La permanencia en el Gobierno del Partido Revolucionario Institucional -también conocido como PRI- durante setenta años dio lugar a lo que el politólogo Giovanni Sartori llamaría un “sistema de partido hegemónico”, en el cual el pluralismo político y la participación se ven limitados por la monopolización del poder. El Partido Revolucionario Institucional ocupó de forma ininterrumpida prácticamente todas las instituciones políticas de México entre los años 1930 y 2000, centralizando el poder en todos los niveles de gobierno. Desde su creación, el PRI no ha tenido una ideología definida, sino que se ha caracterizado por el pragmatismo, enfocado en hacer lo necesario para mantenerse en el poder y ganar las siguientes elecciones. En sus setenta años de gobierno, sus presidentes han ido variando su posicionamiento y sus políticas en función de las necesidades del partido y de las demandas de la ciudadanía.
El Contexto Histórico y los Primeros Modelos Económicos del PRI
Orígenes y Consolidación del Papel del Estado
En marzo de 1929 fue creado, por iniciativa del general Plutarco Elías Calles, el Partido Nacional Revolucionario (PNR). Sus documentos básicos, aunque vagos e imprecisos (para permitir la adhesión de una gran diversidad de grupos), recogían algunos de los postulados que el partido posteriormente defenderá durante los siguientes cincuenta años: mejora de las condiciones de vida de las mayorías, defensa de la soberanía e intervención del Estado en la economía. Para poder llevar a cabo “la urgente obra de reconstrucción nacional”, el Programa de acción otorgaba una “especial importancia a las funciones de carácter económico del Estado”, aunque no precisaba en qué consistían dichas funciones.
El papel económico del Estado pareció consistir entonces en la realización de “inversiones productivas”, en la protección y el fomento a la industria (grande y pequeña), en el impulso de una “política social de crédito” y en la participación del gobierno como accionista (junto con las compañías de ferrocarril y los bancos) de los almacenes de depósito y los graneros. En lo que respecta al modelo de desarrollo, la plataforma ideológica anticipaba una estrategia de sustitución de importaciones (que sólo se haría efectiva hasta la década de 1940), al plantearse los objetivos de apoyar enérgicamente los productos de fabricación nacional y de disminuir “las importaciones de artículos que la industria nacional vaya colocando ventajosamente en nuestros mercados”. Dejaba incluso entrever la posibilidad de recurrir a medidas de corte proteccionista al hablar de fomentar y proteger a las grandes industrias.
En 1938, durante la administración del presidente Lázaro Cárdenas del Río, el PNR modificó nombre (al de Partido de la Revolución Mexicana (PRM)), estructura y principios. Hasta 1940, las políticas económicas y sociales del entonces PRM se acercaban más al nacionalismo heredado de la Revolución de 1910. El gobierno del michoacano rompió definitivamente con el modelo primario exportador y sentó las bases para la industrialización con la creación de la banca de desarrollo, el surgimiento de la Comisión Federal de Electricidad y el desarrollo de la industria nacional del petróleo. En el plano ideológico, las tesis del partido se radicalizaron: se propuso entonces implantar una democracia de trabajadores y llegar, a través de “reformas de estructura” de la economía (transformación del régimen de propiedad rural y progresiva nacionalización de la gran industria), al “régimen socialista”. Esta postura refrendó la posición del partido sobre la intervención económica del Estado. En efecto, para el PRM el Estado debía intervenir para coordinar comerciantes y consumidores, reducir al mínimo las perturbaciones y los desajustes en la economía y controlar el precio de los artículos y servicios de primera necesidad.
El "Milagro Mexicano" y sus Repercusiones (1940-1970)
Entre 1940 y 1970 las políticas pasaron de dar prioridad a la igualdad y la redistribución a orientarse hacia el crecimiento económico del país. Durante estas décadas, México entró en un período de estabilidad y crecimiento económico -también conocido como “milagro mexicano”- en el cual tuvieron una gran influencia la Segunda Guerra Mundial y las relaciones comerciales que se establecieron con el exterior, que beneficiaron la exportación de materias primas nacionales como el petróleo. El milagro mexicano se reflejó en el crecimiento económico sostenido del país durante las décadas de 1940 a 1970. No obstante, el crecimiento económico también dio paso al aumento de la desigualdad del país, que dejó a millones de personas marginadas y en la pobreza. En el año 1968, la masacre de Tlatelolco -una movilización estudiantil en la cual murieron centenares de jóvenes a manos de las fuerzas de seguridad del Gobierno- fue el detonante para que en las últimas tres décadas del siglo XX la confianza de la ciudadanía en el PRI cayera considerablemente.
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La Visión Económica de Luis Echeverría a partir de 1970
La campaña electoral de Luis Echeverría se inició con el acto de toma de protesta como candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que tuvo verificativo el 15 de noviembre de 1969. El candidato Echeverría seguramente estaba consciente de que su triunfo electoral estaba asegurado de antemano. El propósito de su administración fue claro: “la paz de que disfrutamos no será complacencia ni estancamiento, sino un proceso de cambio y desarrollo mientras lo norme la ideología de nuestros grandes movimientos sociales”. Echeverría había aceptado su designación como candidato, “en nombre propio y en el de toda una nueva generación” a la que creía pertenecer y a la cual se sentía capaz de encabezar. Esa nueva generación podía traer la reorientación que a su juicio se requería, a fin de “corregir muchos de nuestros objetivos, cambios de método cuando sea necesario y alterar profundamente viejos esquemas mentales”.
