Ahora bien, ¿por qué es importante que los católicos recordemos y profundicemos en el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo? La importancia de la Asunción para nosotros, hombres y mujeres de comienzos del Tercer Milenio de la Era Cristiana, radica en la relación que hay entre la Resurrección de Cristo y la nuestra. Más aún, la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo es un Dogma de nuestra fe católica, expresamente definido por el Papa Pío XII hablando "ex-cathedra". El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. Continúa el Papa: "María Santísima nos muestra el destino final de quienes `oyen la Palabra de Dios y la cumplen' (Lc. 11, 28)". Los hombres y mujeres de hoy vivimos pendientes del enigma de la muerte. Mucho bien haría a muchos cristianos oír y leer más sobre este misterio de la Asunción de María, el cual nos atañe tan directamente. El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo nos invita a hacer una pausa en la agitada vida que llevamos para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último: la Vida Eterna, junto con la Santísima Trinidad, la Santísima Virgen María y los Angeles y Santos del Cielo. En el Credo Apostólico profesamos nuestra fe en la "Resurrección de la carne" y en la "vida eterna", fin y sentido último del camino de la vida. Esta promesa de fe se cumple ya en María, como "signo de consuelo y esperanza segura" (Prefacio). El hecho de que María esté ya en el cielo en cuerpo y alma es para nosotros un motivo de alegría, de felicidad, de esperanza. Una criatura de Dios -María- ya está en el cielo: con ella y como ella estaremos también nosotros, criaturas de Dios, un día. El destino de María, unida al cuerpo transfigurado y glorioso de Jesús, será el destino de todos los que están unidos al Señor Jesús en la fe y en el amor. La solemnidad de la Asunción al Cielo de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma es el signo elocuente de que no sólo el alma sino también el cuerpo son "cosa muy hermosa" (Gn 1,31), hasta el punto de que, como en la Virgen María, nuestra carne será asumida en el cielo. María está ahora en la gloria de Dios; ha llegado al Destino donde un día nos encontraremos todos. Por eso es hoy un signo de consuelo y de esperanza, porque si ella, criatura como nosotros, lo ha alcanzado, también nosotros podremos alcanzarlo. Finalmente, propongo que consideremos la Asunción de María como el misterio que revela el valor de la vida humana.
La Proclamación Oficial y su Impacto
Como es sabido, el Papa Pío XII, declaró el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen en cuerpo y alma al Cielo el día 1o de noviembre de 1950. Lo hizo desde el atrio exterior de San Pedro Vaticano, rodeado de 36 Cardenales, 555 Patriarcas, Arzobispos y Obispos, de gran número de dignatarios eclesiásticos y de una muchedumbre entusiasmada, de aproximadamente un millón de personas. Definió así solemnemente, con su suprema autoridad, este dogma mariano. La Asunción de la Santísima Virgen María fue definido y proclamado solemnemente por el Papa Pio XII el 1° de noviembre de 1950, por medio de la constitución apostólica “Munificentissimus Deus” y se celebra en toda la Iglesia cada 15 de agosto. Este fue el último de los dogmas marianos promulgado. En Roma, la fiesta se celebra desde mediados del siglo VII, pero hubo que esperar hasta el 1 de noviembre de 1950, con Pío XII, para que se proclamara el dogma dedicado a María asunta al cielo en cuerpo y alma. Puede entenderse por qué se levantó un grito al unísono de parte de la multitud entusiasmada que estaba en la Plaza San Pedro: casi 1900 años de fe del pueblo y de la Iglesia en esta verdad, confirmada y ratificada por el Romano Pontífice, apelando a la infalibilidad conferida a quien es el Sucesor de San Pedro. También hubo millones de espectadores en los cinco continentes, quienes vieron en televisión u oyeron por las estaciones de radio del mundo católico, el importante anuncio papal. A partir de ese momento ya ningún católico podía dudar del hecho de la Asunción de María en cuerpo y alma al Cielo, sin apartarse de la Fe de la Iglesia. Y es importante hacer notar aquí lo que Royo Marín nos dice en su tratado sobre