Después de la Gran Guerra de 1914-1918, Italia fue presa de un gran descontento popular tanto político como social en contra del gobierno y de los Tratados de Paz firmados, ya que éstos no se ajustaron necesariamente a las promesas hechas por los Aliados. La crisis no solamente fue internacional, al mismo tiempo fue moral, política y económica. En este contexto apareció en 1922 el partido fascista organizado por Benito Mussolini. Tras dividir una huelga general de obreros en marzo de 1922, 30 mil fascistas -apoyados por grupos conservadores, de la clase media y de la burguesía- realizaron una violenta marcha sobre Roma, mediante la cual lograron que el rey Víctor Manuel III le entregara el gobierno a Mussolini, quien se autoproclamó inmediatamente Duce (dictador).
Consolidación del Poder Dictatorial
Manteniendo aún la apariencia democrática, en 1924 se convocaron unas elecciones que fueron sistemáticamente falseadas en beneficio de Mussolini. En 1925, Mussolini asume personalmente todo el poder. Comienza la sustitución de instituciones democráticas por otras fascistas. Se inicia una dictadura fascista que durará hasta 1943. Se declaran ilegales otros grupos políticos, aunque se mantiene el parlamento para dar apariencia de legitimidad al régimen.
Benito Mussolini intentaría revivir la grandeza del antiguo Imperio Romano a través de su dictadura. Fue precisamente este dictador quien planteó por primera vez el concepto de “totalitarismo” ya que él mismo controlaría todos los aspectos de la vida italiana, puesto que se hizo cargo de los ministerios de Guerra, de la Fuerza Aérea, de la Marina, del Control Colonial y de los Negocios con el Extranjero. Poco a poco Mussolini fue eliminando los aspectos democráticos de la sociedad italiana, intimidando a opositores, haciendo ajustes constitucionales, implementando la censura y el culto a su personalidad. Apoyado por las clases dirigentes, el fascismo se fue imponiendo por medio de la violencia física e ideológica y el chantaje político. Su fuerza de choque estuvo constituida por la integración de un ejército denominado “Camisas Negras” y pudo imponerse gracias a la incapacidad de las instituciones democráticas tradicionales.
En 1926, Mussolini estableció una dictadura fascista. Se censuró a la prensa y se persiguieron a los partidos políticos de izquierda, se aprobaron leyes que permitieron el arresto y encarcelamiento de cualquier persona por delitos políticos o parecer sospechosa. Se prohibieron las asociaciones culturales y políticas. Una policía secreta, la Organización para la Vigilancia y Represión del Antifascismo, mantenía una férrea vigilancia entre los descontentos.
Para el fascismo el Estado es lo absoluto, ante lo cual los individuos y los grupos no son más que lo relativo. «Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado». El liberalismo negaba el Estado a favor del individuo; el fascismo reafirma al Estado como la verdadera libertad del individuo. Este existe en tanto existe en el Estado; está subordinado a las necesidades del mismo y a medida que la civilización adquiere formas más complejas, la libertad del individuo se restringe cada vez más.
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Política Económica y Social
Se lleva a cabo una autarquía económica con reducción de importaciones, fortalecimiento de la moneda («batalla de la lira»), aumento de producción agrícola («batalla del trigo») y preocupación por las obras públicas. También se produce un aumento considerable de la producción industrial y, en los años anteriores a la guerra, un acelerado aumento de la industria militar.
El corporativismo es italiano. Empresarios y obreros de la misma rama forman corporaciones o sindicatos de carácter vertical. Sobre lo social, el fascismo glorifica el ultranacionalismo y ultraconservadurismo. La patria es la entidad superior a la que hay que rendir culto. Las mujeres, por ejemplo, fueron consideradas como el fundamento esencial de la familia: “La mujer en la casa”, era una consigna fascista.
Los estados totalitarios siempre consideraron al deporte una herramienta muy útil. Mussolini fue el primero en darse cuenta de esto. El balompié ya levantaba pasiones y el duce sabía que organizar un gran evento podría proporcionarle legitimidad al régimen y, al mismo tiempo, identificar los valores del fascismo y del deporte como forma de educar a los jóvenes. De esta forma, la Italia fascista dedicaría sus esfuerzos a intentar albergar una edición del mundial de fútbol. Para él era vital que lo ganara Italia y no se iba a andar con miramientos. La federación italiana de fútbol se puso a nacionalizar a futbolistas argentinos y brasileños para elevar el nivel de la selección. Pese a las pruebas de que algo hubo sucio, la selección italiana también se convertiría en la campeona de los juegos olímpicos de Berlín de 1936 y del mundial de fútbol de 1938, el cual se disputó en Francia en un clima de gran hostilidad hacia ellos.
Relación con la Iglesia y el Antisemitismo
Un paso importante en la consolidación de su poder fue el pacto que realizó Mussolini con el Papa Pío XI. La Iglesia católica tendrá relaciones más fluidas con el fascismo después del tratado de Letrán (1929). Mussolini reconoció la soberanía de la Ciudad del Vaticano en los Acuerdos de Letrán, firmados en febrero de 1929, en los que Italia proveyó de una importante suma de dinero al Vaticano y reestableció el catolicismo como la única religión del Estado italiano.
