El trastorno depresivo (o depresión) es un trastorno mental común que afecta a millones de personas en todo el mundo. Implica un estado de ánimo deprimido o la pérdida del placer o el interés por actividades durante largos periodos de tiempo. La depresión es distinta de los cambios habituales en el estado de ánimo y en los sentimientos sobre el día a día. No es una debilidad ni un defecto de carácter, ni se trata simplemente de «ponerle ganas» o «pensar en positivo». Es una afección frecuente y grave, pero se puede tratar y, a menudo, requiere un abordaje a largo plazo.
Es una de las principales causas de malestar emocional y de consulta en salud mental. La depresión afecta los sentimientos, los pensamientos y el comportamiento de una persona, y puede causar una variedad de problemas físicos y emocionales. Es posible que tengas dificultades para realizar las actividades cotidianas y que, a veces, sientas que no vale la pena vivir.
Prevalencia e Impacto Global de la Depresión
La depresión es una enfermedad que comporta una importante discapacidad de la persona que la tiene y una gran afectación de su entorno. Las cifras a nivel mundial demuestran la magnitud de este trastorno.
Se estima que, en todo el mundo, el 5,7 % de los adultos padecen depresión. Aproximadamente 332 millones de personas sufren depresión a escala mundial. En general, cerca de 1 de cada 6 adultos tendrá depresión en algún momento de su vida, afectando al año a unos 16 millones de adultos.
Existe una marcada diferencia en la prevalencia entre sexos, siendo la depresión aproximadamente 1,5 veces más frecuente entre las mujeres que entre los hombres. En todo el mundo, más del 10 % de las mujeres embarazadas y de las que acaban de dar a luz experimentan depresión. La depresión puede llevar al suicidio, una muerte trágica asociada a la pérdida de alrededor de 850.000 vidas cada año. En 2021, se estima que 727.000 personas se quitaron la vida, y el suicidio es la tercera causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años.
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Datos de Prevalencia de la Depresión
La siguiente tabla resume algunos datos clave sobre la prevalencia global de la depresión, destacando cómo afecta a diferentes grupos demográficos:
| Indicador | Dato Global / Estimación | Detalles |
|---|---|---|
| Adultos con depresión | 5,7 % | En todo el mundo |
| Población general con depresión | 4,0 % | |
| Hombres con depresión | 4,6 % | Adultos |
| Mujeres con depresión | 6,9 % | Adultas |
| Mayores de 70 años con depresión | 5,9 % | Adultos |
| Total de personas afectadas | Aproximadamente 332 millones | A escala mundial |
| Proporción Mujeres vs Hombres | 1,5 veces más frecuente en mujeres | |
| Mujeres embarazadas y postparto | Más del 10 % | |
| Suicidios anuales (2021) | 727.000 personas | |
| Suicidio (15-29 años) | Tercera causa de muerte |
Síntomas y Tipologías de la Depresión
Un episodio depresivo se caracteriza por la manifestación de un estado de ánimo deprimido (tristeza, irritabilidad, sensación de vacío) o una pérdida del placer o del interés por actividades. Estos episodios abarcan la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas. Es importante destacar que un episodio depresivo es distinto de las variaciones habituales del estado de ánimo.
Síntomas Frecuentes de la Depresión
Durante un episodio depresivo, pueden presentarse varios síntomas, que afectan diferentes aspectos de la vida de una persona:
- Sentimientos de tristeza, ganas de llorar, vacío o desesperanza.
- Arrebatos de enojo, irritabilidad o frustración, incluso por asuntos de poca importancia.
- Pérdida de interés o placer por la mayoría de las actividades habituales o todas, como las relaciones sexuales, los pasatiempos o los deportes.
- Alteraciones del sueño, como insomnio o dormir demasiado.
- Cansancio y falta de energía, por lo que incluso las tareas pequeñas requieren un esfuerzo mayor.
- Falta de apetito y adelgazamiento, o más antojos de comida y aumento de peso.
- Ansiedad, agitación o inquietud.
- Lentitud para razonar, hablar y hacer movimientos corporales.
- Sentimientos de inutilidad o culpa, fijación en fracasos del pasado o autorreproches.
- Dificultad para pensar, concentrarse, tomar decisiones y recordar cosas.
- Falta de esperanza acerca del futuro.
