Bruno Bettelheim: Descubre su Reputación, Logros Impactantes y las Controversias que Sacudieron su Legadopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Graduado en Viena, sobreviviente de lagers nazis, su libertad comprada a días del estallido de la Segunda Guerra, emigrado a Estados Unidos, donde se hizo cargo de una Escuela Ortogénica de Chicago casi sin presupuesto, Bruno Bettelheim se convirtió en vida en un generoso y reconocido prócer de la terapia al tratar niños autistas y ayudarlos a salir de lo que llamaba su “fortaleza vacía”. Cuando Bruno Bettelheim se suicidó en 1990, a los ochenta y seis años de edad, gozaba de un notable prestigio en diversos campos: como competente y sensible especialista en psiquiatría infantil, en cuya Escuela Ortogénica de la Universidad de Chicago cientos de niños con serias perturbaciones emocionales habían recuperado la normalidad; como experto en la crianza de niños en los kibbutzim israelíes; como sobreviviente de Buchenwald y Dachau, cuyas obras lo encumbraron al rango de autoridad sobre la vida en los campos de concentración, y como especialista en el tratamiento de niños autistas. Sin embargo, pocas semanas después de su muerte ese prestigio se vio seriamente amenazado. Antiguos alumnos denunciaron a través de la prensa que había creado una atmósfera de terror en su afamada escuela.

Pero después de muerto, una lluvia de acusaciones -plagio, maltrato y hasta abuso- cayó sobre el nombre del autor de Psicoanálisis de los cuentos de hadas y Freud y el alma humana. Algunos académicos lo acusaron de plagio, y en varias esferas comenzó a hablarse de falsificación de antecedentes y pretendido rigor en sus investigaciones. El nacimiento y la decadencia de ese extraordinario prestigio es hoy objeto de dos importantes obras: The Creation of Dr. B: A Biography of Bruno Bettelheim, por Richard Pollak, y Bettelheim: A Life and a Legacy, por Nina Sutton.

Primeros Años y el Camino Hacia la Escuela Ortogénica

Dos semanas antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, llegó a Nueva York un judío vienés de treinta y cinco años que había pasado los últimos quince meses en los lagers de Dachau y Buchenwald. Por ese entonces, aún era posible lograr la liberación de una persona de los campos, si se contaba con el dinero, los contactos y la suerte suficientes. Bettelheim logró conseguir dinero para sobornar a los guardianes y asegurarse que le asignaran tareas relativamente livianas y seguras. Una destacada mujer estadounidense se valió de sus influencias y por fin logró que lo liberaran. El padre de Bettelheim murió de sífilis luego de una larga y penosa agonía. Bruno, que era el único hijo varón, debió abandonar sus estudios de psicología y filosofía para hacerse cargo de la empresa familiar. Precisamente a causa de los sinsabores conyugales y profesionales, Bettelheim comenzó su psicoanálisis con Richard Sterba, un discípulo directo de Freud. Llevaba casi tres años de terapia y uno de formación como analista cuando los nazis entraron en Austria y comenzaron a enviar judíos a campos de concentración. A mediados de 1938, Bettelheim fue deportado, como muchos otros burgueses de Viena, al lager de Dachau y luego al de Buchenwald.

Cuando Bettelheim se reencontró con su esposa Gina al desembarcar en Nueva York, ella le informó que estaba enamorada de otro hombre y que quería el divorcio. Cuando llegó a casa de su prima Edith en Chicago, ella le dijo que no podía alojarlo, pero sí ayudarlo a conseguir un trabajo como el suyo, en algún colegio secundario de mujeres. Fue de un establecimiento a otro, haciendo suplencias, y en su tiempo libre escribiendo un ensayo que logró publicar, luego de incontables rechazos en revistas especializadas, en el año 1943. En su ensayo, Bettelheim trabajaba una teoría reversible: decía que los prisioneros en los campos sufrían un impulso regresivo que los llevaba a actuar como niños. Curiosamente, decía también que los niños autistas eran como prisioneros en una fortaleza vacía. Con ese ensayo logró atraer la atención del rectorado de la Universidad de Chicago, en cuyo campus funcionaba, un poco a la buena de Dios, la Escuela Ortogénica, una institución para niños con problemas de personalidad (del autismo a la violencia).

La Escuela Ortogénica y su Éxito Inicial

Bettelheim estuvo veintinueve años al frente de la Escuela (desde 1944 hasta 1973). Él reorganizó totalmente en 1944 esa escuela dedicada al mundo infantil gravemente perturbado; y, de hecho, la dirigió hasta su jubilación, en 1973. En esas tres décadas logró asombrosos resultados con niños disfuncionales de todo tipo aplicando su Teoría del Entorno, que consistía en que terapeutas y enfermeros convivieran con los pacientes y generaran para ellos una atmósfera de empatía emocional. Los niños que acoge la escuela ortogénica han sido enviados en su mayoría por médicos que los juzgaban incurables. Según parece, el ochenta y cinco por ciento salen de su institución curados; o, con palabras de Freud, "con capacidad para amar y para trabajar".