Objetivos y Estrategias Económicas
Los pasajes relativos al crecimiento económico en su discurso de aceptación fueron articulados con gran cuidado. En este frente, la intención sería la de “lograr el más rápido crecimiento del país a través de la mejoría de sus hombres, de sus familias, de sus localidades, de sus regiones y de todas las entidades políticas”. Los conceptos que se enunciaron sobre la necesidad de “un esquema equilibrado de desarrollo” podrían haber sido escritos por Ortiz Mena o Rodrigo Gómez desde la perspectiva del Desarrollo Estabilizador. “Nos interesa crecer más rápido -dijo en su discurso de aceptación de la candidatura Luis Echeverría- pero evitando las presiones inflacionarias que sólo perjudican a los pobres y dan una sensación de falso acomodo a las clases medias… Nos interesa crecer conservando la solidez y estabilidad de nuestra moneda”. Hacia futuro, se anticipaba que habría “mucho campo para la iniciativa y el ahorro de los mexicanos… Quienes faciliten sus ahorros a la economía nacional pueden confiar plenamente en los propósitos de la firmeza monetaria…”.
El candidato Echeverría señaló que “Los cimientos económicos de México están ya erigidos, pero ahora nos aguarda lo más difícil: edificar sobre esos cimientos una estructura social plenamente justa”. En cuanto a los objetivos de la estrategia económica, al candidato dijo interesarle impulsar el crecimiento “acelerado simultáneamente con el proceso productivo y la capitalización ”. A esas metas habría que agregar la de la “distribución del ingreso”.
Énfasis en el Sector Rural y Nuevas Iniciativas
Toda vez que, en muy buena medida, los problemas de la desigualdad en México tenían su origen en las zonas rurales, las políticas de beneficio económico debían poner énfasis en combatir “el subempleo y la miseria en el campo”. Dijo respecto de ello el candidato Echeverría: “Mi preocupación por el campo y por los campesinos es fundamental Haremos compartir esa misma preocupación a los empresarios, industriales, banqueros y comerciantes, quienes por solidaridad social y por el mismo progreso de sus negocios deben llevar recursos de capital a nuestros campos”. Echeverría consideraba como “una inversión patriótica a la inversión en el campo”, pero esa inversión era también, a un plazo no muy largo, “un buen negocio para los productores de bienes y servicios”.
En su administración, se continuarían, “sin falsos optimismos pero también sin desaliento”, objetivos como garantizar “justas prestaciones para la clase obrera, precios remunerativos para los productos del campo, participación proporcionada del Estado en la economía y beneficio legítimo para el espíritu empresarial”. Desde el punto de vista sectorial, debería intensificarse el desarrollo de la “pesca marina y la de aguas interiores y promover unidades industriales de explotación forestal”. Sería también necesario que la ganadería creciera más rápido a la vez de ampliar “sus exportaciones y crear una industria capaz de repoblar zonas propicias”. Las novedades programáticas empezaron con la idea de poner en marcha en México un programa de inversión en energía nuclear (que se iniciaría con la planta nucleoeléctrica en Laguna Verde, Veracruz). Según el candidato, “en el próximo sexenio México debe incorporarse a los países que aprovechan la energía nuclear con fines pacíficos”. Adicionalmente, “… debemos desconcentrar la industria para propiciar un desarrollo regional armónico y favorecer la urbanización de los pequeños y medianos núcleos rurales, o de aquellas poblaciones que requieren de la industria para su transformación efectiva.
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Críticas y Preocupaciones de Echeverría
En su discurso, Luis Echeverría se pronunció en contra de quienes simpatizaran o fueran impulsores del “colonialismo tecnológico” o del “monopolio científico” así como de aquellos que, nostálgicos, quisieran regresar al latifundio “atentando contra la paz social mediante el acaparamiento de tierras abierta o simuladamente”. A juicio de ese candidato, la Reforma Agraria en México era indiscutible aunque en algunas regiones la fase distributiva del proceso agrario hubiese ya concluido o estuviese próxima a terminar. Al candidato le gustaba el hombre de empresa que tenía una visión “muy clara de su responsabilidad social”. “Cuando hablamos de desarrollo no pensamos en las clases pudientes que a veces tienen el mal gusto de hacer ostentación de su privilegio económico”. En congruencia con esa visión, tenía puesta su mente en otros mexicanos más necesitados, a su juicio, de atención por parte del Estado. En ese catálogo se encontraban primeramente los que “viven de su propio trabajo, ya sea como pequeños productores, como prestadores de servicios o como asalariados…”. En su agenda de grupos dignos de apoyo, el candidato también incluía a las amas de casa y a los agricultores cuya actividad productiva dependía “de los precios oficiales de garantía, del crédito eficiente y aún de los fenómenos naturales…”.
Legado y Desafíos Económicos Posteriores
La crisis de legitimidad del partido estalló especialmente a partir del Gobierno de Miguel de la Madrid, que tuvo lugar entre los años 1982 y 1988, gracias a múltiples factores entre los que se encuentran la profunda crisis económica de 1982, la ineficiencia del Gobierno ante el terremoto de 1985, el crecimiento de las redes de narcotráfico y los escándalos de corrupción. El giro de las políticas económicas hacia unas de corte neoliberal aumentaron las tensiones sociales y sacaron a relucir los problemas de desigualdad en el país. Los Gobiernos de Miguel de la Madrid y de su sucesor, Carlos Salinas, acabaron con la reforma agraria que había estado en vigor desde el Gobierno de Cárdenas, lo que dio lugar a la privatización de los terrenos y de los recursos naturales.
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