Descubre Por Qué y Cómo los Régimenes Son Expulsados: Análisis Histórico Impactantepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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François Hartog es un reconocido investigador francés que ha dedicado una buena parte de su vida intelectual a estudiar el pensamiento griego. A diferencia de sus anteriores libros, en Regímenes de historicidad, texto editado en 2007 por la Universidad Iberoamericana, Hartog analiza la relación que el historiador establece con el tiempo, categoría que considera que no sólo se encuentra en el corazón mismo de su trabajo sino que constituye su razón de ser.

El Concepto de Regímenes de Historicidad y las Crisis del Tiempo

Con la intención de que el historiador ponga el presente en perspectiva y haga un ejercicio crítico de la historia, el autor propone que se utilice el esquema de régimen de historicidad. Este es una manera de interrogar las diversas experiencias del tiempo o "crisis del tiempo", es decir, el momento en el que el pasado, el presente y el futuro se articulan y pierden su evidencia. Con el régimen de historicidad se pueden hacer inteligibles las experiencias del tiempo; permite además realizar ejercicios comparativos de "las crisis del tiempo", de tal forma que se puede reflexionar sobre la manera en que el presente actual difiere de otros presentes del pasado, con lo que el historiador se vuelve contemporáneo de lo contemporáneo.

El régimen de historicidad no sólo es una manera de articular pasado, presente y futuro, sino que permite aprehenderlo, decirlo, ordenarlo y darle sentido. Hartog advierte que el régimen de historicidad no es una realidad dada o directamente observable, sino que es construido por el historiador, motivo por el que es necesario reflexionar sobre sus implicaciones pues los investigadores, por lo regular, lo "naturalizan" o "instrumentalizan".

Lo anterior ha ocasionado que no se perciba que los órdenes del tiempo varían en cada época y lugar, situación que ha llevado, por un lado, a que la perturbación de la relación con el tiempo, influido sobre todo por los fundamentalismos, convierta el concepto de memoria en una categoría metahistórica y, por el otro, que la historia del tiempo presente adquiera primacía y se ostente como una "medicina" contra las "ilusiones ópticas" que pueden generar la distancia y el alejamiento.

Hartog plantea que el régimen de historicidad es una herramienta que busca aprehender "momentos de crisis", es decir, cuando las articulaciones entre pasado, presente y futuro dejan de parecer obvias. Siguiendo a Reinhardt Koselleck, el autor advierte que el tiempo histórico se engendra en la tensión que existe entre el campo de la experiencia y el horizonte de espera, tensión en la que el régimen de historicidad busca arrojar nuevas luces sobre el campo de la historia. Así, el régimen de historicidad se convierte en un nuevo itinerario entre la experiencia del tiempo y las historias.

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Es de destacar que la noción de régimen de historicidad se nutrió de los aportes de la mirada antropológica más que de la filosófica. Por el contrario, la antropología evidencia que cada orden cultural tiene su propio régimen de historicidad. En este contexto, un régimen de historicidad es la expresión de un orden dominante del tiempo que se entreteje a partir de diferentes regímenes de temporalidad, en otras palabras, es una manera de traducir y ordenar las experiencias del tiempo y de darles sentido. El historiador francés advierte que existen dos regímenes de historicidad que se encuentran confrontados: el que se estudia y el del que lo estudia. Para plantear una reflexión sobre el orden del tiempo y los regímenes de historicidad, se debe establecer una distancia que permita cuestionar las evidencias, dudar de sus categorías y hacer posible la comparación.

La Transformación de los Regímenes de Historicidad y el Presentismo

Hartog plantea que se debe cuestionar el orden del tiempo y buscar un nuevo modo de articular el pasado y el futuro. Si bien es cierto que la descripción fenomenológica agustiniana de los tres tiempos constituye un punto de referencia esencial, se debe tener en cuenta que existen diversos regímenes de historicidad que difieren del modelo de la historia europea, el cual se fundamentaba, desde la antigüedad hasta por lo menos el siglo XVII, en la historia magistra vitae, que era una manera de esclarecer el presente por medio del pasado y en la que se enfatizaba sobre todo la repetición de lo ejemplar.

