Es bastante común hoy en día encontrar en muchas plataformas y pulpitos evangélicos la utilización repetida de ciertas frases que parecen evidenciar una autoridad superior a la de muchos otros. “Declarar,” “confesar” y “decretar” son algunos de esos términos de moda. Varios incluso dan la impresión de estar usando esta terminología con base en una vida espiritual más profunda con el Señor. Sin embargo, las apariencias engañan, y la norma para juzgar una práctica religiosa sigue siendo el apegarnos a la voluntad del Padre de Jesús comunicada a nosotros en la Escritura.
Origen y Significado Popular de "Declarar" y "Decretar"
En algunos círculos, "decretar y declarar" algo significa hablarlo poderosamente a la existencia. Esta fraseología tiene raíces Pentecostales/Carismáticas y se parece mucho a la enseñanza de la "confesión positiva". Los involucrados en el movimiento "decree and declare" afirman que si alguien decreta o declara algo, entonces sucederá. "Declarar" es afirmar (en voz alta) un hecho; "decretar" es emitir un mandato autoritario. Kenneth Hagin, un líder en el movimiento de la Palabra de Fe, escribe: "Puedes tener lo que tú dices."
Los defensores del movimiento "decreto y declaro" afirman ser bíblicos, utilizando el respaldo de la Escritura. Como la humanidad está hecha a la imagen de Dios (Génesis 1:27), entonces, el pensamiento es, nosotros, como Dios, podemos hablar y hacer que las cosas sucedan. Dios habló las cosas a la existencia (Génesis 1:3, 6, 9, 14, 20, 24, 26), así que aquellos con fe pueden hacer lo mismo. Aquellos que practican el "decreto y declaro" hacen declaraciones como "decreto y declaro que seré sanado de mi enfermedad" o "decreto y declaro que mi familia estará saludable y bien provista".
Es cierto que la humanidad está hecha a la imagen de Dios; sin embargo, los defensores del “decreto y declaro” están equivocados en las aplicaciones prácticas de esa verdad. Ser hecho a la imagen de Dios no significa que tengamos las mismas habilidades que Dios. Ser hecho a la imagen de Dios significa que "los humanos comparten, aunque imperfectamente y de manera finita, la naturaleza de Dios, es decir, sus atributos comunicables (vida, personalidad, verdad, sabiduría, amor, santidad, justicia), y por lo tanto tienen capacidad para la comunión espiritual con él".
El problema es que nuestras declaraciones pueden ser declarativas, pero no causativas, no importa cuán verdaderas sean. Además, cuando andamos por ahí "decretando" cosas, corremos el riesgo de poner nuestra voluntad por encima de la voluntad de Dios. Ya sea que los practicantes de la fórmula "decreto y declaro" se den cuenta o no, el vocalizar ritualísticamente esas palabras tiene similitudes con los encantamientos mágicos. Según el diccionario, un encantamiento es "una fórmula de palabras escrita o recitada diseñada para producir un efecto determinado". La enseñanza "decreto y declaro" dice que hay algo especial-algo poderoso- asociado con nuestros pensamientos y palabras. No hay nada bíblico acerca de usar palabras específicas para manipular eventos para que algo suceda. En lugar de recitar declaraciones formuladas para obtener algo, debemos orar al Señor en sumisión a Su voluntad (Mateo 26:42).
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¿Es Bíblico "Declarar" y "Decretar"?
La Biblia habla de “declarar” en el sentido de “hacer claro,” explicar y proclamar un mensaje ya dado por Dios para que nosotros lo sigamos y obedezcamos en adoración (Salmo 19:1; 50:6; Daniel 10:21; Mateo 13:35; Juan 4:25). Pero, “declarar” en el sentido de forzar que ciertas cosas pasen no es significado que aparezca en la Escritura, es más bien una practica que emula la magia y la brujería pagana tan detestada por los profetas bíblicos (ej. 2 Reyes 23:24; Isa. 8:19; Jer. 27:9).
En primer lugar, debemos notar que de los cientos de oraciones registradas en la Biblia no se encuentra ni siquiera una vez una oración de este tipo. Ni en ninguna de las 150 oraciones inspiradas en el libro de Salmos. Ni en ninguna de las oraciones de los profetas. Ni en ninguna de las oraciones de Jesús. Ni en ninguna de las oraciones de Pablo. La palabra “declarar” puede ser un sinónimo de la palabra “proclamar” o de la frase “hacer público”. No habría nada malo en usar la palabra de esta manera, por ejemplo: “Dios, declaramos Tu grandeza”. Hay oraciones en los Salmos donde encontramos una frase como “proclamaré Tu grandeza” que es básicamente lo mismo. Sin embargo, en este caso no se está usando la palabra con el sentido de “decretar.” Una cosa es orar diciendo: “Declaramos que eres el Dios proveedor” y otra es decir: “Declaramos provisión”. En la primera oración el que habla está dando a conocer a Dios, pero en la segunda el que habla se está poniendo en el lugar que solo le pertenece a Dios. Al leer la Biblia descubrimos que solo Dios es el que decreta las cosas. Así que cuando la gente dice “declaro esto o aquello” realmente no están orando sino mandando.
