La interrupción del suministro eléctrico puede tener consecuencias devastadoras e inmediatas en la cadena de producción y distribución de alimentos perecederos. Este impacto se ha manifestado claramente en eventos recientes, afectando gravemente la disponibilidad de productos como la carne y la leche.
Efectos Inmediatos de Apagones en la Producción y Suministro de Alimentos
Armando Chacín, presidente de Fedenaga, reveló las graves pérdidas que se registraron debido al apagón que dejó sin fluido eléctrico a todo el territorio nacional desde el pasado 7 de marzo y que duró casi una semana. Estos productos se dañaron o dejaron de producirse debido al apagón que comenzó la semana pasada.
Tal como lo reportó el medio Producto, Fedegana sostuvo que la pérdida de leche líquida representa un 23% de la producción. De igual forma, la ruptura en la cadena de frío de los mataderos redujo los inventarios en 30 %, pero la situación de las carnicerías es aún peor porque perdieron el correspondiente al 80% de sus stocks. Por su parte, el portal Analítica reportó que el lunes 11 de marzo, las plantas lecheras se negaron a distribuir por la imposibilidad de seguir operando tras la crisis energética. “Tienen las cavas repletas de productos de quesos y lácteos y básicamente, no pueden seguir produciendo más. Llegaron a su límite”, puntualizó Chacín. Chacín informó que la magnitud del caos todavía no se siente del todo, porque la gente aún cuenta con proteínas y alimentos en sus dispensas.
Recomendaciones para la Seguridad Alimentaria Durante Apagones
Ante eventos como un apagón eléctrico, la seguridad alimentaria se convierte en una preocupación primordial. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha publicado una serie de recomendaciones dirigidas a la población para garantizar la seguridad de los alimentos tras un apagón eléctrico, especialmente en lo que respecta a los productos almacenados en frigoríficos y congeladores.
La advertencia se centra principalmente en los alimentos perecederos como carne, pollo, pescado, huevos, leche, queso fresco o sobras, que deben ser desechados si el corte de suministro supera las cuatro horas. La agencia subraya que no se debe probar un alimento para determinar si es seguro, ni fiarse únicamente de su olor o apariencia. El criterio clave es la temperatura alcanzada por el alimento durante la interrupción del suministro eléctrico. A mayor duración del apagón, mayor riesgo de que los productos sobrepasen los 5 °C, temperatura a partir de la cual los alimentos se vuelven potencialmente peligrosos para el consumo.
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Si durante un apagón de menos de cuatro horas no se ha abierto la puerta del frigorífico, este podría mantener los alimentos por debajo de los 5 °C, y en ese caso no sería necesario desecharlos. Sin embargo, si el corte se prolonga más allá de ese tiempo, la AESAN insiste en descartar todos los productos perecederos, ya que podrían provocar intoxicaciones alimentarias, incluso si se cocinan posteriormente. Además, la agencia recuerda que estos alimentos pueden ser fuente de contaminación cruzada para otros productos si no se eliminan a tiempo.
En cambio, las frutas y verduras enteras pueden conservarse a temperatura ambiente si mantienen su aspecto fresco y son correctamente lavadas. No ocurre lo mismo con ensaladas preparadas o frutas y verduras cortadas, que deben desecharse igual que los perecederos. En cuanto a alimentos no perecederos como refrescos, conservas, bebidas alcohólicas o chocolate, aunque algunas personas los guardan en la nevera, no requieren refrigeración y pueden consumirse sin problema tras el apagón. Respecto a los congeladores, la AESAN indica que, si no se abren, pueden conservar la temperatura de congelación entre 24 y 48 horas. Si los alimentos no se han descongelado completamente (conservan cristales de hielo o están fríos al tacto), pueden ser recongelados o consumidos en el día, siempre que se mantengan a menos de 5 °C.
