El filósofo austriaco-británico Karl Popper (1902-1994) es uno de los autores más citados cuando de explicar el método científico se trata. Con su obra La lógica de la investigación: sobre la teoría cognitiva de las ciencias naturales modernas, de 1935, Popper introdujo una noción que hoy pertenece al arsenal científico obligado: la “refutabilidad” de las teorías científicas.
El método hipotético-deductivo de Karl Popper aparece como mecanismo para mejorar el conocimiento científico que promueve la escuela del Círculo de Viena, formado por Moritz Schlick (años 1922 a 1936) (Stadler, 2011). Aunque Popper no fue miembro de la llamada Escuela de Viena, simpatizó con su actitud científica, pero criticó algunos de sus postulados. En su Lógica de la investigación científica (1934), criticó la idea prevaleciente de que la ciencia es, en esencia, inductiva. Propuso un criterio de comprobación que denominó falsabilidad, para determinar la validez científica, y subrayó el carácter hipotético-deductivo de la ciencia.
Según Popper, el método científico "consiste en ofrecer una explicación causal deductiva y en experimentar (por medio de predicciones). Este ha sido llamado a veces el método hipotético deductivo" (Popper, 1981, p. 146). Él señala que "una explicación causal de un cierto acontecimiento específico consiste en deducir una proposición que describa este acontecimiento, de dos clases de premisas: por una parte; de algunas leyes universales, y, por otra, de algunas proposiciones singulares o específicas que podríamos llamar condiciones iniciales específicas" (Popper, 1981, p.).
La Crítica al Inductivismo
Popper comienza por constatar que las ciencias naturales construyen sus edificios teóricos sobre resultados previos, pero en la filosofía sólo encontramos "un campo en ruinas" y por eso hay que comenzar por el principio: la lógica de la cognición. La primera dificultad que salta a la vista de inmediato, cuando se trata de hacer ciencia, es el "problema de la inducción". Ésta consiste en deducir verdades generales partiendo de verdades particulares que provienen de la experiencia.
Es corriente llamar «inductiva» a una inferencia cuando pasa de enunciados singulares (llamados, algunas veces, enunciados «particulares»), como descripciones de los resultados de observaciones o experimentos, a enunciados universales, como hipótesis o teorías. En el año 1929, en el manifiesto Wissenschaftliche Weltauffassung. Der Wiener Kreis (“La visión científica del mundo. El Círculo de Viena”) (Stadler y Uebel, 2012) los miembros del Círculo plantean que, con una justificación racional, resistente a la contrastación, la intuición permite la calidad del conocimiento científico, siendo una concepción empírica positivista. Sin embargo, Popper resalta que no es suficiente verificar lo que se teoriza a partir de la intuición.
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Según Hume, la inducción no tiene validez ya que no puede inferirse lógicamente una proposición universal, a partir de enunciados singulares basados en la observación (principio de no validez de la inducción). Este principio es la Costumbre o Hábito: "Donde quiera que la repetición de algún acto u operación produce una propensión a renovar el mismo acto u operación sin estar impelido por ningún razonamiento o proceso del entendimiento, decimos siempre que esta propensión es el efecto de la Costumbre" (Hume 2015, p.). Siguiendo los pasos de David Hume, tanto Kant como Popper ponen de relieve la necesidad de mantener la capacidad crítica en todo momento y ante cualquier conocimiento teórico, para no caer en un racionalismo especulativo. Para ellos, la relación causa-efecto inductiva es susceptible de incorporar supuestos o ideas preconcebidas o racionalizadas sin una base crítica, que niegan o manipulan aquello que muestra la propia experiencia.
De acuerdo con una tesis que tiene gran aceptación, y a la que Popper se opone en su libro, las ciencias empíricas pueden caracterizarse por el hecho de que emplean los llamados “métodos inductivos”: según esta tesis, la lógica de la investigación científica será idéntica a la lógica inductiva, es decir, al análisis lógico de tales métodos inductivos (Popper 1962, p.). Sin embargo, Popper considera que el problema de Hume tiene una solución sin necesidad de renunciar a la razón ni de recurrir a proposiciones sintéticas a priori, y le llamó método deductivo de contrastación. Para Popper, el proceso de creación de ideas nuevas es un asunto de la psicología empírica, resultando irrelevante para la epistemología.
Así pues, el problema de las ciencias naturales es diferenciarse de las matemáticas y de la lógica, que pueden demostrar teoremas usando el principio de inducción, pero también de la metafísica, que genera aseveraciones universales sin sustento experimental. Mientras que los positivistas sólo aceptan conceptos que provienen de la experiencia, Popper dice que lo importante no es de dónde provienen los conceptos, sino que la ciencia moderna es un sistema de leyes y teoremas, y ahí es donde hay que poner el acento.
