La animación no sólo es el procedimiento de diseñar movimientos de personajes o de objetos y elementos, sino que contiene en sí misma la representación visual de la fantasía que transforma la realidad de un niño y hace reflexionar al adulto; una ilusión óptica capaz de hacernos sentir compasión por un juguete inanimado, o por un pez, o hacernos creer en una realidad de mundos paralelos y alquimia. Tal componente resulta tremendamente útil, si es que queremos adentrarnos en las profundidades de los fundamentos de la animación, históricamente vapuleada y disminuida como una suerte de expresión menor y pueril del “séptimo arte”, pero que hasta hoy, en su calidad de obra y formando parte del cine, se ha resistido a subordinarse a la condición realista proveniente de la fotografía, y por el contrario mantiene abiertas las puertas de la experimentación, como heredera de la pintura y las artes pictóricas.
Dos titanes de los dibujos animados son, claramente, Estados Unidos y Japón. No es mi intención entrar en la historia de la animación porque no es el objetivo de este artículo, sino más bien un análisis de estilo, narrativa y mensaje, claramente diferentes, de ambos territorios.
Orígenes y Divergencias Estilísticas
Estados Unidos fue el primero en consolidar una industria de animación enfocada a temas fuera de la política, ya que hasta la Primera Guerra Mundial los dibujos animados eran utilizados mayormente para (anti)propaganda política. Grandes compañías como la Walt Disney, Warner Bros. y Hannah Barbera empezaron a dar sus primeros pasos luego de la culminación de la guerra, con temáticas más enfocadas al entretenimiento. En Norteamérica la animación se enfocó más en otorgar un estilo realista a la estética de las piezas, especialmente en el diseño de los personajes. Un ejemplo claro de esto podría ser los trabajos de la compañía de animación Pixar, la cual ha logrado un nivel de realismo tal que fácilmente podemos creer que de verdad existe todo lo que vemos en sus películas.
Por otro lado, el anime se popularizó en la segunda década del siglo XX, altamente influenciado por los los estilos de dibujos animados occidentales de la época (más por contenido que por estilo gráfico), utilizado como reemplazo de las películas de acción… ¿por qué? Porque en aquel entonces el presupuesto que el país destinaba al cine era tan escaso que resultaba más rentable contratar a un puñado de artistas para representar tal ficción. Concretamente en el estilo de animación, existe una clara diferencia estética entre ambos estilos; los dibujos animados occidentales poseen gestos y movimientos más complicados, mientras que el anime se centra más en largas escenas de diálogos donde sólo se puede ver mover la boca y los ojos. Esto se debe a los recursos limitados de los tiempos pasados, ya que era mucho más barato animar sólo aquellas partes del cuerpo y estirar el tiempo de las escenas con un profundo diálogo. Es notable como la situación financiera hace que las cosas evolucionen por un lado o por el otro, ya que…claro… al no tener recursos para impresionar gráficamente, los guionistas se esmeraban más en el mensaje que en la estética, que es el caso completamente opuesto a los Estados Unidos.
Y es esta sin duda la principal contradicción que trajo consigo Osamu Tezuka a comienzos de los años 60’s, que por cierto cambiaría para siempre la industria oriental, volviéndose un tipo de animación que racionaliza de tal manera el contenido de su proceso creativo, que debe analizar detenidamente cada momento que por su relevancia -generalmente argumental o simplemente estética- debe diferenciarse de los otros tantos que se presentan. Sin duda un aspecto distintivo al momento de su origen, vinculado a lo que Bendazzi llama “efecto especial” [4]compuesta por una sucesión de dibujos concatenados, sonidos, música, etc, que bajo los preceptos de la percepción reconoce e interactúa a través de los símbolos, ideas y emociones dirigidas hacia el espectador.
