Descubre Cómo los Campesinos Asalariados Impulsan la Exportación Agrícola Globalpost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Los trabajadores asalariados de la agricultura constituyen una fracción fundamental de la clase obrera, contratada para preparar la tierra, sembrar, cuidar los cultivos y recolectar los granos. Son artífices esenciales en la expansión de la superficie cultivada y de las “cosechas récord” a nivel mundial, participando en diversas labores agrícolas.

Historia y Evolución del Proletariado Rural

El proletariado rural se consolidó entre fines del siglo XIX e inicios del XX, al calor de la expansión agropecuaria y la inserción de países como Argentina en el mercado mundial. Desde aquel "granero del mundo" hasta el presente, caracterizado por el "agronegocio", estos obreros han desempeñado un papel protagónico.

En aquel período inicial, la preparación del suelo, la siembra y el cuidado de los cultivos eran tareas efectuadas, mayoritariamente, por el núcleo familiar que titularizaba la explotación agropecuaria. Cuando llegaba el momento de la cosecha y la trilla, los chacareros y los empresarios contratistas requerían un elevado porcentaje de jornaleros que ponían en funcionamiento segadoras, espigadoras, trilladoras y desgranadoras.

En un principio, estos trabajadores provenían fundamentalmente de las zonas rurales y pueblos cercanos, así como de grandes ciudades a las cuales arribaban anualmente miles de inmigrantes. Entrado el siglo XX, cobró mayor importancia las migraciones transitorias desde el Viejo Continente, modificándose la composición étnica en favor de los europeos.

Condiciones Laborales, Conflictividad y Mecanización

La persistencia de la estacionalidad, la informalidad y la precarización laboral ha sido una constante en la vida de los campesinos asalariados. Estas condiciones de vida y trabajo estimularon diversas formas de conflictividad social, que fueron desde la acción individual hasta la huelga de braceros en los momentos de cosecha.

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En las primeras décadas del siglo XX, se registraron picos de protesta colectiva, destacando oleadas entre 1902 y 1904, entre 1918 y 1922 (con mayores niveles de sindicalización y combatividad), y en 1928. En la década de 1930, los efectos de la crisis económica mundial, el quiebre del sistema multilateral de comercio y crédito, el retroceso de la superficie cultivada y la paulatina incorporación de maquinaria como la cosechadora automotriz, el tractor y el camión, profundizaron las transformaciones cuantitativas y cualitativas de los trabajadores asalariados agrícolas.

Así, los obreros rurales se fueron transformando en un contingente menos numeroso, pero también más homogéneo. La caída de la demanda de braceros para las cosechas, y paralelamente el desarrollo industrial, acotaron sensiblemente los desplazamientos desde las urbes.

Bajo la dirección de los sindicatos, cobraron relevancia las Bolsas de Trabajo como espacios donde se agrupaban los obreros transitorios a la espera de ocupación. Estas instancias constituían un foco alrededor del cual se podían organizar los peones y, a su vez, un canal de interlocución con los gobiernos.

Con el golpe de 1943 y la llegada de Perón al gobierno en Argentina, se inició un nuevo momento para los trabajadores rurales. Varios de sus históricos reclamos encontraron eco en el proyecto político. En este contexto, se fortalecieron las Bolsas de Trabajo y se conformó el sindicato nacional de obreros rurales: la Federación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (FATRE).

Sin embargo, luego del golpe de 1955, se produjeron avances significativos en la tecnificación de las tareas que afectaron severamente la demanda de fuerza de trabajo. La situación de los obreros rurales se agravó con la derogación o suspensión de diversos artículos de la legislación, lo que deterioró las condiciones laborales y salariales. La creciente mecanización de las labores también impactó en la composición del proletariado agrícola, con maquinistas y tractoristas transformándose en un núcleo particular con calificaciones especiales y mayor demanda.

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En los inicios de la década de 1970, los obreros rurales lograron nuevas conquistas laborales y una breve recuperación de sus ingresos. En 1974, su situación mejoró a partir de la inclusión en la Ley de Contratos de Trabajo, equiparando sus derechos a los de los trabajadores urbanos, estableciéndose instancias de discusión salarial, duración de la jornada diaria, pago de horas extras e indemnizaciones por despido.

