El fascismo, como ideología, movimiento político y sistema de gobierno totalitario de extrema derecha, se opone a la democracia, el comunismo, el liberalismo y la internacionalización. Defiende la superioridad de la raza y la patria, y la necesidad de emplear la violencia contra los que considera enemigos de la nación. El término proviene del italiano fascio (‘haz, fasces’), y este a su vez del latín fascēs (plural de fascis), que alude a los signos de la autoridad de los magistrados romanos. El símbolo fascista hace referencia al hacha de metal sostenido por varas de madera (“La unión hace la fuerza”) y representa así al Estado fascista (“El Estado por encima del individuo”).
El fascismo se convirtió en un movimiento político importante e influyente a principios del siglo XX en Europa. Los primeros movimientos surgieron en Italia durante la Primera Guerra Mundial, para luego difundirse por el resto de Europa durante el periodo de entreguerras. La Gran Guerra fue decisiva en su gestación, al provocar cambios masivos en la concepción de la guerra, la sociedad, el Estado y la tecnología. El fascismo surgió tras la Primera Guerra Mundial y la crisis económica que la siguió.
El Fascismo Italiano: El Primer Régimen Totalitario
Después de la Gran Guerra de 1914-1918, Italia fue presa de un gran descontento popular tanto político como social en contra del gobierno y de los Tratados de Paz firmados, ya que éstos no se ajustaron necesariamente a las promesas hechas por los Aliados. En los “Catorce Puntos” del presidente estadounidense Woodrow Wilson se les negó a los italianos importantes reivindicaciones territoriales (a pesar de haber combatido desde 1915 al lado de las potencias aliadas). La crisis no solamente fue internacional, al mismo tiempo fue moral, política y económica. Durante la guerra perecieron casi 700 mil soldados, hubo 1 millón de heridos; el país quedó afectado por el desempleo y la inflación; y una crisis política con gobiernos rápidamente alternantes. En este contexto, algunos partidos políticos de corte comunista y socialista ocupaban fábricas y realizaban huelgas nacionales. La burguesía, empobrecida, veía con temor el auge del movimiento obrero, especialmente tras el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia en 1917. Se extendió así el tópico de la “victoria mutilada”.
Ascenso de Benito Mussolini al Poder
En este contexto apareció en 1922 el partido fascista organizado por Benito Mussolini; cuyas bases se encuentran en la integración de las milicias juveniles llamadas Fascio di combatimento, surgidas en Milán en 1919. Para 1922, con estas experiencias a sus espaldas, Mussolini y sus seguidores estaban satisfechos con sus posibilidades de apoderarse de Italia. El Partido Fascista anunció, en octubre de 1922, una marcha a Roma para tomar el poder y acabar con la clase política que gobernaba. Tras dividir una huelga general de obreros en marzo de 1922, 30 mil fascistas -apoyados por grupos conservadores, de la clase media y de la burguesía- realizaron una violenta marcha sobre Roma, mediante la cual lograron que el rey Víctor Manuel III le entregara el gobierno a Mussolini, quien se autoproclamó inmediatamente Duce (dictador).
Una vez en el poder, el Duce procedió a eliminar a la oposición y se ensañó con la izquierda. Los fascistas no tenían problemas a la hora de sustituir las leyes por la fuerza bruta. Poco a poco Mussolini fue eliminando los aspectos democráticos de la sociedad italiana, intimidando a opositores, haciendo ajustes constitucionales, implementando la censura y el culto a su personalidad. Su fuerza de choque estuvo constituida por la integración de un ejército denominado “Camisas Negras” y pudo imponerse gracias a la incapacidad de las instituciones democráticas tradicionales. Un paso importante en la consolidación de su poder fue el pacto que realizó Mussolini con el Papa Pío XI. Instalados en el poder, Mussolini y los diputados fascistas modificaron las leyes que les aseguraron un dominio total del Estado italiano. En 1926, Mussolini estableció una dictadura fascista. Se censuró a la prensa y se persiguieron a los partidos políticos de izquierda, se aprobaron leyes que permitieron el arresto y encarcelamiento de cualquier persona por delitos políticos o parecer sospechosa. Se prohibieron las asociaciones culturales y políticas. Una policía secreta, la Organización para la Vigilancia y Represión del Antifascismo, mantenía una férrea vigilancia entre los descontentos.