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Como director de la Escuela Ortogénica, no puede cuestionarse que logró crear un entorno muy atractivo para los niños que eran confiados a su cuidado. Se empeñó en colmar el edificio con obras de arte y en amueblar los dormitorios de los chicos con un estilo cómodo y colorido; los alumnos se sentaban en sillas de buen diseño, comían en excelente vajilla y tenían absoluta libertad de recorrer y utilizar lo que -a veces por muchos años- era su hogar. Los niños están distribuidos por grupos de seis en los dormitorios, en los que ellos mismos han elegido las cortinas, el color de las paredes. Cada uno tiene un rincón personal, que nadie toca. Las duchas son amplias y cómodas: los baños son un pretexto para volver a descubrir los placeres del cuerpo; no tienen una función de limpieza, pues ello equivaldría a decir que se está "sucio". El comedor es acogedor, y las salas de estar, numerosas; hay un gran terreno de juegos, y obras de arte en todas partes. Los niños permanecen con nosotros tanto tiempo cuanto sea preciso: un promedio de tres a seis años, pero a veces muchos más.

Su producción literaria atrajo el mismo grado de atención que su práctica clínica: con uno de sus libros (Freud y el alma humana) no sólo forzó una nueva traducción al inglés de las obras de Freud sino que denunció a los psicoanalistas norteamericanos por ignorar el concepto de alma; su Psicoanálisis de los cuentos de hadas fue elegido uno de los Cien Libros Relevantes del Siglo por la Biblioteca Pública de Nueva York; cada vez que escribió sobre un tema atrajo la atención pública hacia él, y no fue de evitar nunca la polémica, ni con su gremio, ni con la comunidad judía, ni con el american way of life. Lo mismo sucede en un libro sobre la importancia de los relatos clásicos, más o menos provenientes del folklore, Psicoanálisis de los cuentos de hadas (1975; Crítica, 2005), que va desde la Biblia y las Mil y una noches hasta, especialmente, las narraciones de los hermanos Grimm.

Las Acusaciones Póstumas

En 1989, la muerte de su compañera de medio siglo (Gertrude Weinfeld, una enfermera de origen austríaco con quien se había casado en 1943) lo hundió en la depresión. En los meses siguientes a su muerte comenzó a hacerse oír un rumor creciente de reproches y acusaciones, que desembocarían en una tormenta de mierda que terminaría enterrando la reputación que Bettelheim tuvo en vida. Primero se lo acusó de ser un déspota, como director de la Escuela y como terapeuta. A eso se le sumó la imputación de plagio. A eso se agregó la revelación de que había fraguado no sólo sus credenciales profesionales vienesas sino casi todo su pasado. A continuación se lo acusó de golpear y abusar de sus pacientes (la palabra sexual se adosó sigilosa pero definitoriamente a la palabra abuso de la noche a la mañana). Newsweek lo llamó “Bruno Brutalheim” desde su tapa; el New York Post lo bautizó “El Satánico Doctor Be”; el resto de la prensa norteamericana no tuvo demasiados pruritos a la hora de tildarlo de plagiario, pedófilo, mentiroso patológico y estafador.

Falsificación de Credenciales y Pasado

Pollak sostenía, por ejemplo, que los catorce años y los tres diplomas summa cum laude que Bettelheim decía haber obtenido en la Universidad de Viena eran en realidad sólo seis años y una licenciatura (sin honores) en filosofía. Tampoco había evidencia de que hubiera estudiado con Arnold Schoenberg, ni que perteneciera a un grupo clandestino de la resistencia, ni que Sigmund Freud supervisara su entrenamiento (en los registros de la Sociedad Psicoanalítica de Viena no figuraba como analista, ni como alumno). No había señales tampoco de sus estudios sobre problemas emocionales de niños y adolescentes. Bettelheim nunca mencionó los doce años que pasó trabajando en la maderera familiar. Los catorce años que decía haber estudiado en la Universidad de Viena, durante los cuales supuestamente obtuvo tres doctorados con los máximos honores, fueron en realidad seis años y un doctorado sin honores en estética filosófica.