la Santísima Virgen, respecto de la irreversibilidad que tiene un Dogma declarado. Nos dice que la infalibilidad del Papa al proclamar "ex-cathedra" un dogma de fe, no recae sobre el valor de los argumentos esgrimidos por el mismo Pontífice para apoyar dicho dogma, sino que cae sobre el objeto mismo de la definición. Significa que no pudiera darse el caso de que alguno de los argumentos utilizados fuesen considerados posteriormente dudosos -o incluso, falsos. Después de la definición de un dogma, la verdad definida es asunto de fe. La infalibilidad cae sobre esa verdad y no sobre los argumentos empleados por los Teólogos e, inclusive, por el Papa en la introducción a la misma definición del dogma. Sin embargo, este teólogo mariano considera que los argumentos teológicos que explican el Dogma de la Asunción -al igual que el de la Inmaculada Concepción- son del todo firmes y seguros, y por sí solos nos llevarían -como llevaron a la Iglesia durante tantos siglos- a creer con certeza en la Asunción de María al Cielo en cuerpo y alma.
La Definición del Dogma en "Munificentissimus Deus"
La fórmula definitoria del Dogma de la Asunción, tal como fue proclamada por Pío XII, es la siguiente:
"Después de elevar a Dios repetidas súplicas y de haber invocado la luz del Espíritu de Verdad, para la gloria de Dios Todopoderoso que otorgó a la Virgen María Su especial benevolencia en honor de Su Hijo, Rey Inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para mayor gloria de su augusta madre y para alegría y regocijo de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos como dogma revelado por Dios que: la inmaculada Madre de Dios, la siempre virgen María, habiendo completado el curso de la vida terrena, fue asumida en cuerpo y alma a la gloria celestial” (Pío XII, Munificentissimus Deus, 1 de noviembre de 1950).
He aquí, entonces, el texto de la fórmula definitoria del Dogma de la Asunción: es "Dogma de Revelación Divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial".
Lea también: Guía para Acreditar IVA Retenido
Fundamentos Teológicos y Razones
A partir de esta manifestación del pueblo de Dios, los Padres de la Iglesia e importantes teólogos en la historia han buscado argumentos para justificar lo que ya se venía considerando y celebrando. Continuando con la Bula de la Asunción, he aquí algunos de estos argumentos, contenidos en la misma.
1. Conexión con la Inmaculada Concepción
"Este privilegio -el de la Asunción de María- resplandeció con nuevo fulgor desde que Pío IX, definió solemnemente el Dogma de la Inmaculada Concepción. Estos dos privilegios están -en efecto- estrechamente unidos entre sí." Y es que esta verdad es un desarrollo lógico del dogma de la Inmaculada Concepción de María; María, la “llena de Gracia”, quien en su vida no cometió pecado, quien cumplió la voluntad del Padre en todo momento; Ella que llevó en su vientre al mismo Jesús, Dios hecho hombre; es exaltada más allá de la muerte, ya que no se puede pensar que en Ella la muerte tenga la última palabra, es más, es hasta razonable creer que Aquella mujer, a quien Dios ha elegido desde la eternidad, preservada de toda mancha de pecado, y por cuya fe nos viene la salvación en Cristo su hijo, sea resguardada de la corrupción del cuerpo que sobreviene luego de la muerte. Cristo, con su muerte, venció la muerte y el pecado; y sobre el uno y sobre la otra reporta también la victoria, en virtud de Cristo, todo aquél que ha sido regenerado sobrenaturalmente por el bautismo. Pero, por ley general, Dios no quiere conceder a los justos el pleno efecto de esta victoria sobre la muerte, sino cuando haya llegado el fin de los tiempos. Por eso también los cuerpos de los justos se disuelven después de la muerte, y sólo en el último día volverá a unirse cada uno con su propia alma gloriosa. "Pero de esta ley general quiso Dios que fuera exenta la bienaventurada Virgen María. Este privilegio de María está estrechamente ligado al hecho de ser la Madre de Jesús: dado que la muerte y la corrupción del cuerpo humano son una consecuencia del pecado, no era conveniente que la Virgen María -libre de pecado- se viera afectada por ellos. De ahí el misterio de la "Dormición" o "Asunción al Cielo".
