Descubre el Significado Oculto de los Símbolos Animales y la Evolución de la Conciencia en "Apuntes para una declaración de fe" de Rosario Castellanospost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En el ámbito literario, el animal siempre es un elemento importante, ya que diversos escritores lo integran en un universo infinito de significaciones. Por ejemplo, en los poemas del periodo clásico grecolatino la figura animal funge como referente para la explicación del mito y otras veces es fundamental para incorporar comparaciones efectivas. En la época medieval y renacentista a los animales se les dota de profundo valor simbólico y religioso con gran influencia del cristianismo y del humanismo, respectivamente. Después, de la representación simbólica del animal en el Romanticismo, pasamos a la objetiva y de renovación estética del Modernismo. A todo esto, Freire afirma que los animales tan presentes en la mente y en el lenguaje no dejan de recordarse en los refranes, los sueños, los cuentos, las supersticiones y las poesías (27).

En consecuencia, las asociaciones poético zoológicas tienen un gran peso emotivo que no se pierde en la contemporaneidad de una de las escritoras más importantes del siglo XX, Rosario Castellanos. Si bien, la también periodista y diplomática es muy reconocida por explorar en sus obras argumentos sobre la condición de la mujer y del indígena, en el presente artículo se estudia su aportación al tema de los animales en la literatura; en específico a través del poema “Apuntes para una declaración de fe”, publicado por primera vez en 1948. Este poema fue publicado, por primera vez en 1948, en Ediciones de América, Revista Antológica del Departamento de Divulgación de la Secretaría de Educación Pública.

A través de su estructura, el poema simboliza, mediante la inclusión de los animales, la evolución de la humanidad en paralelismo con el desarrollo de la consciencia. En esta relación se agrega el aporte teórico de Erich Neumann, quien en su obra Las etapas mitológicas en la evolución de la consciencia explica el desarrollo de esta basándose en la comprensión del Uroboros o serpiente que se muerde la cola, sinónimo de la totalidad y la eternidad. Entre los ciclos o estadios que, según Neumann, proyectan la consciencia en el ser humano está el de la creación que, en este análisis, se explica con el texto de Rosario Castellanos y con el universo zoológico que utiliza para trazar las etapas de la consciencia humana, partiendo de la inconsciencia.

Este proceso está plasmado con la idea de un círculo que en el poema se traduce en la experiencia de la existencia dentro de la rueda; al igual que la aportación de Erich Neumann, la formación del yo inicia en los orígenes, viviendo el ciclo de la propia vida, hasta llegar al umbral de la autoconsciencia: la serpiente circular. Esta ronda, en “Apuntes para una declaración de fe” es la historia del hombre con una reflexión histórica cultural sobre sí mismo que se explica en una estructura tripartita: la génesis de la humanidad y del hombre mismo; el desarrollo de la vida y del hombre moderno y, finalmente, la decadencia y retorno a lo primigenio. En cada uno de estos apartados, el aporte simbólico urobórico en la crítica a la condición humana tiene conexión desde el enfoque poético con la imagen del animal por medio del pájaro, la jirafa, el ciervo, la serpiente y el jaguar como se analizará a continuación.

"Apuntes para una declaración de fe": Una Visión Crítica y Estructural

Para Ana María Cuneo, “Apuntes para una declaración de fe” es un texto ambiguo, polisémico, típicamente moderno de naturaleza escatológica que, en consecuencia, da oportunidad a diversos cuestionamientos (35); por su parte Orozco Zuarth (2025) dice que “ofrece una visión profundamente crítica de la modernidad, donde la humanidad ha sido expulsada del asombro y arrojada a un mundo de simulacros”, un mundo descrito de inicio como estéril. Los primeros versos del poema expresan esta idea:

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  • El mundo gime estéril como un hongo.

  • Es la hoja caduca y sin viento en otoño, la uva pisoteada en el lagar del tiempo pródiga en zumos agrios y letales.

  • Es esta rueda isócrona fija entre cuatro cirios, esta nube exprimida y paralítica y esta sangre blancuzca en un tubo de ensayo.

