Descubre la Familia Léxica de Hacienda: Ejemplos Sorprendentes y Análisis Detalladopost-template-default single single-post postid-46 single-format-standard et_pb_button_helper_class et_fixed_nav et_show_nav et_secondary_nav_enabled et_primary_nav_dropdown_animation_fade et_secondary_nav_dropdown_animation_fade et_header_style_left et_pb_footer_columns4 et_cover_background et_pb_gutter et_pb_gutters3 et_right_sidebar et_divi_theme et-db
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Entre 1786 y 1789, Antonio de Alcedo publicó su Diccionario geográfico-histórico de las Indias Occidentales o América en cinco volúmenes, en el cual ofreció, con toda la información que consideró pertinente, una descripción enciclopédica muy detallada de los territorios americanos pertenecientes a la Corona española, como indica el título completo de su trabajo.

El quinto y último tomo fue complementado con el Vocabulario que contenía la "lista alfabética de los nombres provinciales y voces extrañas de frutas, árboles, animales, &c" (Alcedo, 1786, t. 1, p. IX), y debe considerarse como el primer diccionario del léxico americano.

Aunque por la importancia de su labor, Alcedo ingresó a la Real Academia de Historia en 1787 como miembro correspondiente, su Diccionario no contó con la suficiente difusión en España por el temor -primero de Carlos III y después de Carlos IV, a quien fue dedicado el Diccionario- de que la información contenida en este libro llegara a otras naciones, principalmente a Inglaterra, que, movidas por la codicia, pudieran ocasionar graves conflictos a la monarquía española (Barros Arana 1863, pp. 497-498), de ahí que su venta y circulación se interrumpieran.

Este temor fue confirmado por George Alexander Thompson, traductor inglés del ejemplar, quien, motivado por el interés y la utilidad de la obra, la editó en Londres entre 1812 y 1815.

No obstante la preocupación de la Corona, el ejemplar se difundió en América, donde, según José de Onís (1951), gozó de gran popularidad e influencia y fue considerado "obra patriótica".

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Diego Barros Arana (1863, pp. 496-497) comenta que, a pesar de las minuciosas descripciones geográficas, con sus reseñas históricas de cada provincia, obispado, ciudad y listas cronológicas de los gobernadores, la obra de Alcedo contiene numerosos errores que emanan de las fuentes consultadas, entre las que destacan obras publicadas más de treinta años antes de su Diccionario.

Además, el intelectual chileno habla de los equívocos constantes y repetitivos en la descripción de las ciudades y en el orden de los gobernadores y obispos, pues su autor no actualizó los datos ni llenó casillas vacías.

De hecho, el mismo Alcedo, quien revisó "más de 300 libros de Indias" (1786, t. 1, p. VIII), advirtió en el prólogo que trató de reducir los yerros al mínimo, por lo que agregó a su primer tomo adiciones y correcciones.

Aunado a lo anterior, y sin importar las limitaciones que el propio Alcedo reconoce, coincido en que se trata de un monumento cultural del siglo XVIII que permite entender "la atmósfera intelectual e ideológica de la Ilustración en el mundo hispánico" (Lerner, 1982, p. 120).

Por consiguiente, el propósito de este trabajo es examinar los vocablos que en el Vocabulario aluden a Nueva España y analizar su tratamiento.

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El número de vocablos que Alcedo incluye en este diccionario varía, de acuerdo con los lingüistas que se han ocupado de analizarlo; así, Manuel Alvar Ezquerra (2005, p. 15) proporciona la cantidad de 629 voces, mientras que Isaías Lerner (1982, p. 120), la de 634. Mis cálculos, en cambio, sugieren una cifra poco mayor: 645 palabras americanas en total.

Según demanda el propósito de este trabajo, se recogieron los vocablos que referían al territorio novohispano por su cercanía geográfica a lo que sería México después.

En este sentido, hay que aclarar que en el tiempo en que Alcedo redactó y publicó el fruto de su largo e ingente trabajo, el Virreinato de Nueva España abarcaba no sólo el territorio que hoy ocupa la República mexicana, sino zonas mucho más amplias.

El Virreinato de Nueva España fue parte de la Monarquía Española en la América del Norte, Centroamérica, Asia y Oceanía.

