Descubre las Increíbles Características del Régimen Democrático Griego Antiguo que Cambiaron el Mundopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En la búsqueda de comprender las bases de nuestra sociedad moderna, es crucial explorar el origen de la palabra «democracia«. Tradicionalmente se ha atribuido el origen de nuestras modernas democracias al surgimiento de la democracia griega. Realmente, la forma más apropiada para referirse a este sistema de gobierno es el de democracia ateniense, dado que esta surgió en la ciudad-estado de Atenas, que es de la que se tiene más información.

Lo que llamamos democracia griega es un fenómeno complejo, por no decir difuso, que aparece en diferentes momentos de la historia griega, en sociedades con muy diferentes coyunturas políticas y sociales y con variadas formas de configuración. Así, aunque nuestra idea común de democracia griega asocie esta con Atenas en el siglo V, más específicamente con la época en que Pericles regía la ciudad, se debe aceptar que hay un espectro político más amplio y variado que incluye ciudades tan distantes de Atenas como Siracusa o Megara, y que se puede remontar a una fecha tan temprana como el siglo VI. En determinados momentos, otras ciudades-estado tuvieron sistemas de democracia, especialmente Argos, Siracusa, Rodas y Eritrea. La democracia ateniense se refiere al sistema de gobierno democrático utilizado en Atenas (Grecia) entre los siglos V y IV a. C.

La palabra “democracia” viene del griego clásico “démos”, “pueblo” y “krátos”, “gobierno, poder”, viniendo a significar “el poder del pueblo”. La palabra «democracia» tiene sus raíces en el griego antiguo, donde «demos» significa «pueblo» y «kratos» se traduce como «poder» o «gobierno».

Orígenes y Evolución Histórica

Surgió en la antigua Atenas, allá por el lejano siglo VI antes de Cristo, aunque tenía diferencias muy marcadas en comparación con nuestra moderna idea de lo que es democrático. Esto cambió a principios del siglo VI a. C. Sin embargo, fue a finales de ese mismo siglo cuando se estableció la democracia griega propiamente dicha, gracias a las reformas de otro gobernante, Clístenes. Fue este político quien rompió el poder que ejercían los aristócratas en la toma de decisiones políticas.

El mérito no es únicamente de Solón y Clístenes. Efialtes y Pericles también hicieron importantes contribuciones al desarrollo de la democracia griega durante el siglo V a.C. El contexto de fondo fue que los atenienses salieron victoriosos luchando contra las invasiones del Imperio Aqueménida, perpetradas por Jerjes. Fueron estas victorias las que motivaron a los estamentos más pobres de la población ateniense a dar su opinión y querer más derechos, exigiendo una mayor participación en el poder político. Esto fue otorgado por las reformas de Efialtes y Pericles durante la década de 460 a. C. La versión ateniense de la democracia comienza en el año 460 a. C. y termina en el 320 a. C.

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Fundamentos Conceptuales de la Democracia Griega

Démos y Kratos: El Poder del Pueblo

El término es común para nosotros y quizás por ello puede parecer que una explicación de su comprensión es prescindible. Sin embargo, no hay que asumir que cuando los griegos piensan en dêmokratia tienen en mente lo mismo que nosotros. Etimológicamente significa el poder (kratos) del pueblo (démos). Pero se deben hacer algunas precisiones respecto a cada componente. El poder significa, en el contexto griego, la participación directa en el gobierno, es decir, ser miembro de alguna o de todas las magistraturas que los griegos consideraban que regían la ciudad (incluyendo, por ejemplo, magistraturas judiciales). No se trata del derecho a elegir un gobernante (como en nuestro sentido actual), sino de ser gobernante (democracia directa).

