Una carta pública y una rebelión en ciernes: un grupo de cardenales ha expresado preocupación por las enseñanzas del papa Francisco y lo ha acusado de causar confusión en asuntos clave para la doctrina católica. En una carta dada a conocer esta semana, cuestionan al Pontífice por su exhortación apostólica Amoris laetitia (“La alegría del amor”), un documento que intenta abrir nuevos caminos para los divorciados católicos y delinear una Iglesia más tolerante en aspectos relacionados con la familia. Los cuatro altos prelados, representantes de los sectores más conservadores del catolicismo, apuntan que Francisco ha generado “grave desorientación y gran confusión entre muchos creyentes”. Y le piden solución para las “interpretaciones contradictorias” que se desprenden de su tratado sobre el amor.
La exhortación apostólica "Amoris laetitia"
Tras tres años de trabajo, se presenta el esperado documento del papa Francisco sobre la familia. Este tratado, de 260 páginas, es una guía de la vida en familia que propone una aceptación por parte de la Iglesia de algunas realidades de la vida moderna. En él se pide una mirada compasiva, en lugar de crítica, de las “familias heridas” o divididas, y se exhorta a los sacerdotes a tratar con compasión, por ejemplo, a los católicos divorciados y vueltos a casar, alegando que “nadie puede ser condenado para siempre”. La exhortación había sido muy esperada entre los 1.300 millones de católicos del mundo y fue una de las jugadas fuertes del Papa para darle su impronta a una Iglesia que pueda considerarse más abierta e inclusiva. El documento papal no cambia la doctrina, pero abre las puertas a que los obispos de cada país la interpreten de acuerdo a la cultura local y contemplen cada caso particular.
Si hay factores que limitan la “responsabilidad y culpabilidad” del divorciado, escribió el Papa, entonces “la Amoris laetitia abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía”. “No hay otra interpretación”, remató Francisco en su carta a los obispos argentinos, considerada una nota al pie de la exhortación apostólica.
Las "Dubia" y los Cardenales Críticos
En rigor, la misiva no es nueva: la enviaron en septiembre, con cinco preguntas concretas que requerían sólo un “sí” o un “no” como respuesta por parte del Papa para aclarar lo que los cardenales consideran dudas o imprecisiones que tocan directamente “la integridad de la fe católica”. Lo que resulta inédito es que ahora hayan decidido hacerla pública. Avalada por cuatro cardenales -funcionarios del más alto rango de la jerarquía eclesiástica-, la carta representa una muestra abierta de rebeldía, que refleja el descontento de los tradicionalistas en el seno de la Iglesia.
Los firmantes son:
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- Walter Brandmüller (cardenal retirado, alemán)
- Joachim Meisner (cardenal retirado, alemán)
- Carlo Caffarra (cardenal retirado, italiano)
- Raymond Leo Burke (cardenal en funciones, estadounidense, crítico asiduo del actual Papa)
Afirman que eligieron difundirla después de esperar dos meses por una respuesta del Pontífice que nunca llegó. El momento en que los cuatro cardenales eligieron dar a conocer su carta no es casual, señalan expertos en temas vaticanos: ocurre poco después de que se filtró una comunicación del Papa con los obispos de su natal Buenos Aires, en la que el líder sugería una interpretación de su documento pastoral que había sido considerada “herética” por uno de los cardenales signatarios. En particular, el polémico capítulo ocho de Amoris laetitia, que habla de la posibilidad de que los divorciados que vuelven a contraer matrimonio civil, sin haber conseguido la anulación de su unión religiosa, puedan recibir la comunión.
Esto no lo ha permitido la iglesia por siglos, por considerar que todo intento de vivir en pareja tras una separación representa una unión “irregular” y un acto de adulterio, salvo que se abstengan de tener relaciones sexuales y convivan “como hermano y hermana”. La carta de los cardenales díscolos interroga precisamente al Papa sobre esta cuestión. Lo hace mediante dubias, preguntas teológicas que requieren una respuesta negativa o positiva, sin más, y que son un mecanismo para resolver dilemas referidos a los sacramentos o a normas morales absolutas. La primera dubia cuestiona si, contra lo que habían establecido Papas anteriores, “ahora es posible absolver” o “dar la santa comunión a una persona que, aunque atado por un vínculo matrimonial, vive con otra persona como marido y mujer”, lo que contradice expresamente una encíclica de 1981 del Papa Juan Pablo II. La falta de respuesta del Pontífice a esta y otras cuatro preguntas llevó a la decisión de hacer pública su preocupación, señalan los cardenales, según les dicta su “conciencia de responsabilidad pastoral”.
