Hasta la presente, el cine ha vuelto a resignificar las aventuras de Sherlock Holmes en las películas protagonizadas por Robert Downey Jr., por su originalidad con una estética más cercana a su realidad y contexto social. Sin embargo, no dejan de impactar a los espectadores esos relatos seriados por el actor Jeremy Brett (1933-1995) que ha dejado una imagen pintoresca de héroe en la personalidad de Holmes. Como lo titula el libro de Konnikova (2013): ¿Cómo pensar como Sherlock Holmes? realmente es como pensaría un científico de laboratorio a través de un método para poder estudiar un fenómeno, el cual debe observarlo para establecer una serie de hipótesis, luego recoge los resultados para realizar un análisis de los resultados obtenidos y finalmente realizar las inferencias pertinentes. La misma autora se hace la siguiente interrogante: ¿Es posible habituar nuestra mente al pensamiento holmesiano?
El Método Deductivo de Sherlock Holmes y la Abducción
Para resolver los más desconcertantes casos, Holmes piensa fuera de los marcos convencionales, así como en el interior de ellos. De hecho, él piensa incluso en los marcos mismos. Es esta atención a los detalles -todos los detalles- lo que le permite hacer las inferencias más extraordinarias. La capacidad de hacer deducciones brillantes todavía se sustenta en una amplia base de conocimientos: no puedes conectar los puntos si no conoces esos puntos. A pesar de que él mismo lo afirma, los poderes de deducción de Sherlock Holmes son cualquier cosa menos elementales. Hacer una sola conexión puede ser fácil, pero hay una ciencia compleja para unir todos los puntos.
La Abducción, un Concepto Central
Se ha mencionado a Charles Sanders Peirce como filósofo y lógico norteamericano con una gran trayectoria en la concepción de la semiosis y sus atributos lingüísticos, la cual llamó tríadica del signo (primeridad, segundidad y terceridad). Por este hecho, es que se le conoce mayormente a Peirce, pero muy poco por su método abductivo o acuñado por el mismo Retroducción (deducción hacia atrás), que simplemente se parte de una conclusión y se busca a través de hipótesis la premisa correcta para comprobar los resultados. Es notable recalcar, que para Peirce la abducción es una parte natural del ser humano, en palabra de Peirce (1958a): “la mente humana tiene una natural capacidad para imaginar correctamente algunas teorías”. Es decir, teorías o hipótesis bien realizadas que los lleva a obtener un aprendizaje que se adquiere en el día a día. En el capítulo II, del libro “Signo de los Tres”, con respeto a la abducción, Eco y Sebeok (1989a) afirman: “Peirce es el más osado de los pioneros o descubridores”. Cabe destacar que la atribución personal que le hacen a Peirce, se debe a que él en una ocasión tuvo que actuar de víctima y detective a la vez. Conforme a Eco y Sebeok (1989b): Peirce tuvo que lidiar con un ladrón, el cual le había robado un reloj en un crucero y él mismo dio con el ladrón hasta su casa para recuperar lo que le había robado.
Al declarar la abducción como un método desconocido o que tiene poca utilidad dentro de la metodología científica, es porque no existe una demostración matemática y lógica de sus premisas y conclusiones. Los modos de razonamiento y pensamientos que se conocen de su aplicación dentro de la investigación científica, según Maita (2018), son los siguientes:
| Modo de Razonamiento | Enfoque Epistemológico | Base Principal | Objeto de Estudio |
|---|---|---|---|
| Inducción | Empirismo | Experiencia controlada y explicación | Relaciones de causa y efecto |
| Deducción | Racionalismo | Modelación lógica y explicación | Relaciones generativas |
| Abducción | Vivencialismo | Experiencia vivida y comprensión | Simbolismo sociocultural |
Conforme a Peirce (1958c), la abducción se comporta como un argumento lógico con características similares al Modus ponendo ponens, por ejemplo: “el hecho sorprendente C, es observado. Pero si A fuera verdad, C sería aceptado como algo evidente. Por lo tanto, hay razón para sospechar que A es verdad”. Citando a Peirce (1958d), diríamos: “el conjunto de síntomas C es observado en el paciente; pero si el paciente tuviera la enfermedad A, los síntomas C serían esperables; por tanto, hay razones para sospechar que el paciente tiene la enfermedad A”.
