Descubre Cómo México Pasó del Caudillismo al Poder Presidencial en una Transformación Increíblepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Cuando nos referimos al caudillo, señalamos a quienes ejercen un liderazgo especial por sus condiciones personales; que surge cuando la sociedad deja de tener confianza en las instituciones. Entre los atributos comunes al caudillo antiguo y moderno está su cualidad carismática. La dominación carismática, o del que tiene carisma, ya sea héroe militar, revolucionario o dictador, significa la sumisión de los hombres a su jefe. El caudillo, por su parte, es la pervivencia de un fenómeno antiguo, propio del siglo XIX, que surge cuando la sociedad deja de tener confianza en las instituciones.

El fenómeno del caudillismo y su naturaleza

El origen de la palabra caudillo viene del diminutivo latino caput, que significa "cabeza", "cabecilla", y aunque no existe una definición actual única e incontrovertible, tanto en términos académicos como populares el término evoca al hombre fuerte de la política. Los caudillos no han sido necesariamente gente con grandes proyectos de cambio social; lograron organizar y ponerse a la cabeza de cuerpos militares triunfantes, y en su momento gozaron de una apreciable legitimidad, antes de que su sino político se eclipsara. Y finalmente, el acceso al poder los convirtió en dictadores, marcando la parte final del ciclo.

El caso de México: de la Revolución al poder estatal

En el caso de México, la Revolución ofreció a Álvaro Obregón la posibilidad de convertirse en militar en ascenso y en político de altos vuelos. Su poder nacional aumentó por dos factores: el apoyo popular y su habilidad para hacer alianzas. Obregón asumió la presidencia el 1º de diciembre de 1920 y fortaleció el poder del Estado mediante la subordinación de las organizaciones populares y de los distintos grupos políticos.

La transición hacia un régimen institucional comenzó a vislumbrarse tras la consolidación de la dinastía sonorense. El 1° de diciembre de 1924 asumió la presidencia constitucional Plutarco Elías Calles. Durante este periodo, se buscaron cambios significativos en la estructura administrativa y económica del país:

  • Constitución del Banco de México: Logró cristalizar como banco central, emisor único de moneda y regulador del circulante.
  • Reforma agraria: Continuación de la política agraria iniciada por Obregón.
  • Infraestructura: Construcción de obras carreteras, de irrigación y líneas férreas.
  • Modificación hacendaria: Creación del Impuesto sobre la Renta como fuente principal de recaudación.

El tránsito hacia las instituciones

De acuerdo con Calles, había llegado la hora de pasar del país de caudillos que era el México de entonces, a un país de instituciones, donde la discusión y la lucha política se diera de manera institucional. Esta etapa representó un esfuerzo por superar la etapa del hombre fuerte, aunque el proceso no estuvo exento de crisis políticas, como la rebelión cristera o las tensiones derivadas de la reelección.

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Tras el asesinato de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles se pronunció por la "Etapa de las instituciones". Este giro marcó un punto de inflexión donde la legitimidad comenzó a trasladarse de la figura carismática del líder hacia la estructura legal del Estado. A pesar de los desafíos, como el atentado contra Ortiz Rubio o las presiones de facciones internas, el sistema político mexicano comenzó a transitar de una lealtad personal hacia un modelo burocrático y presidencialista consolidado.

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