Acusaciones de Herejía y el Debate Doctrinal
Pero niegan que se trate de un ataque “conservador” contra los sectores “progresistas” de la Iglesia, ni de un “intento de hacer política en la Iglesia” o sublevarse frente al Papa, con quien los une “un afecto colegiado”. Sin embargo, la lectura política del reclamo que cobró estado público no tardó en llegar. Ocurrió con la carta ahora, pero había ocurrido antes con la Amoris laetitia. Entre los teólogos más conservadores, se sostiene la idea de que las enseñanzas modernizadas del Papa sobre las familias y los divorciados católicos son en parte “sacrílegas” y “pueden justificadamente ser consideradas heréticas”, como señala Steve Skojec, cofundador y director de la publicación católica One Peter Five. Lo ven como un movimiento del Papa tendiente a relajar las normas morales que debilitará los fundamentos de la Iglesia.
Otros, en tanto, consideran que la polémica Amoris laetitia no tiene peso suficiente, ni mucho menos lo tiene la carta filtrada a los obispos porteños, como para alimentar una revuelta entre cardenales. Y apuntan que ambas deben ser leídas en línea con la tradición católica preexistente. Christopher Lamb, corresponsal en el Vaticano de The Tablet, intentó dilucidar quién está detrás de lo que considera una campaña de desprestigio contra el pontífice.
Robert Spaemann, filósofo alemán, opinó en la Agencia Católica de Noticias (CNA) que sí se trata de una ruptura con la enseñanza tradicional religiosa. “Las consecuencias ya se pueden ver ahora. Otra de las críticas es la fuerte influencia de Martín Lutero en el Papa Francisco. Aparentemente, hay muchas similitudes entre el fundador del protestantismo y el Papa en ciertas cuestiones que conciernen al matrimonio y al divorcio”.
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Un sacerdote reflexiona sobre esta controversia, y da nociones de lo que supone una herejía y de las acusaciones que se hacen contra Francisco. “Para ser un hereje uno debe persistir en negarse a aceptar uno o varios dogmas de la Iglesia”, explica. “En realidad”, continúa, “la mayoría de los críticos inteligentes del Papa no lo acusan de herejía, pero tienen problemas con su estilo o enfoque de las cosas”, porque este es “diferente, sin duda, al de los dos papas anteriores”. “Esto no debe llevarnos a concluir que los dos Papas anteriores, al partir desde arriba, no se preocuparan de las personas en sus situaciones concretas”, matiza. La principal polémica con Francisco surge, tal como explica Pajuelo, de Amoris laetitia. “La doctrina católica considera que el matrimonio es indisoluble y, por ello, no se permite el divorcio en ninguna circunstancia”, dice el sacerdote. “La enseñanza tradicional de la Iglesia es que una persona divorciada por el civil debe vivir en castidad, absteniéndose de relaciones sexuales. Por lo tanto, si una persona vive en una situación de pecado permanente de la que no se arrepiente, no puede recibir la comunión”. “A mi juicio el Papa no es un hereje”, concluye el sacerdote, “pero entiendo que algunas personas se sientan confundidas, ya que su estilo es diferente - que no opuesto - al de sus dos predecesores”.