Sobre el caso de Patsy, una niña estadounidense que residió con los Bettelheim en Viena, Bettelheim manifestó en repetidas oportunidades que su singular autoridad en el campo del autismo había tenido origen en el tratamiento de ella. Según Pollak, Bettelheim posteriormente “la multiplicó por dos y le diagnosticó autismo”, puesto que aseguraba haber convivido con dos niños autistas como parte de su tratamiento. Los dos biógrafos (Pollak y Sutton) exponen sin ambages ciertos hechos irrefutables: Patsy vivió siete años en la casa de los Bettelheim. No era autista. Se hallaba bajo el cuidado exclusivo de la esposa de Bettelheim, Gina. Tales datos fueron corroborados en entrevistas con la misma Patsy y con muchas personas que habían tenido trato con ella y los Bettelheim.

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Aspecto Clamado Realidad según los críticos
Catorce años de estudios universitarios en Viena Seis años de estudio
Tres diplomas summa cum laude de Viena Una licenciatura (sin honores) en filosofía
Estudios con Arnold Schoenberg No hay evidencia
Pertenencia a grupo clandestino de resistencia No hay evidencia
Supervisión de Sigmund Freud en su entrenamiento No figuraba como analista ni alumno en la Sociedad Psicoanalítica de Viena
Estudios sobre problemas emocionales de niños y adolescentes No hay señales de estos estudios
Convivencia con dos niños autistas, incluyendo Patsy Patsy no era autista, era cuidada por su esposa, y vivió 7 años con ellos.

Acusaciones de Maltrato y Plagio

Poco después de que Bettelheim falleciera, surgió una lluvia de acusaciones de ex alumnos que denunciaban brutalidad física y psíquica y abuso sexual. Pollak presenta abundantes pruebas que respaldan esas acusaciones, en muchos casos testimonios escalofriantes de personas que pasaron su infancia “aterrorizadas de oír sus pasos en los dormitorios”. Jacquelyn Sanders, colaboradora durante muchos años y una de sus sucesoras a la dirección de la escuela, contó a Pollak que “en efecto, Bettelheim les levantaba la mano a los niños y, en algunas oportunidades, la descargaba con estremecedoras consecuencias”. Respecto de las denuncias de maltrato físico que han creado tanto revuelo, Sanders escribió en el Sun ‑ Times de Chicago: “Los que se sorprenden tanto son los medios de comunicación populares y la gente que cree en los cuentos de hadas. Quienes lo conocían sabían que podía comportarse como un desgraciado. A veces era encantador, chispeante, extraordinariamente empático, pero también un cruel desgraciado capaz de decir cosas horribles”.

En cuanto al plagio, Pollak demostraba que en Psicoanálisis de los cuentos de hadas aparecía un fragmento casi textual de un paper de 1963 escrito por el psiquiatra Julius Heuscher. Sólo su editor, el gran Robert Gottlieb, salió en su defensa. Gottlieb citaba las siguientes palabras del propio Heuscher: “El trabajo de investigación para un libro requiere de asistentes, y a veces se cometen esa clase de errores.”

Teorías Controversiales sobre el Autismo y la Responsabilidad Materna

Pero su peor enemigo, sin duda, eran las madres de hijos autistas (a quienes Bettelheim había acusado de ser responsables de la enfermedad de sus hijos, en su libro La fortaleza vacía). El otro texto clásico de Bettelheim, The Empty Fortress (La fortaleza vacía), establece una analogía al constructo de la madre esquizofrenógena, esto es, la teoría psicoanalítica que postulaba como causa de la esquizofrenia una relación anormal con una madre patológica. Bettelheim afirmaba -junto con otros autores psicoanalíticos- que la causa del autismo era la frialdad y distanciamiento afectivo de la madre del bebé autista, una especie de 'madre congeladora' que tornaba a la criatura en un ser con su vida psíquica vertida enteramente hacia su interior con total distanciamiento del mundo circundante.

Se le ha reprochado mucho la aplastante responsabilidad que atribuye a los padres en la aparición del autismo infantil. “Mis principales detractores son precisamente los padres de niños autistas incapaces de reconocer su propia responsabilidad. Es mucho más fácil afirmar: 'Es genético, es la fatalidad'.” Como casi todos los padres de autistas, una madre del borrador afirmó: “yo me desvivo por mi hija”. Considera a Bettelheim un charlatán desde que en 1967 se publicó La fortaleza vacía, su famoso tratado sobre el autismo, y se sintió agraviada al ser comparada con una bruja devoradora o un guardián de las SS. Además, cuestionaba con qué fundamentos sostenía Bettelheim que “el factor desencadenante del autismo infantil es el deseo de uno de los padres de que su hijo no exista”.

