Impacto Devastador del Régimen Talibán en Afganistán: La Realidad del Apartheid de Géneropost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Ya transcurrieron cuatro años desde la segunda toma del poder por parte de los talibanes en Afganistán. Desde agosto de 2021, las autoridades de facto han emitido decenas de instrucciones que privan a las mujeres y niñas de sus derechos en ámbitos como la educación, el trabajo, el movimiento y las decisiones públicas. Con la llegada de los talibanes al poder en agosto de 2021, Afganistán se ha convertido en una cárcel a cielo abierto para las mujeres y las niñas. La esperanza de progreso y empoderamiento se ha transformado en un entramado de prohibiciones y castigos que silencian, controlan y someten a las mujeres afganas. Mientras la sociedad afgana lucha por sobrevivir, las autoridades de facto talibanas cometen violaciones de derechos humanos y crímenes de derecho internacional contra la población, especialmente las mujeres y las niñas, con absoluta impunidad.

Los talibanes niegan esta discriminación y aseguran actuar conforme a la sharia y a la “cultura afgana”, pero los decretos que presentaron como provisionales siguen vigentes años después y controlan casi todos los aspectos de la vida de las mujeres. La situación de las mujeres y niñas en Afganistán desde la toma de poder de los talibanes en 2021 ha sido descrita por la comunidad internacional como un caso de apartheid de género. En un informe conjunto al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Richard Bennett, relator especial sobre la situación de los derechos humanos en Afganistán, y Dorothy Estrada-Tanck, presidenta del Grupo de Trabajo sobre la discriminación contra las mujeres y las niñas, afirmaron que la situación de las mujeres y las niñas en el país es la peor a nivel mundial. Este término ha sido impulsado por defensoras afganas y por organizaciones feministas internacionales, y Amnistía Internacional se ha sumado a esa demanda de reconocimiento y de rendición de cuentas. “Las mujeres y las niñas de Afganistán sufren una grave discriminación que puede equivaler a persecución por motivos de género y crimen contra la humanidad. Además, puede calificarse de apartheid de género, ya que las autoridades de facto parecen regirse por una discriminación sistémica con la intención de someter a las mujeres y las niñas a una dominación total”, afirmó Bennett.

Los expertos señalaron que los edictos promulgados por los talibanes desde que tomaron el control del país en agosto de 2021 han impuesto restricciones generalizadas a los derechos de las mujeres y las niñas, incluida su libertad de movimiento, atuendo y comportamiento, acceso a la educación, el trabajo, la salud y la justicia. El entorno asfixiante está repercutiendo en la salud mental de mujeres y niñas, con alertas generalizadas de depresión y suicidio, especialmente entre las adolescentes a las que se impide seguir estudiando, señala el informe.

Restricciones en la Educación

El informe destaca que "las flagrantes violaciones del derecho fundamental a una educación de calidad tendrán consecuencias de por vida, no sólo en lo que respecta a las oportunidades de empleo, sino también en el acceso a servicios básicos como la atención sanitaria". Cuando las niñas afganas salen por las puertas de la escuela el último día del sexto grado, su educación formal termina. Desde septiembre de 2021, los talibanes han prohibido a las niñas asistir a la escuela secundaria. Sin embargo, la crisis comienza desde antes: casi el 30 por ciento de las niñas afganas nunca comienzan la escuela primaria debido a la pobreza, las normas de género restrictivas y la preocupación por su seguridad. Las familias suelen retirar tanto a las niñas como a los niños de la escuela para que empiecen a contribuir con los ingresos del hogar o a prepararse para el matrimonio infantil, que ha ido en aumento a medida que las familias luchan por hacer frente a la crisis económica.

Poco después de que los talibanes asumieran el control en agosto de 2021, las niñas mayores de 12 años vieron pospuesto indefinidamente su derecho a ir a la escuela. Las mujeres, por su parte, tuvieron prohibido el acceso a la enseñanza superior. Al principio, se impuso una estricta segregación por sexos, dividiendo a mujeres y hombres, pero a finales de 2022, un decreto emitido por el Ministerio de Educación afgano expulsó por completo a las mujeres de los espacios de aprendizaje. Existen algunas opciones de aprendizaje informal o en línea, pero solo llegan a una pequeña fracción de las niñas y no sustituyen al aprendizaje formal de tiempo completo. Por otro lado, tampoco representan una vía para acceder a la educación superior o conseguir un empleo. “Recibir una educación es un derecho muy básico para un ser humano, pero las mujeres y niñas no tenemos este derecho en nuestro país.”

