Descubre la Fascinante Historia y el Legado Inolvidable de Ex Hacienda Los Rosalespost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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La centenaria ex hacienda del Chorrillo es un enclave singular en la fisonomía de esta ciudad del norte del Estado de Guerrero, su trayecto en el tiempo es dilatado y los servicios que ha prestado son diversos, constituye parte esencial de la tradición minera de la región y su edificación data de las primeras décadas de la dominación española en América.

Orígenes y Función en la Minería

Las haciendas eran una parte esencial, las minas eran muy importantes, ahí estaban los minerales, pero sin las haciendas era imposible aprovecharlo, no había forma. Abundando sobre el tema de la minería me di cuenta de que las haciendas son fundamentales para la extracción de la plata, una cosa es sacar el mineral y otra distinta es beneficiarlo: se puede extraer un mineral, pero si no está beneficiado, no vale, no se puede comercializar porque sale amalgamado con otros minerales y por lo tanto hay que separarlos.

Aquí Hernán Cortés, quien tuvo la iniciativa de la edificación de esta hacienda, construyó una de las mejores, en su tiempo fue la más avanzada en términos tecnológicos aprovechando la fuerza hidráulica desde su construcción (cerca de 1530), para 1540 ya tenía algunos acueductos y ya estaba moliendo con esa energía, y eso era uno de los grandes avances en esta región minera.

Posteriormente llegó el método descubierto por Bartolomé de Medina en las minas de Pachuca hacia 1555. Y tal vez Medina ya tenía referencias de esto, y tras varios experimentos logró el punto clave para poder separar la plata de los demás minerales por medio del mercurio, y éste fue uno de los grandes descubrimientos que permanecerá activo en las minas de la Nueva España.

En Europa se utilizó hasta el siglo XVIII -habrá que decirlo-, mientras en la Nueva España se aprovechó desde su descubrimiento en el siglo XVI y hasta gran parte del siglo XIX, hasta la aparición del proceso de cianuración que sustituyó al de amalgamación a principios del siglo XX, por esta razón las haciendas mineras dejaron de ser útiles y quedaron obsoletas, considerando que además se descubrieron nuevas formas de trituración con motores de combustión interna.

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El Descubrimiento de las Minas de Plata

Este lugar se descubrió gracias al estaño, el estaño fue el responsable del descubrimiento de las minas de plata de Taxco, porque Hernán Cortés llega a Tenochtitlán confundido con Quetzalcóatl, no como invitado y estuvo ahí cerca de un año. Las tropas de Cortés utilizaron todos sus cacharros y todo lo que encontraron en Tenochtitlán, unos soldados que estaban comprando comida en el mercado de Tlaltelolco encontraron que los indígenas de la zona de Tlachco comerciaban con unas rodajas de estaño, así que preguntaron de dónde venían y se enteraron de que en esta región había un yacimiento de este metal. Al enterarse Cortés envió soldados inmediatamente para esta zona.

Tras la conquista de Tenochtitlán en 1521, Hernán Cortés sabía que se iba a enfrentar a la resistencia de los indígenas, por tanto, que necesitaba elaborar armas, tenía cobre y hierro, pero le faltaba estaño para que con el cobre se obtuviera bronce, y de esa manera fundir cañones.

En cuanto al descubrimiento existe una leyenda: se dice que, al regreso, los soldados acamparon en la base del Cerro de Bermeja e hicieron una fogata. Tal vez Hernán Cortés no quería que esto se supiera, pero era un secreto difícil de guardar, pronto muchos los supieron y vinieron a explotar las minas.

Conflictos por la Tierra y el Agua en Iztapalapa

Los conflictos entre barrios, pueblos con haciendas y ranchos se remontan al siglo XVIII, como el que sucedió entre el pueblo de San Lorenzo Tezonco y la hacienda de San Nicolás Tolentino, cuyos dueños pretendían impedir la pesca en una laguna cuyos linderos compartidos.

Una disputa semejante ocurrió en 1776 entre los indios del pueblo de Culhuacán y don Francisco Manuel Sánchez de Tagle -dueño de las haciendas de los Dolores, San Antonio y de la Estrella-, debido a que sus mayordomos pretendían prohibirles la pesca en la laguna de San Juan Evangelista (Culhuacán).

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Este conflicto por el usufructo de la laguna con indios de los alrededores del Cerro de la Estrella, sucedió porque el agua llegaba a la orilla del cerro y casi tres cuartas partes de éste eran propiedad de la hacienda de la Estrella y de los ranchos anexos -como se desprende del deslinde de tierras-. La parte norte del Cerro de la Estrella era propiedad de los indios de Aztahuacán y otra sección de los herederos de Jerónimo de Rueda Moctezuma, cacique de Iztapalapa.

Otro conflicto se presentó con la hacienda de Dolores, en este caso la disputa mediaba una salitrera. La explotación del salitre también se encontraba regulada, incluso ciertos terrenos ya conocidos como salitreras podían ser arrendados en algunas fracciones o por temporadas a españoles pues, algunas propiedades como Tequequispan, eran parte de los bienes de comunidad del pueblo de Culhuacán, cuyas ganancias financiaban los gastos de su iglesia.