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Características del Fascismo Italiano
Fue precisamente Benito Mussolini quien planteó por primera vez el concepto de “totalitarismo”, ya que él mismo controlaría todos los aspectos de la vida italiana, puesto que se hizo cargo de los ministerios de Guerra, de la Fuerza Aérea, de la Marina, del Control Colonial y de los Negocios con el Extranjero. Para el fascismo el Estado es lo absoluto, ante lo cual los individuos y los grupos no son más que lo relativo. “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.” El liberalismo negaba el Estado a favor del individuo; el fascismo reafirma al Estado como la verdadera libertad del individuo. Este existe en tanto existe en el Estado; está subordinado a las necesidades del mismo y a medida que la civilización adquiere formas más complejas, la libertad del individuo se restringe cada vez más.
En materia económica, el fascismo italiano no buscó abolir la propiedad privada, pero sí subordinarla a las decisiones del Estado. En 1930, cuando la Gran Depresión afectó al sector financiero italiano, Benito Mussolini comenzó a tomar el control de las participaciones de los bancos en grandes empresas industriales (como acero, armas y productos químicos) temiendo una crisis crediticia. Al mismo tiempo, Mussolini intentó inyectar capital en empresas en quiebra mediante la creación del Instituto para la Reconstrucción Industrial (IRI). En enero de 1934, el IRI tenía una incidencia de propiedad nominal del 21,49%. Posteriormente en 1937 fue transformado en un órgano permanente, que se convirtió en un holding del Estado que cada vez tenía un peso mayor en la economía italiana, siendo el principal grupo industrial de Italia durante los 50 años comprendidos entre el final de la Segunda Guerra Mundial y los años 90. De esta manera, aunque se mantuviera la propiedad privada, el Estado era quien dictaba precios, salarios y metas de producción. El artículo VII de la Carta del Lavoro, documento fundacional de la política económica fascista, establecía que la iniciativa privada es útil, pero el Estado es responsable ante la nación y puede intervenir cuando la iniciativa privada sea "insuficiente o políticamente contraproducente".
Una de las características del fascismo italiano fue su política expansionista. Benito Mussolini intentaría revivir la grandeza del antiguo Imperio Romano a través de su dictadura. En 1911 Italia le arrebató a los turcos el territorio africano de Libia para lanzarse luego a la conquista de nuevos territorios. Etiopía sufrió la ocupación de la Italia fascista entre 1935 y 1941. La proyección del poder nacional en el extranjero resonaba entre muchos italianos. Creían que la victoria en el campo de batalla en el extranjero devolvería la gloria de la antigua Roma y mostraría al mundo que Italia era un verdadero jugador en el "juego del imperio". El fascismo es expansionista y militarista, utilizando los mecanismos movilizadores del irredentismo territorial y el imperialismo que ya habían sido experimentados por el nacionalismo del siglo XIX.
En cuanto al racismo, el antisemitismo definió el nazismo en Alemania, pero no fue exactamente el caso del fascismo italiano, al menos antes de 1938. Ciertamente, Mussolini y los fascistas veían a las minorías étnicas como un impedimento para la creación de un estado puramente italiano. Sin embargo, su solución era la "italianización". La idea de que la etnicidad era en gran medida una cuestión de cultura, y no de genética, distinguía al fascismo italiano de la visión biológica de la raza del nazismo. Sin embargo, el fascismo en Italia no estuvo exento de racismo. La guerra de Mussolini contra Etiopía en 1935 puso de relieve la raza como una preocupación fascista. El dominio italiano incluía la segregación, y las políticas prohibían las relaciones interraciales. La conquista de Etiopía impulsó a los fascistas a establecer límites más duros sobre quién podía ser asimilado y quién no. Esto tuvo importantes consecuencias, porque la política colonial en Etiopía proporcionó la base para las leyes raciales antisemitas de Italia en 1938. Así que, aunque los judíos tenían poco que ver con Etiopía, se vieron afectados por esa política.
