José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, citado generalmente como Porfirio Díaz, fue un político, militar y dictador mexicano de ascendencia española e indígena mixteca que se desempeñó como presidente de México en varias ocasiones desde el 28 de noviembre de 1876 hasta el 25 de mayo de 1911. Antes de asumir la presidencia, fue un militar destacado que brilló por su participación en la segunda intervención francesa en México. Combatió en la batalla de Puebla, en el sitio de Puebla, en la batalla de Miahuatlán y en la batalla de la Carbonera. El 15 de octubre de 1863 el presidente Benito Juárez lo nombró General de División y el 28 del mismo mes se le dio el mando militar de 4 estados: Veracruz, Puebla, Oaxaca y Tlaxcala. Resaltaron sus acciones militares en el estado de Oaxaca, en donde organizó guerrillas contra los franceses. El 2 de abril de 1867, Díaz tomó Puebla, y el 15 de junio de ese año recuperó para las tropas republicanas la Ciudad de México. El camino de Díaz hacia la presidencia, sin embargo, estuvo marcado por la controversia electoral.
El Plan de Tuxtepec y la Rebelión contra Lerdo de Tejada
En tres ocasiones participó en la contienda por la presidencia, pero fue derrotado por Juárez y por Lerdo. Díaz dos veces desconoció el resultado de las elecciones y se levantó en armas: la primera en 1871, con el Plan de la Noria, y la segunda en 1876, con el Plan de Tuxtepec. En ambas enarboló una bandera antiautoritarista y anticentralista, pues rechazaba el excesivo poder del presidente de la república frente a los poderes legislativo y judicial y frente a los gobiernos estatales.
El Plan de Tuxtepec, proclamado en enero de 1876, fue un punto de inflexión. Por este plan, Díaz desconoció a Sebastián Lerdo de Tejada como presidente, se autodesignó jefe del ejército restaurador y combatió durante varios meses contra el gobierno establecido de Lerdo, debido a que en las elecciones presidenciales pasadas en las que participó Díaz como candidato, resultó reelecto Lerdo, lo cual Díaz se negó a reconocer. Esta insurrección sentó las bases para el cambio de poder.
Asunción del Poder de Facto y la Disputa por la Legitimidad
La victoria militar de Díaz fue decisiva. El general Porfirio Díaz asume el poder presidencial de facto tras la derrota militar del presidente Sebastián Lerdo de Tejada y de su huida de la capital. En noviembre de 1876 entró triunfante a la Ciudad de México. Díaz ha vencido a los lerdistas, pero la situación política era compleja, ya que otro actor de peso también pretendía la presidencia. El presidente de la Suprema Corte, José María Iglesias, ha desconocido también la elección y pretendido asumir el poder presidencial desde el 28 de octubre pasado en Salamanca, Guanajuato, considerando a la reelección de Lerdo como un golpe de Estado.
Durante este periodo de incertidumbre, Díaz conformó un gabinete para iniciar su gestión. Integran el gabinete de Díaz: Ignacio L. Vallarta, Relaciones Exteriores; Protasio Tagle, Gobernación; Ignacio Ramírez, Justicia; Vicente Riva Palacio, Fomento; Pedro Ogazón, Guerra y Marina, y Justo Benítez, Hacienda. Tras el triunfo del Plan de Tuxtepec, Díaz asumió la presidencia del país en forma interina entre el 28 de noviembre de 1876 y el 6 de diciembre de 1876, y por segunda vez del 17 de febrero de 1877 al 5 de mayo de 1877.
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El Interinato de Juan N. Méndez y las Nuevas Elecciones
Para legitimar su ascenso al poder y dar una apariencia de continuidad constitucional, Díaz tomó una decisión estratégica. Una semana después, el 6 de diciembre siguiente, Díaz nombrará como presidente interino al general Juan N. Méndez, quien a su vez, designará a Díaz jefe del ejército de operaciones para combatir a Iglesias y lo que queda de los lerdistas. Este movimiento fue crucial para despejar el camino hacia su presidencia constitucional.
Con Méndez en la presidencia interina, se convocaron nuevas elecciones. Méndez convocará a elecciones, que serán fácilmente ganadas por el general victorioso. El apoyo popular y militar a Díaz, forjado en la rebelión, aseguró el resultado.
La Declaración de Porfirio Díaz como Presidente Constitucional Electo
El proceso para la formalización del poder de Porfirio Díaz culminó en 1877. En abril de 1877, Díaz será declarado presidente constitucional electo y a partir del 5 de mayo siguiente, tomará posesión de la presidencia de la República, puesto que ocupará, salvo el periodo de su compadre Manuel González, hasta mayo de 1911. Ejerció el cargo en forma constitucional del 5 de mayo de 1877 al 30 de noviembre de 1880. El tiempo que acumuló ejerciendo el cargo de presidente de México tuvo una extensión sin precedentes, llegando a los treinta años con ciento cinco días. Porfirio Díaz gobernó el país durante 30 de los 34 años que corren entre 1877 y 1911; de ahí que esta etapa se conozca con el nombre de porfiriato.
La "Legalidad" del Régimen y el Uso de la Fuerza
A pesar de que el régimen de Díaz se originó en una insurrección, se esforzó por mantener una apariencia de legalidad. Pasemos ahora al problema de la legalidad del régimen, es decir, su distancia o cercanía respecto a las normas constitucionales. Don Porfirio intervenía directamente en los procesos electorales y en la designación de funcionarios a todos los niveles.
Al igual que intervenía en el nombramiento de gobernadores, don Porfirio negociaba las elecciones de diputados, senadores y magistrados federales. Estas elecciones eran indirectas; esto significa que los varones nacidos en México (pues las mujeres no podían votar), hijos de mexicanos o extranjeros naturalizados, mayores de 18 años si eran casados y de 21 si no lo eran, y con un “modo honesto de vivir”, votaban para elegir a los electores, quienes a su vez votaban para elegir a los representantes. Sin embargo, las votaciones federales solían ser una farsa: el día de la elección las urnas estaban desiertas y las papeletas no eran llenadas por los votantes. A pesar de ello nunca dejaron de practicarse; cada vez se publicaban listas de candidatos, se montaban casillas, se imprimían y se contaban los votos. Se trataba de rituales que pretendían mostrar la eficacia del sistema político y legitimaban el régimen. En suma, el régimen osciló entre la legalidad y la apariencia de legalidad.
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Cuando no pudo recurrir a la conciliación o la negociación, Porfirio Díaz optó por un segundo camino: la fuerza y la represión. Para ello utilizó al ejército, a la policía y a la policía rural. Esta combinación de control electoral y el uso implacable de la fuerza fueron pilares fundamentales en la consolidación y permanencia del régimen porfirista.
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