Ahora bien, en el régimen de historicidad anterior al siglo XIX dominaba el pasado, pero en el del XX se produjo una interesante unión de futurismo con presentismo. En un principio más futurista que presentista pero al final más presentista que futurista, pues el futurismo es presentismo debido a que el presente se encuentra "futurizado", esto es, la historia se hace en nombre del porvenir y debe escribirse de la misma manera. La preeminencia del presentismo no se debe considerar radical o espontánea, pues en última instancia todo grupo y sociedad, tanto de ayer como de hoy, no cuenta más que con su presente.

Hartog advierte que las modernas expresiones del presentismo inducen a despreciar el pasado, fenómeno derivado de hechos como el consumismo, las innovaciones tecnológicas, la búsqueda de beneficios vertiginosos, el desempleo, la negación de envejecer y la guerra, sólo por citar algunos. El dominio del presentismo ha ocasionado que se ponga atención en tres asuntos: la conservación y defensa del medio ambiente, el deseo de preservar el patrimonio contemporáneo y la transformación de la memoria.

Hartog refiere que la concepción de memoria, bajo el presentismo, ha creado una nueva economía de la "identidad del yo" pero es excesivamente archivística, debido a que se busca hacer memoria de todo. La memoria ya no se concibe como la necesidad de retener el pasado para preparar el porvenir, sino que ofrece al presente el presente en sí mismo. Así, la memoria se convierte en un instrumento del presentismo y permite que el historiador se ubique en el centro de los debates intelectuales gracias a la cercanía que establece con los estudiosos de lo contemporáneo.

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Resulta interesante mencionar que el presentismo cuestiona la historia nacional, misma que articula el pasado con el futuro pues la nación se considera una evidencia, un arma política, un esquema cognoscitivo y un programa histórico. Al desplazarse lo nacional del centro de atención, la preponderancia del futuro disminuyó, en tanto que el presente se volvió la categoría dominante, motivo por el que era necesario visitar y revisitar el pasado reciente. Para reivindicar la centralidad del presente se requiere convertir la memoria, en cuanto contenido más que forma, en un modo de cuestionamiento histórico y de escritura de la historia, y al historiador, en el ejercicio mismo de su profesión, en un lugar de memoria.

Con la caída del muro de Berlín en 1989 y del socialismo real se comprendió que era necesario buscar nuevas relaciones con el tiempo y el régimen de historicidad al que estaba vinculado. Aunque el futuro se consideraba imprevisible, el pasado no se concibe lineal o unívoco sino como un campo en el que se cruzan pasados que habían sido, durante un tiempo, futuros posibles.

El Patrimonio como Categoría Post-Regímenes Expulsados

Ahora bien, la nueva caracterización de la historia ha hecho que lo nacional pierda su carácter mesiánico para convertirse en lo que el autor denomina "nación patrimonio". El énfasis puesto en el patrimonio revela que este se ha convertido en la categoría dominante de la vida cultural y de las políticas públicas, situación que ha generado un desequilibrio en el régimen de memoria que lleva de la "historia memoria" a la "historia patrimonio", en la que el patrimonio adquiere una doble faceta: memoria de la historia y símbolo de identidad.

Es de destacar que el concepto de patrimonio ha trascendido la esfera de los derechos privados y se ha utilizado para definir los bienes culturales colectivos. Lo anterior se explica por el hecho de que se ha considerado que el fundamento del patrimonio es la conservación, motivo por el que la cultura y la naturaleza debían insertarse en la esfera del patrimonio, con la intención de dotarlas de recursos jurídicos que permitieran su preservación para el mañana.

