En los noventa, la distinción entre transexuales pre y post operativos, transexualidad y transvestismo, ampliamente utilizada en las áreas angloparlantes, parecía ser menos relevante en las prácticas de las personas transgénero en España, pues muchas transexuales femeninas feminizaban su apariencia general mediante procedimientos hormonales, quirúrgicos, cosméticos y estéticos, pero mantenían sus genitales durante un tiempo indefinido.

Esta práctica denominada ‘transexual no-operativo’ (Mejía 2006) podía haber causado confusión entre las identidades ‘transexual’ y ‘travesti’ que se daba popularmente, entre el público general debido a la visibilidad de las trabajadoras sexuales de origen sudamericano,[8] y que las activistas querían evitar mediante intervenciones en los medios y otras estrategias didácticas y políticas, como por ejemplo, la divulgación de la transexualidad como categoría médica diferente del transvestismo: “no es placer, es ser tu misma” (Gabriel) pues “esta cuestión es más un problema de género que de placer” (Silvia).

La Homosexualidad en el Contexto Tradicional

En el modelo psiquiátrico tradicional de la transexualidad se estipulaba que los transexuales no sienten deseo sexual ninguno ni llevan a cabo prácticas sexuales, puesto que la actividad sexual implicaría obtener satisfacción de unos genitales (masculinos) que se supone que el paciente aborrece.

Reconocimiento de Derechos y Desafíos Legales

Es prioritario que se tomen todas las medidas legislativas y administrativas para prohibir y erradicar el trato prejuicioso, fundamentado en la orientación sexual o identidad de género, en todas las instancias y organismos que conforman la administración pública local.

Al hacer uso de la palabra, el diputado del PRD, Manuel Granados Covarrubias, afirmó que hoy es un día trascendente para la ciudad y para la Asamblea Legislativa, porque el PRD cumple con esta visión progresista, de avanzada y de reconocimiento de derechos a quienes, desde todas las trincheras, han luchado para avanzar en estos cambios normativos, que mejorarán la calidad de vida de este sector de la población.

Con ello, la ALDF cumple con la reforma constitucional de velar por la observancia de los derechos fundamentales de las personas, al no permitir actos o conductas discriminatorias, y menos que provengan de las propias autoridades.

Por su parte, la diputada perredista Dinorah Pizano Osorio, mencionó que su partido es muy sensible de las necesidades de la población y respetuoso de otras posturas.

Indicó que “esto es el inicio de un gran reconocimiento de los derechos para todas personas incluyendo a la comunidad transexual”.

Además, la Organización de los Estados Americanos precisa que en nuestro país el reconocimiento pleno de la identidad de género es obligación compartida entre los diferentes órdenes de gobierno.

En este contexto, la Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM realiza un trabajo “bestial, increíble, maravilloso; de hecho, elaboraron la primera consulta universitaria sobre las condiciones de la comunidad LGBTIQ+, para determinar cómo vive esta población en la Universidad.

Retos Actuales y Discriminación

Vivimos en una sociedad transfóbica y transodiante que resta derechos y seguridad a las personas del colectivo trans, lo cual genera discriminación, acoso y, en ocasiones, violencia, además de escasas políticas de inserción social que se vinculan con la falta de acceso a servicios de salud, educación, empleo y vivienda.

La investigadora universitaria especifica que para determinar si esta minoría sufre desigualdad, es necesario comprender que se trata de un tema en el que existe una multiplicidad de identidades, de personas que se enuncian con pronombres femeninos, masculinos y/o neutros; todas las personas, además, tenemos otros ejes que atraviesan nuestra experiencia, relacionados con la clase social, raza, edad, orientación sexual y discapacidad, por ejemplo.

La especialista en Diversidad sexual y políticas de la identidad precisa que existen otros retos para esta comunidad: cuando alguno, alguna o algune, busca acceder a tratamientos hormonales y quirúrgicos los servicios de salud solicitan una evaluación psicológica.

Y aunque podrían padecer problemas de depresión, no es que ser trans cause naturalmente estados depresivos, sino que este hecho se explica por la marginalización, la violencia y discriminación de que son objeto.

Debemos dejar de patologizar y empezar a normalizar la vivencia trans, romper con la lectura esencialista que tenemos de esa identidad.

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