Descubre cómo Estados Unidos enfrenta el régimen autoritario en Nicaragua: Impactos y estrategias reveladaspost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Durante buena parte del siglo XX, las dictaduras y los movimientos revolucionarios que trataron de derrocarlas, formaban parte intrínseca de la historia de muchos países de América Latina. Un caso típico es Nicaragua, un país gobernado durante casi medio siglo por una dinastía dictatorial que luego pasó por un proceso revolucionario y en el que, en los últimos años, se afianzaron nuevamente rasgos políticos autoritarios y antidemocráticos. Para González Arana, autor de varios libros sobre revoluciones y dictaduras en América Latina, Nicaragua es un caso emblemático porque permite analizar la continuidad de los conflictos políticos que desembocaron el auge de la violencia en el país.

Al igual que en el caso de varios vecinos de la región, a principios del siglo XX, la historia de Nicaragua estaba estrechamente ligada a su relación con Estados Unidos. Al interior del país se impuso la doctrina de seguridad nacional por medio de cuerpos policiales represivos. Misma que fue apoyada durante décadas por la política exterior de los Estados Unidos, tanto en el marco de la política del buen vecino del presidente Roosevelt como por medio de la Alianza para el Progreso, ideada por John F. Kennedy. Las dictaduras que se establecieron en el Gran Caribe entre los 1930-1960 se caracterizaban por llegar al poder mediante golpes de Estado y el sistema económico favoreció a las multinacionales y empresas norteamericanas, principalmente a la industria agroexportadora.

De la dictadura somocista al sandinismo

La crisis del régimen somocista, establecido en la década de los años treinta por Anastasio Somoza García y continuado por sus hijos, quedó patente a partir del terremoto de 1972. La represión de las manifestaciones populares extrañó el tradicional apoyo de los Estados Unidos bajo el gobierno del demócrata Jimmy Carter. El último de los Somoza huyó del país en julio de 1979 y el poder quedó en manos de los Sandinistas. Aunque desde 2006 gobierna nuevamente Daniel Ortega, un líder histórico de la revolución sandinista, para González Arena, el sandinismo libertador se ha convertido en un «orteguismo» personalista y represivo. Hay un retorno hacia una dictadura similar, con un líder autoritario que sustenta su poder en el apoyo militar y en un séquito familiar.

El panorama actual y la denuncia del doble juego internacional

La nación centroamericana realizó elecciones presidenciales en las que se reeligió por tercera vez consecutiva Daniel Ortega. Los comicios fueron ampliamente criticados por la falta de oposición real y el encarcelamiento de siete aspirantes a la presidencia. Estados Unidos aseguró que Nicaragua ha dejado de ser una democracia y es ahora una dictadura. Nicaragua “ha pasado de ser una democracia frágil a convertirse en un régimen completamente autocrático”, expresó Ricardo Zúñiga, secretario adjunto de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado.

Sin embargo, líderes de la oposición nicaragüense en el exilio criticaron el "doble juego" político de EE.UU. y la UE hacia el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Señalan que la falta de firmeza de las potencias occidentales prolonga el sufrimiento de la población nicaragüense y consolida la impunidad del sandinismo. Las posturas y contradicciones de la comunidad internacional se pueden observar en el siguiente resumen de relaciones políticas y comerciales:

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  • Estados Unidos: Por un lado aplica sanciones al régimen, pero por el otro, continúa la compra de oro a Nicaragua.
  • Unión Europea: Emite declaraciones públicas sobre la defensa de los derechos humanos, pero mantiene relaciones diplomáticas y comerciales con Managua.
  • Oposición en el exilio: Figuras como Rafael Aragón y Gabriel Putoy exigen una presión económica internacional real para forzar la caída del régimen Ortega-Murillo, advirtiendo que EE.UU. no intervendrá directamente porque "no le interesa mucho Nicaragua".

El activista indígena Gabriel Putoy, quien recordó que los gobiernos nicaragüenses de buena parte del siglo XX han estado condicionados por lo que quería Estados Unidos, consideró que sería bueno un apoyo bajo condiciones, enfatizando que al final deben ser los nicaragüenses quienes decidan quién es la persona idónea para ocupar el cargo de presidente.

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