La censura durante el franquismo constituyó un conjunto de medidas dirigidas a limitar la libertad de expresión y opinión en España. Tras finalizar la Guerra Civil, la precariedad económica de España resultó evidente debido al cerco internacional, marcando unos años de autarquía y de miedo a las represalias políticas. La Junta Técnica del Estado decretó en 1937 que quedaban fuera de la ley aquellos libros comunistas, socialistas, libertarios y, en general, disolventes. La censura se limitaba a responder a una serie de normas tales como moral sexual, religión, opinión política y lenguaje indecoroso.
Durante el régimen franquista, la literatura y otras artes como el cine se vieron afectadas, al igual que le ocurrió a la música. La prensa animaba a que se hiciera ¡Por Dios y por España!, y se produjeron episodios de quema de libros sacados de bibliotecas, kioscos, librerías, centros educativos, editoriales e incluso domicilios particulares. Una vez aprobado un libro, se debía hacer constar en la primera página de cada ejemplar; si no llevaba la autorización de la censura, era considerado un libro clandestino y objeto de persecución.
Evolución histórica y control ideológico
La Ley de prensa de 22 de abril de 1938 dio origen a la estructura con que controlar la producción escrita, sonora y visual en el país. Manuel L. Abellán ha propuesto diferenciar entre una época «gloriosa» y otra «trivial» de la censura franquista. La primera sería aquella en la que los lectores-censores tenían una preparación académica solvente para ejercitar la censura política del Movimiento, mientras que la segunda, denominada «trivial», se sitúa a partir de 1962.
La Iglesia católica también ejerció labores de censura de aquellos libros ya publicados considerados perniciosos para los católicos, contando con un cuerpo de voluntarios llamados «censores-lectores». El impacto de estas medidas fue profundo y persistente, afectando incluso a la literatura extranjera:
| Década | Enfoque literario y censura |
|---|---|
| 1940 | Literatura como símbolo de existencia; exaltación de los vencedores. |
| 1950 | La literatura como denuncia; surge el Realismo Social. |
| 1960 | La literatura como experimentación; apertura a la novela europea. |
Efectos persistentes y el legado de la censura
En 1966 la consulta se convirtió en voluntaria, pero las autoridades podían retirar de la circulación cualquier libro considerado inaceptable, lo que estimuló la autocensura de autores, editores y traductores. El resultado es que, décadas después del fin del régimen, se siguen editando libros manipulados por la dictadura. Muchas de las traducciones de los clásicos de la literatura actualmente en circulación son aún las versiones aprobadas por los censores, con frecuencia sin el conocimiento de los editores ni de los lectores.
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La consolidación de la democracia y la Ley de la Memoria Histórica de 2007 supusieron pasos adelante, pero la tarea más urgente es sensibilizar a los lectores y al sector cultural respecto a los efectos a largo plazo de la censura. El país no se librará de la sombra arraigada de la censura franquista hasta que este tema sea abordado de manera pública y decidida, reconociendo que la censura es uno de los legados más persistentes e invisibles del régimen.
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