Este artículo presenta un resumen de la trayectoria histórica de la Hacienda de Cuisillos, ubicada en Jalisco. El interés sobre dicha propiedad radica en contribuir al conocimiento historiográfico sobre el área central del estado de Jalisco, y en hacer relevantes los cambios y las continuidades que una hacienda como Cuisillos experimentó a lo largo de sus casi 400 años de existencia, fenómenos comunes a otras grandes propiedades del occidente de México.
El trabajo inicia con una descripción general de la forma en que se fue consolidando la hacienda, dando énfasis a la importancia que tuvo sobre todo para el aprovisionamiento de Guadalajara, capital del vasto territorio conocido entonces como la Nueva Galicia. Continúa con un análisis de la propiedad luego de que dueños sucesivos la fueron ocupando a lo largo de la época colonial y durante el periodo independiente. Por último, se llevó a cabo un desglose de la forma en que Cuisillos perdió sus tierras a manos de campesinos residentes en los pueblos, y peones de las haciendas, mismas que hasta entonces habían mantenido el monopolio de la tierra en el Valle de Tala.
Aunque la historia sobre la conformación de los grandes latifundios en México ha ido enriqueciéndose paulatinamente, aún faltan trabajos específicos sobre los mecanismos de nacimiento de las haciendas y las formas de aprovechamiento del suelo en las diversas regiones que conformaron la Nueva España. El siguiente trabajo es un esbozo de la trayectoria histórica de la hacienda de Cuisillos desde su fundación, a fines del siglo XVI, hasta su disolución definitiva en la primera mitad del XX. Este trabajo no intenta una monografía de la hacienda a través de los siglos, sin embargo, Cuisillos puede servir de estudio de caso para entender los impactos macrosociales que Analmente hallan su concreción en relaciones, empoderamientos y contradicciones específicas; es decir, es en ámbitos locales donde dichas relaciones pueden ser visualizadas.
Símbolo de la producción agrícola en la Nueva Galicia, desde sus orígenes, la hacienda de Cuisillos concentró una importante extensión de tierra fértil. Situado a mil 270 metros sobre el nivel del mar, el Valle de Tala era viable lo mismo para cultivos de clima templado como el trigo, o para cultivos tropicales como la caña de azúcar. Algunos autores señalan que este valle era el más productivo de la Nueva Galicia.
En el presente trabajo se parte de la premisa de que el acaparamiento del suelo en la Nueva Galicia fue correlativo de la distribución del poder de los distintos grupos oligárquicos a través del tiempo. Más específicamente, los vaivenes que sufrió la hacienda de Cuisillos en torno a los distintos dueños que la detentaron, está íntimamente relacionado con las fuerzas políticas y económicas que interactuaron en el seno de la sociedad colonial y en el México independiente. En ese mismo tenor, su disolución definitiva fue de la mano con los cambios políticos y económicos que el país experimentó luego del triunfo de la Revolución mexicana con su marcado carácter agrario.
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La Formación de la Hacienda de Cuisillos
La mayoría de las tierras planas del valle de Tala fueron entregadas en merced real entre 1540 y 1580. Siguiendo un patrón de acumulación que se repitió en muchas regiones de la Nueva España, el conquistador Vicente de Saldívar -que se haría famoso en la expedición a Nuevo México bajo las órdenes de su suegro Juan de Oñate-, fue comprando muchos sitios de tierra en las inmediaciones de Tala a colonos hispanos radicados en Guadalajara, con lo que conformó una propiedad cada vez más notable. Algunos sitios habían sido mercedados por las sucesivas audiencias de la Nueva Galicia o por gobernadores de la misma, como Francisco Vázquez de Coronado y Jerónimo de Orozco. Vale señalar que del otro lado del río Teuchitlán, las primeras mercedes fueron entregadas por el virrey Antonio de Mendoza.
A raíz de la cédula decretada por el rey Felipe u el 1° de noviembre de 1591, que ordenaba la revisión de títulos y la composición de tierras ocupadas en la Nueva España, comenzaron a implementarse las llamadas "composiciones". Las composiciones fueron órdenes emitidas por los soberanos españoles para legalizar las posesiones de tierras, minas, u otros recursos que no hubiesen sido formalmente mercedados por las autoridades de la época, es decir, que fueran irregulares. Con ello se buscaba mantener control y orden sobre la propiedad en la Nueva España, a la vez que reafirmar el derecho del soberano español sobre el suelo de las Indias. En el fondo, lo que se pretendía era obtener recursos de las provincias ante las graves dificultades financieras, los conflictos con otras potencias y los altos costos que implicaba el mantenimiento de la flota de guerra que custodiaba el imperio español.
