Prácticamente todas las personas se han preguntado en algún momento acerca de lo que está bien y lo que no lo está, sobre cuál es el mejor modo en el que ordenar las prioridades para llegar a ser una buena persona, o incluso acerca del mismo significado de la palabra "moral". El desarrollo moral es una tarea evolutiva, crítica en el desarrollo de las personas. La dimensión moral, como característica constitutiva u ontológica del ser humano, surge de la exigencia de la organización social intrínseca a la especie. El ser humano se caracteriza por ser un ser consciente no sólo del mundo que le rodea a través de sus sensaciones o percepciones, sino también del efecto que tienen sus acciones sobre él. El comportamiento humano adaptado o desadaptado (“normal” o “patológico”) es el resultado de un balance psíquico interno frente a una situación social externa, que es la que le otorga su dimensión moral. Un acto es considerado moral si se conforma a los criterios que regulan el comportamiento social; pero el criterio último que puede evaluar esta conformidad es nuestra propia conciencia. Ésta tiene que elegir y hacerse responsable de sus propias elecciones y consecuencias. Más allá de cuestiones imposibles de responder categóricamente como quién decide lo que está bien o está mal, cuál es el fundamento último para la constitución de una moral universal o si existe un criterio inequívoco con el que regularse moralmente, lo que resulta indiscutible es la existencia de una conciencia moral y que la conciencia, independientemente de su contenido, es una función psicológica universalmente reconocible.
La moral es lo que nos permite distinguir entre el bien y el mal, y el desarrollo moral incluye aspectos como el respeto y la tolerancia. El sentido moral consiste en un conjunto de valores que rigen el comportamiento de las personas, es decir, saber qué está bien y qué está mal. Al igual que la capacidad para leer oraciones cada vez más complejas, hacer dibujos más precisos y tener mejor capacidad de memoria, la conciencia moral también requiere de un desarrollo cognitivo que permita la comprensión de normas abstractas, como por ejemplo, el respeto al derecho a la libertad de los otros. Las normas morales nos indican cómo debemos actuar para que nuestra conducta sea calificada como buena. “No matar”, “no robar”, “no mentir” son normas morales que nos permiten alcanzar el bien.
Ahora bien, ¿quién es el encargado de estipular las normas morales? ¿quiénes las formulan? Por un lado, las normas morales pueden provenir de un origen externo al individuo, pueden provenir del Estado, de Dios, de la Sociedad, de la naturaleza humana, etc.; por otro lado, pueden ser creadas por el propio individuo, si éste ha alcanzado la autonomía moral. El filósofo Immanuel Kant opinaba que sólo podemos calificar un acto como moral si es decidido libremente por el sujeto.
Las Etapas del Desarrollo Moral según Kohlberg
Las investigaciones de Lawrence Kohlberg tuvieron como fruto la teoría del desarrollo moral, muy influenciada por la teoría de las 4 fases de desarrollo cognitivo de Jean Piaget. Kohlberg ya planteó las etapas del desarrollo moral de una persona. En el caso de Lawrence Kohlberg, el grupo de personas a los que podemos llegar a desear el bien se va haciendo cada vez más grande hasta el punto de incluir a quienes no hemos visto ni conocemos. El círculo ético cada vez se va haciendo más extenso e inclusivo, aunque lo que importa no es tanto la expansión gradual de este, sino los cambios cualitativos que se producen en el desarrollo moral de una persona a medida que va evolucionando. ¿Cuáles son tales hitos del desarrollo moral?
Nivel Preconvencional
En este nivel, las normas son una imposición externa que se respeta únicamente por las consecuencias que tienen.
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- 1. Orientación al Castigo y la Obediencia: En un primer lugar, esta obediencia se lleva a cabo por miedo al castigo. Por ejemplo, en esta fase se tiende a considerar que las víctimas inocentes de un suceso son culpables, por haber sufrido un "castigo", mientras que las que perjudican a las demás sin ser castigadas no obran mal.
- 2. Individualismo y Búsqueda de Interés Propio: Más adelante, se obedecerán las normas para favorecer los propios intereses, es decir, por el interés de conseguir un premio o recompensa. En esta etapa se empieza a pensar más allá del individuo, pero el egocentrismo sigue presente. Si bien se trata de un pensamiento utilitarista (egoísta, en términos coloquiales), lo cierto es que denota un razonamiento más complejo, pues la persona sabe qué comportamientos son premiados, cuáles no y qué consecuencias le pueden venir bien para emitir el comportamiento que tenga dicha recompensa. Ante este problema, las personas que se encuentran en esta fase optan por el relativismo y el individualismo, al no identificarse con valores colectivos: cada uno defiende lo suyo y obra en consecuencia. Además, en los niños, son los albores de lo que más adelante será la cooperación y la reciprocidad.