Por otra parte, el concepto de pueblo (démos) no era entendido como el conjunto de ciudadanos que conforman una nación. El término tiene, para los griegos, un significado más restrictivo. Por pueblo, ante todo, se entiende 'aquellos que no son nobles (en oposición a los aristócratas) y que no son ricos'. El pueblo es, ante todo, el conjunto de personas pobres que no pertenecen a casas aristocráticas. Ahora bien, el criterio para determinar si hay un régimen democrático o no es el grado de participación de los pobres, no de los nobles, en el gobierno de la ciudad. Por tanto, el grado de democracia era equivalente al grado de participación popular. Un gobernante era considerado democrático o antidemocrático dependiendo del grado de participación popular.

La Libertad como Principio Rector

Aristóteles inicia su descripción de la democracia de la siguiente manera: "el principio básico del régimen democrático es la libertad (pues esto suelen decir, dando a entender que solo en este régimen se participa de libertad ya que afirman que a esto apunta toda democracia)". La libertad, por tanto, es el principio rector de la democracia y debe estar en el centro del marco conceptual de la democracia. La libertad en la democracia tiene dos rasgos.

El primero lo define así Aristóteles: "Un rasgo de la libertad es el ser gobernado y gobernar alternativamente". Esto no es otra cosa que una versión de la libertad positiva, pues lo que quiere decir Aristóteles es que en una democracia se es libre si se participa del gobierno, es decir, si el sistema posibilita gobernarse a sí mismo. Dado que no todos pueden estar ocupando las magistraturas, la democracia ateniense prevé que el gobierno no sea permanente, sino que se alternen momentos de ocupar magistraturas y gobernar con momentos de ser gobernados.

El segundo rasgo de la libertad, según Aristóteles, es "Vivir como se quiera". Este segundo rasgo se asemeja a la noción de libertad negativa. La democracia brinda un espacio para que los ciudadanos puedan hacer lo que quieran. Tal como Pericles sugiere en su discurso, el principio de vivir como se quiera se aplica a la esfera privada, no pública. Se trata de vivir como se quiera en la casa y en las relaciones privadas, pero no en las magistraturas.

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Pericles considera que la libertad política y la privada se deben a que los atenienses se rigen liberalmente (eleutheriôs): "Y nos regimos liberalmente (eleutheriôs) no solo en lo relativo a los negocios públicos sino también en lo que se refiere a las sospechas recíprocas sobre la vida diaria". Eleutheriôs es un adverbio que significa simplemente "al modo del hombre libre". Actuar eleutheriôs significa, entonces, actuar al modo en que lo hace un hombre libre. Pericles está haciendo esta asociación entre libertad democrática y liberalidad. Lo que sugiere el texto es que en la libertad democrática emerge del espíritu liberal que admite que a nivel público personas sin distingo de condición económica y social (únicamente por su mérito) participen de las magistraturas. A nivel privado, este carácter liberal permite que las personas vivan como quieren, sin que se les reproche el estilo de vida. La libertad política y privada quedan ligadas a la disposición generosa y liberal, que es una virtud altamente apreciada en la cultura griega y propia del hombre excelente.

La Igualdad en la Democracia Griega

Textos antiguos refieren a la igualdad como una característica asociada a la democracia griega. ¿Igualdad en qué aspecto? Nuestra noción moderna de igualdad refiere ante todo a igualdad en dignidad y derechos. Ambas nociones son extrañas al pensamiento antiguo. No hay referencias a un concepto de dignidad semejante a la concepción moderna o a derechos humanos. Isotês o ison se lo debe entender de otra manera: en primer lugar, las personas son iguales en cuanto son libres, y esa igualdad en libertad, dentro del contexto de la democracia griega, implica igualdad en participación política.

Las Instituciones Clave de la Democracia Ateniense

Cualquier ciudadano varón podía participar en el principal órgano democrático de Atenas. En la antigua Atenas, los ciudadanos participaban activamente en la toma de decisiones políticas en la Asamblea, ejerciendo su poder a través de votaciones y debates abiertos.