Lo interesante del asunto es que el patrimonio vuelve visible un cierto orden del tiempo, en el que el presente no puede o no quiere desvincularse del pasado. La invocación a la noción de patrimonio no sólo se puede concebir como una toma de conciencia y una respuesta a una ruptura, sino que también es una manera de señalar un peligro potencial y de hacerle frente, pues la lógica de tipo patrimonial, aunque se proclama preocupada por la transmisión, en realidad da lugar a un tipo de "patrimonio inmaterial".

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La vinculación establecida entre patrimonio y naturaleza ha generado la constitución de parques naturales y ecomuseos, circunstancia que ha contribuido a hacer visible el paso de una percepción estética de la naturaleza a una representación patrimonial del entorno, en la que existe una vinculación entre memoria y territorio que se sustenta en una nueva interacción entre presente y futuro.

Casos de Estudio en la Reconfiguración Histórica

La Biblioteca de Karl Marx: Legado y Recuperación tras la Disrupción

La historia de una biblioteca cuenta, en primer lugar y sobre todo, la historia de sus existencias. Esto es particularmente cierto para la Biblioteca de la Fundación Friedrich Ebert (fes), aunque la historia de su patrimonio se remonta mucho más atrás. Uno de ellos narra el camino de la biblioteca de Karl Marx y Friedrich Engels, que constituyó más tarde la base de la Biblioteca de la Casa de Karl Marx (ckm), integrada finalmente en la Biblioteca Especial de la Fundación Friedrich Ebert que se encuentra en Bonn.

Con casi un millón de volúmenes sobre la historia del movimiento obrero alemán e internacional, la Biblioteca Especial es una de las más grandes de Europa sobre esta temática. Su envergadura se debe en buena medida a la reciente incorporación de la colección perteneciente a la Biblioteca de la ckm. La historia de la biblioteca personal de Marx está intrínsecamente vinculada a la historia de la socialdemocracia alemana y a su primera biblioteca partidaria, que resultó muy valiosa para esa agrupación. Tras la muerte de Marx, su gran biblioteca personal de Londres quedó para los ejecutores testamentarios: Eleanor Marx y Friedrich Engels.

En 1895, 27 cajas con 2.100 títulos y 3.200 volúmenes llegaron a la sede berlinesa del Partido Socialdemócrata de Alemania (spd, por sus siglas en alemán). A lo largo de los siguientes años, el crecimiento dio lugar a una colección significativa, que jugó un rol importante en el trabajo político de la organización. La historia de la ckm se inicia en la República de Weimar, unas décadas después de la muerte de Marx y pocos años antes de las inimaginables atrocidades cometidas por la dictadura nazi, que también marcó profundamente el devenir de muchas instituciones vinculadas a la cultura y la memoria del movimiento obrero.

En 1928 comenzó a diseñarse y planificarse la creación de una biblioteca y un archivo en la casa natal de Marx. Sin embargo, la apertura de la ckm ya no fue posible en mayo de 1933: los libros fueron confiscados por los nacionalsocialistas y entregados a la Universidad de Berlín, más precisamente al flamante Instituto de Pedagogía Política.

Lo que no se sabe con total certeza es qué ocurrió después de 1945. La mayoría de los libros fueron transportados a Moscú. En los años posteriores pudieron volver a adquirirse unas pocas obras, que probablemente habían sido sustraídas en torno de 1945 y circulaban por tiendas de anticuarios. En 1991, en tiempos de la perestroika, alrededor de 300 volúmenes pertenecientes a esta serie fueron devueltos por Moscú. Por último, en el marco de un proyecto de restitución de objetos saqueados durante el nazismo, 70 títulos correspondientes a esta primera colección de la ckm retornaron en noviembre de 2002 desde la Biblioteca Central de Berlín.

Décadas después del dramático punto de partida transcurrido entre fines de la década de 1920 y comienzos de la de 1930, empezó la verdadera fase de florecimiento para la biblioteca y el archivo de la ckm. El primer aporte importante se registró en 1971. Marianne Daniels legó la herencia de su abuelo, Roland Daniels, quien había sido médico en Colonia, miembro de la Liga Comunista e íntimo amigo de Marx. Los objetos heredados por Marianne Daniels incluían, entre otras cosas, cartas manuscritas de Marx a la viuda de su abuelo, dos fotografías dedicadas de Marx y un manuscrito de Roland Daniels.