El Nazismo Alemán: La Consolidación de un Régimen Racial
Al igual que Mussolini, Adolf Hitler aprovechó el descontento social producto de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. El desempleo, la inflación y las excesivas demandas por parte de las naciones ganadoras de la guerra hirieron el sentimiento nacionalista alemán, lo que fomentó el surgimiento de grupos políticos radicales. El más violento de ellos fue el Partido Nacional Socialista de los Obreros Alemanes o Partido Nazi, cuyo control asumió Hitler en el verano de 1921. Hitler recurrió a la violencia al fundar a sus tropas de asalto, los famosos Camisas Pardas, responsables de desencadenar la persecución contra los obreros socialistas de la República de Weimar. En un intento por tomar el poder, fue arrestado y sentenciado a cinco años de prisión. Ahí escribió Mi lucha, libro en el que desarrolla el pensamiento nazi.
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Al salir de prisión, cambió de estrategia al enfocar su discurso en las clases medias y bajas de las áreas rurales, prometiendo prosperidad económica, orden militar y progreso nacional. Los nazis alcanzaron triunfos políticos de importancia gracias al manejo de su propaganda y la explotación del miedo social “al extranjero, al comunista o al judío”. A través de distintas artimañas políticas, los nazis se hicieron del poder absoluto del Estado alemán en marzo de 1933. A partir de entonces, iniciaron una serie de medidas encaminadas a desarrollar un Estado ario, racialmente puro, que dominara Europa.
El nazismo se identificó por su discurso nacionalista radical, por su antisemitismo y por su anticomunismo. Según Hitler: "La doctrina judía del marxismo rechaza el principio aristocrático de la Naturaleza y coloca en lugar del privilegio eterno de la fuerza y del vigor, la masa numérica y su peso muerto." El fascismo en la Alemania nazi (o nacionalsocialismo) añadió un importante componente racista. Los nazis establecieron diferentes cuerpos de coerción política, como las SS o los campos de concentración, en un principio dedicados a prisioneros políticos, y, más tarde, los escuadrones de ejecución. Otras instituciones, como las escuelas primarias hasta las universidades también cayeron bajo el control del totalitarismo alemán. El Estado nazi estableció leyes raciales que excluyeron a los judíos de la nacionalidad alemana, prohibieron el matrimonio entre alemanes y judíos y el derecho a poseer negocios. También llevaron a cabo acciones de violencia como la noche de los cristales rotos, en la que atacaron e incendiaron sinagogas y negocios judíos. Durante este evento, más de cien personas fueron asesinadas. Además, persiguieron a homosexuales, gitanos, e incluso a las personas con alguna discapacidad, a través de la eugenesia.
Hitler también señaló la necesidad de un espacio vital en el que se desarrollaría la nación alemana, para lo cual, necesitaba forzosamente expandir sus fronteras. Después de establecer un dominio férreo de la sociedad alemana, los nazis empezaron a rearmar y a transformar su industria en una enorme fábrica para la guerra.
Fascismo en Asia y el Mundo Árabe
La historiografía ha limitado el término "fascismo" a la Europa de entreguerras, sin embargo, el fascismo puede ayudar a entender lo ocurrido en Asia entre las dos guerras mundiales. Aunque no hubo batallas ni tanta destrucción como en Europa, las expectativas de cambio florecieron especialmente en 1919. Asia vivió una catarsis comparable a la europea que desencadenó las ansias chinas, coreanas, árabes o indias de retomar el prestigio perdido y de sacudirse de una humillación compartida. Si el fascismo fue una de las principales fuentes de inspiración para esa recuperación en Europa, en Asia los renacimientos culturales y los asideros nacionales también tuvieron un papel crucial.