La Ekklesía (Asamblea)

La Ekklesía, también conocida como la Asamblea, fue el órgano principal y soberano del gobierno ateniense. En esta institución se decidía sobre leyes, se elegían magistrados y se acordaba el proceder sobre la guerra y la paz. Los asistentes podían hablar libremente, aunque muy pocos solían hacerlo, y votaban a mano alzada o metiendo una piedra blanca o negra dentro de una urna. Cualquier ciudadano varón adulto, mayor de 20 años, podía participar y, de hecho, se esperaba que todos los hombres libres así lo hicieran en sus reuniones. Todo individuo que quisiera que su voz y voto fueran escuchadas tenía que acudir presencialmente al lugar de reunión.

En los siglos IV y V a. C., la población masculina de Atenas oscilaba entre los 30000 y los 60000 habitantes, según la época. La asamblea se reunía al menos una vez al mes, más bien dos o tres veces, en la colina Pnyx, en un espacio dedicado que podía albergar a unos 6000 ciudadanos. Cualquier ciudadano podía intervenir en la asamblea y votar las decisiones simplemente levantando la mano. La mayoría se imponía y la decisión era definitiva.

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Los temas específicos que se discutían en la asamblea incluían la decisión de las magistraturas militares y financieras, la organización y el mantenimiento de los suministros de alimentos, la iniciación de la legislación y los juicios políticos, la decisión de enviar representantes, la decisión de firmar o no tratados, la votación para recaudar o gastar fondos y el debate de asuntos militares. La asamblea también podía votar para expulsar de Atenas a cualquier ciudadano que se hubiera vuelto demasiado poderoso y peligroso para la polis. En este caso se realizaba una votación secreta en la que los votantes escribían un nombre en un trozo de cerámica rota (ostrakon). Un elemento importante en los debates era la libertad de expresión (parrhēsia) que se convirtió, quizás, en el privilegio más valorado por el ciudadano.

Tras un debate adecuado, se adoptaban decretos temporales o específicos (psēphismata) y se definían leyes (nomoi). Dado el gran privilegio y suerte que implicaba ser elegido, el no querer asistir a la Ekklesía no era bien visto. De hecho, quienes eran invitados y no iban eran conocidos como “idiotai”, en cuyo sentido más literal y clásico significa algo así como “ciudadano privado”. Aunque se fomentaba la participación activa, la asistencia a la asamblea se pagaba en determinados periodos, lo que era una medida para animar a los ciudadanos que vivían lejos y no podían permitirse el lujo de asistir. Sin embargo, este dinero solo servía para cubrir los gastos, ya que cualquier intento de beneficiarse de los cargos públicos era severamente castigado.

La Boule (Consejo de los Quinientos)

La segunda institución era la Boule, también conocida como el consejo de los Quinientos, que vendría a ejercer de poder ejecutivo. Consistía en un consejo conformado por 500 hombres. En Atenas existía un órgano menor, el boulē, que decidía o daba prioridad a los temas que se discutían en la asamblea. Además, en tiempos de crisis y guerra, este órgano también podía tomar decisiones sin que se reuniera la asamblea.

Estos procedían de las 10 tribus atenienses, quienes enviaban a 50 hombres cada una de ellas para ser representadas en la Boule. Estos hombres eran seleccionados por sorteo. El boulē o consejo estaba compuesto por 500 ciudadanos que se elegían por sorteo y que ejercían sus funciones durante un año con la limitación de que no podían ejercer más de dos años no consecutivos. El boulē representaba a los 139 distritos del Ática y actuaba como una especie de comité ejecutivo de la asamblea. También había un comité ejecutivo de la boulē que estaba formado por una tribu de las diez que participaban en la boulē (es decir, 50 ciudadanos, conocidos como prytaneis) elegidos por rotación, de modo que cada tribu componía el ejecutivo una vez al año. Este ejecutivo del ejecutivo tenía un presidente (epistates) que se elegía por sorteo cada día.