Según la autora, el mensaje de su poesía no está estrictamente relacionado con la divinidad como condición indispensable, esencial o necesaria sin la cual la humanidad no es posible. La totalidad de lo que existe no debe su pago a Dios porque surge de un acto voluntario que, sin embargo, transita en una “rueda isócrona” (v. 5). Lo anterior es similar a la evolución de la consciencia, ya que al final del tránsito por diversas dimensiones, el hombre y la mujer alcanzan el desarrollo de sí mismos y los caminos para lograrlo se repiten una y otra vez; así como una ruta que circularmente regresa al destino inicial.

Para Erich Nuemann estas etapas se suscitan en una secuencia ordenada, “el primer ciclo del mito es el mito de la creación. Aquí́ la proyección mitológica del material psíquico aparece en forma cosmogónica, como la mitología de la creación. El mundo y el inconsciente predominan y forman el objeto del mito” (s.p.). En este marco, en el que prevalecen el hombre, el conocimiento de la propia existencia y el mito, Rosario Castellanos, por medio de la exégesis bíblica, utiliza conceptos e ideas en los que el animal es una metáfora y símbolo de la condición, evolución y decadencia humana.

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La Génesis de la Conciencia: El Pájaro, la Jirafa y las Avispas

El poema inicia con el relato del estado primigenio del cosmos y la creación; es decir, con el origen del mundo que es al mismo tiempo el origen del hombre. El Génesis bíblico menciona que en el sexto día Dios hizo a los animales de la tierra según su especie; también al hombre, varón y hembra (capítulo 1: 25-27, p. 1) y los puso en el Jardín del Edén o Paraíso terrenal en donde hizo nacer de la tierra el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal (capítulo 2: 9,15, p. 2). En los orígenes mitológicos del mundo, “el hombre todavía no está́ arrojado sobre sí́ mismo, contra la naturaleza, ni el ego contra el inconsciente; ser uno mismo sigue siendo una experiencia penosa y dolorosa, todavía la excepción que debe superarse” (Neumann: s. p.).

La Biblia es una de las fuentes para el estudio de la zoohistoria simbólica, pues en ella ya hay una clasificación de los animales en sentido positivo y negativo. Entre los primeros están aquellos que simbolizan el bien, la paz, la bondad, la sabiduría y el espíritu de sacrificio. En contraste están los animales que son vistos como imágenes de maldad, ignorancia, opuestos a la racionalidad y espiritualidad. Dentro de este marco, el poema presenta figuras como el pájaro.

El Pájaro como Vínculo Espiritual

El vuelo predispone a los pájaros para ser símbolos de las relaciones entre el cielo y la tierra (Chevalier, “Ave”, Diccionario de los Símbolos) y “todo ser alado es un símbolo de espiritualización” (Cirlot, “Pájaro”, Diccionario de Símbolos). La acción de descender a la tierra del “pájaro crucificado en vuelo” vincula, por un lado, lo alto, lo divino; por otro lado, lo terrestre y el viaje a lo mundano que implica algún sufrimiento y recompensa. En sintonía con lo antes mencionado, la efigie del pájaro torturado, similar a la primera percepción del ser mismo, vincula lo celestial y lo terrenal para, después del tormento espiritual, transformarse con creciente consciencia y dar paso a algo nuevo. El poema evoca este descenso:

  • En un día de amor yo bajé hasta la tierra: vibraba como un pájaro crucificado en vuelo y olía a hierba húmeda, a cabellera suelta, a cuerpo traspasado de sol al mediodía.

  • Era como un durazno o como una mejilla y encerraba la dicha como los labios encierran cada beso.

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La Inocencia de la Jirafa y el Equilibrio de las Avispas

Respecto a la jirafa, cabe mencionar que en algunas representaciones artísticas es pintada como parte del escenario previo a la existencia del pecado. La inocencia y belleza de la jirafa se articula en un ambiente armónico, antes del caos que produce la presencia de la serpiente. El poema también presenta las avispas:

  • Punzaba el aire en las avispas múltiples y vertía chorritos de miel en cada herida para que el equilibrio permaneciera invicto.