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La Importancia de la Observación y el Detalle
Los poderes del análisis y la deducción no solo requieren de una aguda capacidad de examen, exploración y relación, también de una rápida observación. De hecho, el doctor Joseph Bell -el modelo que Conan Doyle descubriera para su detective en la facultad de medicina de Edimburgo- así lo acredita: “Al enseñar el tratamiento de la enfermedad y del accidente, todos los profesores cuidadosos tienen que enseñar primero al estudiante cómo reconocer el caso con precisión”. “-Aún no dispongo de datos. Es un error capital teorizar antes de tener datos. Sin darse cuenta, uno empieza a deformar los hechos para que se ajusten a las teorías, en lugar de ajustar las teorías a los hechos” (Escándalo en Bohemia). Y también: “La tentación de formar teorías prematuras con datos insuficientes es la ruina de nuestra profesión” (El Valle del miedo). Y, finalmente: “Dejar que el cerebro trabaje sin disponer de suficiente material es como acelerar a fondo un motor.
“Ya conoce usted mi método, que se funda en la observación de las cosas pequeñas” (El misterio del valle de Boscombe). La caricia del detalle, la revelación de lo microscópico, actúan como estímulos de la imaginación, una función vital para incrementar el conocimiento. “-Compruebe el poder de la imaginación -dijo Holmes-” (Estrella de Plata). En El problema del puente de Thor, Holmes cifra también la base de su arte analítico en la mezcla de realidad e imaginación. Decía el poeta francés -en sus notas precisamente sobre Poe- que la imaginación es la facultad “que primero capta (…) las relaciones íntimas y secretas de las cosas, las correspondencias y las analogías, [de tal modo que] un sabio falto de imaginación no es más que un falso sabio, o por lo menos un sabio incompleto”. El método de Holmes coincide en todo con el procedimiento experimental que Bergson, por ejemplo, defendía en ese momento. La conclusión que Bergson saca de ello podría haberla defendido también Holmes: “Estemos pues prestos a abandonarla por otra, que se ajuste más aún a la experiencia”. Recordemos la necesidad -manifestada por el detective- de ajustar siempre las teorías a los hechos.
Una prueba de esta atención a los detalles: la monografía que el detective escribió “sobre las cenizas de 140 variedades de tabaco de pipa, cigarro y cigarrillos” (El misterio del valle Boscombe). Su nombre completo, memorable, aparece en El signo de los cuatro: Sobre la distinción entre las cenizas de diversos tabacos: una enumeración de 140 clases de cigarros, cigarrillos y tabaco de pipa con láminas a color ilustrando las diferencias en la ceniza. Al parecer, Holmes era capaz de reconocer no sólo ciento cuarenta clases de cigarros, cigarrillos y tabaco de pipa, sino también cuarenta y dos huellas de neumáticos diferentes (La aventura del colegio Priory), ciento sesenta códigos (La aventura de los bailarines), las manos de los pizarreros, marineros, cortadores de corcho, cajistas de imprenta, tejedores y talladores de diamantes (El signo de los cuatro), además de setenta y cinco perfumes (El sabueso de los Baskerville).