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Exclusión del Mercado Laboral y la Vida Pública

Afganistán tiene hoy una de las mayores brechas de género del mundo en la fuerza laboral. Solo una de cada cuatro mujeres está empleada o buscando empleo, en comparación con casi el 90 por ciento de los hombres. Esto no es un accidente. Los talibanes han establecido prohibiciones radicales que tornan imposible para las mujeres trabajar en sectores que alguna vez ofrecieron oportunidades de empleo, como la administración pública, las ONG nacionales e internacionales y los salones de belleza. La mayoría de las mujeres que sí participan en la fuerza laboral se ven obligadas a realizar trabajos inestables y mal remunerados en la economía informal. Incluso acceder al dinero es un problema: menos del siete por ciento de las mujeres afganas tienen una cuenta bancaria o utilizan una billetera virtual. La prohibición de empleo fuera del hogar ha dañado gravemente la economía familiar.

Solo un número limitado de doctoras y enfermeras tienen permitido trabajar en ciertos hospitales de Kabul para atender a mujeres y niñas, y siempre y cuando no puedan ser reemplazadas por hombres. Además, tienen prohibido interactuar con sus colegas varones. En las zonas rurales hay muy pocas médicas y ellas también están sujetas a las mismas restricciones de movimiento que sus pacientes. “Las mujeres que trabajaban como profesoras, periodistas, trabajadoras de ONG, funcionarias gubernamentales... [ahora están en casa y sienten que no son nada...] Junto con sus ingresos han perdido su dignidad.” Huma, trabajadora humanitaria.

Las organizaciones de mujeres de la sociedad civil también se han visto sometidas a una intensa presión. Los talibanes han restringido el trabajo de las mujeres en las ONG, las han destituido de sus puestos de liderazgo, e incluso han obligado a las ONG a reemplazar la palabra “mujeres” por “hombres” en los documentos de los proyectos. Las mujeres están completamente excluidas de la política formal en Afganistán. En 2020, las mujeres afganas ocupaban más del 25 por ciento de los escaños del parlamento y podían postularse a la presidencia. Hoy en día, no ocupan ningún puesto en el gabinete de facto. Los talibanes están más cerca que nunca de lograr su ideal de una sociedad que borre por completo a las mujeres de la vida pública. No hay imágenes de mujeres en cargos públicos, en la televisión o en eventos oficiales. El mensaje para las niñas y mujeres es claro: el liderazgo no es para ustedes. La participación pública, un camino hacia la igualdad, ha sido brutalmente limitada. El espacio político y laboral se ha estrechado y las oportunidades, que alguna vez prometieron un cambio social significativo, se han evaporado.

Acceso Restringido a la Atención Médica

El acceso a la atención médica se ha vuelto cada vez más difícil para las mujeres afganas desde que los talibanes tomaron el poder: el miedo, las restricciones a la movilidad, las prohibiciones educativas y la discriminación sistémica impiden que las mujeres y niñas reciban la atención que necesitan. El clima de miedo es tal que muchas mujeres optan por no salir de sus hogares. Quienes lo hacen, tal vez tengan que viajar kilómetros hasta llegar a una clínica, donde quizá las rechacen solo porque son mujeres. En algunas provincias, las mujeres no pueden ser tratadas por médicos varones, y hay menos trabajadoras de la salud. Una prohibición impuesta por las autoridades de facto en diciembre de 2024 impidió que las mujeres estudiaran medicina u obstetricia, lo que cerró una de las últimas vías para convertirse en proveedoras de atención médica.

Los resultados son alarmantes. Las mujeres viven vidas más cortas y menos saludables. Los riesgos de mortalidad materna están en aumento, en particular por las altas tasas de maternidad adolescente debido al matrimonio infantil. Y la mayoría de las mujeres ni siquiera pueden tomar decisiones sobre su propia salud, pues a menudo se deja en manos de sus parientes varones. Sin protección sanitaria, las restricciones impuestas a las mujeres y las niñas también están limitando su acceso a la atención sanitaria ordinaria y de urgencia, con consecuencias nefastas para su salud y sus derechos sexuales y reproductivos, al tiempo que añaden más presión a un sistema de salud ya de por sí sobrecargado por la pobreza y los años de guerra. “Dado que las niñas y las mujeres sólo pueden ser atendidas por doctoras, a menos que las restricciones se reviertan rápidamente, existe un riesgo real de que se produzcan múltiples muertes evitables, lo que podría equivaler a un feminicidio”, sostiene el estudio. El requisito de los talibanes de que las mujeres fueran acompañadas por un mahram (familiar varón) en sus desplazamientos restringió el acceso de éstas al trabajo en el sistema de atención sanitaria y sus posibilidades de buscar atención médica. Los talibanes ordenaron a negocios privados y centros de salud que no atendieran a ninguna mujer que no fuera con un mahram, según informó la ONU.

