Descubre cómo Deducción, Inducción y Abducción Revolucionan el Pragmatismo de Charles S. Peircepost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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De todas las corrientes de pensamiento, el pragmatismo es la única tradición filosófica que nació en Estados Unidos, reflejando de forma explícita los ideales de la fundación de este país, y más en particular, el contexto político, institucional y científico de principios del siglo XIX. El pragmatismo es una corriente de pensamiento que habla de forma directa a las personas interesadas en el cambio social. El pragmatismo pone en valor la integración y la puesta en práctica del conocimiento, rechazando la duda radical cartesiana y las visiones dualistas del mundo vigentes hasta la época: mente y materia, razón y emoción, teoría y práctica, etc. Ponen el foco en la experiencia (o en la vivencia, si lo traducimos mejor al castellano) como el lugar de todo significado.

Charles S. Peirce: Vida y Legado Intelectual

En la actualidad, Charles Sanders Peirce es considerado uno de los intelectos más originales y polifacéticos de los Estados Unidos de América de finales del siglo XIX y principios del XX. Charles S. Peirce nace el 10 de septiembre de 1839 y muere el 19 de abril de 1914. Peirce nació en Cambridge (Massachusetts) en 1839. Fue hijo de un matemático llamado Benjamin Peirce, quien le heredó el gusto por la ciencia. Fue un niño precoz y privilegiado con una gran cantidad de estímulo intelectual. Su padre fue una eminencia de las matemáticas en Harvard y su interés por la lógica comenzó a una edad temprana. Se recibió en química en la Universidad de Harvard en 1859 y pasó la mayor parte de su vida en el instituto United States Coast and Geodetic Survey (1861-1887).

Durante más de treinta años, Peirce estuvo involucrado en problemas prácticos y teóricos asociados con la realización de mediciones científicas. Por temporadas cortas, enseñó matemáticas, historia de la filosofía y de las ciencias, así como cursos de lógica en la universidad más prestigiosa de ese estado, la de Harvard. En 1884, fundó su cátedra de Lógica en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, donde se desempeñó desde 1879 hasta que fue separado de su cargo en 1884, a la edad de 45 años, por consejo del comité ejecutivo de dicha institución. Su trabajo lo dio a conocer a través de artículos filosóficos que escribió para revistas prestigiosas de ciencia (como Nation, North American Review, Journal of Speculative Philosophy, Scientific Monthly) y en diccionarios (como Century Dictionary y Dictionary of Philosophy and psychology).

Aunque escribió de forma extensa sobre muchos temas filosóficos, nunca compiló sus pensamientos en un libro. Su estilo de escritura, al igual que su carácter, no era fácil, carecía de la claridad que podría haber hecho que sus puntos de vista fueran más accesibles. Murió en 1914, alejado del ámbito académico en Milford (Pennsylvania) sin llegar a publicar -ni siquiera a sistematizar- el grueso de su producción escrita. Sin embargo, su pensamiento permaneció prácticamente desconocido hasta los años cincuenta del siglo XX, cuando los filósofos de la ciencia se volcaron hacia sus escritos para investigar sobre el razonamiento abductivo. En los últimos años, han proliferado los estudios sobre la obra de este filósofo, lo cual ha propiciado un redescubrimiento de sus ideas y aportaciones.

El Pragmatismo como Método: Clarificación de Ideas

Para Peirce, la filosofía y la lógica eran ciencias en sí mismas; es más, entendía que la filosofía era la filosofía de la ciencia, y la lógica era la lógica de la ciencia. El pragmatismo es un método que formula cómo aclarar nuestras ideas. Para determinar el significado de una idea, seguiremos el método científico: uno debe “testear” esa idea en el «mundo objetivo” y los resultados de este experimento constituirán el significado de la misma. Peirce sostenía que la única forma de juzgar el significado de un concepto es por medio de sus efectos prácticos concebidos en la experiencia, por este motivo los conceptos no pueden definirse por otros conceptos ni a priori. El principal motor de la investigación científica reside en una peculiar operación de la mente por la cual emerge una hipótesis o conjetura capaz de explicar los fenómenos de la naturaleza o los hechos que nos sorprenden. La metodología científica constituyó uno de los principales intereses de Peirce a lo largo de su vida.