Aplicaciones del Silogismo Hipotético
Aplicando el silogismo hipotético a la escena del episodio de Sherlock Holmes, donde se encuentra Holmes con Watson en la habitación de la víctima. Según Doyle (1890a), tenemos: Observamos que el asesino no entró por la puerta y ventana. Supongamos que entró por el hueco del techo, entonces lo observado es evidente. Por lo tanto, hay razones para sospechar que el asesino entró por el hueco del techo. Cabe mencionar que las razones que usó Holmes fueron la creosota y las huellas de la pata de palo que consiguió en el techo y luego cerca de la ventana. El silogismo hipotético de Holmes, termina con declarar que el asesino entró por el hueco del techo, porque simplemente descartó la puerta y la ventana. Como lo expresa el mismo Holmes en la escena anterior según Doyle (1890b): “tengo una vieja máxima, cuando se ha excluido lo imposible, lo que queda, aunque improbable, tiene que ser la verdad”. Era la misma máxima de Peirce (1958e): “los hechos no pueden explicarse por una hipótesis más extraordinaria que ellos mismos”.
Análisis Semiótico y Cinematográfico del Universo Holmesiano
La tarea principal de un semiótico es analizar. Según Casetti y Di Chio (1990a): analizar es como jugar a los LEGO, desarmar el juguete, pieza por pieza, y luego reconstruirlo. Así mismo debe ser el semiótico con el cine, como espectador puede pasar muchas cosas por alto, sin embargo, al analizar con detalle un filme, conseguirá elementos y signos importantes que apunta hacia una lógica de sentido. Con todo esto, hace falta afirmar según Casetti y Di Chio (1990c), que el: “cine es un lenguaje abigarrado que combina diversos tipos de significantes y diversos tipos de signos”.
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Elementos Semióticos en el Cine
Los significantes visuales y los significantes sonoros son clave en el análisis cinematográfico. Los primeros se refieren, evidentemente, a todo aquello relativo a la vista, y que por ello se basa en juego de luces y sombras; a su vez pueden dividirse en dos categorías, las imágenes en movimiento y los signos escritos (relacionados no sólo con la visión, en sentido estricto, sino también con la escrita). Los segundos se refieren a todo lo relacionado al oído, y que por ello se basa en un juego de ondas acústicas: se subdividen a su vez en tres categorías, respectivamente las voces, los ruidos y la música. Con respecto al cine clásico, según Zavala (2005), es: “aquel que respeta las convenciones visuales, sonoras, genéricas e ideológicas cuya naturaleza didáctica permite que cualquier espectador reconozca el sentido último de la historia y sus connotaciones”.
Para un semiótico, dichas convenciones no los distrae porque los separa de la trama, es decir, en el proceso de lectura e interpretación, el semiótico no se deja influenciar por parámetros contextuales e intertextuales, y así logra hacer una lectura de la intencionalidad del guionista y del director, que por razones subjetivas dichas intencionalidades no coinciden; aun cuando el director tiene la responsabilidad final de la construcción del discurso fílmico. Sabiendo que el sentido textual del filme, se establece por la producción y circulación de significados que cada elemento y signo sigue través de una regla, que según Carmona (1991a), es un conjunto de: “reglas morfológicas y sintácticas que provienen del estatus inherente al film en cuanto producto sometido a las vicisitudes de un contexto (tipo de producción, género, nacionalidad, estilemas autorales, etc.”.
El Cuadrado Semiótico y la Veridicción
El drama o misterio que se desarrolla en el filme, es producido a partir de la recepción de una carta que contiene el signo de los cuatro, el cual representa el pacto de cuatro personas para resguardar y mantener en silencio el escondite de un tesoro. Esa carta representaría la condición semiótica necesaria para producir un sentido textual al filme, la cual permite la acumulación de elementos perturbadores que hacen que el espectador entre en suspenso. En el cuadrado semiótico de Greimas, se representa según Quezada (1991), citado en García (2011a): “las relaciones y operaciones principales a las cuales las unidades de significación están necesariamente sometidas, para poder engendrar un universo semántico capaz de ser manifestado”. En términos generales, según García (2011b): el cuadrado semiótico, para este trabajo, representa un instrumento lógico muy importante para todo análisis semiótico. Dicho cuadrado consiste de una representación gráfica de la articulación lógica que tiene como fin dar una explicación del funcionamiento y circulación del sentido en un texto.