En 1974, con asistencia financiera del Estado federado de Renania-Palatinado, la ckm adquirió la colección de Adams. Frederick Baldwin Adams Jr. logró reunir unos 40 manuscritos y alrededor de 950 libros, incluyendo aproximadamente 40 ediciones del Manifiesto del Partido Comunista y un ejemplar de El capital con dedicatorias personales de Marx y Engels, así como primeras ediciones y originales con notas escritas a mano de Saint-Simon, Charles Fourier, Étienne Cabet, Robert Owen, Wilhelm Weitling y William Thompson.

Luego siguieron otras adquisiciones significativas. Por ejemplo, la primera edición de La sagrada familia y un ejemplar original completo del periódico Nueva Gaceta Renana. En 1977 llegaron alrededor de 50 valiosas ediciones del Manifiesto del Partido Comunista. En 1979 se le compró a un librero parisino la colección casi completa de los periódicos de Proudhon. Ese mismo año se adquirió la biblioteca del belga Bernard Dandois, un estudioso del socialismo, compuesta por unos 500 títulos sobre socialismo, comunismo y anarquismo.

Tras todas estas compras y adquisiciones, el lugar que ofrecía la casa natal de Karl Marx quedó pequeño. En 1983 la biblioteca compró 72 libros, folletos, panfletos, notas y otros documentos legados por Friedrich Lessner, un amigo cercano de Marx y Engels en el exilio londinense. Algunas de las primeras y valiosas ediciones incluidas dentro de esta adquisición llevan dedicatorias personales de Engels.

A finales de 1987, en una subasta celebrada en la casa Sotheby’s de Londres, la ckm compró una colección socialista de un total de 467 títulos únicos. Dentro de esa cantidad de escritos y documentos extremadamente raros, sobresalían algunos como "El caballero de la noble conciencia" de Marx, y los dos manifiestos del Consejo General de la Asociación Internacional de Trabajadores sobre la Guerra Franco-prusiana. En 1991 el conocido anticuario y librero parisino Léon Centner ofreció en exclusiva a la ckm que se hiciera cargo de parte de su rica colección privada sobre historia del pensamiento revolucionario y del socialismo en Francia. La biblioteca personal de Bert Andréas, entregada en 1994 a la custodia de la ckm y compuesta por aproximadamente 20.000 volúmenes, representó un extraordinario salto cuantitativo y cualitativo. La Biblioteca de la ckm no solo creció con estas grandes adquisiciones, donaciones y legados recibidos; a lo largo de los años, en subastas y tiendas de anticuarios, también compró libros y folletos que se sumaron a la colección de ejemplares únicos.

Algunos de estos textos provienen indudablemente de sus bibliotecas personales, como demuestran las notas al margen, observaciones y comentarios escritos a mano por Marx, o bien las dedicatorias de los autores.

El Fin del Porfiriato en México: Un Ejemplo de Cambio Político

Si bien las políticas económicas del General trajeron consigo la modernización y crecimiento de la economía mexicana, el porfiriato se caracterizó por ser un régimen represivo que recurría a la fuerza para imponerse, cuando no funcionaban las prácticas de conciliación. En dicha publicación Díaz declaró: "He esperado pacientemente que llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país."

A raíz de estas declaraciones, se crearon partidos políticos de oposición para las elecciones que se llevarían a cabo en 1910, destacando el partido Anti-reeleccionista, encabezado por Francisco I. Madero. A finales de mayo de 1911, los generales Pascual Orozco y Francisco Villa tomaron Ciudad Juárez, Chihuahua, lo que representó el triunfo de los rebeldes; después de las elecciones de octubre de ese año, Francisco I. Madero tomó posesión.

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