El Impacto Ambiental de los Productos de Origen Animal
Imagínese comiendo una hamburguesa al punto perfecto, con beicon y queso fundido. No se puede negar que a muchas personas nos encanta el sabor de la carne y el queso. Sin embargo, estos productos tienen un impacto ambiental mayúsculo. Numerosas investigaciones indican que las personas informadas sobre el impacto ambiental de ciertos productos alimenticios están más dispuestas a reducir o eliminar su consumo.
La Tierra nunca ha sustentado tantos seres humanos como hasta ahora y la expansión agrícola amenaza el planeta. La actividad ganadera tiene un impacto significativo en prácticamente todas las esferas del medio ambiente, incluidos el aire, suelo, agua y la biodiversidad. La huella ecológica de la producción y consumo de carne y otros derivados animales en los países desarrollados es una de las grandes responsables de la crisis climática que vivimos.
Uso del Suelo y Deforestación
Investigadores de la Universidad de Oxford calcularon que el 83% de las tierras de cultivo globales están destinadas a la obtención de productos de origen animal, mientras que el aporte calórico para los humanos es únicamente del 18% y el proteico del 37%. Se trata, por tanto, de un uso de superficie ineficiente y de bajo rendimiento.
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¿Por qué los productos animales necesitan terrenos extensos? Los motivos principales son, en primer lugar, el pastoreo de los rumiantes y, en segundo lugar, los cultivos destinados a la elaboración de piensos (sobre todo para pollos y cerdos). Según la FAO, el sector ganadero emplea más del 30% de la superficie de la tierra, en su mayor medida para pastizales y el 70% de los terrenos agrícolas.
Por ejemplo, Brasil y los Estados Unidos son los mayores productores de soja. De los millones de toneladas de esta leguminosa al año, solo el 7% se utiliza directamente para productos alimenticios humanos. Más del 77% de la soja se usa para la fabricación de piensos asignados a la alimentación del ganado. Es decir, la mayor parte de la soja cultivada se emplea para nutrir a los animales que nosotros nos comemos.
Toda causa tiene su consecuencia: si se necesitan vastas tierras agrícolas se promueve la deforestación. Actualmente, la carne de vacuno es la principal causa de la deforestación a nivel mundial, responsable del 41% de la destrucción de selvas tropicales. La ganadería industrial es responsable del 70% de la deforestación en El Amazonas. Esto se debe a los monocultivos de soja y maíz, que arrasan buena parte de América Latina y Asia, para producir pienso y alimentar al ganado en Europa. Esta situación conlleva consecuencias sociales, pues 9.000 familias son desplazadas todos los años en Paraguay por la expansión de la soja para producir pienso.
El ganado criado en tierra desforestada produce 12 veces más emisiones de gases de invernadero que las vacas alimentadas con pasturas naturales, de acuerdo al estudio de la Universidad de Oxford. Un aumento en la demanda global de estos alimentos "podría resultar en más desforestación en América Latina, ya que no todas las áreas de pasturas pueden ser convertidas a cultivos". Las principales causas de erosión del suelo son: la deforestación, el sobrepastoreo y las prácticas agrícolas intensivas.
Si se eliminara el consumo de carne y leche, el uso de tierra agrícola se reduciría en un 75% a nivel global, asegura el estudio de Joseph Poore y Thomas Nemecek.
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Gases de Efecto Invernadero y Contribución al Cambio Climático
Mientras que los árboles de las selvas tropicales absorben dióxido de carbono, la emisión de gases contaminantes debida a la industria ganadera intensiva sigue in crescendo. El problema del recalentamiento global y sus devastadores efectos está siendo ya observado negativamente por la gran mayoría de los habitantes de nuestro planeta. El sector alimentario es un contribuyente sustancial, que según datos recientes es causante de entre el 20 y el 40% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Las emisiones de algunos de estos gases asociadas a la ganadería suponen alrededor del 14% del total. Se estima que las cadenas de producción ganadera emiten un total de 8,1 Gigatoneladas equivalentes de CO2.