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Violencia de Género y Falta de Protección Legal

Los riesgos de violencia de género están en aumento. Si bien ya no es posible recopilar datos nacionales sobre la violencia de género en Afganistán de manera segura o confiable, las cifras disponibles muestran un panorama desalentador. En 2018, más de una de cada tres mujeres afganas había sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja durante el último año. Desde el regreso de los talibanes al poder en 2021 es probable que la violencia haya empeorado. Las dificultades económicas, las restricciones a la educación de las niñas y el desmantelamiento de las leyes y los servicios de prevención y respuesta ante hechos de violencia han creado condiciones para que la violencia de género crezca sin control. Las mujeres y las niñas sufrían niveles cada vez mayores de violencia por motivos de género, tanto en el hogar como en público. Según informó la ONU, el riesgo de violencia contra las mujeres y las niñas se había incrementado un 40% bajo el régimen talibán, y 14,2 millones de mujeres necesitaban protección y ayuda. Los números en materia de matrimonio precoz, forzado e infantil siguen siendo altos y están en aumento. En 2023, casi el 30 por ciento de las niñas afganas menores de 18 años estaban casadas, el 10 por ciento de ellas antes de cumplir 15 años.

Los talibanes han invalidado la Ley sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (EVAW) de 2009, que criminalizaba 22 formas de violencia y contaba con unidades judiciales especializadas. En este momento en Afganistán solo se contempla una pena de prisión de 15 días para el marido si la violencia física ha provocado “una fractura, una herida abierta o un hematoma en su cuerpo” y únicamente si la esposa logra demostrarlo o presentarlo ante un juez. Las leyes talibanas también permiten al marido imponer castigos “discrecionales” a su esposa y no reconocen la violencia psíquica, legalizando de esta manera el maltrato a la mujer por parte de su marido. Sin protección jurídica, los expertos de la ONU manifestaron su profunda preocupación por la ausencia de protección jurídica para las mujeres y las niñas, la aplicación sistemática de la discriminación y la normalización de la violencia de género -incluidos los homicidios relacionados con el género-, el matrimonio forzado e infantil, la venta de niñas y órganos, el trabajo infantil, la trata de personas y la migración insegura.

Las mujeres no tienen acceso a profesionales del derecho. Algunas abogadas siguen prestando servicios jurídicos desde sus casas, pero tienen prohibido entrar en las salas de los tribunales en la mayoría de las localidades, explica el informe. Los expertos también escucharon testimonios de mujeres que solicitaban el divorcio, pero que fueron amonestadas por un juez con comentarios como: "Tu mano no está rota, tu pierna no está rota, ¿por qué quieres el divorcio?". El artículo 6 especifica que la prueba testimonial debe provenir de hombres o del testimonio conjunto de hombres y mujeres, lo que supone que los testimonios de las mujeres por sí solos no se aceptan ni se consideran iguales a los de los hombres. Así el testimonio de una mujer solo tiene validez si está corroborado por un hombre.

Restricciones a la Movilidad y la Vida Social

Las restricciones al movimiento pueden hacer que la vida diaria sea peligrosa para las mujeres y niñas. En muchas partes del país, las mujeres deben estar acompañadas por un familiar varón cuando salen de sus hogares, a veces incluso para trayectos cortos. Las viudas o las mujeres sin parientes varones cercanos arriesgan su seguridad simplemente para comprar alimentos o acceder a servicios de atención médica. El documento hace referencia a cómo las mujeres afganas tienen hoy prohibido trabajar fuera de casa en la mayoría de los sectores, salir de su hogar sin un familiar varón, o maharam, acceder a baños públicos, parques y gimnasios, y moverse libremente por el país. Las mujeres en Afganistán no pueden salir de sus hogares a menos que estén acompañadas por un mahram, un hombre de parentesco cercano como padre, hermano o marido. Esta regulación se extiende incluso al acto de desplazarse, ya sea en autobús o en taxi. Estas restricciones limitan su autonomía, su movilidad y su acceso a servicios básicos, oportunidades laborales y espacios de socialización.