Haciendo referencia al cuadrado semiótico de Greimas, la condición semiótica se compone de la relación entre dos términos (ser-no parecer), los cuales se complementa para guardar un secreto como la carta con el signo de los cuatro. Cuando la carta, es asociada con un asesinato, este opuestamente al secreto, viene a representar un misterio (no parecer-ser). Sin embargo, Holmes para poder esclarecer el caso entre el secreto y el misterio, debe juzgar entre la verdad y falsedad para así poder someter a juicio los elementos de la contrariedad (ser-no ser) y (parecer-no parecer). Todo film puede considerarse como un acto de hacer parecer verdad, que solicita que el espectador crea verdad a partir a partir de un contrato de veridicción que se establece de manera implícita entre autor y espectador sobre la base de la verosimilitud de la propuesta, documental y ficción.
De algún modo, Holmes tenía éxito en sus estudios detectivescos, porque se enfocaba más que todo en el misterio, más no en el asesinato. Este es el caso de los detectives policiacos, que según Peirce (1958b): “la policía sólo se enfoca en el asesinato/asesino, conformándose en buscar a algún culpable para cerrar el caso”.
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Sherlock Holmes: Juego de Sombras en Detalle
Sherlock Holmes es uno de los personajes de ficción que más veces se han llevado al cine (o la televisión). Ha habido adaptaciones para todos los gustos, siendo la serie de películas protagonizadas por Basil Rathbone a finales de los años 30 y los 40 del siglo pasado las que aún persisten como las más prestigiosas. Posteriormente aparecieron muchas películas que optaban por la fidelidad a la hora de adaptar al cine al personaje creado por Arthur Conan Doyle, siendo la excepcional ‘La vida privada de Sherlock Holmes’ quizá el mejor acercamiento cinematográfico a la figura del famoso detective. Y es que el cine exprimió al máximo las posibilidades que ofrecía este detective decimonómico, tanto que en este siglo XXI no terminaba de aparecer ninguna versión que consiguiera destacar, pero todo eso cambió con el estreno de ‘Sherlock Holmes’, la singular versión dirigida por Guy Ritchie en la que se intentaba respetar ciertos elementos clásicos, pero introduciendo aspectos modernos para así poder venderla como un blockbuster convencional. El resultado molestó a algunos, pero yo me sitúo en el bando de los que gozaron con un buen entretenimiento que me pilló por sorpresa, ya que esperaba una gran pifia que terminase de matar el interés cinematográfico del personaje.
Guion y Narrativa
Hay un problema bastante usual a la hora de afrontar las secuelas de algunos grandes éxitos de taquilla, y es que no saben qué hacer exactamente. ¿Apostar por hacer lo mismo y que la gente los critique por repetitivos o intentar algo diferente? Soy consciente de que lo segundo suena a ideal y el hecho de que se contratase a Michele y Kieran Mulroney, los guionistas de ‘Sherlock Holmes: Juego de Sombras’, varios meses antes del estreno de la primera parte hacía pensar en que se habían tomado en ese serio este apartado, pero la realidad es bien distinta: Sí que la historia intenta ser algo más oscura, pero fracasa por su cobardía a la hora de llevarlo a cabo. Y es que hay un par de momentos dramáticos en la película que podían haber marcado la totalidad, pero el primero pronto es olvidado (algo incomprensible dada la importancia del mismo) y en el segundo se echan atrás en cuestión de un par de minutos. El resto del guión se debate entre ser demasiado explicativos en algunos aspectos del misterio que envuelve a Moriarty y en otros tener bastante perdidos al espectador para luego no ofrecer nada que sirve de compensación al llegar al final. Lo demás no es un más que un ejemplo de guión de un blockbuster sin identidad propia (hay mucho del tradicional viaje del héroe en su estructura), que no sabe muy bien cuál es su objetivo y que se limita a poner que pasan muchas cosas (algunas de ellas aún logran ser entretenidas, pero otras no) para así despistarnos de un misterio de chichinabo que nunca logra atrapar el interés del espectador, algo a lo que tampoco ayuda el abuso de los flashbacks para explicarnos giros sorpresivos de guión que por sí mismos no tenían ningún tipo de sentido.