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Crítica al Racionalismo Cartesiano y al Trascendentalismo Kantiano

La Duda Metódica y el Conocimiento Intuitivo

En el Journal of Speculative Philosophy, escrito en 1868, Charles S. Peirce explica con claridad algunos de los problemas propios de la filosofía cartesiana y el trascendentalismo kantiano; en particular, trata los problemas relativos a la “duda metódica”, al carácter intuicionista puro de la autoconsciencia y a la naturaleza dual de la realidad escindida en fenómenos y noúmenos, respectivamente. La filosofía de René Descartes (1596-1650), expuesta en sus obras El discurso del método y Las meditaciones metafísicas, se basó en la aceptación de ciertas verdades de carácter esencial, no derivadas de la experiencia, y en la búsqueda de un sistema filosófico basado en estas verdades a priori, elaborado con ayuda del método de razonamiento al que Descartes denominó “duda metódica”. Tal como indica su nombre, este es un método cuyo objetivo se centra en la fundamentación radical del conocimiento y consiste en el rechazo de aquellas creencias de las cuales pueda plantearse una duda.

Los sentidos, el mundo externo, la certeza de las matemáticas y la recta razón no superan a la “duda metódica”, pero el cogito es lo único que puede resistir los ataques de la “duda metódica”. Peirce rechazó el conocimiento intuitivo del racionalismo metafísico cartesiano. Según él, la realidad es externa y más o menos opaca, pero siempre aferrable, y no existe lo completamente incognoscible. La cuestión del conocimiento intuitivo, en oposición al conocimiento como inferencia, es muy compleja; no obstante, debido al propósito de este artículo, sólo le dedicaremos algunas líneas argumentativas peirceanas.

  1. No tenemos ningún poder de introspección, sino que todo conocimiento del mundo interno se deriva por razonamiento hipotético de nuestro conocimiento de los hechos externos.
  2. No tenemos ningún poder de intuición, sino que toda cognición está determinada lógicamente por cogniciones previas.
  3. No tenemos ninguna capacidad de pensar sin signos.
  4. No tenemos ninguna concepción de lo absolutamente incognoscible.

El cogito, ergo sum (pienso, luego existo), en su formulación silogística, no representa un simple razonamiento, sino una intuición de carácter puro. Como Peirce aclara en “Algunas consecuencias de cuatro incapacidades”, la autoconsciencia no es algo a lo que se pueda llegar por medio de una intuición pura e inmediata, tal como sustentaba Descartes mediante el cogito, sino que surge a partir del reconocimiento de nuestros yoes personales, que están determinados por cogniciones previas. Peirce no niega la existencia de la intuición, pero no acepta que la autoconsciencia esté determinada por ella. La autoconsciencia no surge a partir de una intuición pura, como pretendía Descartes mediante el cogito, sino que es el producto de una inferencia desplegada a partir de la ignorancia y el error.

Fenómenos y Noúmenos

Peirce expresó su inconformismo no solo ante la filosofía cartesiana, la “duda metódica” y el carácter intuicionista puro de la autoconsciencia, sino también ante la influencia que el cartesianismo ejerció en las filosofías posteriores, en particular en la filosofía trascendental de Königsberg, Immanuel Kant (1724-1804). La “estética trascendental” es decisiva porque también introduce una distinción básica entre fenómenos y noúmenos o cosas en sí. El fenómeno es el aspecto que las cosas ofrecen ante nuestros sentidos, es decir, el primer contacto que tenemos con las cosas, lo que denominamos experiencia. Peirce trata de mostrar que el problema para el cual se “inventó” la dicotomía fenómeno-noúmeno es un problema que simplemente no existe. Según él, la distinción es innecesaria porque, entre otras cosas, lo nouménico, es decir, lo incognoscible, no puede guardar ninguna relación posible con el pensamiento. En resumen, Peirce se ocupa de mostrar que la distinción entre fenómenos y noúmenos es innecesaria porque lo nouménico no puede guardar ninguna relación posible con el pensamiento. Además, se diferencia de lo desconocido en que sí guarda relación posible con el pensamiento.

Los Tres Modos de Inferencia: Deducción, Inducción y Abducción

Antecedentes Aristotélicos

Antes de Peirce, la lógica dividía los argumentos en dos subclases: argumentos deductivos (inferencias necesarias) y argumentos inductivos (inferencias probables). Aristóteles, en los "Primeros" y "Segundos analíticos" del Órganon, estableció los principios de la lógica deductiva, pensando principalmente en las ciencias teóricas, en especial en las matemáticas. Aristóteles les da una terminología a los tres métodos de razonamiento: apodeixis (deducción), epagogé (inducción) y apagogé (abducción). El método aceptado como válido era el de carácter deductivo (apodeixis) ya que por medio de él era posible llegar a conclusiones necesarias, derivadas efectivamente de sus respectivas premisas. Habló sobre la epagogé o inducción en el capítulo 23 del libro segundo de los "Primeros Analíticos" donde la describe como un proceso contrapuesto a la apodeixis, que es el razonamiento deductivo o apodíctico.