Nivel Convencional
En este segundo nivel, las personas ya viven identificadas con un grupo y querrán comportarse de acuerdo a las expectativas que los otros tienen de nosotros. La fase convencional suele ser la que define el pensamiento de los adolescentes y de muchos adultos.
- 3. Orientación a las Relaciones Interpersonales: En esta etapa las acciones buenas están definidas por cómo repercuten sobre las relaciones que uno tiene con los demás. Las acciones buenas y malas están definidas por los motivos que hay detrás de ellos y el modo en el que estas decisiones encajan en una serie de valores morales compartidos. En un primer momento, nos importarán las personas más próximas (típico en la pre-adolescencia y adolescencia).
- 4. Mantenimiento del Orden Social: En esta etapa de desarrollo moral, lo bueno y lo malo emana de una serie de normas que se perciben como algo separado de los individuos. No cabe la posibilidad de actuar más allá de estas reglas, y la separación entre lo bueno y lo malo es tan definida como concretas sean las normas. Más adelante, ese grupo de referencia se ampliará hasta llegar a ser la sociedad, movimientos sociales, etc. (típico de la juventud, donde se defienden unos valores, unas creencias).
Nivel Postconvencional
Finalmente, el nivel postconvencional es el de la comprensión y aceptación de los principios morales generales que inspiran las normas.
- 5. Contrato Social y Derechos Individuales: En primera lugar, se comprenden los derechos prioritarios y el contrato social, según lo cual todos los seres humanos tienen derecho a la libertad, a la dignidad y están por encima de cualquier institución. Es decir, que existe una visión muy global de los dilemas morales, al irse más allá de las reglas existentes y adoptar una posición teórica distanciada.
- 6. Principios Éticos Universales: El último estadio del desarrollo moral es aquel en que una persona es capaz de enfrentarse contra todas aquellas leyes que atenten contra los principios éticos universales, a pesar de eso suponer un perjuicio para su persona individual. El razonamiento moral que caracteriza a esta fase es muy abstracto, y se basa en la creación de principios morales universales que son diferentes a las leyes en sí mismas. Por ejemplo, se considera que cuando una ley es injusta, cambiarla debe ser una prioridad.
Aunque el completo desarrollo moral se alcanzaría al llegar a la segunda fase del nivel postconvencional, solemos detenernos en el anterior. Por este motivo, personas como Mandela, Gandhi o Teresa de Calcuta son recordados como los máximos defensores de los derechos humanos, porque supieron dar el paso hasta el último nivel.
El Desarrollo Moral en la Infancia
Los bebés nacen sin ninguna clase de sentido moral, pero empiezan a formar su moralidad a edades tan tempranas, alrededor de los seis meses. El sentido moral está presente en los niños, pero es necesario inculcar el sentido de la justicia y la equidad a edades tempranas para que el niño las interiorice. El desarrollo moral del ser humano se produce por medio de las experiencias que acumula de forma progresiva. Esto supone aceptar una serie de normas ya establecidas, que el sujeto debe interiorizar y hacer propias. El ser humano nace como ser amoral; su conducta no se rige por unas pautas determinadas, sino más bien por impulsos. La adquisición de estos valores se va formando a lo largo de la infancia y adolescencia y es fundamental la familia y el entorno para aprender lo que está bien y lo que no.
- 2 años: Las normas son algo externo al niño, que se guía principalmente por sus impulsos. Las reglas y los valores se tienen que inculcar a partir de esta edad. Conforme se va ampliando su lenguaje, el niño podrá ir haciendo suyas las advertencias de sus padres para poder aprender de sus experiencias.
- 3 años: Se empieza a desarrollar la empatía, pero aún no es capaz de ponerse en el lugar del otro para entender su punto de vista.
- 4 años: Entiende que sus acciones tienen consecuencias y empieza a ser capaz de tomar responsabilidad por ellas, pero sólo si han causado un perjuicio, fuera o no fuese ésta su intención. Por ejemplo, si araña a otro niño y le hace sangre, se sentirá mal, pero si no le hace ningún daño le costará entender por qué está mal arañar.
- 6 años: A esta edad más avanzada, el nivel de desarrollo moral varía de manera mucho más palpable de niño a niño. Por lo general, las normas sociales ya se han interiorizado y la mayoría las acepta y las cumple cuando las establece un adulto con autoridad como puede ser un padre o un profesor. Las decisiones las toman teniendo en cuenta posibles consecuencias, por lo que eligen adoptar conductas que los beneficiarán a ellos mismos, sin tener muy en cuenta a los demás.
- Desde los 6 a los 10 años: Se irán reconociendo las necesidades y deseos de otras personas, aunque sigue siendo el beneficio propio lo que rige su conducta.