- Pensamientos frecuentes o recurrentes sobre la muerte, pensamientos suicidas, intentos suicidas o suicidio.
- Problemas físicos inexplicables, como dolor de espalda o de cabeza.
Para muchas personas con depresión, los síntomas suelen ser lo suficientemente graves para causar problemas evidentes en las actividades cotidianas, como el trabajo, la escuela, las actividades sociales o las relaciones con otras personas.
Manifestaciones en Diferentes Grupos de Edad
Aunque los síntomas generales son similares, la depresión puede manifestarse de manera particular según la edad:
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- En niños más pequeños: Los síntomas pueden consistir en tristeza, irritabilidad, apego, preocupación, dolores, negarse a ir a la escuela o bajo peso.
- En adolescentes: Los síntomas pueden comprender tristeza, irritabilidad, sentirse negativo e inútil, ira, bajo rendimiento o poca asistencia a la escuela, sentirse incomprendido y extremadamente sensible, consumir drogas de uso recreativo o alcohol, comer o dormir demasiado, autolesionarse, perder el interés por las actividades habituales y evitar la interacción social.
- En adultos mayores: La depresión a menudo no se diagnostica ni se trata en adultos mayores, quienes pueden sentir reticencia a buscar ayuda. Es fundamental recordar que la depresión no es una parte normal del envejecimiento.
Clasificación de los Episodios Depresivos
Los episodios depresivos pueden clasificarse en leves, moderados o graves, en función del número y la intensidad de los síntomas, así como de las repercusiones en el funcionamiento de la persona. Además, pueden pertenecer a diferentes tipologías:
- Trastorno depresivo de un solo episodio: La persona experimenta un primer y único episodio.
- Trastorno depresivo recurrente: La persona ha padecido ya al menos dos episodios depresivos.
- Trastorno bipolar: Los episodios depresivos alternan con periodos de episodios maníacos, que incluyen euforia o irritabilidad, mayor actividad o energía, y otros síntomas como aumento de la verborrea, pensamientos acelerados, mayor autoestima, menor necesidad de dormir, distracción y comportamiento impulsivo e imprudente.
- Trastorno depresivo mayor: Se caracteriza por episodios de profunda tristeza, pérdida de interés en actividades, fatiga extrema y pensamientos negativos recurrentes.
- Distimia o trastorno depresivo persistente: Es una forma más leve, pero crónica, de depresión.
- Depresión psicótica: En algunos casos graves, la depresión puede ir acompañada de síntomas psicóticos, como delirios o alucinaciones. Esta condición requiere un abordaje especializado.
Causas y Factores de Riesgo de la Depresión
La depresión no tiene una única causa, sino que suele deberse a la combinación de múltiples factores. La etiología de la depresión mayor es compleja, puede tener un origen genético, fisiológico u hormonal o ser provocada por condiciones de estrés y/o factores psicológicos y sociales. Al igual que sucede con muchos trastornos mentales, puede comprender diversos factores. La mayoría de los expertos creen que hay una combinación de factores biológicos, sociales y psicológicos que contribuyen al riesgo de tener depresión.
Factores Biológicos
Desde el punto de vista biológico, la depresión se asocia con varios elementos:
- Diferencias biológicas: Las personas con depresión tienen cambios físicos en el cerebro, cuya importancia aún es incierta, pero con el tiempo pueden ayudar a identificar las causas.
- Química del cerebro: Los neurotransmisores son sustancias químicas que se encuentran naturalmente en el cerebro y que probablemente desempeñan un rol en la depresión. Se cree que los cambios en la neuroquímica cerebral, en especial las alteraciones de neurotransmisores como la serotonina, que cumplen una función clave en el control de muchas funciones del organismo (como el estado de ánimo, el sueño y el apetito), desempeñan un papel especialmente importante en la depresión.
- Hormonas: Los cambios en el equilibrio hormonal del cuerpo pueden tener un rol al causar o desencadenar la depresión. Estos cambios pueden presentarse en el embarazo y durante las semanas o meses después del parto (posparto), y por problemas de tiroides, menopausia u otros trastornos. Se ha podido demostrar el efecto protector de los estrógenos en la depresión y el efecto favorecedor de la depresión en los progestágenos.
- Rasgos hereditarios: La depresión es más frecuente en las personas cuyos parientes consanguíneos también tienen este trastorno, lo que sugiere una predisposición genética. Los investigadores están buscando genes que puedan intervenir en el origen de la depresión, como el genotipo 5-HTTLPR que representa un factor de riesgo para la depresión.