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Para Aristóteles, la inducción no era un razonamiento válido, pues a partir de las reglas silogísticas la conclusión que se obtiene es falible. Sin embargo, reconoció que los primeros principios de las ciencias se llegaban a establecer por inducción. En todo caso, lo que puede ofrecer una inducción es una generalización, un salto cualitativo en el conocimiento desde lo particular hasta lo universal. Para Aristóteles, la inducción fue considerada como una guía para la deducción en el proceso de la investigación.

La Propuesta de Peirce sobre la Tríada Inferencial

Peirce distinguió en su sistema lógico tres modos de inferencia: deducción, inducción e hipótesis, poniendo énfasis en la abducción. La reflexión constante sobre los modos de inferencia le hizo considerar que no se trataba de tres operaciones independientes del entendimiento, sino más bien de tres etapas que se entrelazan en el proceso de investigación. Así, en el presente artículo buscamos contribuir al análisis y esclarecimiento de la naturaleza de la abducción peirceana, así como reflexionar su función e importancia en la investigación científica. Para ello, enunciaremos primero su pensamiento temprano sobre los tres modos de inferencia.

En la etapa temprana de su pensamiento, Peirce escribió varios ensayos donde da cuenta de la tríada inferencial. En estas primeras investigaciones realiza distinciones entre los tipos de argumentos que clasificó como deductivos, inductivos y abductivos. Uno de sus primeros artículos sobre ello fue “On the Natural Classification of Arguments”. En este ensayo, ya estaba convencido de que había tres tipos de inferencia. En “Deduction, Induction and Hypothesis” sostuvo que el conocimiento se obtiene mediante distintos tipos de inferencias o razonamientos y encontró que el modus Barbara permitía tres diferentes tipos de inferencia: apoidexis (deducción), epagogé (inducción) y apagogé (hipótesis que, posteriormente, en la VI Conferencia de Harvard le daría el nombre de abducción).

Para Peirce, siguiendo a Aristóteles, una deducción es la aplicación de una regla o la aplicación de reglas generales a casos particulares. El razonamiento inductivo o sintético es el razonamiento que se obtiene a partir de casos particulares, pero éste no es un silogismo correcto porque no es válido concluir una proposición universal partiendo de dos proposiciones particulares. En el caso de la inducción, aunque la enumeración no sea exhaustiva, de todas formas es posible realizar un salto cualitativo en el conocimiento desde lo particular hasta lo universal, pero sólo aseguraría conclusiones probables. La tercera posibilidad de razonamiento, la inferencia hipotética, es aquélla que de un caso a partir de una regla y un resultado se consigue una conjetura. Para Peirce, una deducción no es más que la aplicación de una regla a un caso para establecer un resultado. La deducción es analítica y produce conocimiento categóricamente verdadero, mientras que las inferencias sintéticas, tanto la inducción como la abducción, aportan un conocimiento no categórico, sujeto a constante revisión por su carácter probabilístico.

Esquema Silogístico de las Inferencias

Peirce ilustró estos modos de inferencia a través de la inversión de los términos de un silogismo deductivo, como se muestra en el siguiente esquema:

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Tipo de Inferencia Estructura Ejemplo de las Judías
Deducción Regla. Caso. ∴Resultado. Regla: Todas las judías de esta bolsa son blancas.
Caso: Estas judías son de esta bolsa.
∴Resultado: Estas judías son blancas.
Inducción Caso. Resultado. ∴Regla. Caso: Estas judías son de esta bolsa.
Resultado: Estas judías son blancas.
∴Regla: Todas las judías de esta bolsa son blancas.
Hipótesis (Abducción) Regla. Resultado. ∴Caso. Regla: Todas las judías de esta bolsa son blancas.
Resultado: Estas judías son blancas.
∴Caso: Estas judías son de esta bolsa.

En este cuadro, la conclusión de la hipótesis (caso) se obtiene por medio de una inferencia que une dos sujetos semejantes mediante un predicado común. De este modo, "Todas las judías de la bolsa" y "estas judías" tienen en común ser blancas (mismo predicado), entonces suponemos que tienen en común ser de la misma bolsa.

