Descubre Todo Sobre el Departamento de Hacienda en Caguas: Dirección, Teléfono e Historia Fascinante de la Industria Azucarerapost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Al examinar la historia agrícola de Puerto Rico durante el siglo XIX, sin duda alguna el tema de mayor relevancia es el de la caña de azúcar y su industria. Su producción experimentó un auge sin precedentes en la historia económica luego de la implementación de la Real Cédula de Gracias del 1815.

La cédula, como decreto oficial, impulsó la actividad económica insular, ya que facilitó la inversión de capital y eliminó también ciertas restricciones comerciales que habían limitado el progreso económico durante las décadas anteriores. Además, permitió un proceso migratorio al incentivar con la distribución de tierras la llegada y establecimiento de extranjeros a la isla, con el objetivo de que invirtieran su capital en las industrias agrícolas. A partir de entonces arribaron al archipiélago borincano un número significativo de extranjeros y se establecieron en gran parte de la isla para desarrollar el proyecto de cultivar y procesar caña en los ingenios.

Oleadas Migratorias y su Impacto en la Industria Azucarera

Por otro lado, el boom del ingenio, durante ese periodo, coincidió -o provocó- con otras dos oleadas migratorias muy distintas a la anterior, y que también estuvieron relacionadas con los trabajos directos e indirectos del azúcar. La primera de ellas fue a causa del aumento del tráfico de esclavos que se intensificó entre 1800 y 1846, en el cual se introdujeron aproximadamente 51216 cautivos para trabajar en las plantaciones de caña, aunque es importante destacar que el aumento demográfico en la población esclava había comenzado en las postrimerías del siglo XVIII.

La segunda oleada migratoria fue mucho más diversa por dos razones. Una de ellas se manifestó a causa de la importación de mano de obra llegada desde distintas islas del Caribe hispano y no hispano. Algunos de esos casos fueron los inmigrantes negros libres de las Indias Occidentales, como muy bien documentó la investigación del historiador Jorge L. Chinea (2014); y, posteriormente, a menor escala, la población asiática que fue introducida como mano de obra luego de la segunda mitad del siglo XIX.

La segunda razón se debe a la inmigración de empresarios, comerciantes y refugiados/disidentes políticos o cristianos y otros que buscaban algún lugar seguro para continuar generando capital o bien, para comenzar una nueva vida lejos de los conflictos en sus países de origen.

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El Ingenio Azucarero en Puerto Rico

En Puerto Rico el ingenio azucarero (sistema económico-social según se conoce en la historiográfica del Caribe) o hacienda azucarera (término que se utiliza en la historiografía puertorriqueña) se caracterizó por ser una empresa de capital privado, donde sus dueños poseían suficientes tierras para el cultivo de la caña y procesarla en su fábrica semimecanizada, obteniendo el azúcar moscabado. La industria, bajo el modelo de la plantación esclavista, experimentó su etapa más próspera, al menos hasta mediados del siglo XIX.

Sin embargo, a partir de la segunda mitad de ese siglo el panorama cambió y el ingenio comenzó a desvanecerse. Durante ese tiempo los precios del azúcar comenzaron a caer, deteniendo el crecimiento de la industria, causando un retroceso en comparación con lo experimentado en años anteriores. Los pequeños y medianos ingenios empezaron a desaparecer al no poder sostener los elevados costos de producción.

De manera adicional, la falta de capital para incorporar nuevas maquinarias, el endeudamiento con las casas bancarias, la escasez de bancos refaccionistas, el surgimiento del azúcar de remolacha en Europa, la competencia con otros países productores (por ejemplo, Cuba y Brasil) junto a la abolición de la esclavitud y la derogación de la libreta de jornaleros, aumentaron los desafíos para sostener los ingenios.

Estudios Historiográficos y la Industria Azucarera

Al analizar la historiografía del tema, podemos observar que son muy pocos los trabajos realizados sobre la industria en el periodo destacado. Algunos de esos estudios son: el análisis de las relaciones entre el azúcar y la mano de obra esclava,2 el desarrollo de la tecnología de los ingenios y la modernización de la hacienda al central, dejando ausente en la historiografía otros temas que todavía merecen atención.

Por ejemplo, el tema de la relación entre la inmigración de extranjeros y sus vínculos con el establecimiento de ingenios durante el siglo XIX ha sido brevemente documentado. Existen algunos estudios que abordan el fenómeno de inmigración como eje principal, como son los trabajos de Raquel Rosario Rivera; los catálogos de extranjeros de Estela Cifre de Loubriel y los artículos de María Dolores Luque, entre otros.

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Aunque son trabajos importantes, sus intereses no están dirigidos principalmente a describir el establecimiento de ingenios a causa de la inmigración (aunque lo mencionan de manera general). Por otro lado, al consultar los textos más importantes sobre el tema de la industria azucarera decimonónica, realizados desde la década de 1880 y hasta principios del siglo XX por algunos historiadores del grupo de la “nueva historia puertorriqueña”, observamos que los lugares de estudio son las regiones costeras del norte, sur y noreste.