Bajo el régimen talibán, incluso los espacios de transporte público se han convertido en un reflejo de la segregación de género que prevalece en la sociedad. Los autobuses se han transformado en vehículos de división, marcando un límite inequívoco entre los mundos de hombres y mujeres, y dificultando aún más que las mujeres puedan desplazarse solas. El código de vestimenta de las mujeres ha sido sometido a una normativa extrema. Las mujeres deben estar cubiertas desde la cabeza hasta los pies. Aquellas que se atreven a desafiar las reglas impuestas por los talibanes o que no están acompañadas por su mahram se enfrentan a castigos como azotes, palizas y abusos verbales. Incluso actos aparentemente inofensivos, como mostrar los tobillos, pueden ser castigados. Estas regulaciones se extienden incluso a los detalles más íntimos de la indumentaria femenina. El uso de zapatos de tacón ha sido prohibido, bajo la premisa de que podrían producir un sonido al caminar que sería escuchado por los hombres. La elección de pantalones acampanados también está vedada, incluso si estos quedan ocultos bajo el burka.

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La exclusión de las mujeres de la esfera deportiva es otra dura realidad, así como el acceso a los centros deportivos. Estas prohibiciones no solo perjudican su salud y su bienestar, sino que cercenan su potencial para sociabilizar, crecer y desarrollarse. En la práctica, se ha expulsado a las mujeres de equipos, competiciones y espacios donde antes podían entrenar. “Sólo veo las paredes que me rodean. Ni siquiera puedo salir de casa. ¿Esto es vida?” Zohra, abogada.

Los espacios privados, como los hogares, también se han vuelto campos de vigilancia, donde se perpetúa su invisibilidad y sometimiento. En este sentido, para no ser vistas, las mujeres deben evitar asomarse a los balcones o ventanas de sus domicilios. Y para evitar que cualquier extraño pueda verlas, es obligatorio que las ventanas sean opacas. Nadie puede fotografiar o filmar a mujeres ni publicar imágenes de ellas impresas en revistas y libros. Esta restricción disminuye la visibilidad y el reconocimiento de las mujeres en la sociedad, relegándolas a un papel secundario y negando su capacidad para influir y contribuir al desarrollo del país. La censura también alcanza a los libros escritos por mujeres. Se puede castigar a una mujer por ir repetidamente y permanecer en la casa de su padre o de otros parientes si su esposo se opone y un tribunal decide que debe regresar con él. Puede ser condenada a tres meses de prisión junto con las personas (familiares) que la acogen. De esta manera se acaba con uno de los pocos refugios que le podía quedar a una mujer que huye de violencia de género.

Una orden emitida por los talibanes ha dado pie al cierre forzado de miles de salones de belleza en Afganistán. Estos lugares no solo eran una fuente esencial de ingresos para las economías familiares, sino que también desempeñaban un papel fundamental como espacios seguros de encuentro y unión para las mujeres, donde podían relacionarse, compartir información y apoyarse mutuamente. El artículo 38 penaliza con un mes de prisión a toda persona que ‘mire a una mujer que sea su vecina, le haga señas, describa su cuerpo a otros en el transcurso de una conversación o pregunte por ella’. Este artículo, junto con otras disposiciones, restringe y margina aún más a las mujeres de las interacciones sociales cotidianas y de la participación en la vida pública. Es la muerte social para las mujeres. “Primero nos prohibieron llevar ropa de colores. Luego nos dijeron que dejáramos de llevar pañuelos de colores. Luego nos pidieron que vistiéramos todo de negro. Ahora el burka o el velo integral. ¿Qué más nos espera?” Brishna, estudiante universitaria.

Impacto en la Salud Mental

Estar confinadas en el hogar también tiene profundas consecuencias para la salud mental. El acceso limitado a la actividad física y al apoyo comunitario y emocional ha provocado una crisis de salud mental entre las mujeres y niñas, que informan de niveles crecientes de ansiedad, desesperanza y desesperación. Al igual que las mujeres de todo el mundo, las afganas también tienen más probabilidades de poner la salud de las demás personas por encima de la suya. El entorno asfixiante está repercutiendo en la salud mental de mujeres y niñas, con alertas generalizadas de depresión y suicidio, especialmente entre las adolescentes a las que se impide seguir estudiando, señala el informe.