El Método Hipotético-Deductivo y la Falsabilidad
Popper resumió su modo de pensar en el concepto falsacionismo. La idea es así: una afirmación es falsable si es que es posible (aunque sea sólo en teoría) diseñar un experimento tal que uno de los potenciales resultados de ese experimento es que la afirmación sea falsa. El que las hipótesis no salgan de la experiencia de lo dado, no significa que cualquier hipótesis es válida. Una idea no-falsable nunca es falsa, pero tampoco nos dice nada respecto al mundo y entonces es una pobre aseveración decir que es cierta. Una teoría diseñada de tal modo que rechace la posibilidad de no explicar es una teoría defectuosa. Por ejemplo, en la siguiente afirmación se incluye el tipo de tara señalada por Popper: “Es seguro que hoy llueve o no llueve”. Si llueve, la afirmación es cierta; si no llueve, también lo es. Para Popper, sin embargo, esta clase de certidumbre vale muy poco pues no enfrenta desafíos. Las afirmaciones no-falsables dan origen a pseudociencias y no permiten aprender nada sobre el mundo.
Tomando de referencia el criterio de demarcación de la falsabilidad, Popper (1980, p.) denomina «empírica» o «falsable» a una teoría cuando divide de modo inequívoco la clase de todos los posibles enunciados básicos en las dos subclases no vacías siguientes: primero, la clase de todos los enunciados básicos con los que es incompatible (o, a los que excluye o prohíbe), que llamaremos la clase de los posibles falsadores de la teoría; y, en segundo lugar, la clase de los enunciados básicos con los que no está en contradicción (o, que «permite»). Podemos expresar esta definición de una forma más breve diciendo que una teoría es falsable si la clase de sus posibles falsadores no es una clase vacía. Popper (1980, p. 41) define el concepto de falsabilidad como criterio de demarcación a la hora de definir la hipótesis de partida, proponiendo "que se caracterice el método empírico de tal forma que excluya precisamente aquellas vías de eludir la falsación que mi imaginario crítico señala insistentemente, con toda razón, como lógicamente posibles" ([7]). En esta línea, contrapone el criterio de la falsabilidad al "requisito de la compatibilidad o coherencia", donde (p.) un sistema coherente divide el conjunto de todos los enunciados posibles en dos: los que lo contradicen y los que son compatibles con él (entre estos últimos se encuentran las conclusiones que se pueden deducir del sistema).
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Así pues, el método hipotético-deductivo de Popper permite contrastar, con el uso de la lógica y el racionalismo crítico, las teorías o leyes generales generadas desde ciencia empírica, sin considerarlas verdaderas en su totalidad (Popper, 1980, p.). Como criterio general, el método hipotético-deductivo se propone ampliar la calidad del conocimiento que se formula a partir de la inducción (del terreno específico al genérico) a través de la deducción (del terreno genérico a lo específico). Con este planteamiento, a la problemática inicial particular se incorpora la teoría o ley universal que la explica como objeto de estudio, con el fin de contrastar su lógica poniéndola a prueba. Es decir, está especialmente indicada para el estudio de problemáticas cuya causa es compleja o está relacionada con una razón o ley general que se desea explorar.
Para ello, es necesario el uso de deducciones auxiliares que se puedan contrastar con técnicas de investigación y estar dispuesto a reformularlas, e incluso a cambiar la hipótesis general de partida. En este método, el proceso de análisis se convierte en un recorrido potencialmente variable e incierto en su origen, salvo que disponga de una certeza previa que, bien plantea, elimine esta incertidumbre. A su vez, a la hora de definir los enunciados, Popper (1980, p. 134) resalta que "tenemos que valorar más los enunciados sencillos que los menos sencillos, porque nos dicen más, porque su contenido empírico es mayor y porque se contrastan mejor"([3]).
Proceso del Método Hipotético-Deductivo
El método hipotético-deductivo contempla los siguientes pasos:
- A partir de un problema (P) se propone una hipótesis de partida (H1) de alcance genérico.
- A continuación, se contrasta la hipótesis y se deduce una hipótesis derivada (H2).
- A través de enunciados que pueden ser contrastados, deducidos de la consecuencia observacional (O1, O2, O3, etc.), se permite ampliar el análisis.
- El método contempla el contraste de hipótesis derivadas, que se deducen de la hipótesis de partida, mediante el uso de técnicas de investigación (entrevistas, observación, análisis estadístico, generación de datos, etc.).
- Formular correctamente las hipótesis y las consecuencias observacionales que se derivan permite, a través del análisis empírico-documental, hacer el contraste desde múltiples puntos de vista hasta dar con la respuesta, o acercarse a ella.
- Y cada contraste conduce, mediante el racionalismo crítico, a una o más hipótesis derivadas que se pueden contrastar, sin perder el punto de partida.
- Así, con la contrastación sucesiva de las hipótesis es posible corroborar o falsar el supuesto hipotético principal hasta que (en un escenario ideal) se obtiene la respuesta adecuada sin margen de error.
Falsación y Corroboración de Teorías
Las teorías científicas son hipótesis a partir de las cuales se pueden deducir enunciados comprobables mediante la observación; si las observaciones experimentales adecuadas revelan como falsos esos enunciados, la hipótesis es refutada. Para la verificación de una teoría, que posiblemente fue postulada siguiendo el método inductivo, hay que proceder por deducir consecuencias lógicas. De las consecuencias de la teoría, las que nos atañe considerar son aquellas que no se pueden deducir de teorías alternativas.
