Descubre la Fascinante Historia del Ingenio Azucarero Ex Hacienda de Cortés en Atlacomulcopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Ubicada en Atlacomulco, Jiutepec, el Hotel Hacienda de Cortés es un ingenio de especial interés histórico. No solo fue de gran importancia en su época, sino que también perteneció a los descendientes de Hernán Cortés desde el siglo XVI hasta el siglo XX.

Este ingenio se caracteriza por haber estado arrendado la mayor parte del tiempo. Sin embargo, gracias al gran respaldo económico que tuvo desde sus orígenes, se consolidó como una gran empresa industrial, ampliando sus instalaciones hasta convertirse en el ingenio más poderoso del virreinato durante mucho tiempo.

Orígenes de la Hacienda

Los orígenes de la tierra se remontan a la Merced Real que Hernán Cortés obtiene cuando Carlos V le confiere el título de Marqués del Valle en 1529. La hacienda es heredada por don Martín, el segundo Marqués, hijo de doña Juana Ramírez de Arellano y Zúñiga.

Las tierras morelenses atrajeron a Hernán Cortés, quien obtuvo grandes extensiones como parte del marquesado que la Corona le otorgó. En 1535, el capitán español instaló el primer ingenio de Morelos, iniciando el cultivo de lo que después se conocería como el “oro blanco”, que pronto se extendió a todo el estado.

Desarrollo y Características de la Hacienda

En 1760, se tomaron las medidas del ingenio, siendo reconocido por don José Antonio Alarcón, perito agrimensor del Superior Gobierno de la Nueva España. Según su informe, la hacienda contaba con un acueducto, posiblemente la primera gran obra de ingeniería hidráulica en la región, que medía dos mil treinta y dos varas (unos 1,686 metros), de las cuales cuatrocientas dos (unos 333 metros) estaban sobre arcos y pilastrones.

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En 1790, Mariano Ruiz de Movellán compró los terrenos de Nuestra Señora de la Concepción Guimac para la hacienda. En 1837, el ingenio fue arrendado nuevamente a don Juan de Goríbar, dueño de Cocoyoc y Casasano, y a don Anselmo Zurutuza, rico español asociado con Escandón en el negocio de las diligencias.

Entre 1852 y 1853, se construyó la fábrica de alcohol, como lo testimonia una placa colocada en la fachada del edificio. Curiosamente, este ingenio no se modernizó con las técnicas de vapor, pero esto no le impidió obtener el Primer Premio y Medalla de Plata por la calidad de su azúcar y una Mención Honorífica por su aguardiente de caña en la Exposición Internacional de París en 1889.

En 1890, se informa de la existencia de una máquina limpiadora de arroz. A finales del siglo XIX, el ingenio se dio nuevamente en arrendamiento a don Delfín Sánchez, yerno de don Benito Juárez y dueño también de San Vicente y anexas.

Para 1909, don Pedro S. de Azcué, apoderado del Administrador Judicial de la Sucesión del Príncipe José A. Pignatelli Cortés, Duque de Terranova y Monteleone, manifestó que la finca tenía 2,206 hectáreas. Contaba con casa habitación, compuesta de una sala, seis recámaras, comedor, cocina, dos cuartos para criados y cuarto de baño. Además de varias localidades para purgares, almacenes, casa de calderas, carpintería, apero, fundición, trapiche, fragua, centrífugas y fábrica de aguardiente con su cuarto de infusiones.

Su ganado se componía de 207 mulas y machos, 116 bueyes, 8 vacas, 3 becerros, 4 crías y 5 caballos de silla.

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Después de la Revolución

Después de la lucha revolucionaria, se repartieron las tierras de la hacienda entre los ejidos de Jiutepec, Tejalpa, Acapantzingo, Chapultepec, Atlacomulco y la Colonia José G. Parres, restándole al casco unas 134 hectáreas.

Luego de este suceso, la propiedad, aunque la seguían reclamando los herederos radicados en Italia, quedó abandonada hasta que fue adquirida en 1953 por don José Villanueva Aguilera para venderla, un año después al Lic.

La Hacienda Hoy

Hoy, podemos admirar los salones que alojaron la fábrica de alcohol, transformados en comedor. El antiguo bagacero es el bar, y la antigua hornalla con su bóveda original vestibula la entrada lateral al auditorio que fue Casa de Calderas, hoy cubierta de murales de José Hernández Delgadillo.

El corredor principal de la hacienda tiene un busto de Hernán Cortés creado por el arquitecto Manuel Tolsá. Alrededor del jardín se ubican las habitaciones cuyo estilo colonial mexicano está lleno de colorido, originalmente aquí se encontraban los talleres. Donde está la alberca se hallaba el salón de infusiones.

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