El descenso generalizado de los precios de bienes y servicios en un país es lo que se conoce como deflación o inflación negativa y, lejos de lo que pueda parecer, tiene consecuencias muy negativas. Cuando la economía de un país sufre una caída generalizada en los precios de bienes y servicios durante un período de tiempo persistente se habla de deflación. Inflación y deflación son dos conceptos que a menudo escuchamos y que, sin embargo, no todos tienen claro. Comenzábamos este artículo comentando que la inflación y la deflación son dos fenómenos económicos radicalmente opuestos. Sabiendo que la inflación es un ascenso continuado de los precios, la primera impresión podría ser pensar que la deflación, al tratarse del concepto contrario, podría resultar favorable para la población del territorio donde se produce. Pero nada más lejos de la realidad. Siempre hemos visto de manera positiva que bajen los precios, pero como hemos podido ver en detalle, no siempre puede tratarse de una buena noticia.
¿Qué es la deflación?
Para comprender qué es la deflación resulta imprescindible conocer la inflación, ya que se considera el fenómeno opuesto a esta. La definición más sencilla de deflación es que es el antónimo, es decir lo contrario, de la inflación. Una definición de deflación podría ser: el fenómeno económico caracterizado por la caída generalizada y persistente de los precios de bienes y servicios en una economía. Así, al contrario de lo que sucede cuando hay inflación, que supone un aumento en el nivel de los precios, la deflación representa una disminución sostenida del índice de precios al consumo (IPC) durante un período prolongado.
La deflación se trata de una disminución de los precios producida por una contracción de la oferta monetaria. Esto ocurre porque la disminución de la oferta monetaria aumenta el valor de la moneda. En teoría económica, la deflación es la reducción de la oferta monetaria (la cantidad de dinero en circulación) de una economía, que ocasiona una bajada general de los precios.
Características clave de la deflación
Para entender qué es deflación, primero hay que saber cómo se mueve la economía. Estas son algunas consideraciones a tener en cuenta para comprender la deflación:
- Al igual que sucede con la inflación, se mide a través del IPC, que refleja la variación en el costo de una cesta de bienes y servicios representativa del consumo de los hogares. En la economía existen muchos precios. Pero preocupan de una forma especial los relacionados con nuestra “cesta de la compra” habitual.
- Para poder hablar de deflación, es necesario que la caída de precios se mantenga durante varios trimestres consecutivos. No es suficiente que se produzca una reducción puntual. Un aumento puntual de los precios no conduce necesariamente a la inflación, del mismo modo que una reducción puntual de los mismos tampoco conduce a la deflación.
- Debe afectar a una amplia gama de productos y servicios, no únicamente a sectores específicos de la economía del país. En México, aunque no suele existir una deflación generalizada, sí hay sectores donde los precios disminuyen continuamente. El área tecnológica es un ejemplo claro. Sin embargo, estos casos aislados no significan necesariamente que exista una deflación nacional.
- Aunque comparte rasgos con la desinflación, no debe confundirse con esta. La deflación supone que existe una tasa de inflación negativa, mientras la desinflación se refiere a una disminución en la tasa de inflación, que sigue siendo positiva.
Si los bienes y servicios se abaratan y los consumidores retrasan el gasto en grandes compras, se verá reflejado en los índices de precios. Esta información macroeconómica guía a los economistas y responsables políticos a comprender el entorno económico y a tomar decisiones monetarias informadas.
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¿Cuándo se produce la deflación? Causas y orígenes
La deflación es un proceso económico que se presenta cuando la oferta de bienes o servicios es superior a la demanda del mercado. La causa principal de la aparición de deflación en la economía de un país es una superación de la oferta de bienes y servicios en dicho territorio respecto a su demanda. Las causas de la deflación son muy diversas y, además, suelen estar relacionadas entre sí. Estos son algunos de los principales motivos de que se produzca deflación:
- Disminución de la demanda: La caída de demanda provoca una reducción del consumo privado, hace que la inversión empresarial caiga y que disminuya el gasto público. También puede tratarse de una caída de la demanda directamente relacionada con una situación negativa de la economía. Generalmente, ocurre cuando las familias sienten incertidumbre económica, prefieren ahorrar más y gastar menos. Durante periodos complicados, las personas suelen evitar gastos grandes y priorizan únicamente lo esencial.