Si un experimento confirma una consecuencia lógica de la nueva teoría, podemos aceptarla provisionalmente. Pero si el experimento falla, la teoría ha sido "falsificada" o "refutada", y no la podemos aceptar como universalmente válida. Si una hipótesis supera el esfuerzo de demostrar su falsedad, puede ser aceptada, al menos con carácter provisional. Ninguna teoría científica, sin embargo, puede ser establecida de una forma concluyente. Popper insiste, una y otra vez, que "las teorías nunca son verificables", lo que quiere decir que siempre puede surgir una consecuencia que no se puede aclarar experimentalmente. Así sucedió con la órbita de Mercurio en el Sistema Solar, cuya precesión no era explicable con los métodos de Newton, pero sí con los de Einstein. Un ejemplo sería la moderna teoría del Big Bang, una expansión primigenia del universo, que, de ser cierta, debe haber dejado una "signatura" en forma de fotones que se desplazan como señales de radio por el universo desde hace miles de millones de años. Si esos fotones no pudieran ser registrados con antenas, eso pondría en aprietos a la teoría. Pero como esos fotones han sido detectados, la teoría está a salvo, por el momento.
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Si el resultado de la investigación contradice el enunciado (o hipótesis), según Popper (1980, p. 83) la teoría está falsada, pero no es suficiente. Él resalta que "nos proporciona motivo suficiente para la falsación de esta [hipótesis] únicamente en el caso que corrobore a su vez una hipótesis falsadora" (p. 84) ([8]). Cuando el resultado es que se contradice la hipótesis, para resolver que es falsada "aceptamos la falsación sólo si se propone y corrobora una hipótesis empírica de bajo nivel que describa este efecto, y podemos denominar a este tipo de hipótesis una hipótesis falsadora" (p. 83) ([9]).
Por otro lado, si el resultado de la investigación corrobora el enunciado (o hipótesis), es decir que supera las pruebas que ha soportado, según Popper (1980, p. 234) "deberíamos disponernos a averiguar en qué medida está «corroborada»". En este sentido, resalta que lo "podemos considerar como una de las relaciones lógicas existentes entre la teoría y los enunciados básicos existentes, y que tiene en cuenta la dureza de las contrastaciones a que ha sido sometida aquella [teoría]" (p.). La acumulación de intentos de falsación no exitosos, incrementaría nuestra confianza en la hipótesis H. Ahora bien, nunca tendríamos la certeza de este conocimiento, el cual tan sólo nos mostraría lo que el mundo PUEDE SER (versus de lo que el mundo ES). En definitiva, aunque la verdad es el objetivo último de la ciencia, sólo podríamos acercarnos a ella mediante teorías científicas cada vez mejores. Una teoría sería mejor que otra si "parece" más cercana a la verdad.
A diferencia del verificacionismo, que planteaba que la ciencia era una acumulación de verdades, el falsacionismo plantea que la ciencia es una acumulación de afirmaciones falsables que, hasta la fecha, no han sido probadas falsas. El falsacionismo advierte que una teoría tan buena como la Teoría de la Relatividad, que es falsable, puede ser demolida en cualquier momento si hacemos un experimento que la pruebe falsa.
El Racionalismo Crítico como Fundamento
El racionalismo crítico es la base principal de la filosofía de Karl Popper, consiste en hacer una crítica a las teorías establecidas por la ciencia y se opone expresamente al positivismo lógico. La aceptación del racionalismo crítico implica que las teorías científicas son rechazadas o aceptadas (aunque sólo temporal y tentativamente) a la luz de los resultados de la crítica racional (Popper 1983, p.). Lo que caracteriza a un sistema científico-empírico es "que pueda fracasar frente a la experiencia". Podemos concebir, por ejemplo, que existe el alma humana como algo separado del cuerpo, pero como no hay una sola conclusión lógica que nos permitiera poner a prueba esa separación experimentalmente, no hay manera de poder refutar la teoría, que entonces no tiene el carácter de ser científica.
Todas las consideraciones anteriores conducen a Popper a afirmar que la ciencia está guiada por un método, que puede ser considerado también una ciencia. Ese método posee "reglas", de la misma manera que las tiene el ajedrez. La investigación de las reglas del "juego de la ciencia" es lo que Popper llama la "lógica de la investigación". Dos ejemplos de las reglas que le son propias son: "(1) El juego de la ciencia no termina. Quién algún día decide no seguir verificando las leyes científicas, sino que las considera válidas para todos los tiempos, esa persona abandona el juego. (2) Hipótesis que han sido formuladas y han sido útiles no deben ser abandonadas sin razón suficiente". Las leyes postuladas no necesariamente van a tener validez absoluta para todos los tiempos. Sólo hay que recordar que la teoría de la gravitación de Einstein sustituyó a la de Newton en el siglo XX.
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