La carne bovina, la carne ovina y el queso son los que se desmarcan y se llevan el premio al principal contaminante. En general, los productos animales producen entre 10 y 50 veces más gases de efecto invernadero que los vegetales, con excepciones como el chocolate, el café y el aceite de palma. Contrariamente a la opinión popular, el transporte de alimentos contribuye mínimamente a la emisión total de gases contaminantes, comparado con la producción de estos. Así pues, aparte de comprar productos de proximidad, sería más eficiente disminuir la cantidad de carne y queso de rumiantes para reducir las emisiones globales.
Dejar de consumir carne o leche de vaca es una de las acciones más efectivas que los consumidores pueden realizar para combatir el cambio climático. Ésa es la conclusión del estudio realizado por los investigadores Joseph Poore, de la Universidad de Oxford en Inglaterra, y Thomas Nemecek, del Instituto Agroscope en Suiza.
De todos los productos analizados en el estudio, la carne vacuna y ovina tienen el efecto más dañino en el medio ambiente. Y su impacto es mucho peor en Sudamérica, según los investigadores. De acuerdo a Poore, la producción promedio de carne vacuna sudamericana produce tres veces más gases de invernadero y requiere 10 veces más tierra que la producción vacuna en Europa. El principal problema en el caso de Sudamérica es la producción ganadera en tierra previamente desforestada.
Mientras la carne en general y la leche de vaca proveen poco menos del 18% de las calorías y el 37% de la proteína a nivel mundial, usan la gran mayoría -83%- de la tierra agrícola y producen el 60% de las emisiones de gases de invernadero procedentes de la agricultura, según los investigadores.
La siguiente tabla desglosa las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por diferentes tipos de productos ganaderos, según datos de la FAO:
| Producto Ganadero | Porcentaje de Emisiones del Sector Ganadero |
|---|---|
| Carne vacuna | 41% |
| Leche de vaca | 29% |
| Carne de cerdo | 9% |
| Carne y huevos de aves de corral | 8% |
Huella Hídrica y Contaminación del Agua
La producción ganadera es una de las grandes usuarias de agua en el mundo y responsable de buena parte de su agotamiento físico y biológico. La huella hídrica es el volumen total de agua dulce utilizado para producir los bienes y servicios consumidos. La huella hídrica promedio mundial de la carne bovina es de 15.700 l/kg. La proporción de ese promedio es predominantemente agua verde (94%). Para medir la huella hídrica de un proceso, se utilizan tres componentes principales: el agua azul (volumen total de agua superficial y subterránea consumida), el agua verde (volumen del agua de lluvia almacenada en el suelo) y el agua gris (volumen de agua dulce necesaria para asimilar la carga de contaminantes que resultan del sistema productivo).
En España, las macro-explotaciones ganaderas han aumentado exponencialmente afectando a pequeños municipios principalmente por la contaminación de agua y suelos. Esto deja a la población sin agua potable y convierte sus tierras en terrenos impracticables para la agricultura. Por ejemplo, 142 municipios de Cataluña tienen problemas con el agua potable debido a la contaminación causada por los purines, los excrementos de los cerdos.
En México, desde 2021 han proliferado las megagranjas porcinas en Yucatán. El 90% de los cenotes de la región presenta niveles elevados de nitratos y otros contaminantes.
Asimismo, otros problemas medioambientales, como la acidificación del terreno, la eutrofización y el uso de agua dulce se reducirían con una variación de hábitos alimentarios.
A continuación, se presenta la huella hídrica estimada para la producción de diferentes tipos de carne:
| Producto | Litros de agua por kilogramo |
|---|---|
| Carne de vacuno | 15.000 - 15.700 |
| Carne de cerdo | 8.000 |
| Carne de pollo | 4.000 |
Pérdida de Biodiversidad y Riesgos para la Salud Animal
La pérdida de selvas tropicales y la pérdida de biodiversidad, cuyas funciones son esenciales tanto para la salud humana como para la planetaria, van al unísono. Se ha estimado que se han perdido más de dos tercios de las poblaciones de animales silvestres en los últimos 40 años. Los sistemas agroalimentarios actuales distan de ser sostenibles y están provocando la destrucción desenfrenada de los ecosistemas, amenazando a la mayoría de las especies en peligro de extinción.
