La presión arterial es una medición de la fuerza ejercida contra las paredes de las arterias a medida que el corazón bombea sangre a su cuerpo. El corazón ejerce presión sobre las arterias para que éstas conduzcan la sangre hacia los diferentes órganos del cuerpo humano. Esta acción es lo que se conoce como presión arterial. La hipertensión arterial (HTA) se define como una elevación continuada de la presión en las arterias, siendo esta enfermedad conocida como «la muerte silenciosa», ya que puede pasar inadvertida durante años antes de que aparezcan los síntomas.
Mecanismos fisiológicos y flujo sanguíneo
Para que la sangre llegue a todas las partes de nuestro organismo, debe vencer unas resistencias creadas por la propia red arterial que se oponen a la circulación. Es al superar estas resistencias que la sangre puede discurrir y abarcar todo el sistema vascular. La hipertensión supone una mayor resistencia para el corazón, que responde aumentando su masa muscular (hipertrofia ventricular izquierda) para hacer frente a ese sobreesfuerzo. Cuando las arterias se vuelven rígidas y estrechas, el riego sanguíneo resulta insuficiente.
La presión arterial alta es ocasionada por un estrechamiento de unas arterias muy pequeñas denominadas «arteriolas» que regulan el flujo sanguíneo en el organismo. A lo largo del tiempo, la presión arterial alta aumenta la presión de la sangre que fluye por las arterias, lo que causa daño y estrechamiento de las mismas. Cuando las grasas de los alimentos entran en el torrente sanguíneo, pueden acumularse en las arterias dañadas, restringiendo el flujo sanguíneo por el cuerpo.
Consecuencias de la hipertensión en los órganos vitales
El impacto de la presión arterial elevada sobre el flujo sanguíneo deriva en complicaciones graves para diversos sistemas del cuerpo:
- Daño al corazón: La hipertensión obliga al corazón a trabajar más duro. Con el tiempo, el músculo cardíaco se debilita o se vuelve rígido. Cuanto más dilatado se halla el corazón, menos capaz es de mantener el flujo sanguíneo adecuado, lo que puede derivar en enfermedad de las arterias coronarias, angina de pecho o insuficiencia cardíaca.
- Daño al cerebro: El estrechamiento o la obstrucción de las arterias puede limitar el flujo sanguíneo al cerebro, lo cual aumenta el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular (ictus) o demencia vascular.
- Daño a los riñones: La hipertensión causa rigidez en las arterias que suministran la sangre a los riñones, lo que impide que estos filtren con eficacia los desechos de la sangre. Esto puede desembocar en una insuficiencia renal que incluso requiera diálisis.
- Daño ocular: La presión arterial alta puede dañar los vasos sanguíneos diminutos y delicados que suministran sangre a los ojos, ocasionando sangrado, visión borrosa o pérdida completa de la visión.
Factores de riesgo y diagnóstico
Aproximadamente el 95% de todos los casos de HTA constituyen lo que se denomina hipertensión primaria o esencial, donde se desconoce la causa exacta, pero existen diversos factores relacionados como la edad avanzada, factores genéticos, sobrepeso u obesidad, inactividad física, consumo de tabaco y alcohol, y dietas ricas en sal. El 5% restante corresponde a la hipertensión secundaria, causada por otra enfermedad o afección, como trastornos renales o problemas hormonales.
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Clasificación de la presión arterial
Las lecturas de la presión arterial miden la fuerza sistólica (al latir el corazón) y la diastólica (cuando el corazón se relaja).
| Categoría | Presión sistólica (mmHg) | Presión diastólica (mmHg) |
|---|---|---|
| Normal | < 120 | < 80 |
| Elevada | 120 - 129 | < 80 |
| Hipertensión | ≥ 130 | ≥ 80 |
Prevención y tratamiento
El tratamiento y los cambios en el estilo de vida pueden ayudar a controlar la hipertensión arterial y reducir el riesgo de enfermedades que ponen en peligro la vida. Es fundamental adoptar una dieta cardiosaludable, disminuir el consumo de sal, practicar ejercicio físico regular, controlar el peso y evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol. En muchos casos, el médico prescribe un tratamiento con medicamentos antihipertensores, como inhibidores de la ECA, bloqueantes de los receptores de angiotensina II, antagonistas del calcio o diuréticos, para mantener los niveles de presión dentro de los parámetros adecuados y proteger los órganos blanco.
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