- Otras afecciones médicas: Existe un aumento de la depresión en pacientes con enfermedades físicas comórbidas, como la diabetes, enfermedades cardíacas, trastornos de tiroides, artrosis o incluso la cardiopatía isquémica.
Hipótesis de las Monoaminas
Las primeras investigaciones sobre la depresión se centraron en las aminas biogénicas (serotonina, norepinefrina y dopamina), en gran parte por el mecanismo de acción de los antidepresivos. Se ha mostrado que la disminución de los niveles de serotonina (5-HT) en el cerebro, mediante una dieta pobre en L-triptófano, induce síntomas depresivos tanto en pacientes en remisión durante el tratamiento con ISRS, como en sujetos con predisposición a desarrollar depresión. Estos resultados han representado una evidencia sólida de que los ISRS ejercen su efecto terapéutico aumentando la disponibilidad de la 5-HT en las sinapsis y reduciendo los síntomas depresivos. Además, diversos estudios han relacionado al receptor 5-HT1A serotoninérgico con el trastorno depresivo mayor; los resultados sugieren una reducción de este receptor en personas con depresión mayor.
Estudios con antidepresivos tricíclicos, que inhiben la recaptación de monoaminas en la membrana presináptica, y los fármacos inhibidores de la enzima monoaminoxidasa (IMAO) que degrada e inactiva a la 5-HT y a la noradrenalina (NA), contribuyeron a reforzar la hipótesis de que la depresión se produce como resultado de una deficiencia en la transmisión de la 5-HT y la NA. A pesar de sus inconvenientes, la hipótesis de la monoaminas ha seguido proporcionando el marco teórico predominante para la comprensión de la depresión y ha proporcionado múltiples evidencias para el desarrollo de nuevos tipos de antidepresivos.
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Hipótesis del Estrés Crónico
La depresión es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos. Quienes han pasado por circunstancias vitales adversas (desempleo, luto, eventos traumáticos) tienen más probabilidades de sufrir depresión. La hipótesis del estrés pone de manifiesto que los trastornos depresivos son causados por alteraciones de las funciones tróficas que impiden la función adecuada de las neuronas y producen una alteración de la plasticidad neuronal. Cada evento estresante que experimentamos puede tener impactos importantes y duraderos en nuestro cerebro, alterando su estructura y función.
El estrés sostenido (crónico), se ha asumido como desencadenador de graves consecuencias cognitivas, lo cual puede propiciar una serie de trastornos psiquiátricos como el estrés postraumático y la depresión mayor. La exposición a ciertas formas de estrés excesivo induce una interacción patológica entre el sistema nervioso central, el sistema inmune innato y el eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA) que desencadenan el proceso depresivo. También se ha reportado consistentemente que el nivel de cortisol se encuentra elevado en las personas deprimidas. La hiperactividad del eje HPA se ha asociado con diversos trastornos neuropsiquiátricos debido a sus efectos negativos sobre el sistema nervioso central, en especial, promueve la atrofia de las proyecciones dendríticas neuronales, disminuye la neurogénesis y la neuroplasticidad, así como incrementa la muerte neuronal. El estrés a su vez afecta la expresión y la liberación de neurotrofinas como el BDNF y NGF, que juegan un papel clave en la plasticidad neuronal, la neurogénesis, la formación de espinas dendríticas y en el nacimiento de nuevas sinapsis.
Hipótesis Neurotrófica de la Depresión Mayor
El BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro) y el NGF (factor de crecimiento nervioso) pertenecen a la familia de neurotrofinas, que son proteínas que apoyan la supervivencia, el desarrollo y la función de las neuronas en el sistema nervioso central y periférico. Evidencias sugieren que la pérdida de BDNF y NGF en el hipocampo y la corteza prefrontal es un evento crucial en la fisiopatología de la depresión. Estudios post-mortem han reportado una disminución en la expresión de BDNF y su receptor TrkB en pacientes deprimidos, lo que sugiere una afectación en la neurogénesis en pacientes deprimidos. La disminución de los niveles de BDNF se ha asociado con deterioro de la memoria y otras funciones cognitivas. Es importante destacar que el tratamiento con antidepresivos puede revertir la disminución de BDNF y NGF, mejorando los síntomas depresivos y promoviendo la neuroplasticidad.