La comunidad judía italiana, una de las más antiguas de Europa, ascendía a aproximadamente 50.000 personas en 1933. Los judíos habían vivido en Italia durante más de doscientos años y estaban completamente integrados a la cultura y sociedad italiana. Había relativamente muy poco antisemitismo aparente entre los italianos. En 1938, en parte debido a la presión de la Alemania nazi, el régimen fascista italiano aprobó leyes antisemitas. Estas leyes prohibían el matrimonio entre judíos y no judíos y apartó a los maestros judíos de las escuelas públicas.
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Aunque estaba aliada a Alemania, la Italia fascista no cooperó de buena gana con el plan nazi para exterminar a los judíos de Europa. Los italianos en general se rehusaban a participar en el genocidio, o a permitir deportaciones de Italia o las zonas de ocupación italiana en Yugoslavia, Grecia y Francia a los campos de exterminio nazis. Los funcionarios y oficiales militares italianos generalmente protegían a los judíos y las áreas ocupadas por los italianos eran relativamente seguras para ellos.
Política Exterior y Expansionismo
Las dos décadas de fascismo representan una parte fundamental de la historia moderna Italiana, y la política exterior implementada en el frágil y complejo periodo entre el año 1922 hasta el 1939. De hecho, es posible separarla en tres momentos principales: el primero abarca desde 1922 hasta 1929, el segundo desde 1929 hasta 1932 y finalmente, el que abarca el periodo entre 1932 y 1939. Cada uno de estos periodos es caracterizado por una concepción distinta de la estrategia política empleada.
Sin embargo, siempre existe un concepto de base con respecto al "Duce", quien consideraba importante explotar su política exterior para poder alcanzar dos metas principales: fortalecer el régimen e incrementar la influencia italiana en el ámbito internacional. Entre 1922 y 1929 Mussolini se apoyó en la política exterior para consolidar su poder, especialmente a nivel de la opinión pública.
Una de las características del fascismo italiano fue su política expansionista: en 1911 Italia le arrebató a los turcos el territorio africano de Libia para lanzarse luego a la conquista de nuevos territorios. Como el fascismo se basaba en la idea de recobrar la gloria de una historia mítica de la cual venían, Mussolini buscó la expansión de Italia para “recuperar” la vieja gloria del Imperio Romano. Etiopía sufrió la ocupación de la Italia fascista entre 1935 y 1941. En octubre de 1935, Italia invadió Etiopía, Alemania apoyó diplomáticamente a Italia.
En 1936 se constituirá el Eje Roma-Berlín, que une los destinos de ambas dictaduras en la Segunda Guerra Mundial. Poco tiempo después, ambas naciones entregaron recursos y hombres a los militares españoles que se pronunciaron contra la República española. En 1938 será suprimida la cámara de diputados, pues se considera que ya no es necesaria para reforzar la legitimidad del régimen.
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Fascismo en Europa: Italia y Alemania
El término fascismo se ha utilizado para referirse tanto al modelo italiano de Mussolini como al alemán de Hitler o al español de Franco, pero esto conlleva, al menos, una cierta imprecisión. Dentro de las semejanzas entre los dos sistemas, lo primero que nos llama la atención son los escasos planteamientos teóricos del fascismo. Lo que no se debe confundir con falta de ideología: los principios ideológicos sirven, esencialmente, para la acción: «Nuestra doctrina es el hecho» o «El fascismo no fue el fruto de una doctrina estructurada de antemano con una minuciosa elaboración; nació de la necesidad de la acción» (Mussolini).
La importancia concedida a la acción permite entender también su exaltación de la violencia y de la guerra. El predominio del Estado sobre los individuos es otro de los rasgos fundamentales del fascismo. Así, utilizaron el socialismo para atraerse a los trabajadores pero eran profundamente antisocialistas y sobre todo anticomunistas. Se exalta la raza aria y se insiste de forma maníaca en el antisemitismo.
Entre los dos movimientos se dan distintas concepciones del Estado y distintas relaciones entre nación y Estado. Para Mussolini el Estado está por encima de la nación: ésta existe como producto creado por el Estado. El Estado fascista tiene, pues, la misión de engrandecer a Italia, los individuos han de estar sometidos al Estado, «todo para el Estado, todo por el Estado». Para Hitler, en cambio, el Estado es el instrumento de la nación alemana, del pueblo alemán, para cumplir sus objetivos. La nación es anterior y más importante que el Estado. Estas ideas tienen gran tradición en el pensamiento alemán anterior, desde Fichte hasta Spengler.
Los dos sistemas surgen en contextos distintos y tienen distinta forma de acceder al poder. El corporativismo es italiano. El racismo y espacio vital son nacionalsocialistas. Desde el punto de vista económico la alianza con la gran industria (Thyssen, Krupp), fue más importante en Alemania. Las grandes empresas italianas se mantuvieron al margen, al menos hasta la escalada armamentista. Aunque el fascismo italiano intentó controlar a la sociedad, no alcanzó los excesos del nazismo alemán.
El movimiento fascista de entreguerras es un fenómeno europeo. Resulta significativo que su auge en el período de entreguerras se produzca en naciones que se han convertido en Estados unificados recientemente, como Alemania o Italia, ya que el intenso nacionalismo es uno de los factores de su aparición. También la crisis económica y el paro (que en Italia y Alemania fueron muy intensos) están en la base de su ascenso. La consolidación de la URSS en aquellos momentos era un estímulo para una clase obrera que se hace cada vez más combativa. Las democracias sufren un descrédito paulatino y se ven impotentes ante los avances del socialismo revolucionario y del fascismo.