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El Sistema de Producción del Anime
Una denuncia que no es para nada nueva, si es que tomamos en cuenta lo frecuente que es conocer noticias que manifiestan el alto nivel de exigencia hacia artistas del comic o la animación, sobre todo en Japón, en que la formidable calidad de sus producciones pareciera también estar ligada al alienante sistema de producción y régimen laboral en el que se producen. Prestando atención a las cualidades técnicas y narrativas de la obra, y no así al terreno de la producción, donde se juegan los días sin dormir, la pérdida del sentido del trabajo, la falta de presupuesto, y un calendario que disciplina y fragmenta la vida del trabajador de la animación japonesa [5]. Y si es que nos vamos aún más en el detalle de las tareas, y siguiendo los estudios realizados por Yamamoto, encontraremos que las últimas tres funciones mencionadas del proceso de producción: dibujos clave, dibujos animados, y coloración, concentran el aspecto más complejo en lo que refiere a la característica vital de las obras, en que una tarea tan ligada al proceso artesanal, como es el dibujo y la pintura, se realizan bajo un esquema de trabajo propio del desarrollo fabril, herederos de la ingeniería del trabajo [11].
Si vemos el cuadro realizado por Yamamoto a partir de una encuesta efectuada a 1.391 trabajadores freelancers (subcontratados) y 898 trabajadores regulares [13], queda explícitamente demostrado que en lo que refiere al dibujo y el coloreado, son las funciones en que sus artistas trabajan principalmente como trabajadores externos. Y que a su vez también son las funciones que son solicitadas a estudios de otros países del sudeste asiático, como es el caso de China, Corea del Sur, Filipinas y Taiwán entre otros, debido a su “mano de obra” -si es que se le puede llamar así- que es mucho más barata. Cómo hemos podido dar cuenta a través del artículo, la problematización que surge al interior de la industria de animación japonesa, con producciones artísticas a nivel de masas que significan a su vez condiciones laborales de alta exigencia, es un punto de conflicto que se encuentra lejos de estar resuelto. Es por tanto necesario más allá de las formidables historias y una estética audiovisual que hoy atrapa a millones de seguidores en todo el mundo, deslindar aquella apariencia idílica con la que se nos muestran las producciones de animación japonesa, teniendo en cuenta que aquellas imágenes, secuencias, y momentos presentes en las obras, no brotan de la nada, ni se generan de manera espontánea. [5]
Narrativas y Temáticas: Profundidad del Anime
La animación japonesa, a diferencia de la norteamericana, siempre ha ofrecido una variada temática. Además, el anime tiende a moverse más por un mundo adulto aun cuando es producido para niños. A mi consideración personal creo que esta es la diferencia más grande entre los dibujos animados norteamericanos y japoneses, ya que el enfoque de este país occidental siempre gira en torno a los valores tradicionales: ser valiente, apreciar a tus mascotas (o tus juguetes, o tus padres, o tu planeta), no sentirse mal si se es diferente a los demás, etc., la mayoría de las veces con un esquema muy obvio de introducción - nudo - desenlace, entregando en muchos casos toda la información » servida en bandeja» y sin posibilidad de sacar conclusiones propias, por supuesto siempre hablando de un número mayoritario de piezas y teniendo obviamente en cuenta que existen muchas excepciones. El anime enfocado a niños es mucho más amplio en cuestiones filosóficas, generando preguntas y ensanchando el nivel de conciencia del niño a un nivel más elevado, ya sea en un contexto de acción (ej. Soul Eater), fantasía (ej. Full Metal Alchemist), ciencia y tecnología (ej. Por otra parte, el lado fuerte de la industria de animación norteamericana es el sentido del humor que es propio y común de la mayor parte de los países occidentales; entonces, a mayor contexto común, mayor gracia.