La ganadería industrial se caracteriza por el hacinamiento de animales en espacios muy reducidos donde apenas se pueden mover. El 87% de los cerdos están encerrados en el interior de naves sobre suelos total o parcialmente enrejados y nunca verán la luz del sol.
Las granjas industriales son fábricas potenciales de bacterias resistentes a antibióticos y virus zoonóticos. En España se usan cuatro veces más antibióticos que en Alemania y diez veces más que en Dinamarca para producir un kilo de carne. El abuso de antibióticos en la ganadería industrial es la principal causa del aumento de las resistencias microbianas en las personas. Si reducimos el consumo de productos animales y mejoramos las condiciones de la industria ganadera podríamos prevenir futuras pandemias.
Impacto en la Salud Humana y Transformación del Sistema Alimentario
La ingesta excesiva de carne aumenta el riesgo de enfermedades, concretamente las cardiovasculares, la principal causa de muerte en el mundo occidental. Las dietas bien planificadas basadas en vegetales (no procesados) también pueden ser saludables y prevenir enfermedades crónicas.
En las últimas décadas, el sistema alimentario global ha experimentado una transformación radical impulsada por la creciente demanda de carne, leche y huevos. En este contexto, la ganadería intensiva se ha consolidado como el modelo predominante de producción animal. La experta explicó que la humanidad ha experimentado un aumento exponencial en el consumo de animales. En 1960, cada persona consumía un promedio de 2.5 animales al año; hoy, esa cifra supera los 7 animales per cápita y sigue creciendo, especialmente en Estados Unidos, Australia y Argentina, donde el consumo anual per cápita puede alcanzar los 100 kilogramos de productos animales.
La ganadería intensiva prioriza la cantidad sobre la calidad. Como resultado, se reduce la disponibilidad de frutas, verduras y legumbres, especialmente en regiones con acceso limitado. “El sistema capitalista ha convertido la vida en mercancía, y la ganadería intensiva es uno de sus ejemplos más extremos”, sostuvo Esquivel Marín. La ganadería intensiva, dijo, comenzó hace 11 mil años como una relación de beneficio mutuo. Pero con el control humano sobre la reproducción y movilidad de los animales, se sentaron las bases de su cosificación.
En América, el colonialismo transformó las prácticas agrícolas tradicionales. En Brasil, consorcios ganaderos han invadido tierras indígenas, generando desplazamientos y violencia. En España, movimientos sociales denuncian la falta de regulación en regiones como La Mancha, Aragón o Cataluña. En China, el país con mayor producción de pollos y entre 600 y 700 millones de cerdos al año, se genera el mayor volumen de desechos animales del planeta. Entre 1999 y 2013 desaparecieron 128.000 granjas familiares en España, un 71% del total.
Perspectivas para un Futuro Sostenible y Desafíos del Cambio
Para observar el impacto ambiental de los productos animales, podemos imaginar una situación utópica en la cual la población mundial consumiera únicamente productos vegetales. Los investigadores de Oxford calcularon que el uso de tierras agrícolas podría reducirse un 76%, un área equivalente al tamaño de los Estados Unidos, China, Australia y la Unión Europea juntos. Además, esta variación de hábitos alimentarios reduciría considerablemente la huella de carbono de los alimentos por individuo y prevendría la producción desmedida de dióxido de carbono en las próximas décadas, contribuyendo así a la mitigación del calentamiento global que amenaza a la humanidad.
