La política económica -que comprende la política monetaria, crediticia y bancaria a cargo del Banco de México- experimentó durante el sexenio 1977-1982 tres etapas claramente diferenciadas. La última de estas etapas estuvo marcada por la severa crisis en la que cayó México hacia las postrimerías del sexenio lopezportillista. Por la fuerza de los acontecimientos, no pudo eludirse referencia a tan traumático periodo en la edición correspondiente a 1982 del Informe Anual del Banco de México, donde se especifica que “en 1982 la política económica intentó corregir los desequilibrios que se manifestaron en casi todos los aspectos de la actividad económica”.
Principales desequilibrios y la estrategia económica
Los desequilibrios más críticos identificados fueron el déficit en las finanzas públicas y en la balanza de pagos, la insuficiencia del crédito externo, la inflación desbordada y el grave problema de la fuga masiva de capitales. En el citado Informe Anual se señala adicionalmente que “la estrategia de política económica siguió en lo fundamental los mismos lineamientos que durante el lapso comprendido de 1978 a 1981”. Sin embargo, la información aportada sugiere que la política económica se caracterizó por una tendencia de objetivos cambiantes, marcada por una dilución continua de la estabilidad de precios como meta primordial.
El motor de la política económica expansionista fue el gasto público, apoyado en gran medida por la oportunidad petrolera. En términos reales, el gasto público total creció del año 1977 a 1982 a una tasa de casi 17 por ciento anual, lo que dio lugar a una ampliación muy marcada del déficit presupuestal. La siguiente tabla resume la evolución del déficit fiscal frente al PIB durante este periodo crítico:
Evolución del déficit fiscal (como porcentaje del PIB)
- 1977-1980 (Gobierno Federal): Entre 4% y 5%.
- 1981 (Gobierno Federal): 8.6%.
- 1982 (Gobierno Federal): Aproximadamente 14%.
- 1981 (Sector Público ampliado): 14.5%.
- 1982 (Sector Público ampliado): 15.9%.
La dominancia fiscal y monetaria
La ampliación del déficit presupuestal intensificó la dominancia fiscal sobre la política monetaria del Banco de México. Este fenómeno tuvo graves consecuencias, entre ellas la apropiación por parte del sector público de una porción importante de la captación bancaria mediante el encaje legal, el aumento de la deuda pública externa y el uso del crédito primario del banco central para financiar el déficit. Como resultado, las presiones alcistas se intensificaron, provocando incertidumbre cambiaria, fuga de capitales y tasas de interés pasivas negativas en términos reales.
Acciones de política monetaria en 1982
Para intentar absorber la liquidez redundante, las autoridades monetarias recurrieron a diversos mecanismos:
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- Establecimiento de depósitos de regulación monetaria obligatorios para la banca comercial y mixta.
- Realización de subastas de depósitos para retirar excesos de circulante.
- Ajustes en las tasas de interés para intentar mantener la competitividad de la captación bancaria.
A pesar de estos esfuerzos, el Informe Anual de 1982 destaca que el desequilibrio en las finanzas públicas respondió no solo a factores de tendencia creciente, sino también al efecto directo e indirecto de las depreciaciones cambiarias registradas a lo largo del año. La lucha contra la inflación se volvió una tarea compleja, pues, como se asentó en documentos del Banco de México, “la política monetaria no puede ser dejada sola en dicha tarea”, siendo vital la concurrencia de todos los instrumentos de la política económica para lograr la estabilidad.
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