La Fe Bíblica vs. la Fe Pagana
La diferencia entre la fe bíblica y la fe pagana consiste precisamente en reconocer que mi vida está últimamente en las manos de Dios y no en las mías. Intentar asegurar o cambiar mi futuro por medio de afirmaciones mías, aun usando el vocabulario bíblico, es evidencia de falta de fe en Dios, y excesiva confianza en el hombre. La confianza o fe bíblica tiene que ver principalmente con creer en lo que Dios ha prometido en su palabra-y por eso es necesario conocerla seria y profundamente sin torcerla como algunos comerciantes lo hacen para amontonar dinero (2 Cor. 2:17; 4:2). La fe bíblica es confiar a pesar de que el mundo no cambie hoy. Es creer contra la realidad presente aun y principalmente en medio del sufrimiento y aún cuando yo NO alcance a ver en esta vida lo que Dios traerá al final (1 Tes. 3:1-9; Job 19:25).
La fe bíblica NO enseña que cualquier cosa que el creyente espere le será concedido si tan solo lo cree convencidamente y ciegamente “lo declare.” La “convicción de lo que se espera” de Hebreos 11:1 no es lo que el creyente se proponga esperar, es más bien lo que Dios nos dice que debemos esperar (Hebreos 10:36-38), es decir la segunda venida de Jesús y su justo juicio para el malvado.
Asalto Directo a la Verdadera Oración
“Declarar” al estilo de muchos predicadores y cantantes hoy en día es un asalto directo, y sustituto barato, al espíritu de la oración cristiana (Lucas 11:2). En lugar de orar en confianza de que Dios tiene mis necesidades bajo control, y esperar en su voluntad, el “creyente” es motivado a cambiar su realidad vía el optimismo humanista. ¡No se trata de pedirle a Dios “que venga su reino,” según esta distorsión el creyente puede hacer que baje el reino ya con solo mandarlo! Este “declarar” es la versión religiosa de la filosofía deconstruccionista secular en la que el mundo es creación del lenguaje humano. La idea a fondo es que si cambias el lenguaje terminarás cambiando la realidad.
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Antesala de la Apostasía
El “declarar” de varios predicadores de la prosperidad es un atentado directo contra el esperar en Dios, es una exhortación a tomar nuestra vida en nuestras manos y afirmar nuestro valor frente al mundo. Esta es una espada de dos filos porque, aunque sea enormemente atractivo para aquellos que sufren de baja autoestima, o para otros que necesitan provisión urgente, también es una fuente de desánimo, depresión y apostasía cuando lo declarado no llega.
El Uso Bíblico de "Confesar"
El “confesar” que muchos usan como sinónimo del “declarar mágico,” en la Escritura generalmente se da en un contexto de expresar nuestro pecado (Salmo 32:5; 38:18), nuestra conversión (1 Reyes 8:33; 2 Cro. 6:24), nuestra limitación, y confianza en que Dios el Padre, el Hijo y su Espíritu tendrán la última palabra. Lo central de la confesión cristiana no es reconocer mi capacidad para cambiar la realidad. Lo central de la confesión es reconocer que el que decide y manda es “el Señor,” no el creyente (Rom. 10:9). Se nos exhorta a confesar el nombre de Dios, hablar de su grandeza - y no de la nuestra - entre las naciones para que lo busquen y adoren (Nehe. 9:3), aunque los siervos del altísimo sufran el rechazo mientras tanto. La confianza no es que mi palabra cambie mi mundo, si no que el Hijo del Hombre confiese en su venida los nombres de sus santos, haciendo pública así la razón y la dignidad que siempre han tenido, aunque los demás no la hayan reconocido (Lucas 12:8; Apoc. 3:5).
El Significado Real de Proverbios 18:21 y Otros Pasajes
Regresando a Proverbios 18 vemos que el contexto hace claro que este pasaje no tiene nada que ver con declarar cosas para formar una nueva realidad. Proverbios 18:21 dice: “Muerte y vida están en poder de la lengua, Y los que la aman comerán su fruto.” La última frase nos ayuda a entender que se refiere a tener cuidado con lo que decimos. Nuestras palabras sí son poderosas para edificar o dañar a otras personas y son poderosas para influir también en la percepción de otras personas hacia nosotros. El que habla mucho puede meterse en problemas. La NTV lo hace aun más claro, “La lengua puede traer vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias.” Lo demás de Proverbios enfatiza la misma enseñanza. Las palabras pueden transmitir imágenes y emociones intensas. Con nuestras palabras podemos perjudicarnos a nosotros mismos, herir a otros y dejar cicatrices duraderas.