Debo reconocer que el humor japonés me hace reír pero a veces llega a ser un poco exagerado (y hasta un poco ridículo), especialmente cuando se encuentra este tipo de humor en series de contenido exclusivamente adulto (sí, señoras y señores, hasta en el hentai, je je). La argumentación de la animación occidental es para nosotros una realidad más cercana, una de las razones principales por la que especialmente triunfan las piezas de género cómico; nos sentimos «cómodos» y nos es fácil seguir la historia sin tener que hurgar en los oscuros rincones de nuestro escondido inconsciente. Dicho de una manera más simple, es un argumento que lo podemos disfrutar siempre y en cualquier situación. Un aspecto negativo (siempre en una opinión personal) de las animaciones occidentales más populares es la censura; siempre deben pasar por el filtro de la gran moral colectiva que, en vez de dar una oportunidad a la gente de poder dar una opinión sobre si algo es bueno o malo por sí misma, de alguna manera lo censuran todo. Es siempre más importante quedar bien con el ideal de todos que intentar lograr el interés en un tema o enfoque nuevo. Definitivamente el anime ha probado que esto es más que parte del pasado.
El Anime como Puente Cultural y Filosófico
El anime, o animación japonesa, nos encontramos frente a productos audiovisuales que parecen haberse convertido, eso sí, por mérito propio, en una de las fuentes más lucrativas para aprender y establecer diálogos interculturales con Japón, desde este lado del mundo. Hay que considerar, para empezar a entender estas afirmaciones, que la industria del anime no solo tiene un impacto cultural significativo, sino también un peso económico crucial tanto para Japón como para el mercado global. Según el informe de la Association of Japanese Animations (AJA), la industria alcanzó un valor de 2.426 billones de yenes (aproximadamente 21.000 millones de dólares) en 2021, cifra que destaca la relevancia de este sector en la economía japonesa y su capacidad para competir en mercados internacionales, sin mencionar que representa alrededor del 1,2% del Producto Interno Bruto (PIB) de Japón (2022).
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Como producto artístico, el anime, considerando su impacto nacional y de exportación, ha sabido llevar hábil y efectivamente elementos de su cultura insertados en sus historias, a veces más o menos implícitamente dependiendo del caso y el objetivo comunicativo de cada autor. El anime, entonces, ha desempeñado un rol de divulgación cultural en su internacionalización, sirviendo como un puente cultural que, a través de sus relatos, temáticas y estéticas, logra despertar la curiosidad y el interés por aprender más sobre Japón. “El anime permite una inmersión visual en una estética diferente, además de actuar como una introducción a la filosofía, los valores y las formas de vida japonesas, brindando una experiencia muchas veces educativa, camuflada, convenientemente, como entretenimiento” (Napier, 2005, p.
Valores Culturales y Dilemas Filosóficos en el Anime
Con la llegada de estas contextualizaciones culturales y filosóficas, es imposible no establecer diálogos comparativos con las diferencias encontradas entre los contextos japoneses y occidentales. Por ejemplo, en My Neighbor Totoro de Studio Ghibli, la interacción entre los personajes y los espíritus de la naturaleza refleja la cosmovisión shintoísta, donde los elementos naturales están imbuidos de divinidad. Este aspecto ha ayudado a los espectadores occidentales a comprender una relación con la naturaleza que difiere radicalmente de las perspectivas de este lado del globo sobre explotación o conservación. En el shintoísmo, la naturaleza no es solo un recurso, sino un ente sagrado que debe ser respetado y venerado. Los árboles, las montañas, y los ríos son vistos como moradas de kami (espíritus), y la idea de simbiosis entre seres humanos y el entorno es central.
Otro caso es el de Shingeki no Kyojin (Attack on Titan), que explora temas como el sacrificio colectivo y la obediencia a la autoridad, profundamente arraigados en la historia militar y social de Japón. Sin este contexto, estas conductas podrían interpretarse de forma unidimensional, pero la trama facilita una apreciación más matizada. En la cultura japonesa, la noción de sacrificio personal por el bien colectivo es un valor central, influenciado tanto por la tradición samurái como por las experiencias traumáticas de la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción de la nación después del conflicto. Estas historias, como se intenta ilustrar, ofrecen una lente narrativa que permite a las audiencias internacionales navegar por “códigos culturales complejos”, transformando el desconocimiento en curiosidad y aprendizaje (Cavallaro, 2006, p. 78).