La Dikasteria (Tribunales Populares)

La Dikasteria era los tribunales populares, sirviendo como rama judicial de la antigua Atenas. Tenía 500 hombres como la Boule, que eran conocidos como jurados y también eran seleccionados por sorteo. Junto a todas estas instituciones políticas se encontraban los tribunales de justicia (dikasteria), compuestos por 6000 jurados y un cuerpo de magistrados principales (archai) elegidos anualmente por sorteo. De hecho, había una máquina especialmente diseñada de fichas de colores (kleroterion) para garantizar que los seleccionados fueran elegidos al azar, un proceso que los magistrados tenían que pasar dos veces. No obstante, cualquier persona mayor de 20 años podía presentar sus litigios en la Dikasteria, llevando casos ante el tribunal, y defendiendo la acusación o la defensa.

Estructura Institucional de la Democracia Ateniense

Para mayor claridad, se presenta un resumen de las principales instituciones democráticas atenienses:

Institución Miembros Selección Función Principal
Ekklesía (Asamblea) Ciudadanos varones adultos (aprox. 30.000-60.000, 6.000 activos) Participación directa Órgano soberano: decide leyes, elige magistrados, declara guerra/paz, ostracismo.
Boule (Consejo de los Quinientos) 500 ciudadanos (50 por tribu) Sorteo anual Poder ejecutivo: prepara agenda para la Ekklesía, toma decisiones en crisis.
Dikasteria (Tribunales Populares) 6.000 jurados y magistrados (archai) Sorteo anual (para jurados y archai) Poder judicial: resuelve litigios, juicios.

Limitaciones y Críticas al Modelo Democrático Griego

Observese que esta definición expulsa a los esclavos del ámbito de la igualdad. Además, cuando se piensa en libres, no se piensa en personas sin más, sino en varones adultos. Solo los ciudadanos varones mayores de 18 años podían hablar (al menos en teoría) y votar en la asamblea, mientras que los cargos como magistrados y jurados estaban limitados a los mayores de 30 años. La negación del derecho a voto de mujeres y personas extranjeras hace que la balanza caiga claramente a favor de nuestras modernas democracias.

Los ciudadanos representaban probablemente entre el 10 y el 20% de la población de la polis, y de ellos se ha calculado que solo unos 3000 participaban activamente en la política. De este grupo, tal vez un centenar de ciudadanos (los más ricos, influyentes y mejores oradores) dominaban la escena política tanto frente a la asamblea como entre bastidores en reuniones políticas conspirativas privadas (xynomosiai) y grupos (hetaireiai).

Los críticos de la democracia, como Tucídides y Aristófanes, señalaban que no solo los procedimientos estaban dominados por una élite, sino que el dēmos podía dejarse influir con demasiada frecuencia por un buen orador o por los líderes populares (los demagogos), dejarse llevar por sus emociones o carecer de los conocimientos necesarios para tomar decisiones informadas. Quizás las decisiones más notoriamente malas tomadas por el dēmos ateniense fueron la ejecución de seis generales después de haber ganado realmente la batalla de Arginousai en el 406 a. C. y la condena a muerte del filósofo Sócrates en el 399 a. C.

Por ejemplo, Aristóteles, en su “Política", escribió que la democracia es la forma perversa de un régimen llamado gobierno. En este sistema la prioridad máxima era la de beneficiar a unos pocos, mientras que el beneficio de la mayoría era una cuestión dejada para último momento. En la “República” de Platón también se pueden encontrar críticas a este sistema de gobierno. Platón consideraba que ofrecer los puestos de la Ekklesía, la Boule y la Dikasteria por sorteo implicaba que muchos cargos gubernamentales serían ocupados por gente que no tendría las capacidades de un buen gobernante. La teoría de la democracia griega no fue realizada en mayor parte por sus inspiradores o admiradores.

El Discurso Fúnebre de Pericles: Una Defensa de la Democracia

Para ilustrar la estima que se tenía por el gobierno democrático, había incluso una personificación divina del ideal de la democracia, la diosa Demokratia. La implicación directa en la política de la polis también supuso que los atenienses desarrollaran una identidad colectiva única y, probablemente también, un cierto orgullo por su sistema, como se muestra en el famoso Discurso fúnebre de Pericles por los muertos atenienses en el 431 a. C.