Los estudios de Andrés Ramos Mattei (1981a), Francisco Scarano (1992) e Ivette Pérez Vega (1985) en relación con Ponce, el de Cruz Ortiz Cuadra (1985) sobre Humacao, el de Astrid Cubano (1990) sobre Arecibo, el de Juan Guisti Cordero (1994) sobre Loiza y Pedro San Miguel en torno a Vega Baja (1989), prueban que el modelo del ingenio, durante el siglo XIX, fue exitoso por un tiempo en la costa de Puerto Rico, en lo cual la mayoría de los dueños eran inmigrantes extranjeros.

Lo interesante del asunto es que causa de esos estudios se generalizó en la historiografía la idea de que el ingenio o hacienda azucarera se desarrolló con mayor fuerza en las zonas costeras y no en la zona central o interior de la isla. Al examinar las inscripciones de las fincas rústicas del Registro de la Propiedad, como protocolos notariales -entre otras fuentes documentales relacionadas con los ingenios entre los municipios del centro oriente del país-, cotejamos que esa tesis no es del todo correcta.

En el caso que analizamos brevemente, en el último apartado del ensayo, identificamos que los ingenios de los municipios del centro oriente, específicamente el de Juncos, experimentaron, aunque un poco más tarde, un crecimiento similar al desarrollado en los municipios costeros durante el siglo decimonónico. Además, también fueron testigos del flujo migratorio como ocurrió en otros lugares costeros del país luego de que se otorgara la Real Cédula de Gracias de 1815. Es por eso que nos propusimos levantar evidencia para probar que el ascenso del ingenio azucarero, a causa de la migración de extranjeros, también ocurrió en las zonas no costeras del país.

Orígenes de la Caña de Azúcar en Puerto Rico

La historia de la caña de azúcar comenzó en Puerto Rico desde la introducción de la planta durante el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493. Sin embargo, durante las primeras décadas de la conquista y colonización española su cultivo y producción no fueron prioridad en las industrias que se desarrollaron en Borinquén.

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Durante esa primera etapa, que fluctuó entre las décadas iniciales del siglo XVI, la economía se orientó al sistema de encomiendas con el propósito de extraer oro. La minería de oro permitió la migración de diversos colonos interesados en las ganancias que ofrecía dicha industria. Sin embargo, con el agotamiento del metal y las nuevas conquistas en Centroamérica y Suramérica, muchos de los colonos encomenderos tuvieron que buscar nuevas alternativas para sobrevivir en los suelos tropicales.

El primer ingenio en establecerse fue en el oeste del país (municipio de Añasco) hacia 1523, bajo el nombre de San Juan de las Palmas. Sus fundadores fueron los colonos Tomás de Castellón, Andrés de Haro y Jaime Cáncer, quienes habían formado una sociedad mercantil. Con ellos como pioneros, más adelante se unieron una decena de “señores del azúcar”, estableciendo otros ingenios en las localidades que en la actualidad conocemos con los nombres de Loíza, Bayamón, Yabucoa, Canóvanas, Toa y Caparra.

El historiador Francisco Moscoso en su libro Agricultura y sociedad en Puerto Rico (Moscoso 2001, 57-58) hace un breve recuento de la industria y describe los 14 ingenios que existieron durante esa primera etapa. En las siguientes décadas, la producción de la caña de azúcar dominó las actividades económicas hasta el último tercio del siglo XVI.

También cabe destacar que durante ese periodo ocurrió la primera migración forzosa de cientos de hombres y mujeres recién llegados desde África o de los puertos traficantes, desde donde fueron introducidos como mano de obra para los trabajos agrícolas en sustitución de la mano de obra nativa (indígena). No obstante, aproximadamente para esa fecha comenzó la crisis de la industria y hubo una merma en la producción que duró hasta el último cuarto del siglo XVIII. Las razones principales de la crisis fueron la inestabilidad del mercado y los precios, el monopolio del tráfico de barcos, la competencia con otras regiones productoras y los impuestos de la Corona o de la Casa de Contratación.

Para sobrellevar la crisis azucarera, luego de 1580, dirigieron sus actividades económicas a la producción del jengibre, los hatos ganaderos, el contrabando y, en cantidades pequeñas, el cultivo de frutos menores.

Reformas Borbónicas y el Resurgimiento de la Industria Azucarera

Desde mediados del siglo XVIII, un sinnúmero de sucesos provocó que la metrópoli española flexibilizara y estimulara la economía en sus posesiones de ultramar. Con el cambio de política a través de las reformas borbónicas y los efectos de los enfrentamientos bélicos entre Inglaterra y Francia, observamos nuevamente el establecimiento de ingenios por extranjeros y la importación intensa de esclavos africanos. ¿Qué provocó ese cambio y cómo repercutió en Puerto Rico?