Con el golpe de Estado de 1976, esta “primavera” fue abruptamente cerrada. Una de las primeras medidas del gobierno militar fue la exclusión de los obreros rurales de la ley que regulaba sus derechos, estableciéndose los salarios de manera unilateral. Se intervinieron las Bolsas de Trabajo y se persiguió a sus dirigentes, desatando una feroz represión. Los militares finalmente desplazaron a la dirección nacional del gremio en 1978, y en 1980 se impuso el decreto Ley 22.248, eliminando la mayoría de los derechos laborales.

En 1983, aunque se recuperó la democracia, la herencia dictatorial golpeó con fuerza a los trabajadores rurales. La expansión de la agricultura y el crecimiento del contratismo de servicios de maquinaria, una modalidad de trabajo “tercerizado”, acentuaron el aislamiento y la especialización de los asalariados. Así, miles de obreros fueron desvinculados de los grandes campos y un porcentaje de los mismos fue contratado para operar equipos de siembra, pulverización y cosecha.

La dispersión espacial, la escasa concentración de trabajadores por contratista, la mecanización de todas las labores, la ocupación temporal y la permanente movilidad caracterizan la vida del obrero agrícola. Los obreros viven de la venta de su fuerza de trabajo y reciben un salario a destajo, que varía en función de la superficie trabajada, de sus calificaciones y el tiempo que consiguen ocupación. Esta remuneración les permite llevar una vida relativamente similar a la de un trabajador industrial, pero representa una ínfima parte de la riqueza que generan.

Impacto de la Liberalización del Comercio y las Políticas Agrarias

El énfasis en la promoción de las exportaciones, a menudo ligado a la liberalización del comercio, ha generado un problema agrario en muchos lugares. El problema se sintetiza en una oferta insuficiente para la industria, aumentos en el costo de los alimentos y las materias primas, poco crecimiento en la exportación y aumentos continuos de las importaciones del sector. Las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) tienen un impacto significativo en las condiciones de los campesinos asalariados.

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Por ejemplo, la liberalización del comercio ha inundado los mercados con productos importados, abatiendo el precio del producto local, como ha ocurrido con el maíz, el arroz y el mijo en diversas regiones. La reducción sustancial de los subsidios del Estado a los productores también afecta a los jornaleros, pues impacta en servicios como guarderías o infraestructura.

Realidades Regionales en la Agricultura de Exportación

California, Estados Unidos

California es el principal productor de productos agrícolas en EE.UU. y el mayor exportador de frutas y verduras en el mundo, con una industria de 49 mil millones de dólares que genera más de 100 mil millones de dólares en actividad económica relacionada. El Departamento del Desarrollo del Empleo ofrece servicios valiosos para apoyar aproximadamente a 833,360 trabajadores agrícolas, quienes son el corazón de sus comunidades. La labor de César Chávez inspiró a generaciones de californianos para reconocer la dignidad de los campesinos y sus familias.

México: El Motor de la Exportación y la Migración

En México, la producción agrícola para exportación es el motor del cambio rural. Sin embargo, hay una tendencia importante al monocultivo o la reducción de la diversidad en la mayoría de las zonas exportadoras, lo que tiene costos. El despoblamiento rural ha sido notable, especialmente entre 1995 y 2005, con una producción estancada y una migración importante de las comunidades a Estados Unidos y a las grandes ciudades. Las reflexiones sobre este cambio surgen de la situación agrícola en Jalisco (productores de berries), el Valle del Río Culiacán (tomate, pepino, pimiento y berenjena), y la Costa de Baja California (fresa, tomate, zarzamora y arándanos). En estas zonas, la ausencia de un Estado protector o benefactor es muy notable en cuanto a programas sociales y servicios.

Hay un periodo donde los jornaleros agrícolas pueden ganar hasta tres mil o más a la semana, pero después de eso se desdibuja todo. El aumento del salario tiene que ver con la intensificación de la jornada de trabajo.

El Salvador: Desigualdad y Estructura Agraria

En El Salvador, el problema de mayor importancia es el de poseer pocos dueños de tierras. La desigualdad en el sector campesino es el principal problema. Los terratenientes, en muchos casos burgueses citadinos, compran haciendas y las hacen producir con la mediación de administradores, explotando la mano de obra campesina. El gobierno ha apoyado al sector agropecuario, pero la distribución de la ayuda ha sido burocrática, beneficiando principalmente al terrateniente y al campesino rico, y dejando de lado al campesino pobre. Proyectos como FOMILENIO I han sido aprovechados por los grandes terratenientes para aumentar sus arcas financieras.