Durante el siglo XVII las composiciones más importantes fueron las de 1642-1645. En ese entonces, la hacienda registró los siguientes títulos de tierras:
| Siglo | Composiciones |
|---|---|
| XVII | 1642-1645 |
Las referencias constantes de diversos pueblos indios en el área al entregar las mercedes de tierras, indican de entrada que el valle no estaba deshabitado y que había una población indígena significativa. Durante el siglo XVII, Tala, Tepechitlán (Teuchitlán) y Ahuisculco eran pueblos tributarios importantes. Respecto de "Apozolco", Peter Gerhard señala que en 1570, junto con Tala, era pueblo tributario de la co-rona.
En todo caso, la entrega de mercedes estuvo condicionada por la desaparición de estos núcleos indígenas, al igual que sucedió con otras haciendas que en ese entonces estaban consolidándose en la Nueva Galicia y la Nueva España.
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Quien conformó en definitiva la hacienda de Cuisillos fue Juan González de Apodaca Rubín, un vecino pudiente dueño de los portales de Guadalajara. González de Apodaca había tenido varios oficios, entre ellos el de alcalde mayor de la provincia de Ameca, y el de escribano real de la Real Audiencia de la Nueva Galicia. En 1594 consiguió el cargo de alcalde mayor de la provincia de Ávalos. Luego, mediante remate, volvió a la Real Audiencia al comprar el cargo de alguacil mayor el 23 de octubre de 1609. Este personaje también se había hecho de tierras en la provincia de Ávalos, en los valles de Huejotitán y Potrerillos por concesiones y compras, desplazando a los descendientes del conquistador Alonso de Ávalos El Viejo, al punto de que ya para 1615 había agrupado una significativa propiedad de nueve sitios de ganado mayor, tres de menor y 12 caballerías de tierra, es decir poco más de 23 mil hectáreas en el norte de la provincia de Ávalos.
Ya para esta época, se puede caracterizar a Cuisillos como una unidad económica abastecedora de un mercado en crecimiento, cuyo giro abarcaba la cría de ganado en pie, pero sobre todo la producción de cereales como trigo y maíz de regadío que se vendían bien en Guadalajara y en otros lugares distantes. Para darnos una idea de la importancia que significaba la hacienda de Cuisillos, baste decir que, según el cronista Lázaro de Arregui, a principios del siglo XVII el valle de Tala era el mejor que había en la Nueva Galicia. En ese entonces la hacienda producía cada año de siete a ocho mil fanegas de trigo (es decir, alrededor de unas 400 toneladas de trigo) y se herraban de tres a cuatro mil becerros y muchas mulas.
A Juan González de Apodaca le sucedió como dueño de Cuisillos su sobrino Celedonio, quien también fungió como alguacil mayor de Guadalajara y poseía además una mina de plata y dos ingenios en la jurisdicción de Ahualulco. El 15 de septiembre de 1643 Pedro Fernández de Baeza, gobernador de la Nueva Galicia, le reconoció a la hacienda de Cuisillos 21 sitios de ganado mayor, uno de menor y 13 caballerías de tierra, es decir, alrededor de 38 mil 181 hectáreas. Para justificar cualquier defecto en sus títulos, el 18 de mayo de 1644, Celedonio González de Apodaca fue obligado a pagar 250 pesos.
Como se puede apreciar con lo hasta ahora escrito, la llegada de los españoles al área implicó una rearticulación económica peculiar a través del reparto de la tierra. Algunas áreas, en especial las superficies planas y susceptibles de ser irrigadas para la producción de cereales como el trigo, se mercedaron tempranamente y fueron enlazadas a Guadalajara y a otros centros de consumo aun antes que fuese sometida de modo definitivo la población indígena. En contraparte, espacios montañosos y poco fértiles continuaron baldíos y sin títulos de posesión individual, al menos hasta el siglo XVIII. Como muestra de ello, basta señalar que en el área que aquí se analiza el cerro de Tequila fue privatizado definitivamente hasta fines del siglo XVIII, lo mismo que miles de hectáreas de bosques intermedios entre Guadalajara y el Valle de Tala; el resultado para Guadalajara y su hinterland -como ha dado en llamarle Van Young- fue una especie de intermitencia en la ocupación del suelo condicionada por su importancia productiva.
Ganaderos y Comerciantes, los Nuevos Dueños de Cuisillos
A mediados de 1676, Celedonio González de Apodaca todavía era dueño de Cuisillos, pero en 1677 la hacienda pertenecía a Juan Gil de Herrada, vecino de Guadalajara, quien la adquirió por compra.
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