Dirección y Aspectos Técnicos
Una de las cosas que más me gustaron de ‘Sherlock Holmes’ fue el trabajo de Guy Ritchie en la dirección, ya que supo imprimir cierta modernidad al relato sin que se convirtiese en un festival de excesos. Me viene a la mente su forma de representar el ingenio del protagonista a la hora de enfrentarse a una pelea mediante la cámara lenta. Me agradó especialmente que no se usase de forma descontrolada, pero se ve que a Ritchie se le infló el ego tras oír comentarios de este tipo y ha optado por añadir un montón de momentos de este estilo en la secuela, y también de meter la cámara lenta en una persecución que acaba siendo mortalmente cansina por culpa de la sobreutilización de este recurso. Por lo demás, la puesta en escena transmite sensación de monotonía, de no saber cómo sorprender al espectador y limitarse a hacer lo mismo, aunque aún es peor lo que sucede en la banda sonora: Hans Zimmer realizó un trabajo magistral en ‘Sherlock Holmes’ dando una sonoridad peculiar a la película, pero aquí sólo funcionan los momentos en los que se reutilizan temas, mientras que el resto carecen de la fuerza necesaria para potenciar lo que está sucediendo.
Interpretaciones Actorales y Personajes
Robert Downey Jr. es un ejemplo de carisma hecho persona, sobre todo en este resurgimiento artístico por el que pasa tras el estreno de la muy estimable ‘Kiss Kiss Bang Bang’. No obstante, eso no es siempre suficiente para liderar una película de estas características, y es curioso, porque con ‘Sherlock Holmes: Juego de Sombras’ pasa algo parecido que con ‘Iron Man 2’: El protagonista quiere evolucionar pero no termina de decidirse abiertamente a ello, y esa tierra de nadie reduce mucho su atractivo. Mientras que en ‘Iron Man 2’ dio cierta pena su ridícula forma de retratar la etapa alcohólica de Tony Stark, en ‘Sherlock Holmes: Juego de Sombras’ no consiguen transmitirnos el ejercicio extra de inteligencia que requiere la amenaza a la que se enfrenta. Tan pronto llega un pequeño momento de seriedad como Sherlock se convierte en una especie de Mortadelo con disfraces más extravagantes que efectivos en la mayoría de los casos.
El resto de actores que repiten también se ven afectados por la clara inferioridad en todos los niveles de esta secuela: Jude Law pasa de ser un perfecto contrapunto a Holmes y de mostrar mucha química con Downey Jr. a ser un personaje accesario, cuya presencia parece surgir más por la necesidad de tener a Watson en el relato que porque realmente vaya a aportarnos algo. Ojo, la actuación de Law es muy respetable y sigue siendo un buen Watson, pero la forma de ser utilizado en la película desluce mucho su trabajo. Peor aún es el caso de Rachel McAdams, cuya presencia está muy desaprovechada y carece de la oportunidad de dar a su Irene Adler la importancia que requería. Aquí vuelve a proceder hacer una comparación con el inicio de la segunda temporada de ‘Sherlock’, ya que también se introduce a ese personaje modernizándolo, es decir, convirtiendo a Adler en una especie de dominatrix que consigue fascinar al protagonista por sus métodos, y no la poco más que una chica descarada que es la Adler de McAdams.