Hipótesis Pro-inflamatoria de la Depresión
Existe evidencia de la relación bidireccional entre las citosinas pro-inflamatorias y los estados del ánimo. Estos hallazgos se encuentran respaldados por estudios con técnicas de neuroimagen y modelos experimentales en animales, que muestran que las citosinas pre-inflamatorias producen alteraciones en la neuroplasticidad, causando la atrofia y la muerte neuronal, y que, en última instancia, favorecen las manifestaciones depresivas incluyendo, la anhedonia, la fatiga, el apetito y el retraso psicomotor. Las citosinas pro-inflamatorias ejercen su efecto depresivo al incrementar la activación del factor liberador de corticotropinas (CRF), acción que causa la hiperactividad del eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA), con un aumento en los niveles de glucocorticoides. Los glucocorticoides poseen receptores en las células serotoninérgicas que incrementan la recaptura de la 5-HT y alteran la función de este sistema.
Factores Psicológicos y Sociales
La depresión puede afectar a todos los ámbitos de la vida, incluidas las relaciones familiares, de amistad y las comunitarias, y puede deberse a problemas en la escuela y laborales o causarlos. Quienes han vivido abusos, pérdidas graves u otros eventos estresantes tienen más probabilidades de sufrirla.
- Circunstancias vitales adversas: Eventos estresantes como el desempleo, el luto o acontecimientos traumáticos tienen más probabilidades de causar depresión. A su vez, la depresión puede generar más estrés y disfunción, y empeorar la situación vital de la persona afectada. La presencia reciente de un acontecimiento vital estresante multiplica por seis el riesgo de desarrollar depresión. Factores estresantes en la infancia, tales como el haber padecido abusos sexuales, la falta de uno de los padres o el suicidio de uno de ellos, se consideran de riesgo. Otros acontecimientos psicológicamente traumáticos asociados con la depresión son el duelo asociado a la pérdida de un ser querido o el estrés crónico por falta de empleo o por exceso de trabajo.
- Salud física y estilo de vida: La depresión está estrechamente relacionada con la salud física. Muchos de los factores que influyen en la depresión (como la inactividad física o el consumo nocivo del alcohol) también son factores de riesgo conocidos para enfermedades como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias. A su vez, las personas con estas enfermedades también pueden estar sufriendo depresión a causa de las dificultades asociadas al manejo de su afección. Fumar es mucho más común entre los adultos con afecciones mentales, como la depresión y la ansiedad, lo que sugiere una compleja interconexión.
- Rasgos de personalidad y comorbilidad psicológica: Aunque cualquier persona puede verse afectada por una depresión, hay algunos tipos de personalidad que confieren mayor vulnerabilidad. Las personas neuróticas, con inseguridad y sentimientos de inferioridad, pueden presentar con frecuencia depresión mayor o distimia. Las personas obsesivas, perfeccionistas y meticulosas, también tienen más vulnerabilidad. Además de los rasgos de personalidad, otros problemas de comorbilidad psicológica, como los trastornos de ansiedad (fobia social, TDAH, ansiedad generalizada, trastorno de pánico, agorafobia, trastorno límite de personalidad), se asocian frecuentemente a la depresión. El consumo de sustancias, sobre todo alcohol, puede evolucionar hacia episodios depresivos, y en estos casos, la depresión tiene tendencia a ser refractaria a los tratamientos.
- Falta de apoyo social: Una escasa red de apoyo social, ser divorciado, separado o viudo son predisponentes a padecer depresión. La percepción de aislamiento social representa un factor de riesgo para la depresión, mientras que la percepción de apoyo o soporte social representa un factor protector.
- Condiciones socioeconómicas desfavorables: Existe una mayor prevalencia de depresión en poblaciones con bajo nivel cultural, con bajos ingresos y con problemas económicos. El bajo nivel socioeconómico se relaciona con depresiones leves.
- Discriminación: La percepción de discriminación (por cualquier causa, incluida la discriminación racial), implica una carga vital estresante y representa un factor de riesgo para la depresión.
Diagnóstico y Tratamiento de la Depresión
Hay tratamientos eficaces para la depresión, ya sea leve, moderada o grave. Si se presentan síntomas de depresión, es fundamental buscar cuidados. Para ayudar a diagnosticar la depresión, el proveedor de atención médica puede hacer un examen físico, análisis de laboratorio o una evaluación de salud mental. El tratamiento para la depresión puede ayudar a reducir los síntomas y acortar su duración.