Los campesinos, en el país, existen en estratos distintos, desde explotadores hasta explotados. El campesino rico posee su propia parcela y la trabaja con sus propias manos y la ayuda de jornaleros del campesinado pobre, a quienes les paga un pequeño salario por jornadas extenuantes. Los problemas del campesino pobre son grandes, y aunque quieran cultivar, no tienen tierra para hacerlo, o se les otorgan las menos fértiles en arrendamiento.

Es necesario incentivar el cultivo de alimentos diversos, tratando de sobreponerse al problema del cultivo intensivo del maíz, algodón y la caña de azúcar, que llenan los campos salvadoreños y contribuyen a la contaminación del medioambiente. La sobreexplotación de las tierras cultivables las ha tornado estériles en su mayoría.

África y Asia: El Papel de la Mujer y la Exportación No Tradicional

En Ghana, las campesinas asalariadas, con escaso control sobre los recursos agrícolas, se dedican a la producción de cultivos no tradicionales para la exportación. Aunque las mujeres son responsables de dar seguridad alimentaria a sus hogares y son proveedoras de alimentos para la familia, tienen pocas oportunidades de empleo en grandes sectores como el cacao. El salario diario para el trabajo eventual es bajo. El régimen de comercio equitativo y Kuapa Kokoo son las únicas dos iniciativas de comercio equitativo en Ghana que buscan mejorar las condiciones de estos trabajadores, especialmente para las mujeres.

En Uganda, las mujeres agricultoras, que representan el 70 por ciento de la fuerza de trabajo en la producción de hortalizas para la exportación, desempeñan un papel crucial. Se encargan de los cultivos comerciales y la conservación de los cultivos, además de la producción de alimentos para la familia. Sin embargo, su acceso a los servicios de extensión agrícola es limitado debido a razones culturales o sociales y a la falta de información, a pesar de que obtienen beneficios de la venta de sus productos.

En Filipinas, la fuerza de trabajo agrícola ha sido dominio de las mujeres desde hace mucho tiempo. Ellas son las principales encargadas de la producción de arroz, cebollas, ajo y papas, además de realizar tareas mecanizadas y la elaboración. Sin embargo, 8,5 millones de los trabajadores agrícolas carecen de tierras, y los arrendatarios trabajan en condiciones de explotación extrema, donde gran parte de la producción beneficia al terrateniente.

Islas del Pacífico: Cambios en la Economía de Exportación

En Fiyi, la agricultura representa el 10 por ciento del total del PIB. Aunque las mujeres desempeñan un papel importante en la producción de bienes pequeños y artesanías, la principal exportación ha sido la caña de azúcar. Sin embargo, las presiones para concluir la cosecha, la falta de mano de obra y el uso de fertilizantes han afectado la producción. La disminución de la producción de bananas en las Islas de Barlovento (Granada, San Vicente y Santa Lucía) ha tenido consecuencias significativas, pues su contribución al PIB descendió del 10 por ciento en 1990 al 8,7 por ciento en 1997, afectando a un 70 por ciento del empleo total.

Perspectivas Teóricas sobre el Campesinado Asalariado

El enfoque de la cuestión agraria analiza la actualidad del campo a partir de la teoría marxista, teniendo como perspectivas centrales la renta de la tierra, el proceso de diferenciación y recreación del campesinado, el conflicto y las consecuencias negativas para los agricultores de base familiar, derivados del proceso de desarrollo del capitalismo en el campo. La economía campesina es un fenómeno que se analiza a partir del balance existente entre consumo familiar y la explotación de la fuerza de trabajo.

Para Marx, el campesinado ocupaba un lugar ambiguo, combinando las categorías de burguesía y proletariado, siendo propietario de los medios de producción y su propio asalariado. Lenin menciona que la base de la formación del mercado interior en la producción capitalista se presenta a partir del proceso de desintegración de los pequeños agricultores en patrones y obreros agrícolas. Así, la proletarización del campesinado crea un mercado para los artículos de consumo, mientras que su transformación en burguesía rural crea un mercado para los medios de producción.

La flexibilidad del campesinado es el principal elemento que garantiza su sobrevivencia y reproducción en el sistema capitalista. Sin embargo, con la expansión de los modelos empresariales de producción en el campo que reditúan mayores rentabilidades a los terratenientes, se pone en práctica la sobreexplotación de la mano de obra campesina a costos por debajo del promedio de la mano de obra empleada en la agricultura, lo que refuerza su significado funcional para el capitalismo.

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