La Abducción como Generación de Conocimiento Nuevo

A diferencia de la deducción o la inducción, la lógica abductiva permite la creación de nuevos conocimientos e ideas: B se presenta como una mejor suposición de por qué A está ocurriendo, pero B no es parte del conjunto original de premisas. El método científico comenzaría con la abducción, una hipótesis explicativa basada una observación “sorprendente” o que nos llama la atención. Posteriormente mediante la deducción se sacarían conclusiones sobre qué fenómenos deberían esperarse, en el caso de que la hipótesis fuese correcta. La abducción se trata de una manera de razonar que combina la lógica con la creatividad y que entraña una novedad; aunque no sería posible sin conocimientos previos, Peirce le otorga un carácter originario, afirmando que algo nuevo puede entrar en nuestro conocimiento. "La sugerencia abductiva nos llega como un destello. Es un acto de comprensión, aunque una comprensión extremadamente frágil."

En "Deduction, Induction and Hypothesis", Peirce clasificó la inferencia deductiva como analítica y la inducción e hipótesis como sintéticas. La inferencia analítica es llamada también explicativa, pues no hace sino explicitar lo que ya está en las premisas, y la sintética es ampliativa, porque añade nuevos conocimientos. En este caso, la inducción y la hipótesis están dentro de una misma subclase: ampliativa. Por lo tanto, la inducción y la hipótesis son ampliativas, en cuanto ambas extienden el conocimiento más allá de lo meramente observado.

Ahora bien, a Peirce le interesaba dejar bien clara la diferencia entre inducción e hipótesis porque, como él mismo afirmaba, muchos lógicos de su tiempo seguían considerando que sólo había dos tipos de razonamiento, y creían que no valía la pena explicitar el razonamiento hipotético porque era un razonamiento inválido y daba pie a sostener argumentos sumamente débiles. No obstante lo anterior, Peirce dio mucha importancia a la abducción. A diferencia de los lógicos de su tiempo que planteaban que la hipótesis era una inducción, y de varios filósofos que la consideraban una intuición, Peirce la formuló como un tercer razonamiento, no intuitivo, ampliativo del conocimiento e irreductible a la inducción. Esta inferencia tiene una estructura diferente a la deducción e inducción: por un lado, no es una inferencia necesaria como la deducción y, por otro lado, comparte la probabilidad con la inducción.

Así, la inducción infiere de un conjunto de hechos otro conjunto de hechos semejantes, por lo que su ampliación es cuantitativa. Por otra parte, la hipótesis infiere de hechos de una clase, hechos de otra clase distinta, por lo que, en este periodo, Peirce denomina a su ampliación "cualitativa". Peirce señaló: "Hypothesis is where we find some very curious circumstance, which would be explained by the supposition that it was a case of a certain general rule, and thereupon adopt that supposition".

El hecho de que la conclusión de una inferencia abductiva sea probable significa que esta se tiene por verdadera a partir de razones insuficientes, que tienen, sin embargo, con respecto a las suficientes, una proporción mayor que las razones de lo contrario. Básicamente, una conclusión de una inferencia abductiva no se sigue "necesariamente" con la misma fuerza que la de una deducción y, a su vez, se sigue con menos fuerza que la de una inducción. Con respecto a lo anterior, la abducción corresponde a un argumento falaz, porque el término medio no está distribuido en las premisas (ya que es el predicado de la regla y el resultado, cuyas formas lógicas son A y E).

Peirce no estaba conforme con su formulación inicial sobre la abducción, expresada principalmente en "Deduction, Induction, Hypothesis", y reformulada en algunos aspectos relacionados con la probabilidad en "A Theory of Probable Inference". Un legítimo interés que presenta el estudio de las inferencias que acompañan el proceso de descubrimiento científico había sido puesto en tela de juicio por parte de algunos sectores de la filosofía que no habían reconocido la posibilidad de un análisis lógico para este tema. Lo anterior se fundamenta en el hecho de que este tipo de inferencia sería capaz de llevar al científico a un momento de su investigación que ningún otro tipo de juego lógico podría producir, a saber, la creación de hipótesis.

Semiótica y la Naturaleza Sígnica del Pensamiento

El pensamiento es un proceso inferencial que se desarrolla por medio de signos, es decir, mediante un tipo particular de signos que son los argumentos. Un signo es algo que representa a alguien o algo en algún aspecto o capacidad. Crea una representación equivalente en la mente de alguien, no en todos los aspectos, sino en referencia a algún tipo de "idea" o base. Los iconos son signos que muestran sus objetos a través de similitudes o semejanzas. Un ✏ es un icono del objeto que representa. Los índices son signos que indican sus objetos de manera causal. El humo es un índice de fuego y un síntoma es un índice de una enfermedad. Los símbolos son palabras, hipótesis o argumentos que dependen de una regla convencional o habitual. Según la teoría de los signos de Peirce, el significado de un símbolo, como puede ser una palabra, se basa en convenciones sociales y por lo tanto su significado pragmático es dinámico, ya que continúa evolucionando con el tiempo.

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