La Ley de Ingresos de la Federación (LIF) puede considerarse como la política pública más importante que el gobierno posee para lograr sus objetivos de (a) reducción en la desigualdad de ingresos de la sociedad y de (b) fomento a las actividades productivas y estratégicas de la nación. Ésta, siendo una ley, rige la cantidad de recursos que el Estado deberá disponer para un año fiscal, acorde con otros objetivos de (c) reducción de la pobreza y de (d) desarrollo económico, plasmados éstos dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación, PEF.
Salvo por las contribuciones, en México no se pueden etiquetar ingresos públicos a gastos específicos del propio gobierno. Por esto, técnicamente, la LIF se encuentra limitada para lograr -o, al menos, no se espera de ella- una reducción en la pobreza, debido a que no provee directamente bienes ni servicios a la sociedad; únicamente se limita a recaudar, buscando, en el proceso, que esto tenga una estructura progresiva. Lo anterior no sucede necesariamente con el PEF, pues puede lograr objetivos tanto de reducción de pobreza como de desigualdad.
Divisiones de Ingresos en la LIF
Existen muchas formas de dividir o estructurar los ingresos disponibles del Sector Público Mexicano expresados en la LIF. Sin embargo, para fines del presente análisis, nos limitaremos únicamente a 2 grandes divisiones: (i) su estructura legal (i.e. ingresos del gobierno federal, ingresos de organismos y empresas e ingresos derivados de financiamiento) y (ii) por origen de los recursos (incluyendo aquí 2 subdivisiones: ingresos `petroleros-no petroleros’ y `tributarios-no tributarios’).
Estructura Legal de los Ingresos
Cuando la LIF es publicada en el Diario Oficial de la Federación, DOF, los ingresos del Sector Público se dividen en: (i) ingresos del Gobierno Federal, (ii) ingresos de organismos y empresas e (iii) ingresos derivados de financiamiento.
Específicamente, si sólo consideramos los ingresos provenientes del ISR, IVA, derechos a los hidrocarburos, los ingresos propios de PEMEX y de la CFE, éstos agruparían un porcentaje importante del total de los ingresos del Sector Público. Si descontamos el financiamiento, esta cifra aumenta aún más. Es decir, de todos los conceptos de la LIF, salvo por los 5 anteriores, el resto recauda una porción menor del total de ingresos del Sector Público.
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Ingresos Petroleros vs. No Petroleros
Regularmente, los ingresos del Sector Público se dividen, además de lo visto en la sección anterior, en ingresos petroleros y no petroleros y en ingresos tributarios y no tributarios. Las siguientes subsecciones detallarán la importancia de dividirlos de esta manera y su utilidad más común.
Por razones constitucionales y por ser un sector estratégico del Sector Público, los hidrocarburos son parte fundamental para cualquier análisis de la LIF. Su importancia es grande: si no existieran esos recursos, el gobierno necesitaría aumentar su recaudación anual en un porcentaje significativo, únicamente para compensar.
Ahora bien, de no contar PEMEX con inversiones extras, le restarían al país sólo un número limitado de años de ingresos petroleros; de existir dichas inversiones, esto podría extenderse, siempre y cuando sigan siendo los yacimientos viables para su comercialización. Este rango de tiempo variará acorde con la productividad del sector (e.g. haría que se acortara si existe una baja productividad en el sector, ya sea por unos altos costos de extracción o por un bajo precio internacional; además, es probable que la industria petrolera deje de tener la misma productividad como proporción del PIB.). Sólo manteniéndose constante y contando con las inversiones necesarias, se tendría un plazo determinado para migrar a un sistema no petrolizado.
Ingresos Tributarios vs. No Tributarios
Por su parte, una conveniencia de dividirlos de esta manera es porque así se puede aproximar cierto tipo de ingresos con aquéllos que provienen de la misma actividad económica (i.e. tributarios), en contraste con los que provienen de la explotación de bienes naturales o de capital, así como de los que no provienen como consecuencia directa de la economía (i.e. no tributarios).
Alrededor de la mitad de los ingresos del Sector Público se espera que provengan de impuestos, mientras que la otra mitad provendrá de otro tipo de ingresos. Por lo tanto, salvo por el ISR y el IVA, el resto de los impuestos recaudan una pequeña parte del total de los ingresos del Sector Público.
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Como se mencionó anteriormente, la división de la LIF no son excluyentes entre sí; existen traslapes (unos más grandes que otros) entre éstos. No hay ingresos del Sector Público por concepto ingresos tributarios petroleros.
Desafíos Clave para la LIF
De ninguna manera la presente sección pretende ser exhaustiva sobre los temas más importantes a analizar dentro de la LIF. Los desafíos más grandes son:
- Sostenibilidad: El reto más grande es el de dotar, al sistema fiscal, con recursos suficientes para solventar todos sus compromisos adquiridos.
- Alta dependencia petrolera: Oficialmente publicado por PEMEX, la cantidad de años con reservas petroleras, con potencial comercial, puede variar; probablemente esto se extenderá con los nuevos yacimientos descubiertos de shale gas o de petróleo en aguas profundas. No obstante, los años no necesariamente representan el potencial de proveer con un porcentaje importante de las necesidades de recursos dentro de la LIF (como lo está actualmente).
- Transición demográfica: El bono demográfico es un fenómeno que no fácilmente se repite. Por esto, es importante aprovechar de lo que significa y, al mismo tiempo, prepararnos para sus efectos de largo plazo. Lo anterior representa que ahora existe una amplia población joven con un alto potencial productivo y, por lo tanto, recaudatorio para el gobierno. De no tomar ventaja ahora, estas mismas personas envejecerán, ahora presionando al sistema fiscal con mayores exigencias de pensiones y de servicios de salud.
- Desigualdad: La desigualdad es un objetivo constitucional que no es parte del análisis de la LIF, aunque sus repercusiones con ésta son directas.
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