Japón: Nacionalismo Exultante y Expansión Militar
En Japón, el año 1931 fue decisivo. La Gran Guerra se saldó con nuevos territorios para el imperio japonés en Micronesia y China. La década de 1920 coincidió con una amplia admiración por Mussolini, pasando después a sus ideas fascistas y al paralelismo mutuo. Pero el gran cambio llegó con la gravedad de la crisis de 1929 y una exitosa respuesta en forma de campaña militar. En 1931, los ejércitos japoneses arrasaron victoriosos por la China del norte y crearon un nuevo país, el Manchukuo, destinado a solucionar sus frustraciones, aun a costa de violar las normas internacionales. Esos militares a cargo de un imperio total al que podrían emigrar millones de japoneses dieron paso a una nación exultante que vivió a su modo ese momento de palingenesia, como italianos o alemanes, con aspectos tanto míticos como violentos, centrados de forma obsesiva en una nación y con la cultura en un papel primordial.
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China: El Guomindang y los Camisas Azules
En China, la fecha clave es el año 1927. El día que se supo que Japón se quedaba con los territorios alemanes en China, el 4 de mayo de 1919, estalló una revuelta que reveló una crisis que se arrastraba durante un siglo. Para salir del pozo y recuperar el poder central, los nacionalistas del Guomindang y el Partido Comunista colaboraron en el Frente Unido. Hasta 1927, cuando esa extraña alianza devino en guerra civil. El Guomindang, al contrario, tomó al confucianismo como eje para cambiar radicalmente la sociedad china promoviendo una cultura política propia. No fue todo el partido, sino los grupos más violentos y a la derecha del Guomindang, como los Camisas Azules, con militancias masivas y sintiéndose los defensores de unas civilizaciones “orientales” capaces de evitar los males del momento. Defendieron un estado fuerte con unas jerarquías renovadas, mostraron dinámicas revolucionarias y contrarrevolucionarias al mismo tiempo, se opusieron a la lucha de clases y consideraron prioritarias la cultura y la ciencia. En 1934, de hecho, Jiang Jieshi (Chiang Kai-shek) lanzó el Movimiento Nueva Vida, una serie de preceptos confucianos promovidos por una organización que la profesora de la UAB Chiao-In Chen define como “fascista de encuadramiento político, de adoctrinamiento social y de control social”.
India: La Influencia Fascista en Movimientos Nacionalistas
En India, los sueños de renacimiento nacional tuvieron un resultado inesperado, en parte por la palabrería fascista. Su sufrimiento por la Gran Guerra fue mayor que en China y en 1919 los indios no sólo sufrieron decepciones sino la masacre de Amritsar. Conviene enumerar tres ejemplos significativos del impacto de esa parafernalia fascista. En primer lugar, porque legitimar la violencia llevó al secretario general del Partido del Congreso, Subhas Chandra Bose, a vivir un loco 1939; primero rompió con su Partido y con Gandhi, después fue detenido por los británicos y mandado a arresto domiciliario por una huelga de hambre, gracias a lo que se pudo escapar y viajar a Europa, entrevistándose con Hitler en Berlín. Entre los movimientos minoritarios, la influencia del fascismo fue significativa. Entre los nacionalistas hindúes, sobre la Organización Nacional de Voluntarios, Sangh, el principal grupo de origen del partido de Narendra Modi. Y entre los musulmanes, sobre una organización paramilitar equivalente a los fascistas, Khāksār.