La Nueva España estaba comprendida por el actual México, más los actuales estados de California, Nevada, Colorado, Utah, Nuevo México, Arizona, Texas, Oregón, Washington, Florida y partes de Idaho, Montana, Wyoming, Kansas, Oklahoma y Luisiana, por parte de los actuales Estados Unidos de América; así como la parte suroeste de Columbia Británica del actual Canadá; más la Capitanía General de Guatemala (comprendida por los actuales países de Guatemala, Belice, Costa Rica, El Salvador, Honduras y Nicaragua); más la Capitanía General de Cuba (actuales Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Trinidad y Tobago y Guadalupe); así como, finalmente, la Capitanía General de las Filipinas, (comprendiendo las Filipinas, Carolinas y las Marianas, en el Pacífico asiático), fueron todos estos territorios partes constitutivas del Virreinato de Nueva España (1985, pp. 3-11).

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Según esta clasificación territorial, además de los vocablos que hacen referencia a Nueva España, que son la mayoría, o a alguna de sus regiones, como Tabasco, Campeche, Sinaloa, Michoacán y Oaxaca, tendríamos que recoger los de la Isla de Santo Domingo, de las provincias de Florida, California y Nuevo México, en la América Septentrional; Vera Paz, en el Reino de Guatemala, así como los de las islas de Jamaica, Guadalupe, Trinidad y Cuba, en las Antillas.

No obstante, ya que me baso en la obra compuesta por Alcedo, me pareció más adecuado seguir su división territorial.

Aunque el autor no recoge como entrada el artículo correspondiente a Nueva España, al final del quinto volumen (1789, pp. 1-7), y antes de empezar el Vocabulario, presenta un resumen de los reinos y provincias en que está dividida la América española, donde además habla de los territorios que conforman las dos Américas, Septentrional y Meridional.

Según este esquema, al precisar la separación geográfica de la América Septentrional, Alcedo (pp. 4-7) señala lo siguiente:

Reyno de la Nueva España. Gobiernos: Vera-Cruz, Acapulco, Coaguila, Puebla de los Ángeles, Yucatán, Tabasco. Alcaldías mayores: Actopam, Apam, Acayuca, Antigua, Acatlán, Atrisco, San Blas, Chalco, Cuyoacán, Chietla, Chiautla, Coatepec, Cozamalua-pan, Córdoba, Cadreita, Chilapa, Cuernavaca, Colima, Cholula, Chiguagua, S. Cristoval, Ezatlan, Guijolotitlán, Huamelula, Huajuapan, Huichiapan, Huelutla, Guejotzinco, Ixtepexi, Ixtlahuaca, Izúcar, Ixmiquilpan, Justláhuac, S.

Reyno de Mechoacán. Reyno de Nueva Galicia.

Asimismo, advierte que la "Capitanía General de la Isla de Cuba que abarca los Gobiernos de Cuba, Florida y Luisiana no forman parte del Virreinato de la Nueva España" (1789, t. 5, pp. 4-7); en otras palabras, el territorio que nos ocupa estaba compuesto por tres reinos divididos en seis gobiernos y 155 alcaldías mayores.

Como se puede apreciar a partir de estas clasificaciones, el cuadro geográfico de Alcedo abarca menor territorio que el de O'Gorman, por lo cual creo que la cantidad de vocablos novohispanos que se puede obtener de la lista de nuestro autor es más reducida.

Ejemplos de Vocablos en el Vocabulario de Alcedo:

  • ALBURES.
  • CACHUPÍN.
  • COYOTE.
  • QUINTE.
  • MIXE.
  • BOBO.
  • COPAL (Copalifera). Goma que se saca por incisión de un árbol muy grueso que tiene las hojas largas, anchas y puntiagudas, y el fruto semejante al membrillo…La madera del árbol sirve para hacer mesas, sillas, escritorios, &.
  • SUCHITEPEQUE. Provincia y Alcaldía mayor del Reyno de Guatemala, confina por el N con la de Sololá y Aitán, por el O con la de Soconusco, por el Sur con el mar Pacífico, á cuya orilla se extiende su jurisdicción... sus principales frutos son el cacao, achote, vainilla y otras drogas, de que hace un gran comercio con la Nueva España por tierra, y con los Reynos de Tierra Firme y el Perú por los Puertos de la mar del Sur…: riéganla [esta Alcaldía] diferentes ríos…, en todos ellos abunda el pescado que es de excelente calidad, y con preferencia el que llaman los Indios temepechín, que tiene singular aprecio… (1788, t. 5, p. 429).
  • TEMEPECHÍN.