2. La Maternidad Divina y la Sagrada Escritura
"Todas estas razones y consideraciones de los Santos Padres y de los Teólogos tienen como último fundamento la Sagrada Escritura, la cual nos presenta a la excelsa Madre de Dios unida estrechamente a su Hijo y siempre partícipe de su suerte." De donde parece imposible imaginarse separada de Cristo, si no con el alma, al menos con el cuerpo, después de esta vida, a Aquélla que le concibió, le dio a luz, le nutrió con su leche, le llevó en sus brazos y le apretó a su pecho. "Desde el momento en que nuestro Redentor es Hijo de María, ciertamente, como observador pefectísimo de la divina ley que era, no podría menos de honrar, además de al Eterno Padre, también a su amantísima Madre. Pudiendo, pues, dar a su Madre, tanto honor al preservarla inmune de la corrupción del sepulcro, debe creerse que lo hizo realmente".
3. María como la Nueva Eva
"Pero hay que recordar especialmente que desde el Siglo II María es presentada por los Santos Padres como nueva Eva, estrechamente unida al nuevo Adán, si bien sujeta a El, en aquella lucha contra el enemigo infernal, que, como fue preanunciado en el Protoevangelio (Gen. 3, 15), había de terminar con la plenísima victoria sobre el pecado y sobre la muerte, siempre unidos en los escritos del Apóstol de las Gentes (cf. Rom 5 y 6; I Cor. 15, 21-26; 54-57)." Por lo cual, como la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y signo final de esa victoria, así también para María la común lucha debía concluir con la glorificación de su cuerpo virginal; porque, como dice el Apóstol, cuando ... este cuerpo mortal sea revestido de inmortalidad, entonces sucederá lo que fue escrito: la muerte fue absorbida por la victoria (I Cor 15, 54).
4. Coronamiento de los Privilegios de María
"De tal modo la augusta Madre de Dios, misteriosamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad con un mismo decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen sin mancha en su divina maternidad, generosa socia del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sobre sus consecuencias, al fin, como supremo coronamiento de sus privilegios, fue preservada de la corrupción del sepulcro y, vencida la muerte, como antes por su Hijo, fue elevada en alma y cuerpo a la gloria del Cielo, donde resplandece como Reina a la diestra de su Hijo, Rey inmortal de los siglos (cf. I Tim." "Y como la Iglesia universal, en la que vive el Espíritu de la Verdad, que la conduce infaliblemente al conocimiento de las verdades reveladas, en el curso de los siglos ha manifestado de muchos modos su fe, y como los Obispos del orbe católico, con casi unánime consentimiento piden que sea definido como dogma de fe divina y católica la verdad de la Asunción corporal de la Bienaventurada Virgen María al Cielo -verdad fundada en la Sagrada Escritura, profundamente arraigada en el alma de los fieles, confirmada por el culto eclesiástico desde tiempos remotísimos, sumamente en consonancia con otras verdades reveladas, espléndidamente ilustrada y explicada por el estudio de la ciencia y sabiduría de los teólogos- creemos llegado el momento pre-establecido por la Providencia de Dios para proclamar solemnemente este privilegio de María Virgen".