Cifras Alarmantes del Régimen Talibán

La negación de sus derechos básicos, la limitación de oportunidades y la coerción constante forjan un futuro lleno de obstáculos. Los efectos de estas políticas son devastadores y se resumen en las siguientes cifras:

Indicador Impacto / Dato
Educación
  • El 78% de las jóvenes afganas no reciben educación ni formación ni tienen empleo.
  • Casi el 30% de las niñas afganas nunca comienzan la escuela primaria.
  • Negar el acceso de las niñas a la educación secundaria le cuesta a Afganistán el 2,5% del PIB cada año.
Empleo
  • Solo una de cada cuatro mujeres está empleada o buscando empleo, frente a casi el 90% de los hombres.
  • Menos del 7% de las mujeres afganas tienen una cuenta bancaria o utilizan una billetera virtual.
Salud y Mortalidad
  • Se prevé que la procreación prematura aumente en un 45% para 2026.
  • La mortalidad materna podría aumentar en más del 50%.
  • El riesgo de violencia contra las mujeres y las niñas se ha incrementado un 40% bajo el régimen talibán.
  • 14,2 millones de mujeres necesitan protección y ayuda.
Matrimonio Infantil/Forzado (2023)
  • Casi el 30% de las niñas menores de 18 años estaban casadas.
  • El 10% de ellas antes de cumplir 15 años.
Necesidad de Asistencia Humanitaria
  • Cerca de 22 millones de personas (casi la mitad de la población del país) dependen de la asistencia internacional.

Resistencia y Llamado a la Acción Internacional

A pesar de todo, las mujeres y niñas afganas siguen demostrando fortaleza, resiliencia y coraje. Sin embargo, no deberían tener que enfrentarse a esos desafíos solas. El mundo debe actuar ahora, no solo para satisfacer las necesidades urgentes, sino también para proteger el futuro de una generación. El silencio no es una opción. La solidaridad no es optativa. Escuchemos. Financiemos. Mientras tanto, algunas mujeres aún encuentran otras formas de participar y se reúnen informalmente con las autoridades de facto para abogar por sus organizaciones y comunidades. Estos silenciosos actos de influencia son importantes, pero no sustituyen a la representación equitativa.

La opresión de los talibanes ha dado lugar a un movimiento de resistencia valiente y pacífico, liderado por mujeres y niñas en todo Afganistán. Sin embargo, esta lucha por derechos básicos como la libertad de expresión, de asociación y de reunión no está exenta de sufrimiento y adversidades. Las protestas pacíficas se han convertido en un terreno peligroso para estas valientes mujeres que han sido víctimas de palizas y descargas eléctricas con pistolas paralizantes. A pesar de esta brutal represión, las mujeres y niñas continúan haciendo frente a los riesgos y luchando por la defensa de sus derechos humanos. Frente a esta represión, muchas mujeres afganas usan el arte y la palabra como forma de resistencia pacífica. “Los talibanes intentan enjaularnos, apartarnos de la sociedad y destruir todo lo que tenemos. Pero tenemos esperanzas. Tenemos sueños. Incluso si nos encadenan, prevaleceremos.” Meena, estudiante.

A pesar de este desolador contexto, mujeres y defensoras de los derechos humanos tanto dentro como fuera de Afganistán se organizan, intentan coordinar protestas, se reúnen y se manifiestan, tratando de resistir y defender su libertad. Muchas son las que siguen recordando al mundo que la búsqueda de la justicia y la dignidad nunca puede ser silenciada por completo, y nos piden a la comunidad internacional: “hablen de nosotras, no nos olviden”.

La comunidad internacional y expertos de Naciones Unidas han expresado su preocupación, calificando dicho panorama como “apartheid de género”. Las mujeres y niñas afganas se enfrentan a la crisis de derechos de las mujeres más grave del mundo. Cuatro años después de que los talibanes tomaron el poder, oleadas de restricciones han despojado a las mujeres y niñas de sus derechos y dignidad, y ninguna de estas medidas se ha revertido. ONU Mujeres apoya a las mujeres afganas en el territorio para que puedan cubrir sus necesidades urgentes y proteger sus derechos. Nuestro apoyo incluye lo siguiente: Programación hecha por mujeres y para las mujeres.

ONU Mujeres insta a los socios mundiales a lo siguiente: Asignar financiamiento flexible a largo plazo: Apoyen a las organizaciones de mujeres de la sociedad civil con recursos sostenibles y adaptables. Garantizar que al menos el 30 por ciento del financiamiento destinado a Afganistán apoye la igualdad de género: Eviten programas que no atiendan explícitamente las necesidades de hombres y mujeres, niños y niñas. Desde Amnistía Internacional trabajamos en la defensa de los derechos de las mujeres y niñas afganas. Denunciamos las violaciones de sus derechos humanos, generamos conciencia a nivel global y presionamos por cambios significativos en las políticas y prácticas discriminatorias a través de la incidencia y la movilización. Nuestro compromiso continuo es esencial para promover la igualdad de género y garantizar un futuro más justo y seguro para las mujeres y niñas en Afganistán y en todo el mundo.

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