- Exceso de oferta: El exceso de oferta es el origen de la deflación, puesto que al existir en el mercado más oferta de la que demanda el consumidor, es preciso bajar los precios. Esto implica que se produzca una sobreproducción en sectores clave de la economía, pero también es posible que se den avances tecnológicos con el fin de aumentar la eficiencia y reducir costes. Un exceso de la oferta de bienes y servicios en el territorio ligado a un incremento desmesurado de la producción ante el que el mercado no es capaz de responder. Otra posible causa de la disminución de los precios es el incremento de la oferta de bienes y servicios que hace que esta sea mayor que la demanda de los mismos. En algunos sectores existe una producción mayor a la demanda real. Esto obliga a reducir precios para mover inventarios.
- Políticas monetarias restrictivas: El Banco Central aumenta los tipos de interés y se produce una reducción de la oferta monetaria.
- Crisis económicas y financieras: La deflación suele llevar aparejada la aparición de recesión económica, que afecta a la confianza del consumidor y a la inversión. También puede llegar a provocar colapsos en los mercados financieros.
- Factores demográficos: Cuando una población está muy envejecida, disminuye la población en edad laboral y el consumo se reduce, lo que favorece la aparición de la deflación.
- Globalización y competencia internacional: El hecho de que exista una exacerbada competencia en los mercados internacionales, contribuye a que se presione a la baja sobre los precios y a la deslocalización de la producción a países con costes laborales más bajos.
- Expectativas deflacionarias: La anticipación de precios más bajos en el futuro, puede llevar a que los consumidores pospongan sus compras. La lógica es sencilla: “Si el próximo mes costará menos, mejor espero”. Imaginemos una situación cotidiana para poder entenderla mejor. Ejemplo: Si una familia piensa que los electrodomésticos costarán menos el próximo mes, probablemente espere antes de comprar.
¿Qué consecuencias tiene la deflación?
A pesar de que una bajada en los precios de bienes y servicios pueda ser percibida por los ciudadanos como algo positivo, entrar en una espiral deflacionista suele tener efectos muy negativos. Cuando se produce deflación, la población ve aumentado su poder adquisitivo, es decir, con la misma cantidad de dinero puede consumir más. En teoría, cuando los precios bajan, el dinero alcanza para más cosas. A corto plazo, la reducción de precios puede beneficiar a consumidores porque permite comprar ciertos productos más baratos. Sin embargo, la deflación, aunque pueda parecer lo contrario, no es una situación deseable para la economía. Si bien es cierto que aumenta el poder adquisitivo de los consumidores y que, si va acompañada de nuevas inversiones de los empresarios para producir más, puede aumentar el empleo, también es cierto que puede tener algunos efectos perniciosos para la economía. Estas son algunas de las principales consecuencias de la deflación:
- Reducción del consumo y la inversión: Los consumidores posponen sus compras, porque esperan que los precios bajen todavía más, mientras las empresas hacen lo propio con sus inversiones, ante la expectativa de mejores beneficios. Si la creencia de que los precios van a bajar se mantiene en el tiempo y todos los consumidores posponen sus decisiones de compra, las empresas tendrán que bajar los precios de sus productos por la falta de ventas. Cuando las personas consumen menos productos o servicios, las empresas comienzan a bajar precios para intentar vender más. Cuando existe una situación de disminución de los precios, en ocasiones los ciudadanos optan por diferir su consumo e incrementar el ahorro, esperando a que los precios bajen de nuevo. La desconfianza en el mercado propicia un mayor nivel de ahorro, ya que no se quiere invertir.
- Aumento del valor real de la deuda: Se produce un aumento del valor real de la deuda. Ante la disminución de los ingresos nominales, las deudas se vuelven más difíciles de pagar, incrementándose la morosidad y los impagos. Al contrario que la inflación, la deflación hace más difícil hacer frente a las deudas, al aumentar la carga real de las mismas, (es decir, el valor de esas deudas en términos de la cesta de consumo). Aunque los precios bajen, las mensualidades de créditos o préstamos siguen siendo iguales.