El anime, además, ha introducido a las audiencias occidentales a una serie de comportamientos y valores profundamente enraizados en la cultura japonesa que, sin contexto, podrían resultar desconcertantes o incluso incomprensibles. Por ejemplo, en Saikano (She, the Ultimate Weapon), la historia aborda temas como el sacrificio individual por el bienestar colectivo y el dolor de las despedidas en un contexto de guerra. Este enfoque refleja la influencia de las experiencias históricas de Japón, como la Segunda Guerra Mundial, en su narrativa contemporánea. Para los espectadores occidentales, la exploración de estas emociones en un marco cultural distinto fomenta una comprensión más profunda del pacifismo inherente al Japón que huye de la guerra y sus consecuencias. En Saikano, la exploración del sacrificio individual refleja las cicatrices de las experiencias bélicas de Japón, mientras ofrece también una meditación sobre la transitoriedad de la vida y el sufrimiento como elementos inherentes de la condición humana; temas influenciados por el budismo.
En Naruto, por mencionar otro favorito del público, las relaciones maestro-discípulo y los valores de lealtad, esfuerzo y superación personal están profundamente ligados a la ética del bushidō. Este sistema de valores, aunque tradicionalmente asociado con los samuráis, permea gran parte de la narrativa japonesa. A través de las aventuras de Naruto Uzumaki y su lucha por ser aceptado en su comunidad, los espectadores occidentales comprenden mejor el papel de la perseverancia y la comunión en la sociedad japonesa. La filosofía del esfuerzo constante y la autodeterminación se entrelaza con una reflexión sobre las responsabilidades sociales. Naruto Uzumaki lucha por su lugar en la aldea, al mismo tiempo que sus acciones simbolizan una ruptura con el determinismo social, promoviendo una idea de superación que desafía los sistemas tradicionales de castas.
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En contraste, Death Note explora dilemas éticos universales a través de un prisma japonés, como la noción del equilibrio entre el bien y el mal. Pero, además, lleva estas reflexiones a un terreno más existencial, confrontando al espectador con la pregunta: ¿qué haríamos con un poder absoluto? Light Yagami, al asumir el rol de un dios de la justicia, cae víctima de su hybris, un concepto que resuena tanto con la tragedia griega como con los textos filosóficos zen, que advierten sobre los peligros del ego desmedido. Por otro lado, Gantz desafía las nociones tradicionales de moralidad, confrontando a los personajes con decisiones extremas que reflejan el estrés de vivir en una sociedad altamente competitiva y tecnológicamente avanzada. Ofrece una mirada cruda a la alienación urbana y la lucha por el significado en un contexto de modernidad vanguardista. Con su representación cruda y brutal de la vida y la muerte, ofrece una crítica a la deshumanización en las sociedades urbanas modernas. Los personajes, arrancados de sus vidas cotidianas, son obligados a enfrentar sus miedos más profundos y sus deseos reprimidos.
Cowboy Bebop combina influencias occidentales y japonesas para explorar el aislamiento, la nostalgia y las consecuencias de las elecciones pasadas. A través del protagonista Spike Spiegel y su búsqueda personal en un mundo futurista caótico y convulsionado, el anime presenta un desarrollo argumental que mantiene en el personaje elementos propios del gaman (resiliencia), una característica de pensamiento distintiva de la cultura japonesa filosofía japonesa que se refiere a la capacidad de ser paciente y perseverante ante las dificultades. También introduce una narrativa melancólica que combina la estética del western y el noir con temas profundamente japoneses, como el llamado mono no aware, la conciencia de la belleza y la tristeza de lo efímero. A través de las historias de Spike Spiegel y su tripulación, el anime reflexiona sobre la imposibilidad de escapar del pasado y la búsqueda constante de redención.
