Un subsidio o incentivo gubernamental es una forma de ayuda o apoyo financiero que se extiende a un sector económico, organización o individuo, generalmente con el objetivo de promover determinadas políticas económicas y sociales. El subsidio, que según la Real Academia Española (RAE), es “una prestación pública asistencial de carácter económico y de duración determinada”, es también quizás una de las herramientas gubernamentales más utilizadas por los estados.
Efectos en el mercado laboral
La Federación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) ha publicado un estudio en el que se indica que los desempleados que cobran un subsidio buscan trabajo con menor intensidad que los que no disfrutan del subsidio. Los datos son claros, tener una prestación disminuye las ganas de encontrar rápido un nuevo empleo. El estudio afirma que en el segundo trimestre de este año el 32% de los desempleados que no percibían prestación alguna encontraron un empleo, frente al 24% de los que sí cobraban un subsidio.
Para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) esto se argumenta desde el punto de vista de diversas corrientes de la psicología o la sociología que afirman que el asistencialismo estimula la improductividad e invita a no participar en los procesos productivos e innovadores. Por tanto, surge la pregunta: ¿Qué se podría hacer para que existan subsidios y a la vez la gente busque trabajo? La solución es controlar a los parados, logrando que el subsidio esté asociado a una búsqueda activa de empleo.
Consecuencias macroeconómicas y riesgos a largo plazo
Un informe presentado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2013 estableció que los efectos adversos de los subsidios pueden traer grandes consecuencias para la inversión privada y paradójicamente afectar también al consumidor final. Según el FMI, además de consumir los ingresos recaudados por el gobierno para desviarlos a sectores que no son productivos, pueden llevar a un aumento excedido del consumo.
También “deprimen la inversión privada” ya que en el largo plazo los productores no ven la necesidad de invertir en mejorar su línea de producción por estar atados a una ayuda sustancial. Sobre extender la duración de estos o establecerlos como permanentes puede conllevar a que en el mediano y largo plazo los incentivos se vuelvan negativos y estos se profundicen en periodos de crisis económica. Para estos organismos multilaterales, el papel de los subsidios debe ser temporal, dando ciertas “ventajas artificiales” a los sectores que lo necesitan mientras se equiparan a sus competidores.
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Tipos de subsidios y su gestión
Los subsidios pueden extenderse de manera directa o indirecta y las formas más comunes son aquellas concedidas al productor o al consumidor. A continuación se presentan las modalidades más relevantes:
- Subsidios a la producción: Aseguran que los productores estén en mejor situación, proporcionando apoyo a los precios o pagos a los factores de producción.
- Subsidios al consumo: Reducen el precio de los bienes y servicios para el usuario final.
- Subsidios cruzados: La empresa calcula su tarifa general, pero no cobra el mismo monto a todos los clientes; algunos pagan más para permitir que otros paguen menos.
- Subsidios de empleo: Sirven como incentivo para que las empresas brinden más oportunidades de trabajo para reducir el nivel de desempleo.
Un ejemplo que muestra las ventajas de gestionar correctamente los subsidios es el caso de Indonesia. La idea del gobierno fue desviar el ingente gasto en subsidios a combustibles a proyectos de infraestructura, educación y cuidado de la salud pública. En una economía post subsidios, los inversionistas están obligados a elevar su competitividad sin depender del estado y están colocando su mirada en la innovación.
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