Tampoco puedo decir nada especialmente bueno de las nuevas incorporaciones: Esperaba que Jared Harris fuese un buen Moriarty y aquí la película superase a la serie (el Moriarty de ‘Sherlock’ me resulta un pelin excesivo), pero no tiene los suficientes minutos en pantalla como para que realmente nos creamos la genial maldad inherente al personaje. Una lástima, ya que sus primeras apariciones sí lo presagiaban. Sin embargo, Harris es el que sale mejor parado de entre los nuevos: No sé muy bien los motivos que llevaron a aceptar a Noomi Rapace aparecer en la película. Bueno, miento, el dinero, porque su personaje es la cosa más anodina del mundo, ya que más que una acompañante de Sherlock y Watson en su intento de vencer a Moriarty es un bulto para que un personaje femenino tenga cierta presencia en el relato. No obstante, mi mayor decepción fue el Mycroft al que da vida un Stephen Fry al que me cuesta recordar un trabajo tan desacertado como éste.
Valoración General de la Secuela
En definitiva, ‘Sherlock Holmes: Juego de Sombras’ es una experiencia insatisfactoria que falla estrepitosamente como relato de misterio y que como mero divertimento llega a hacerse pesado en varios momentos. Guy Ritchie ha optado por potenciar en exceso algunos elementos que quedaban muy bien en la primera entrega y que aquí acaban rayando al espectador. Además, las principales adiciones al reparto resultan fallidas y los personajes que ya conocíamos pierden carisma y química entre ellos. No es un desastre de película, pero sí una cinta mediocre bastante por debajo de su predecesora. Es una pena que no se molestasen en tener un guión un poco más trabajado y prefiriesen un éxito fácil que no creo se repita si vuelven a ser tan descuidados en la tercera entrega.
La Influencia de Holmes en la Investigación Moderna
El análisis semiótico aplicado al texto fílmico ha demostrado que el pensamiento holmesiano como una forma de esclarecer y resaltar la verdad en un caso detectivesco, elementalmente parte de una hipótesis bien planteada; donde las premisas son confirmadas con los hechos. De este modo, la comunidad científica ha encontrado tanto en la ficción seriada de Sherlock Holmes como en otras series televisadas sean Dr. House y Bones, una manera de analizar el discurso científico basado en un razonamiento muy poco peculiar para la investigación científica. Hoy se conoce las aplicaciones del pragmatismo en los estudios detectivesco con el objetivo de encontrar rastro y huellas que les ayude a resolver cualquier caso. En este punto, mi llamado se remite a los investigadores y estudiosos de la Ciencia, en que adopten y arropen el método abductivo para sus investigaciones, el cual les permitirá crear nuevas ideas, cercanas a la realidad, cuyas conclusiones no son simples inferencias sino el producto de un nuevo conocimiento. Para esto, según Riofrío (2015): “cada escuela de pensamiento tiene sus métodos de obtención del conocimiento. Un cambio de método implica un cambio de escuela, y viceversa”.
Dos ciencias de hecho: medicina forense y criminología, y Sherlock Holmes podría considerarse un pionero de ambas. La ciencia forense es el análisis de pruebas físicas para vincular a un sospechoso a un crimen. Sherlock Holmes no dudó en adoptar algunos de los métodos innovadores del campo, usando las huellas dactilares para resolver el caso en "El signo de los cuatro", publicado en 1890, más de una década antes de Scotland Yard adoptara la práctica, en 1901. El campo criminológico de perfilación criminal también tiene más que un poco de Sherlock. La herramienta de investigación, que trata de prevenir y resolver crímenes mediante la comprensión de lo que motiva a los delincuentes, ha sido influenciada en gran medida por el concepto más característico de Sherlock Holmes: el razonamiento deductivo. Pero los meticulosos métodos de Sherlock todavía son evidentes en la actividad policíaca moderna, desde los análisis de sangre y de balística hasta el trabajo de los psicólogos y psiquiatras. La figura heroica formada por Holmes y Watson ha llevado al cine y la televisión a expresar lo más notable de sus personalidades.