- Disminución de beneficios empresariales y empleo: Los beneficios empresariales disminuyen. Los márgenes de ganancia en las corporaciones se reducen, mientras es preciso hacer frente a los cierres de empresas y al aumento del desempleo. Al caer el consumo, la rentabilidad de las empresas baja, sufren pérdidas y deben tomar medidas en consecuencia para paliar la situación como la bajada de salarios, el despido de empleados, el impago de sus deudas (préstamos, créditos…) o el retraso en el cumplimiento de sus obligaciones tributarias. Cuando las empresas ganan menos dinero, pueden reducir salarios o limitar contrataciones.
- Caída de salarios nominales: Caen los salarios nominales. La caída de los precios también suele afectar a los sueldos. Esto suele traducirse en una disminución en los salarios de los trabajadores, quienes por consiguiente, ven disminuir su poder adquisitivo y con él su consumo.
- Riesgo de espiral deflacionaria: Se corre el riesgo de entrar en una espiral deflacionaria. En la que los precios caigan continuamente, la producción se reduzca de forma drástica y aumente el desempleo. Ese proceso de conducción de la deflación a nueva deflación se ve influido de forma crucial por las expectativas de los agentes económicos. En ese caso, la expectativa de la caída del nivel general de precios puede generar un círculo vicioso: es posible que se produzcan desincentivos a la demanda que lleven a mayores reducciones de precios. Los cada vez menores precios acabarían por producir también un ajuste a la baja por el lado de la oferta, y derivar en destrucción de empleo (y menor consumo) y menor inversión. Y si bajan los salarios y aumenta el desempleo, las familias pierden capacidad de gasto y, por tanto, el consumo se hunde, lo que hace que la demanda siga disminuyendo y que las empresas produzcan menos, sigan despidiendo, y así sucesivamente. Del mismo modo, la deflación puede provocar una complicada crisis en una economía de una región ante la acumulación de efectivo por parte del consumidor que guarda con la expectativa de la bajada de precios continua.
Estas son únicamente algunas de las muchas repercusiones que explican por qué es mala la deflación para el sistema económico de una zona. Con todo, el crecimiento económico de una nación puede verse seriamente condicionado por causa de la deflación, al conducir a una contracción de la actividad económica y dificultar la recuperación.
Ejemplos históricos de deflación
Un ejemplo de deflación y de sus consecuencias fue el que se vivió en Japón en los años 90. Se trató de un largo período de estancamiento económico y deflación conocido como “la década perdida”, del que todavía lucha por recuperarse completamente. Uno de los casos más conocidos ocurrió en Japón durante los años noventa. Durante mucho tiempo, el país experimentó crecimiento económico lento, bajos niveles de consumo y caída constante de precios.
De hecho, España experimentó un breve período de deflación en 2020, cuando se registró una inflación acumulada del -0,5 % debido, principalmente, a los efectos causados por la pandemia de COVID-19 en la economía.
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Políticas ante la deflación
Debido a que tanto la inflación como la deflación pueden tener consecuencias negativas para la economía de un país o región, las autoridades monetarias suelen buscar como objetivo una cierta estabilidad de precios. Eso ofrece mayor previsibilidad a los agentes económicos y evita caer en los peligros de la inflación y de la deflación.
Cabe resaltar que pese a tratarse de dos fenómenos completamente opuestos, ambos son tremendamente perjudiciales para la salud económica del país donde se producen y por lo tanto, el gobierno de dicho país deberá poner en marcha mecanismos macroeconómicos destinados a mitigarlos. En el caso concreto de la deflación, el objetivo debe ser la disminución del valor del dinero y suele conseguirse emitiendo más dinero y poniéndolo en circulación. Paralelamente, conviene reducir la tasa de interés con el fin de potenciar la inversión y el consumo en la población.
En el caso de la deflación, ésta es más probable que se produzca en sectores relacionados con el consumo de bienes duraderos (electrodomésticos, vehículos, productos electrónicos,...), pues el consumo de bienes de primera necesidad, como la alimentación, por ejemplo, suele ser más resistente.
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