Los tratamientos psicológicos son el primer tratamiento contra la depresión y pueden enseñar nuevas maneras de pensar, de hacer frente a las situaciones o de relacionarse con los demás. Estos pueden incluir terapia conversacional con profesionales y con terapeutas no especializados supervisados, ya sea cara a cara o en línea. Los tratamientos psicológicos eficaces contra la depresión incluyen la activación conductual, la terapia cognitivo-conductual, la psicoterapia interpersonal y el tratamiento para la resolución de problemas.
Los tratamientos psicológicos pueden combinarse con antidepresivos en casos de depresión moderada y grave. Los antidepresivos no son necesarios en caso de depresión leve. Los antidepresivos incluyen los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), como la fluoxetina. Es importante tener en cuenta que los antidepresivos no se deben utilizar para tratar la depresión en niños ni como tratamiento de primera elección en adolescentes, en quienes hay que utilizarlos con suma cautela. Para el trastorno bipolar se utilizan diferentes medicamentos y tratamientos.
Prevención de la Depresión
Está demostrado que los programas de prevención reducen la depresión. La prevención de la depresión va encaminada directamente a la disminución de nuevos casos de la enfermedad, es decir, a disminuir la incidencia y, con ello, también la prevalencia. Aunque no existe una manera segura para evitar la depresión, se han identificado estrategias útiles.
La prevención primaria representa el primer escalón de prevención y el más deseable, ya que impide la aparición de nuevos casos de enfermedad. La prevención secundaria es importante para evitar una progresión indeseable de la enfermedad. La prevención universal se aplica a toda la población sin tener en cuenta su riesgo, la prevención selectiva se aplica a personas con riesgo de tener la enfermedad, y la indicada solo a la población con algún síntoma pero sin criterios diagnósticos aún.
Entre las estrategias comunitarias eficaces para prevenir la depresión se encuentran:
- Los programas escolares para promover un modelo de afrontamiento positivo entre los niños y los adolescentes.
- Las intervenciones dirigidas a los progenitores de niños con problemas de conducta, que pueden reducir los síntomas depresivos de los progenitores y mejorar los resultados de sus hijos.
- Los programas de ejercicio para las personas mayores.
Otras estrategias incluyen tomar medidas para controlar el estrés, mejorar la resiliencia y levantar la autoestima. Acercarse a la familia y a los amigos, especialmente en momentos de crisis, puede ayudar a superar los malos tiempos. Recibir tratamiento ante el primer signo de un problema ayuda a impedir que la depresión empeore, y considerar un tratamiento de apoyo de larga duración puede prevenir la reaparición de los síntomas.
Disponer de instrumentos que permitan conocer el nivel y el perfil de riesgo de padecer una depresión puede resultar útil para realizar intervenciones preventivas personalizadas. El estudio PredictD-CCRT, un ensayo clínico realizado en atención primaria, consiguió una reducción del 31% de incidencia de depresión en el grupo de intervención frente al grupo control, lo que abre la posibilidad de establecer estrategias preventivas psicoeducativas específicas.
Cuidado Personal y Búsqueda de Ayuda
El cuidado personal puede ser clave en el manejo de los síntomas de la depresión, así como en el fomento del bienestar general. Algunas acciones importantes incluyen:
- Tratar de seguir haciendo cosas que se solían disfrutar.
- Mantener el contacto con amigos y familia para evitar el aislamiento.
- Hacer ejercicio a menudo, aunque solo sea dar un paseo.
- Seguir, si es posible, unos hábitos alimenticios y de sueño regulares.
- Evitar o reducir el consumo de alcohol y no tomar drogas ilícitas, que pueden empeorar la depresión.
- Contar a alguien de confianza cómo se siente.
- Acudir a un proveedor de atención de salud si se siente deprimido.
Si se tienen pensamientos suicidas, es vital recordar que no se está solo y que muchos han pasado por esto y encontraron ayuda. Hable con alguien de confianza, con un trabajador de la salud (un médico o un consejero), o únase a un grupo de apoyo. Si existe el peligro de que, a corto plazo, pueda hacerse daño, póngase en contacto con un servicio de emergencia o con una línea de atención telefónica para situaciones de crisis.