Sostenemos que el impacto que tuvo la invasión inglesa en la ciudad de La Habana, Cuba, en 1762, orientó los nuevos planes de la Corona para estimular la economía en las islas españolas. Por eso, en 1765, el mariscal irlandés Alejandro O’Reilly sugirió, a través de un informe que redactó durante su estancia en Borinquén, las oportunidades que poseía la isla (también sobre Cuba) para mejorar su economía y sus defensas militares.

Señaló que la “Isla del Encanto” podría emular el modelo de Santa Cruz para convertirse en una economía de monocultivo de azúcar, con destino a la exportación, usando el trabajo esclavo como ya hacían las colonias occidentales del Caribe (Morales 1978, 29). Ante tales sugerencias, la Corona permitió al gobierno insular el comercio con siete puertos adicionales a los puertos de Sevilla y Cádiz, y el otorgamiento de títulos de propiedad. Además, concedieron el permiso de “Asiento” a La Compañía Gaditana de Negros (registrada como Aguirre-Arístegui y Cía.) para desarrollar el negocio de la compra e intercambio de esclavos entre las costas y puertos de España, África y el Caribe.

Por otro lado, la historiadora Raquel Rosario Rivera (1998, 20) señala que otro factor importante para entender esa migración de finales del siglo XVIII fue el otorgamiento de la Real Cédula de Tolerancia de 1778 por Carlos III. La medida permitió que extranjeros que fueran expertos y maestros de ingenios arribaran a la isla con el propósito de fomentar la agricultura y la población o prestaran servicio a la Corona.

Quienes migraron a la isla bajo esas condiciones fueron los hermanos irlandeses Thomas (Tomás) y Jaime O’Daly. El primero y el mayor de los hermanos, Thomas, fue contratado como jefe de ingenieros para trabajar en las mejoras de las fortificaciones del fuerte San Cristóbal y, posteriormente (en 1767), fue nombrado teniente coronel del ejército y comandante de la plaza. Respecto a Jaime, trabajó para el desarrollo agrícola, principalmente en la cosecha, producción y exportación de tabaco.

Sin embargo, llama la atención el caso de Thomas, ya que estableció, junto Joaquín Power y Alejandro Novoa, uno de los ingenios más importantes para ese tiempo, el ingenio San Patricio (Moscoso, 2001, 163). Sin embargo, como resultado del ataque inglés de 1797, dirigido por Ralph Abercromby, provocó que el gobernador Ramón de Castro expulsara a todos los extranjeros (menos los franceses) de la isla tras acusarlos de conspiración de un plan de invasión. Uno de los efectos de la decisión fue que muchos de los dueños de ingenios y técnicos del azúcar tuvieron que marcharse, repercutiendo en un nuevo declive de la industria de la caña esclavista (Cabrera Salcedo 2010, 161-162).

Algunos de los ingenios más importantes fueron embargados y desmantelados, lo que perjudicó los ingresos de la Real Hacienda. Por eso es que, como muy bien señaló Francisco Scarano (1992), también ocurre uno de los cambios más importantes en la economía del azúcar a causa de la desaparición del máximo productor del Caribe, Saint-Domingue. El efecto inmediato fue la reorganización del mercado, en el que la isla de Saint Thomas (aunque Cuba fue la que más se benefició en el mercado internacional) ocupó una parte del negocio en el Caribe.

Al convertirse Saint Thomas durante esos primeros años del siglo XIX en uno de los ejes centrales del mercado, la migración de técnicos, obreros y extensa población libre que buscaban nuevos horizontes para continuar elaborando azúcar se disparó (Scarano 1992, 61-64). Es en ese contexto en el que hacen contacto con los dueños de ingenios de los municipios del litoral sureste y el sur de Puerto Rico. Las razones principales fueron la cercanía a sus costas, las grandes extensiones de tierras vírgenes, los accesos a sus puertos y, por último, los incentivos de la Real Cédula de Gracias, provocando un aumento poblacional histórico.

Como advierte el demógrafo José L. Vázquez (1968, 12) en un análisis sobre la población en Puerto Rico, la inmigración fue el denominador común para el aumento poblacional durante el último tercio del siglo XVIII, que obviamente estuvo vinculado con los migrantes que se relacionaron con los establecimientos de ingenios de caña de azúcar y sus respectivos negocios. Al respecto, la historiadora Libia M. González (1992, 152), en un estudio sobre la población canaria en Puerto Rico, estableció que entre 1765 y 1830 las condiciones políticas y económicas permitieron una cantidad significativa de inmigrantes extranjeros y españoles. Sobre su perfil, señala que: “Entre estos figuraban plantadores de azúcar, esclavos, esclavistas, comerciantes, labradores, profesionales, militares y presos políticos.

El 10 de agosto de 1815 la Corona española anunció (en español, inglés y francés) el decreto de la Real Cédula de Gracias, convirtiéndose en la ley más importante sobre la migración de extranjeros a Puerto Rico durante el siglo decimonónico. La medida contenía 31 artículos e incluía algunas de las recomendaciones que hicieron Alejandro O’Really y Abbad y La Sierra, en décadas anteriores para mejorar la situación del país. Según el historiador Jorge L. Chinea (2014, 103), la Cé...

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