El caso del vocablo temepechín, arriba mencionado, puede considerarse como una de las inconsistencias del trabajo de Alcedo, pero no la única. En la revisión del léxico novohispano se encuentran otras, concernientes tanto a forma como a contenido.

En cuanto a las del primer tipo, destaca la incoherencia de la voz dezcál, que aparece en la letra M y no D, aunque la obra es semasiológica, y remite al 'maguey', por lo cual creo que debe referirse a la voz mezcal.

Las inconsistencias lexicográficas que llaman la atención empiezan por el vocablo quapaxtle, que suscita discusión por su forma y que Alcedo define así: "Yerba aromática y olorosa de Nueva España, que cultivan y usan mucho, especialmente en la Jurisdicción de Malinalco para llevarla á México y otras partes".

Esta voz, tal como la escribe Alcedo, no se registra ni en los repertorios lexicográficos ni botánicos.

Alonso de Molina, por ejemplo, únicamente recoge la voz quappachtli, con el significado de 'color leonado o medio morado' (2001, s.v.), mientras que Rëmi Simëon, para el sentido 'planta', proporciona quapatlachtli: "planta silvestre de la familia aráquida", aludiendo, como su referente, a Bernardino de Sahagún.

Santamaría, quien cita a Robelo, menciona el vocablo coapascle: "Genéricamente se dice del heno, el musgo y toda parásita análoga a éstas, que se cría sobre los árboles y las piedras".

Sólo Marcos E. CUAPAXTLE (del nahoa kua-pachtli, de kuahuitl, árbol, i pachtli, parásito). Sust. m. Méx. Hierba epifita, americana, de la familia de las Bromeliáceas (Tillandsia usneoides, L.), de tallos filamentosos, mui largos, de color verde cenizo, i que cuelgan, a manera de cabellera, de los árboles de que son parásitos, especialmente de los ahuehuetes. En México se utiliza mucho como adorno, particularmente en los altares de Navidad o nacimientos. Hallo este nombre en Robelo, aunque afeado en la forma de "cua-pascle". También llamado "PASTE", "PAXTLE", "HENO" i "SALVA-GINA" (1984, p. 196).

El COAPATLI origanoide es una hierba de casi cuatro codos de largo, raíz fibrosa, hojas como de almendro, florecillas escarlata contenidas en cápsulas y gusto amargo, oloroso y acre. Es caliente y seco en tercer grado, y quita la flatulencia aplicado de cualquier manera. Con Hernández está de acuerdo Maximino Martínez (1994, p. 177):

Coapatli. Commelina coelestis Willd.

Otra incongruencia se halla en el vocablo chico zapote, que se recoge como locución en vez de una sola palabra, cuya definición se asigna equivocadamente a la planta española níspero (Flores Olvera y R. Lindig-Cisneros 2005, t. 76, pp. 72-73).

También hay otro caso peculiar por cuanto Alcedo da en una entrada independiente el nombre del mismo pez que aparece como variante: así, tenemos la entrada de charál o mistlapic frente al lema miztlapique.

CHARÁL ó MISTLAPIC. MIZTLAPIQUE. Charal. (Del tarasco charare). m. Pececillo de dos pulgadas de largo, muy delgado y espinoso, que se cría en abundancia en las lagunas del estado de Michoacán, y curado al sol es artículo de comercio. V. Meztlapique.

m. Mesclapique. (Del azt.: "Adulteración de michtlapic: michín, pescado, tla-pic, envuelto, derivado de piqui, envolver tamales en hojas. (Robelo.) m. "Pescadito de los lagos de la altiplanicie que se asa y se envuelve en hojas de maíz en forma de tamal para su venta en los mercados de Méjico". - Vars.: mestlapique, mezclapique, meztlapique, etc.

A pesar de los descuidos y errores mencionados, no se puede negar la importancia de este repertorio lexicográfico como el primer intento de ofrecer un panorama objetivo de las realidades americanas.

De hecho, según el título completo del Vocabulario y la explicación que lo inaugura, Alcedo reunió las voces usadas en su Diccionario cuyo significado quería precisar para su fácil comprensión.