No resultó difícil percatarse de que los éxitos en el tratamiento del autismo que Bettelheim se adjudicaba en La fortaleza vacía eran absurdos. Prácticamente todo aquel que tuviera un hijo autista podía advertir que la mayoría de los niños “autistas” que decía haber tratado no lo eran en realidad. Los niños autistas presentan características fácilmente reconocibles, si bien puede que no siempre resulte sencillo describirlas. La primera descripción del síndrome del autismo infantil fue expuesta en 1943 por Leo Kanner, un psiquiatra especializado en niños del hospital Johns Hopkins que además dio nombre a la enfermedad. Muy pocos de los niños tratados por Bettelheim exhibían este síndrome. Más aún, el uso metafórico del lenguaje que les atribuye se origina precisamente en un pensamiento simbólico que los chicos autistas son incapaces de desarrollar.

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Al momento de la edición de La fortaleza vacía, Bernard Rimland ya había comenzado a demostrar en Autismo infantil, una obra respaldada con documentación seria e investigación rigurosa, algo aceptado desde hacía tiempo en las comunidades médica y terapéutica: que el autismo es un trastorno evolutivo causado por alteraciones genéticas o por lesiones o enfermedades cerebrales.

El Rol de Richard Pollak y el Encuentro con Bettelheim

En el franco y conmovedor prólogo de su espléndida biografía, Richard Pollak nos ofrece un relato de su único encuentro con Bruno Bettelheim. Cuando Pollak tenía catorce años, su hermano menor Stephen se desnucó en un inexplicable accidente en el bosque, mientras pasaba las vacaciones con su familia. Veinte años después, Pollak se presentó en la Escuela Ortogénica de Chicago y pidió una entrevista con Bettelheim. Este lo recibió, lo escuchó (Pollak estaba con su hermano cuando ocurrió el accidente) y le dijo sin tapujos que probablemente el pequeño Stephen se hubiera suicidado y que sus padres tenían la culpa por sacarlo de la Escuela luego de haber sido enfáticamente avisados de que el niño podría intentar hacerse daño fuera del ambiente controlado en el que había hecho tantos progresos.

Atónito ante la vehemencia de la ira y la hostilidad de su interlocutor, Pollak por primera vez logró comprender por qué su madre sostenía que Bettelheim odiaba a los padres en general. Como condición, Bettelheim exigió de Pollak la promesa de no comentar esa reunión con sus padres, una manera de asegurarse de que no pudiera intercambiar opiniones con ellos para confirmar o refutar sus dichos. Tras el encuentro, Pollak regresó a su casa y escribió un pormenorizado relato de lo sucedido que, casi treinta años más tarde, constituiría la introducción de The Creation of Dr. B., la biografía en la que comenzó a trabajar poco antes de la muerte de Bettelheim, cuando leyendo y releyendo sus obras descubrió que el suicidio de Stephen no era lo único sobre lo que había mentido. Pollak se tomó siete años para escribir su libro. Cuando lo publicó, en 1997, se convirtió instantáneamente en el texto canónico de la bibliografía anti-B: era tan exhaustivo que parecía encarnar por sí sólo todo el alegato de la acusación en el proceso público a Bettelheim. Ninguno de los libros pro Bettelheim se atrevía a tomar punto por punto las acusaciones de Pollak y refutarlas con evidencia sólida.

Críticas al Personal y Funcionamiento de la Escuela

Las investigaciones de Pollak revelan que si bien algunos niños tenían perturbaciones serias, en muchos casos la situación no era así. Un ex docente recordó que Bettelheim le dijo a uno de sus sucesores que no dejara de admitir niños cuyos trastornos no fueran muy severos. En general, los miembros del personal no estaban capacitados para su tarea -al respecto, un ex preceptor recordó: “Yo no tenía ninguna noción sobre niños perturbados emocionalmente. Supongo que nos contrataba porque no quería que el personal tuviera ideas propias, que hubiera sido formado por otro”-. Eran muy jóvenes y Bettelheim los atemorizaba. Además, Bettelheim carecía de un plan de investigación definido, no contaba con observadores capacitados e impedía el ingreso de personas ajenas a la escuela. La Fundación Ford no encontró en ello obstáculo para concederle un importante subsidio destinado a financiar su trabajo durante cinco años, ni tampoco cuestionó ninguno de los falsos logros que Bettelheim consignaba en el informe de avance anual que le exigían. La fortaleza vacía fue su último informe.

Legado y Estado Actual

Desde entonces no ha habido más ataques contra el Doctor B; de hecho, ya no se habla de Bruno Bettelheim. Ni siquiera en la Escuela Ortogénica de Chicago (que sigue en funcionamiento hasta el día de hoy, subvencionada ahora por la Fundación Ford). Los libros de Bettelheim están todos fuera de circulación, salvo Freud y el alma humana y Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Y ha de haber unos cientos, quizá medio millar de personas, desparramadas por todo Estados Unidos, a quienes la Escuela, o el Doctor B, les salvó la vida.

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