La fidelidad del escrito de Tucídides con las palabras que de hecho pronunció Pericles es obviamente una cuestión de disputa y hay entre los especialistas un sentimiento de escepticismo frente a este tema. Pero para el propósito presente es un problema irrelevante, pues independiente de la autoría y fidelidad del discurso, sin duda, es un ejemplo de una recepción positiva y amigable de la democracia ateniense. Es de un valor único, pues, como se anotó anteriormente, es uno de los pocos ejemplos en que se reflexiona sobre este régimen sin carácter de crítica. Este elogio a la democracia revela sus claves cuando se le analiza en el contexto en que fue pronunciado.

Como se ha dicho, es un discurso funerario a los caídos en combate y, para Pericles, el gobernante de una ciudad que inicia una guerra, se trata de un recurso para crear apoyo y animar a su pueblo para la empresa bélica de largo aliento. Para esto, construye una imagen de Atenas como una ciudad modelo para todas las otras y, por tanto, digna de luchar por ella. La constitución de Atenas se llama democracia porque respeta los intereses no de una minoría sino de todo el pueblo. Cuando se trata de resolver disputas privadas, todos son iguales ante la ley; cuando se trata de poner a una persona por delante de otra en puestos de responsabilidad pública, lo que cuenta no es la pertenencia a una clase particular, sino la capacidad real que el hombre posee. Nadie, mientras tenga capacidad para servir al Estado, se mantiene en la oscuridad política a causa de la pobreza.

Según Pericles, Atenas y cada uno de sus habitantes son modelos de educación para toda Grecia. El término griego para educación es paideusis. Un término que se refiere no simplemente a educación en cualquier ámbito, sino a la educación conducente a formar un hombre excelente y pleno, que ejemplifique las virtudes que un griego considera más valiosas. Esto significa que Pericles asocia el sistema democrático ateniense con la promoción y formación del hombre excelente. Pericles considera que la libertad política y la privada se deben a que los atenienses se rigen liberalmente (eleutheriôs).

Decadencia y Legado

Los años en los que Atenas fue una democracia son conocidos como su época dorada. Sin embargo, la enemistad con Esparta, otra potencia helénica, y las guerras con esa polis debilitaron a las instituciones atenienses. Atenas se había aliado con muchas ciudades del Mar Egeo, las cuales le tenían que pagarle un tributo. Esparta usó esto como motivo de guerra, sitiando Atenas. La democracia, que había prevalecido durante la Edad de Oro de Atenas, fue sustituida por un sistema de oligarquía en el año 411 a. C. Pese a todo esto, la democracia griega permaneció viva durante casi un siglo, incluso después del fin de la guerra del Peloponeso y de la derrota de Atenas. La democracia perduró hasta el 322 a. C.

No cabe duda que la democracia griega fue un gran desarrollo para la historia de la civilización occidental, y que las democracias actuales toman muchos elementos de ella, pero en su forma más avanzada y humanista. Si bien hoy en día es la democracia el sistema de gobierno más extendido en los países occidentales, tomando raíces en la antigua Atenas, no son pocas las diferencias entre la democracia griega y las actuales. Muchas veces se ha idealizado a la democracia griega. No son pocos quienes ven en ella la forma de gobierno perfecta, mientras que las actuales democracias son vistas como corruptas y poco funcionales.

A lo largo de los siglos XIX y XX, la democracia continuó evolucionando y adaptándose a las necesidades cambiantes de las sociedades. La palabra «democracia» ha trascendido el tiempo y las fronteras, convirtiéndose en un concepto central en nuestras sociedades modernas. Su origen en la antigua Grecia y su posterior evolución a lo largo de la historia nos recuerdan la importancia de la participación ciudadana, la igualdad y la justicia en la gobernanza de una nación.

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