No obstante, en lo que al vocabulario novohispano se refiere, no todas las palabras fueron incluidas en el texto del repertorio enciclopédico; la gran mayoría está ausente de las páginas de su obra, lo cual podría deberse a que el Vocabulario presenta información adicional a la del Diccionario y se centra en plantas, aves y animales; su obra de cinco volúmenes, en cambio, tiene como propósito describir los territorios americanos, presentar los datos de sus descubridores, conquistadores, fundadores, obispos, así como dar testimonio de sus desastres naturales.

La cantidad de voces novohispanas no es muy considerable. Alcedo se ocupa en detallar los atributos de estas tierras.

Al revisar las voces indígenas en el Corpus diacrónico del español (CORDE) que Alcedo asigna al virreinato, 13 no presentaron ningún caso para la consulta, aunque se buscó el vocablo con sus posibles variantes (ayate, cascalote, chalchihuites, charál o mistlapic, giquilite o huiquilitl, matlazahua, miztlapique, oaxáca, oleacazán, quapaxtle, tepéiscuntli, tepexilote, zenzontli), lo que representa el 35.1%.

Asimismo, los vocablos que Alcedo compartió con otros territorios americanos, aunque se empleaban en la Nueva España, presentaron los mismos resultados, lo que concuerda con las afirmaciones de Juan Antonio Frago (1999, pp. 73-86).

El resto del repertorio de Alcedo, 16 lemas (30.2%), son palabras españolas de significado distinto al peninsular que permanecieron invariables en su forma (barrio 'aldea pequeña', en vez de 'distrito de una ciudad'; bobo 'pez', frente a 'de poco entendimiento'; castañuela 'raíz que sirve para engordar el ganado', frente al 'instrumento musical'; morón 'hierba', y no 'montecillo de tierra').

Al contrastar esta parcela léxica con el CORDE, se observó un cuadro distinto en comparación con los vocablos nahuas, ya que se encontró una coincidencia, sin contar que cinco voces no se registraron en este banco de datos en la misma proporción que las voces indígenas, 31.25%: chinguirito, morón, pito real, purpúra marítima, quinte, como sustantivo.

En cuanto a las diferencias, seis lexías no presentaron ningún caso novohispano y se recogieron con significados distintos del Vocabulario, de éstas, cinco se restringieron a España: albures ('pez', frente al 'juego'), bobo ('persona tonta' y no 'pez'), barrio ('distrito de una ciudad' y no 'aldea pequeña'), castañuela ('instrumento musical' y no 'raíz'), marquesote ('despectivo de marqués' y no 'azúcar') y camellones, la cual, con concordancias de Chile y Colombia, se muestra con el sentido de 'división natural de la tierra' y no 'parcela de tierra para cultivar construida sobre el agua'.

Si se analizan las definiciones del repertorio novohispano, se observa su desproporción: la mayor parte de los artículos se elaboró detalladamente (bobo, camellones, campeche, copal, cochinilla, cuya explicación, por la importancia de este pequeño insecto del nopal, que desde hace siglos se ha utilizado para teñir de rojo carmín el cuerpo, la ropa, muros y alimentos, es la más extensa al ocupar tres páginas, jalápa, mechoacán, mezquite, pulque, tacamahaca), en tanto que otra, de modo bastante escueto (ayate, barrio, cachupín, chicle, marquesote, mitote, mixe, tecolote, xacal o xacale).

TACAMAHACA (Populus Balsamifera). Resina sólida llamada impropiamente goma, pues se disuelve enteramente en espíritu de vino: es una substancia resinosa, seca y de un olor penetrante: el árbol que la destila por sí mismo ó por incisión hecha en la corteza, se llama Arbor populo similis resinosa altera Tacamahac...

El sistema de peonaje se extendió hasta finales del siglo XIX, como aparece en los registros de inventario de la Hacienda Salento.

Ortiz (2016) expone que las matronas mulaleñas son descendientes directas de hombres y mujeres que en condición de esclavizados, libres, libertos y libertinos, en el contexto del proceso de expansión afrodiaspórica, habitaron y se apropiaron de sus prácticas simbólicas en la ritualidad de la vida cotidiana en la Hacienda Mulaló.

Así, el hacendado se proveía de la fuerza de trabajo necesaria para la productividad de la hacienda y, paralelamente, los otros garantizan el sustento de sus familias: comida, vestido, vivienda, etc.

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