Cuida tu lengua y mantén la boca cerrada, y no te meterás en problemas. Proverbios 21:23 NTV
En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, Pero el que refrena sus labios es prudente. Proverbios 10:19 NBLA
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Con la boca el impío destruye a su prójimo, Pero por el conocimiento los justos serán librados. Proverbios 11:9 NBLA
La suave respuesta aparta el furor, Pero la palabra hiriente hace subir la ira. Proverbios 15:1 NBLA
La lengua apacible es árbol de vida, Pero la perversidad en ella quebranta el espíritu. Proverbios 15:4 NBLA
Pero al vivir sabiamente con el temor del Señor, nuestras palabras pueden traer vida y bendición a los demás. Panal de miel son las palabras agradables, Dulces al alma y salud para los huesos. Proverbios 16:24 NBLA
Hay varios otros pasajes que las personas usan para justificar la práctica de “declarar”, pero en todos los casos son versículos sacados de su contexto original y que realmente no tienen nada que ver con esta corriente. Por ejemplo, algunas personas se basan en 2 Corintios 4:13: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos”. No obstante, una mirada al contexto de este versículo nos muestra que Pablo no habla de declarar cosas para que pasen, sino de predicar la Palabra de Dios aunque tengamos dificultades y que el hablar de Cristo es una respuesta natural de creer en Él.
Otro pasaje citado con frecuencia es 1 Juan 5:14-15: “Esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho.” “Podemos declarar las cosas porque ya las tenemos” es el argumento, pero nota que este pasaje usa dos veces el verbo “pedir” no el verbo “declarar” y habla de “peticiones” no de “declaraciones”. El hecho de que rechazamos la moda de “declarar/decretar” como algo antibíblico no quiere decir que nuestras oraciones carecen de fe y de confianza. Al contrario tenemos aun más confianza porque sabemos que estamos orando conforme a Su voluntad revelada en Su Palabra.
La Meta Principal de la Oración
El objetivo principal de la oración es amar al SEÑOR nuestro Dios, con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas (Marcos 12:28-31). Eso significa que la oración se trata en primera instancia de una relación. Dios quiere que hagamos peticiones a Él, pero en primer lugar desea que le conozcamos más como nuestro Rey y amigo fiel (Efesios 1:17; 3:17-19). Al entender que la oración es relacional y no transaccional, nos ayuda aun más a ver la locura de “declarar y decretar”. Por ejemplo, el matrimonio tampoco debe ser transaccional sino relacional. Imagínate si yo dijera esto a mi esposa: “¡Declaro un masaje de 30 minutos esta noche!” ¿Cómo va a quedar eso con ella? En primer lugar, no le estoy pidiendo nada realmente, sino estoy exigiendo algo de ella de manera indirecta. Porque si tengo una relación sana con mi esposa, jamás le voy a decir algo así. Pero ¿nos atrevemos hablar así con Dios? ¿Quién nos creemos? Al humillarnos ante nuestro Rey, podemos luchar en la oración y acercarnos confiadamente ante el trono del Padre. Podemos rogar con la misma audacia que vemos en los salmos, recordando que tenemos un intercesor fiel y todopoderoso, nuestro Señor Jesucristo. Dios no nos necesita pero sí nos quiere utilizar, y una de las maneras más eficaces de ser utilizados por Él es sobre nuestras rodillas con palabras en nuestra boca que se alinean con la Palabra de Dios.
"Arrebatar" o "Atar": ¿Un Concepto Bíblico?
“Arrebatar” o “atar” para ordenarle algo a Satanás es una infantil interpretación de los pasajes bíblicos que ocupan esa terminología. Mateo 11:12, por ejemplo, como aparece en Reyna-Valera es ambiguo. Un mejor trabajo lo hace la versión Dios Habla Hoy que traduce: “Desde que vino Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los que usan la fuerza pretenden acabar con él.” No podemos basar en este verso la idea de que a los creyentes se les manda “arrebatar” nada, y menos a Satanás. Aunque el pasaje de Mateo 16:19 no es fácil de interpretar -de esto da testimonio la gran mayoría de buenos comentarios bíblicos- lo que sí es claro es que el pasaje no dice nada de ligar o atar a ningún humano o a Satanás. El pasaje se relaciona con la entrada al reino de los cielos, la iglesia es la encargada de abrir la puerta, presentar la entrada al reino de Dios. Todos los que entren por esa puerta del mensaje del evangelio, serán acogidos en los cielos. Por esto y por mucho más: No “declares,” No “decretes,” No “confieses,” no “arrebates” no “ates o desates”.