El Mundo Árabe y el Autoritarismo Fascista
En el mundo árabe, el fascismo también inspiró de forma generalizada. La región vivía expectativas de independencia tras la caída del imperio otomano, el autoritarismo fascista se acoplaba mejor a una cultura política más autoritaria y Mussolini y Hitler entonaron sus propios cantos de sirena: uno se proclamó “defensor del islam” y el otro enemigo de los judíos. Algunos de los movimientos nacionalistas más importantes lo admiraron abiertamente, en especial entre movimientos recién fundados, como Joven Egipto, Al-Fituwwa en Irak, el Partido Kataeb entre los maronitas de Líbano, el Partido Nacional Socialista Sirio, además de Amin al-Husayni, el Gran Mufti de Jerusalén y líder palestino de la independencia. También contaron con dinero fascista y en 1941 triunfó gracias a ellos el golpe de estado de Rashid Ali Al-Gaylani en Irak.
Características Comunes y Diferencias Clave entre Regímenes Fascistas
Aunque no existe un único tipo de fascismo, en líneas generales cuando llegan al poder los líderes fascistas crean un Estado nacionalista, totalitario y de partido único, al frente del cual se presentan como salvadores. Entre sus rasgos definitorios se encuentran, por un lado, la exaltación de valores como la patria o la raza para mantener permanentemente movilizadas a las masas, lo que lo llevó con frecuencia a la opresión de minorías y de la oposición política, y, por otro, un fuerte militarismo.
Ideológicamente, el fascismo se autodefine como de «tercera posición» caracterizada por eliminar el disenso. La Gran Guerra y la completa movilización de la sociedad acabaron con la distinción entre civiles y militares. El fascismo se caracteriza por su método de análisis o estrategia de difusión de juzgar sistemáticamente a la gente no por su responsabilidad personal sino por la pertenencia a un grupo. Aprovecha demagógicamente los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda, y los desplaza contra un enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio frente al que volcar toda la agresividad de manera irreflexiva, logrando la unidad y adhesión de la población.
En el ámbito económico, los regímenes fascistas intervienen en el mercado para favorecer ciertas industrias y controlar el movimiento obrero a través de un sindicato vertical. Es también un sistema proteccionista que pretende convertir al país en una economía autosuficiente. No obstante, permite la propiedad privada. Su objetivo era promover a individuos superiores y eliminar a los débiles. Los empresarios italianos perdieron la autonomía sobre precios y salarios bajo el sistema corporativista. En cuanto al arte y la cultura, el antiintelectualismo y el predominio de la acción sobre el pensamiento eran conscientemente buscados. Incluso la modernidad estética inicial se llegó a despreciar (arte nazi y concepto de Arte degenerado, quema de libros, estigmatización de determinados intelectuales o de colectivos enteros).
Comparativa entre Fascismo Italiano y Nazismo Alemán
| Característica Principal | Fascismo Italiano | Nazismo Alemán |
|---|---|---|
| Líder Fundador | Benito Mussolini | Adolf Hitler |
| Partido Político | Partido Fascista | Partido Nazi |
| Grupo Paramilitar | Camisas Negras | Camisas Pardas / SS |
| Énfasis Racial | Inicialmente "Italianización", racismo colonial en Etiopía, antisemitismo adoptado desde 1938. | Racismo biológico central, antisemitismo fundacional, pureza aria, leyes raciales desde el inicio. |
| Objetivo Expansionista | Revivir el antiguo Imperio Romano, conquista de Libia y Etiopía. | Conquista de Lebensraum (espacio vital) para la nación alemana, dominio de Europa. |
| Contexto de Surgimiento | Descontento post-Gran Guerra, "victoria mutilada", crisis económica y social, miedo al comunismo. | Derrota y humillación en la Primera Guerra Mundial (Tratado de Versalles), crisis económica, miedo al comunismo. |
| Forma de LLegar al Poder | Marcha sobre Roma (golpe de estado respaldado por el rey), luego consolidación por vía legal/parlamentaria. | Intento de golpe de estado (Putsch de Múnich) fallido, luego por vía electoral y manipulación política. |