- 10-11 años: Empiezan a tener en cuenta muchos más factores externos que afectarán a su conducta, como la presión social por parte de sus compañeros, el deseo de complacer a figuras de autoridad como padres o hermanos mayores.
Factores que Influyen y Fomentan el Desarrollo Moral
A través de la socialización a la que estamos sometidos, primero por el estilo de educación que recibimos de nuestros padres y, más adelante, por los valores y normas que nos enseñan en la escuela y en el sistema social en general, podemos ir pasando desde comportarnos bien solo por obtener algo, a entender realmente los motivos por los que hay que respetar, por ejemplo, los derechos humanos universales.
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El Papel de los Padres
Para que ocurra un desarrollo moral adecuado en los niños, es de vital importancia que los padres y el resto de su entorno familiar y escolar se involucren con el pequeño, enseñándole valores esenciales que le facilitarán una integración social correcta. El niño o la niña se siente, desde un principio, protegido por los padres; ellos dicen cuándo, cómo y qué debe hacerse y solucionan cualquier problema. Esto proporciona a los padres autoridad y al menor, seguridad. En consecuencia, los padres se convierten en modelo y el niño tiende a imitar su conducta y a aceptar las cosas como buenas o malas, correctas o incorrectas, según la calificación paterna. Pero, a veces, se producen divergencias en temas concretos.
Influencia de Profesores y Compañeros
Además de las influencias paternas y debido a que, según el menor crece, la fe en la omnisciencia de los padres tiende a disminuir, las opiniones de otras personas comienzan a tener mayor importancia para él. Los profesores juegan un rol crucial. A partir de los siete u ocho años (moral de respeto mutuo entre iguales) los niños forman grupos o pandillas. Aprenden juegos que tienen unas normas establecidas; pero, por encima de estas normas meramente técnicas, descubren otras que les indican que unas acciones están bien y otras mal, aunque no las prohíba taxativamente el reglamento del juego. Por ejemplo, cuando juegan al fútbol, tal vez no sepan qué es el fuera de juego; pero disciernen perfectamente que el juego peligroso «está mal». Realizan, así, sus primeros pasos hacia la autonomía moral.
A partir de la adolescencia (aproximadamente desde los 12 años en adelante), el sujeto comienza a replantearse las normas y los valores adquiridos durante la niñez: inicia así su proceso de autonomía moral. Empieza a rechazar que lo programen, porque quiere ser él mismo. El joven adolescente inicia la formación de su propia personalidad, tarea que durará toda la vida. Esto no significa que todos los adultos hayan alcanzado la autonomía moral. La madurez moral, la formulación de criterios morales personales, no se consigue siempre con la edad: es una conquista del sujeto.
Recomendaciones para Padres y Maestros
Niño de Rivera ofreció varias recomendaciones prácticas orientadas a evitar las situaciones de maltrato y violencia. El aspecto más relevante de su presentación subrayó la importancia de comprender el pensamiento infantil y promover la empatía como pilares para prevenir comportamientos violentos. Subrayó la importancia de cómo los adultos comunican la realidad a los niños. Por ejemplo, si un niño ha sido operado, en lugar de presentarlo como una tragedia, se debe resaltar su valentía y capacidad de lucha para fomentar la resiliencia, evitar la victimización o la pena, por el contrario, destacar sus fortalezas, su capacidad para superar la adversidad y tener más fuerza para el futuro.
El abordaje de la violencia y el maltrato tiene datos corroborados: un niño o niña que se expone a entornos de maltrato o violencia antes de los 5 años, la acaba naturalizando, y es muy factible que en el ámbito escolar la exponga con sus compañeros. Ya no solo se trata de los problemas que puedan existir en su casa, sino también a qué tipo de contenidos se expone, desde la TV, las tablets, etcétera. Es clave evitar exponerse a todo tipo de violencia, principalmente en el hogar que es donde se generan la mayor parte de los problemas posteriores.
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Otro punto clave es promover la empatía desde temprana edad. La psicóloga mencionó que la empatía se desarrolla como un músculo y necesita ser ejercitada constantemente. Actividades como el juego con personajes animados que hacen preguntas sobre la vida cotidiana pueden ayudar a los niños a expresar sus sentimientos y experiencias de manera segura y comprensible. Es crucial que los adultos sean claros en sus comunicaciones y eviten metáforas o expresiones que puedan ser malentendidas y causar ansiedad en los pequeños. Otro aspecto importante es la percepción global o difusa que los niños tienen de las situaciones. Los padres y maestros deben asegurarse de que los niños comprendan correctamente las situaciones para evitar asociaciones incorrectas que puedan generar miedo o confusión. Es esencial que los adultos escuchen activamente y respondan a las preocupaciones de los niños de manera que se sientan comprendidos y apoyados.
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