Descubre los Secretos de Los Códices Coloniales: Origen, Uso y Misteriosa Dispersión de Este Tesoro Pictóricopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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En la época virreinal, desde que se establecen los tribunales novohispanos, se les pide a los indígenas que presenten pruebas escritas (sus “libros”, sus “pinturas”) para que se legalicen los pocos derechos que les dejaron los vencedores.

Creación y Evolución de los Manuscritos Pictóricos

Era imposible que poseyeran códices antiguos y, de acuerdo con las autoridades europeas, empiezan a producir manuscritos pictóricos, que elaboran fundados en los conocimientos de los sabios regionales, sobrevivientes casi siempre de los Consejos de Ancianos. Buscan a los tlacuilos, escritores-pintores, convertidos en decoradores de templos católicos, para que conciban y produzcan la nueva tradición. Del siglo XVI al XVII surgen en abundancia los códices llamados “coloniales”, que permiten conservar el antiguo sistema de “escribir pintando” y las convenciones plásticas tradicionales.

A ellas, los escritores-pintores empiezan a tratar de incorporar elementos de la convención europea y letras que combinan con sus “dibujos”, hasta llegar a los llamados Códices Mixtos y los del Grupo Techialoyan.

Uso en Litigios y Conservación Archivística

Un gran número de los códices “coloniales” se utilizaron en litigios, por lo que muchos de ellos se conservan todavía formando parte de los expedientes o legajos de archivos como el AGN (Archivo General de la Nación) y el de la Reforma Agraria.

Dispersión y Valoración Económica

Desde la llegada de los españoles, se empiezan a dispersar los manuscritos indígenas tradicionales. Los que se salvaron de las destrucciones se consideraron como presentes valiosos. Los regalos se mandan a Europa para agradar al emperador y a los nobles protectores de los conquistadores.

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En la época colonial adquieren valor lucrativo, ya que se empiezan a ver como objetos de curiosidad. Por el interés económico, son sustraídos de los repositorios originales y centrales y vendidos como si fueran propiedad privada. Los coleccionistas europeos fomentan e incrementan la búsqueda de las “pinturas” y “libros de caracteres” indígenas para comprarlos. En esa época desaparece el sentido de colectividad, para ser sustituido por el provecho económico individual. No se pensaba en el patrimonio y menos aún en la idea de nacionalidad.

En el siglo XX, por vía de dispersión y venta de bibliotecas y colecciones en el extranjero, los aficionados y curiosos de Estados Unidos de Norteamérica pudieron adquirir códices y formar nuevos fondos, que ahora se encuentran en instituciones académicas y oficiales en Chicago, Austin, Nueva York, etc., así como en colecciones privadas.

Principales Lugares de Resguardo de Códices

A continuación, se presenta una tabla con la información sobre la ubicación y uso de estos importantes documentos:

Ubicación o Contexto Descripción
AGN (Archivo General de la Nación) y Reforma Agraria Albergan códices utilizados en litigios, formando parte de expedientes o legajos.
Antiguo Museo de Antropología e Historia Reunió el Fondo de Códices con fines didácticos y de estudio, exhibido parcialmente en la Sala de Códices.
Actual Museo Nacional de Antropología El acervo se conserva en la sección de Testimonios Pictográficos de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, enriquecido con documentos del Archivo Histórico del INAH.
Europa (época colonial) Recibió códices como "regalos valiosos" para emperadores y nobles.
Colecciones privadas y museos (siglo XX) En Estados Unidos de Norteamérica (Chicago, Austin, Nueva York, etc.), se formaron nuevos fondos por dispersión y venta.

El fondo de códices se formó reuniendo antiguas colecciones y códices provenientes de los pueblos indígenas que los produjeron.

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Sobre el Autor de Referencia

Joaquín Galarza (1928-2004) fue Doctor en Letras por la UNAM, en Etnología por la Universidad de París y, por el Estado Francés, en Letras y Ciencias Sociales de la Escuela de Altos Estudios de París. Fue Consejero Científico del Museo del Hombre de París, Sección América, Profesor de la ENAH e investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

Tomado de Joaquín Galarza, “¿Los códices mexicanos. Escribir pintando”, Arqueología Mexicana, núm. 23, pp.

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