La Política Subyacente y la Campaña contra el Papa
Lo cierto es que la carta no es la primera interpelación al líder del catolicismo: en julio, 45 teólogos y eclesiásticos firmaron otra misiva, dirigida al Colegio Cardenalicio, en el que pedían clarificaciones a Francisco. Este asunto se remonta a hace exactamente un año. Desde septiembre de 2016, el Papa Francisco está en boca de muchos y no precisamente en sentido positivo. En otoño de 2016, los cardenales Walter Brandmüller, Raymond L. Burke, Joachim Meisner y Carlo Caffarra pidieron al Papa que aclarase ciertos puntos poco claros, a su parecer, de su exhortación apostólica papal "Amoris Laetitia”, un documento sobre la familia, la vida moral y los sacramentos. No recibieron respuesta. Tampoco obtuvieron la audiencia que los cardenales posteriormente solicitaron. Ahora se ha publicado la "Correctio filialis de haeresibus propagatis” o "Corrección filial con respecto a la propagación de herejías” firmada por 62 personas. Este es quizá uno de los temas que más controversia ha causado. Por otro lado, el sector más aperturista de la Iglesia Católica hubiese deseado que las personas casadas por segunda vez, pudiesen decidir por sí mismas si desean comulgar o no. Esperaban que el papa Francisco diese un cambio radical en este asunto en su exhortación. Pero no es así, el confesor decide quién es apto para tomar la eucaristía.
A inicios de este mes, en las calles de Roma aparecieron carteles en los que se cuestionaba la figura del papa Francisco. Además, una portada falsa del periódico del Vaticano L'Osservatore Romano en la que se hacía una burla del Pontífice les llegó por correo electrónico a un grupo de cardenales. En los carteles se veía al papa Francisco con un rostro sombrío, con una expresión de severidad, casi amenazante, y debajo de su cara, había una lista de quejas: ha sacado sacerdotes, ignorado las preocupaciones de los cardenales y ha "decapitado" a un antiguo grupo católico, los Caballeros de Malta. La portada ficticia del L'Osservatore Romano tenía el tradicional eslogan del periódico de la Santa Sede y, en el medio, el escudo de armas papal. A continuación se veía una lista de preguntas enviadas al Papa por un grupo de cardenales conservadores. Y el título del artículo era: "Ha respondido". Cada pregunta tenía la respuesta: "Sic et non!": "¡Sí y no!". El Papa ha sido víctima de burlas en su propia casa y, lo que es más, en latín.
Aunque el pontífice disfruta de una amplia popularidad entre muchos católicos, Francisco está enfrentando una agitación en el Vaticano y ha enfurecido a los creyentes del ala más tradicional de la Iglesia. La principal fuente de tensión ha sido la sexualidad. El Papa quiere dar la comunión a los divorciados que se han vuelto casar. Sus oponentes dicen que esa iniciativa socava las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio porque las segundas uniones son consideradas adúlteras. Las preguntas mostradas en la página ficticia de L'Osservatore Romano se referían a ese tema.
En la vanguardia de la oposición del Papa está el cardenal estadounidense Raymond Burke, un riguroso seguidor de las directrices del catolicismo. El cardenal Burke ha dedicado gran parte de su vida a estudiar las leyes de la Iglesia y quiere asegurarse de que se implementen. Cree que este Papa está jugando peligrosamente con la tradición cristiana de 2.000 años y ha incluso amenazado con emitir un "acto de corrección" contra Francisco. Esa sería una medida muy atrevida, extremadamente inusual, que no ha sucedido en siglos. Desde su apartamento, lidera su operación para promover lo que llama "claridad doctrinal".
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El Estilo del Papa Francisco y su Respuesta a las Críticas
El Papa Francisco se ha distinguido por un estilo de vida sencillo. La decisión del Pontífice de vivir en una casa de invitados del Vaticano, llevar su propio maletín y ser transportado en un Ford Focus ha hecho explotar la burbuja de la pompa papal. Aunque algunos califican este estilo libre como "no papal". El problema es que el trabajo del Papa es ser la piedra de la unidad de la Iglesia. Las alarmas se encienden cuando un papado se vuelve divisivo. Mientras Francisco ha sido muy exitoso a la hora de llegarles a las ovejas perdidas, corre el riesgo de alienar a quienes ya están en el redil. El Papa ha admitido que hay "grietas" que están apareciendo entre obispos y sacerdotes, las cuales, si no se arreglan, pueden convertirse en problemas más grandes. Y podrían haber más provocaciones a la figura papal.
Hasta ahora el Papa ha rechazado las críticas. “No estoy tomando tranquilizantes”, bromeó recientemente. Su manera de lidiar con el estrés, explicó, es escribir los problemas y colocar las notas debajo de una figura de un San José dormido. San José, el carpintero, es la figura a la que los católicos acuden cuando enfrentan dificultades prácticas. “Ahora está durmiendo en un colchón de cartas”, bromeó Francisco.