Lea también: Contabilidad en México: Un recorrido histórico
La Solemnidad de la Asunción y su Mensaje de Esperanza
La solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María fue fijada en el 15 de agosto ya en el siglo V, con el sentido de "Nacimiento al Cielo" o, en la tradición bizantina, "Dormición" de Nuestra Señora. El significado de la Asunción de María al Cielo queda plasmado y maravillosamente resumido en el Prefacio de esta Solemnidad Mariana, en la cual celebramos la glorificación de la Madre de Dios ... y también nuestra propia glorificación: la que nos espera al final de los tiempos. Así rezamos en el Prefacio de la Asunción: "Hoy ha sido llevada al Cielo la Virgen Madre de Dios. Ella es figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada. Ella es consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra. Con razón no quisiste, Señor, que conociera la corrupción del sepulcro la Mujer que, por obra del Espíritu Santo concibió en su seno al autor de la vida". Ahora bien, sería oportuno, contemplar este misterio de María como una invitación a reflexionar sobre cuán grande es el amor y la misericordia de Dios que puede realizar grandes cosas cuando somos dóciles y aceptamos vivir según su divina voluntad, siendo conscientes que también en nuestras vidas tenemos momentos de sufrimientos, temores, incertidumbres, tristezas, al igual que nuestra Madre del cielo. Pero es la fe de María la que le permite participar de manera íntima en el Misterio Pascual, es decir, que la Asunción de María está estrechamente relacionada con la resurrección de Jesús. La Asunción nos vuelve a revelar esa predilección de Dios por los pobres, los pequeños y humillados, y por ello es signo de esperanza para todos los pobres y los que se solidarizan con ellos. La última palabra no la tiene la injusticia, ni la opresión, ni la muerte. Es el triunfo de la vida. Otro aspecto que merece ser destacado en este día es el hecho de que María era virgen e Isabel era estéril. Dios va "más allá", sorprende con su acción providencial de salvación.
El Canto del Magnificat
“En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor». María dijo entonces: «Mi alma proclama la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque miró con bondad la humildad de su sierva. En adelante, todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre». María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa”. La Virgen María, con su Magnificat, nos enseña a alabar a Dios. Es una invitación a través de la cual Nuestra Señora, que hoy contemplamos en la gloria, nos anima a actuar y a ir más allá de nuestra costumbre de exagerar los problemas y las dificultades. No se trata de vivir como si no hubiera problemas, sino de valorar lo bello y lo bueno que hay en la vida, y de saber dar gracias a Dios por ello. De este modo, los problemas se colocan en su justa perspectiva.
Oración a María Asunta al Cielo
Mantengamos nuestra mirada y nuestro corazón fijos en aquella que nunca abandonó a su Hijo Jesús y con Él goza hoy de la alegría y la gloria del Cielo. Y encomendémonos a ella pidiéndole que nos ayude a recorrer el camino de la vida sabiendo reconocer las grandes cosas que Dios realiza en nosotros y a nuestro alrededor, para magnificarlo con el canto de nuestra existencia. Oh María Inmaculada Asunta al cielo, tú que vives bienaventurada en la visión de Dios: de Dios Padre que te hizo alta criatura, de Dios Hijo que quiso ser generado como hombre por ti y tenerte como madre, de Dios Espíritu Santo que en ti realizó la concepción humana del Salvador. Oh María purísima, Oh María dulcísima y bellísima, Oh María, mujer fuerte y reflexiva. Oh María, pobre y dolorosa, María, virgen y madre, mujer humanísima como Eva, más que Eva; cercana a Dios en tu gracia, en tus privilegios, en tus misterios, en tu misión, en tu gloria. Oh María asunta a la gloria de Cristo en la perfección completa y transfigurada de nuestra naturaleza humana. Oh María, puerta del cielo, espejo de la Luz divina, santuario de la Alianza entre Dios y los hombres, deja que nuestras almas vuelen tras de ti deja que se eleven tras tu radiante camino transportadas por una esperanza que el mundo no tiene, la de la dicha eterna. Consuélanos desde el cielo, oh Madre misericordiosa, y por tus caminos de pureza y esperanza guíanos un día al encuentro feliz contigo y con tu divino Hijo nuestro Salvador Jesús. ¡Amén!
Lea también: Evolución del SAT