Por su parte, las avispas, como en la poesía del Renacimiento estudiada por Malkiel, irrumpen la quietud del prado ameno y aparecen en un escenario idealizado (1963:79) y son señaladas metafóricamente como restauradoras del equilibrio, pues recordemos que las abejas son insectos cruciales para mantener el hábitat natural.

El Camino hacia la Autoconciencia: El Ciervo y la Dualidad de la Serpiente

Posteriormente, la composición poética sintetiza el nacimiento del pensamiento humano en atención plena del humano en sí mismo y en un proceso de finales e inicios, de rupturas y renovaciones, tal como en el mito de Adán y Eva que describe el nacimiento del mal y el paso del orden al caos. En los versos del poema, encontramos estas imágenes:

  • El ciervo competía con la brisa y el hombre daba vueltas alrededor de un árbol trenzado de manzanas y serpientes.

  • Redondeaban su sombra los planetas y rebotaban locos de alegría en las altas paredes del espacio teñidas de antemano en un risueño azul.

El Ciervo y la Búsqueda de Plenitud

En los versos anteriores cabe la posibilidad de desentrañar dos significaciones zoológicas; la primera sobre el ciervo y su asociación con el agua a través de la brisa; y la segunda tocante a la serpiente en relación con el árbol en el que se aloja. Martín Pascual explica que ningún otro animal ilustra tan plenamente como el ciervo la piedad cristiana (130) y que su enemistad con las serpientes es emblema de la lucha de Cristo contra el mal (127). Para Chevalier el ciervo está ligado al árbol de la vida, por la semejanza de su cornamenta con las ramas arbóreas y es símbolo de la renovación y crecimiento cíclicos (“ciervo”, Diccionario de los Símbolos).

Aunque cíclico y redondo no son sinónimos, ambos son patrones de repetición que vuelven a un estado anterior, es decir, al inicio; pero antes han de lidiar con su opuesto. Por el mismo estilo se considera que, al igual que en los bestiarios, en “Apuntes para una declaración de fe” el ciervo encarna lo luminoso en el aprendizaje, enfrentado a la serpiente, su opuesto representado en las acciones instintivas. [L]os elementos del Salmo 41, ciervo y agua, transmiten el deseo de unión, la necesidad de alcanzar la plenitud, en definitiva, el goce del alma que añora el encuentro divino y desea que se haga realidad, de la misma manera que en la literatura amorosa profana se substituirá por el deseo de encontrar a la amada. El ciervo, animal elegido por la poetisa mexicana, une figuradamente el principio de los orígenes con el amanecer del tiempo de la humanidad, tal vez el mismo que corre junto con las manecillas del reloj para quebrarse o pararse (vv. 58-62).

La Serpiente: Conocimiento, Perversión y Ciclicidad

En este tenor, el pasaje anterior es el preámbulo a la presencia del sufrimiento en el mundo. La Biblia nos recuerda que la serpiente era astuta, más que todos los animales (capítulo 3: 1, p. 2). Así, en una asociación de energías opuestas, Rosario Castellanos ordena los sucesos que, según esta lectura, preceden al autoconocimiento; entre ellos, el pasaje de Adán y Eva, el árbol del bien y del mal, la manzana y la serpiente (vv. 63-70). Efectivamente, la historia del primer hombre y la primera mujer inscribe el acto de independencia moral de Dios con el nacimiento del mal, pero también cita “la historia simbólica del comienzo” que, en los términos de Erich Neumann, “es el intento hecho por la consciencia infantil y precientı́fica del hombre para dominar problemas y enigmas” (s. p.).