A pesar de que entre 1825 y 1828 se crearon comisiones para repartir los bienes de las antiguas parcialidades -y se realizaron algunas ventas de sus bienes comunales, por lo general, potreros y salitreras- se debió dar marcha atrás al proceso en virtud de las múltiples protestas. No obstante, algunos bienes fueron vendidos. Por esa razón, los pueblos en éste como otros casos trataron de preservar la integridad de sus bienes.

Desde el inicio de la aplicación de la reforma sobre los bienes de comunidad de los pueblos, los administradores descontaban y agregaban cargos por sus servicios, algunos huían con desfalcos o adjudicaban a quien fuera y a cualquier precio el arriendo de los potreros de los pueblos.

La aplicación de la Ley Lerdo de 1856 afectó a las tierras y a las comunidades que estaban arrendadas, sobre todo a los pueblos de Iztapalapa que eran la mayoría.

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En esa perspectiva se observa cómo Victoriano Sánchez adquirió bienes de San Marcos Mexicalcingo por 29 166.66 pesos, mientras que Joaquín María Anzorena primero adquirió y después traspasó bienes por 19 566 pesos a Manuel Pasalagua, por concepto de potreros y salinas de Mexicalcingo, Tlascultitlan, la Resurrección y San Francisco Tultengo.

Con respecto a las adjudicaciones en Iztapalapa, Cristina Montaño señala que los tres potreros de la localidad: la Cortadura, la Albarrada y la Albarradita, que el Ayuntamiento arrendaba a particulares, fueron fraccionados para después venderlos, también a particulares, de modo que una parte de esos terrenos sirvió para el establecimiento de ranchos, mientras que otros sirvieron para engrosar la hacienda de la Purísima.

En 1919 los propietarios de la Purísima alegaban que los potreros de la Albarrada, la Cortadura (el mayor) y la Albarradita debían considerarse legítimos "bienes de manos muertas", y que por esa razón fueron afectados al encontrarse legalmente comprendidos en la Ley del 25 de junio de 1856.

Estos personajes poseían haciendas y se dedicaron a especular con los terrenos comunes, algunos de los cuales revendieron posteriormente.

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La pequeña propiedad y una parte de la propiedad comunal -tenida como chinampas que iban ganando terreno a la laguna de Mexicalcingo- coexistían con haciendas, ranchos, establos y alfalfares. Debe recordarse que de ese modo se tendió a ganar terreno a los lagos de manera muy temprana. Por otra parte, el fraccionamiento de las propiedades de los cacicazgos, la mortalidad indígena y la compra-venta de tierras indias también dieron lugar a la expansión de las haciendas y estancias ganaderas en un proceso que ocurrió a lo largo de los siglos.

Las remembranzas en torno a las haciendas y los hacendados se presentan, especialmente, entre quienes trabajaron en ellas o los que convivieron con quienes allí trabajaron.

En el pueblo de Iztapalapa las personas que eran octogenarias en la década de 1990 recordaban el emplazamiento de los ranchos, establos y haciendas vecinas a los barrios de San Lucas, la cabecera de la municipalidad: "había cuatro haciendas [cercanas al pueblo de] Iztapalapa: La de San Antonio, la de la Esmeralda, La casa verde, y la de Rosales, donde actualmente están las colonias: Sector Popular, Escuadrón 201 y Héroes de Churubusco".

La imagen del trabajo en las haciendas -narrada por todos los informantes- describe situaciones muy difíciles ocasionadas por los malos tratos a los que eran sometidos los peones porque "los capataces de la hacienda lo chicoteaban a uno cuando no se apuraba".

La mayor parte de los entrevistados tenía la opinión de que casi todos los propietarios de las haciendas de la región eran españoles: Entonces los españoles eran los dueños de las haciendas. No los puedo ver porque nos trataban como bestias; [por esto] me nació mucho odio contra los españoles porque tendiendo planta de remolachas, los mayores, iban clavando la planta y si no avanzaban los golpeaban. En la siembra o cosecha se avanzaba en los surcos por dos kilómetros y se comía muy poco: legumbres con dos o tres tortillas, que muchas veces se llevaban desde la casa, "se comenzaba desde las siete de la mañana y terminábamos al caer el sol".

Al conocer la formación de grupos de apoyo entre los pueblos del oriente de la cuenca del Valle de México alrededor del general Herminio Chavarría, los federales quemaron su pueblo y su casa ubicados en Aztahuacán.

Ex Hacienda Los Rosales Hoy

Actualmente Ex Hacienda Los Rosales dispone de 1 promoción de descuento exclusivo para los servicios de boda. Con amplios espacios idóneos para adaptarlos a sus gustos, será justo lo que están buscando en el Estado de México. La Ex Hacienda Los Rosales cuenta con una distribución perfecta para cualquier tipo de evento, ya sea algo íntimo o a gran nivel.

El objetivo de esto consiste en seguir estrechando lazos históricos y culturales, así como promover el turismo y dar a conocer los avances realizados para la consolidación del CRTA como itinerario histórico, turístico y patrimonial.

Ante esto, Rosales fue sede de este encuentro este año, en donde se dieron cita representantes de los diferentes municipios participantes: Ahumada, Hidalgo del Parral, Camargo, Julimes, Meoqui, La Cruz, San Francisco de Conchos y Rosales.

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