Las imitaciones vegetales de carnes, como los productos de la empresa americana Beyond Meat y la startup catalana Heura Foods, también son más sostenibles para el medioambiente. Otra iniciativa prometedora es la carne producida a partir de células animales cultivadas en laboratorio (in vitro). Los datos científicos indican, por tanto, que invertir la tendencia de consumo actual beneficiaría al planeta, pero también la salud humana y animal.
En España, el consumo de carne se ha cuadruplicado en el último medio siglo, alcanzando los 100 kilos por persona al año. Sin embargo, una encuesta reciente indicó que en este país más de dos tercios de la población ha conseguido o pretende reducir la ingesta de dicho producto debido a sus consecuencias ambientales. De hecho, se ha observado una disminución del consumo de productos cárnicos en los hogares en la última década (antes del inicio de la pandemia). Aun así, queda un camino largo para conseguir un consumo que podría llegar a ser sostenible.
Algunos de los inconvenientes que impiden a la población dar el paso y reducir el consumo de productos animales son culturales, guardan relación con su palatabilidad, se asocian a la creencia de que son esenciales en nuestra dieta, al desconocimiento gastronómico y porque los humanos pensamos que nuestra contribución individual es irrisoria a escala planetaria. Los expertos recomiendan informar a la población sobre el impacto ambiental de los productos animales y educar sobre las necesidades nutricionales en una alimentación saludable y sostenible.
Tras todo lo expuesto, si la hamburguesa tuviera el mismo aspecto, textura y sabor pero estuviese hecha de plantas o de células cultivadas en el laboratorio, ¿por qué no darle una oportunidad? Los datos científicos apoyan que ésta podría ser la única manera sostenible de abastecer la demanda de la creciente población mundial sin provocar más perjuicios al planeta.
Estrategias para una Ganadería Sostenible
La importancia de reducir las emisiones de la ganadería a nivel global es algo en lo que todos los investigadores consultados por BBC Mundo coinciden. La buena noticia es que en América Latina hay muchas oportunidades para lograrlo. Mazzetto menciona entre algunas de las estrategias el mejor manejo de pasturas y el uso de razas más productivas.
Poore menciona entre las oportunidades de mitigación la creciente tendencia a la trazabilidad de los productos, que tendrían etiquetas con información clara sobre su origen. Ello permitirá a los consumidores saber de donde viene su bife y comprar en el supermercado solo carne de fincas de menor impacto ambiental.
Una solución llevada a cabo en la actualidad es la “planificación de pastoreo”. En este tipo de sistema se efectúa un uso intensivo y descanso prolongado del suelo. La rotación de animales se organiza a través de un sistema de planificación en donde se divide el terreno en potreros divididos a su vez en parcelas. Las vacas se cambian de parcelas todos los días hasta que agotan el suelo de cada una de ellas. Con este tipo de modelo se pueden duplicar las cargas que tienen los campos con manejo convencionales; esto permite producir más kilos de producto con costos más bajos ya que los animales se alimentan de pasto de crecimiento natural lo cual es más rentable.
En la industria frigorífica, la generación de efluentes es uno de los aspectos ambientales de mayor importancia y es por esto que se considera obligatorio el tratamiento de los mismos para poder llegar a valores de vuelco permitidos por la legislación vigente. El tratamiento físico tiene como objetivo: evitar atascos y deterioros en las bombas de impulsión, y disminuir la generación de olores desagradables. En el tratamiento biológico se utilizan procesos aeróbicos y anaeróbicos.
Otras mejoras incluyen: mejoras de productividad que reducen las intensidades de emisiones; captura de carbono a través de un manejo mejorado de los pastos; y una mejor integración ganadera en la bio-economía circular. Esto implica minimizar la fuga de materiales y energía del sistema recirculándolos en la producción, aumentar la cantidad de subproductos o deshechos como alimento del ganado, así como recuperar nutrientes y energía de deshechos animales (biogas), mejorando la eficiencia en el uso de los recursos naturales.