En “Apuntes para una declaración de fe” hay varias alusiones a la serpiente, la primera ya mencionada en su nexo con el ciervo y el árbol de la ciencia o del conocimiento. En vista de esto, Chevalier sustenta que en esa situación del envolvimiento del árbol por la serpiente existe una imagen simbólica del dualismo moral y de una “conexión que significa el origen de todos los males por la estrecha relación entre vida y perversión” (Chevalier, “árbol”, Diccionario de los Símbolos). Como dice Cirlot cuando comenta el análisis de Schneider, “en el paraíso había el árbol de la vida, y también el del bien y del mal, o del conocimiento, y ambos estaban en el centro del paraíso” (“árbol”, Diccionario de los Símbolos), el doble árbol de la ciencia estaba oculto y no podía ser identificado ni era, por lo tanto, accesible hasta el instante en que Adán se apropiara del conocimiento del bien y del mal, es decir, de la sabiduría (“árbol”, Diccionario de los Símbolos). En este contexto, el poema de Rosario Castellanos también se bifurca hacia ambos significados y bastan unos versos más para que su pluma redondee el panorama de la exégesis bíblica protagonizado por la serpiente y su protagonismo en la perversión, el mal, el conocimiento y la sabiduría.

El poema continúa con esta idea:

  • Tal vez no debería yo hablar de la serpiente pero desde esa vez es un escalofrío en la columna vertebral del universo.

  • Tal vez yo no debiera descubrirlo pero fue el primer círculo vicioso mordiéndose la cola.

El avance reptante de la serpiente es “el símbolo, no de la culpa personal, sino del principio del mal inherente a todo lo terreno” (Chevalier, “serpiente”, Diccionario de los Símbolos).

La Modernidad y el Retorno a lo Primigenio: El Uroboros y la Esperanza

“La serpiente debía tener manos” (v. 135) dice la escritora mexicana; y con esta frase se lee entre líneas que la historia de la humanidad se ha dejado guiar por manos “malignas” en el sentido de encausarse hacia una modernidad banal, capitalista y decadente. De ahí que “Apuntes para una declaración de fe” es un poema que va de la introspección al desencanto y que, sin embargo, culmina con la esperanza del retorno a lo primigenio, a lo natural, es decir al inicio del poema y todo esto explicable con la significación ambigua de la serpiente. Por un lado, en sentido genérico puede representar la idea del mal; por otro lado, en la representación específica del Ouroboro, incorpora un concepto universal de ciclicidad, ya que se devora a sí misma para renacer. El Uróboro o serpiente que se muerde la cola es sinónimo de la totalidad y la eternidad, simbolizando “el impulso creativo del nuevo comienzo.”

Esta etapa evolutiva puede ser ‘recobrada’ en la estructura psíquica de cada ser humano. Es el tiempo de la existencia en el paraíso donde la psique tiene su morada premundana, el tiempo antes del nacimiento del ego, el tiempo de envolvimiento inconsciente, de nadar en el océano del nonato. El tiempo del comienzo, antes de la llegada de los opuestos, debe entenderse como la autodescripción de esa gran época cuando todavía no había Conciencia (Neumann: s.).

El poema de Castellanos concluye con imágenes de esperanza y retorno a un estado más puro y esencial, desafiando la decadencia de la modernidad. Se evoca la posibilidad de un nuevo comienzo:

  • Abandonemos ya tanto cansancio. Dejemos que los muertos entierren a sus muertos y busquemos la aurora apasionadamente atentos a su signo.

  • Porque hay aún un continente verde que imanta nuestras brújulas. Un ancho acabamiento de pirámides en cuyas cumbres bailan doncellas vegetales con ritmos milenarios y recientes de quien lleva en los pies la sabia y el misterio.

  • Un cielo que las flechas desconocen custodiado de mitos y piedras fulgurantes. Hay enmarañamientos de raíces y contorsión de troncos y confusión de ramas.

  • Hay elásticos pasos de jaguares proyectados - silencio y terciopelo - hacia el vuelo inasible de la garra. Aquí parece que empezara el tiempo en solo un remolino de animales y nubes, de gigantescas hojas y relámpagos, de bilingües entrañas desangradas.

  • Corren ríos de sangres sobre la tierra ávida corren vivificando las más altas orquídeas, las más esclarecidas amapolas.

  • Río de sangre eterno y derramado que deposita limos fecundos en la tierra. Su caudal se nos pierde a veces en el mapa y luego lo encontramos -ocre y azul- rigiendo nuestro pulso. Río de sangre, cinturón de fuego.

  • En las tierras que tiñe, en la selva multípara, en el litoral bravo de mestiza mellado de ciclones y tormentas, en este continente que agoniza bien podemos plantar una esperanza.

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