Y si hablamos de animación que invita a la reflexión filosófica y mundana, no podemos dejar de mencionar a Neon Genesis Evangelion, donde se profundiza en la introspección psicológica y el conflicto interno de sus personajes, lo que refleja el énfasis japonés en la autoexploración y la búsqueda de la armonía interna frente a la presión externa. Este enfoque ha permitido a las audiencias occidentales apreciar la complejidad del alma humana desde una perspectiva japonesa. Más allá de su narrativa apocalíptica, la obra examina el miedo al abandono, la identidad y la conexión humana. Influenciado por el existencialismo y el psicoanálisis, el anime cuestiona la naturaleza de la realidad y la construcción del yo.
Tradiciones y Festividades Japonesas
La conexión entre las tradiciones culturales japonesas y su representación en el anime no solo se limita a festividades, como la conocida Golden Week (semana de cuatro días de feriado que se celebra a finales de abril y principios de mayo), sino que también abarca eventos simbólicos que capturan la esencia de las relaciones humanas y la interacción social. Estas representaciones, además de fomentar la comprensión de estas tradiciones en Occidente, han permitido que elementos culturales específicos sean reconocidos como una parte fundamental del imaginario japonés. Tanto la mencionada Golden Week como los festivales de fuegos artificiales o las ferias de verano, por mencionar otro típico del anime, son ejemplos claros de cómo estas narrativas acercan conceptos culturales a una audiencia global, integrándose de manera fluida en sus historias y personajes. En la serie Nana, por ejemplo, los fuegos artificiales no solo son un telón de fondo estético, sino un espacio para explorar relaciones profundas y momentos introspectivos. Las escenas que los incluyen suelen estar cargadas de simbolismo, destacando la fugacidad de la juventud, el amor y la amistad. Similarmente, en animes como Cardcaptor Sakura o Your Lie in April, la feria de verano o los festivales de fuegos artificiales se convierten en momentos de catarsis emocional, donde los personajes reflexionan sobre sus vidas, enfrentan conflictos o simplemente celebran instantes de alegría en medio de la adversidad. En este sentido, el anime no solo relata historias sobre costumbres y festividades, sino que las hace vivir desde su interior, brindando a los espectadores la oportunidad de sumergirse plenamente en la atmósfera de esos eventos. Como indica Martínez (2019), el anime actúa como un puente cultural que “permite a las audiencias globales no solo comprender tradiciones ajenas, sino también experimentarlas de forma visceral, al ser narradas desde perspectivas íntimas y visualmente impactantes” (p.
Así, el anime, en su capacidad para contar historias profundamente arraigadas en las particularidades culturales de Japón, trasciende el entretenimiento para situarse como un medio de reflexión artística y filosófica. Como bien lo señala Jonathan Clements (2013), su capacidad de “revelar las capas culturales y filosóficas de Japón” (p. 52) permite establecer diálogos con corrientes de pensamiento tanto clásicas como contemporáneas, no solo dentro de Japón, sino también en un contexto global.
Hacia la Confluencia: La Asimilación y el Futuro de la Animación
En un mundo interconectado donde las diferencias culturales se entremezclan con facilidad, el anime ha demostrado ser un puente para fomentar la comprensión y el aprecio de ideas ajenas, haciendo que valores y conceptos como el gaman o la introspección budista se integren al repertorio global. También está más que claro que en el futuro estas industrias seguirán transformándose y, en una opinión personal, serán cada vez más similares, aprendiendo una de la otra y muchas veces complementándose. La respuesta corta al título de este artículo es sí, por supuesto. No obstante, los pormenores que demuestran que, de hecho, existen muchos puentes dialógicos posibles entre la animación japonesa y temáticas filosóficas, sí que merecen ser mencionados.
pero debo reconocer que últimamente han salido al mercado trabajos de animación occidental que me han sorprendido bastante, como por ejemplo Afro Samurai (bueno seguro que no cuenta tanto este ejemplo pero es el que me dejó más impresionada, ¡vamos!
